
Hay momentos en una carrera en los que ya no alcanza con hacer lo que uno sabe hacer. Después de casi dos décadas de trabajar detrás y delante de escena, de construir coreografías para algunos de los artistas más importantes de la música argentina, de formar bailarines, de pasar por la televisión y de convertirse en una figura reconocida dentro de la danza, Mati Napp sintió que había llegado el momento de correrse de un lugar conocido y animarse a contar algo propio.
De esa necesidad nació Animal, la nueva propuesta teatral que marca su debut como director y creador integral de un espectáculo. La obra se estrena el 14 de agosto en Dumont 4040 y propone algo más que una función convencional: una experiencia inmersiva en la que el público deja de ocupar el tradicional lugar de espectador para convertirse, de alguna manera, en parte de aquello que está sucediendo.
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Hay música en vivo, actuaciones, baile, plataformas móviles y un recorrido escénico que busca romper la distancia entre quienes están arriba y quienes están mirando. Pero detrás de esa puesta hay, sobre todo, una pregunta que atraviesa todo el espectáculo: ¿qué pasa con ese instinto animal que todos llevamos adentro cuando dejamos de lado las reglas, las apariencias y aquello que aprendimos que deberíamos ser?
“Animal surge con la necesidad de mostrar algo propio, de crear algo propio, de animarme a ir un poco más allá de lo que venía haciendo”, cuenta Napp en diálogo exclusivo con Teleshow. Y en esa frase aparece quizás la verdadera razón de ser de este proyecto.
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La historia de Matías Napp, de 38 años, no empezó en los grandes escenarios ni rodeado de estrellas. Empezó mucho más cerca, en el gimnasio de su familia, en Bajo Belgrano, donde hace casi 20 años comenzó a dar sus primeras clases de hip hop. Era apenas el comienzo de un largo camino.
A fuerza de formación, trabajo y muchas horas de ensayo, fue ampliando sus horizontes. Viajó a Nueva York para estudiar en el mítico Broadway Dance Center y también se perfeccionó en Los Ángeles, en los estudios Movement Life y Millenium. Y cada aprendizaje terminó sumándose a una carrera que fue creciendo sin pausa, primero detrás de escena y, poco a poco, también frente a las cámaras.
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Su recorrido atravesó algunos de los fenómenos televisivos y musicales más recordados de las últimas décadas. Fue bailarín en Casi Ángeles, Patito Feo, High School Musical, Recreo en vos, Susana Giménez y ShowMatch, además de formar parte de la película High School Musical. Pero Napp no tardaría en demostrar que su talento iba mucho más allá de la interpretación: también comenzó a construir su nombre como coreógrafo en proyectos de las más variadas plataformas.
Sin embargo, hubo un lugar que terminó de convertirlo en una figura reconocible para el gran público: ShowMatch. Allí, como coach de Bailando por un sueño, vivió una de las etapas más importantes de su carrera. En 2015 llegó la consagración, cuando se convirtió en ganador del certamen, mientras que en otras cuatro oportunidades alcanzó la instancia final.
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Y mientras su nombre aparecía cada vez más asociado a grandes producciones y artistas, por debajo de esa carrera que no paraba de crecer comenzaba a aparecer otra necesidad. Una inquietud más personal, más íntima, que durante años había permanecido esperando su momento: la necesidad de dejar de crear solamente para otros y animarse, finalmente, a contar algo propio.
“Siempre hubo en mí una inquietud por querer contar algo desde otro lugar”, explicó. Animal aparece entonces como una especie de puerta que finalmente decidió abrir. “Es una parte mía que artísticamente nunca mostré y que aparece por primera vez en este proyecto. La gente conoce mucho de mí como coreógrafo, como docente, como bailarín, incluso conoce una determinada energía o una manera mía de crear, pero hay un universo más oscuro, más visceral, más crudo y también más sensible que nunca había mostrado”, reconoció.
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Y ahí está una de las claves de la obra. Porque Animal no pretende mostrar solamente al coreógrafo que conoce el público. También intenta revelar al artista que durante años estuvo detrás de esa figura.
“Animal me está permitiendo mostrar esa parte. Crear Animal también fue permitirme a mí sacar un poco eso, sacar una parte mía que durante mucho tiempo tal vez tenía escondida o no había mostrado”, confiesa.
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La decisión de convertir la propuesta en una experiencia inmersiva tampoco fue casual. No quería que el público simplemente tuviera un rol pasivo. Quería incomodarlo un poco. Acercarlo. Hacerlo sentir observado. Incluso interpelado.
“No quería que el público simplemente se sentara a mirar. Quería que estuviera adentro, que sintiera que las cosas suceden de cerca, que por momentos se sintiera observado, interpelado o parte de todo lo que está pasando”, explicó.
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La transformación de coreógrafo a director implicó, claro, enfrentarse a un territorio nuevo. Tener una idea en la cabeza es una cosa. Conseguir que esa idea exista sobre un escenario es otra muy distinta.
“Uno de los desafíos más grandes fue entender que dirigir no es solamente tener una idea clara en mi cabeza, sino encontrar la manera de llevarla a la práctica y lograr que eso que me imaginé durante tanto tiempo aparezca en escena”, destacó.
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Y en esa construcción aparece una palabra que Napp repite varias veces: equipo. Porque Animal no es solamente una creación individual. Es un universo que necesita de múltiples disciplinas y artistas capaces de hacer crecer una idea inicial. La dramaturgia está a cargo de Mariela Asensio, mientras que Napp trabaja sobre la música, el movimiento, el espacio, la iluminación y el vestuario.
“Mi desafío como director es poder encontrar qué tiene especial cada uno, sacar lo mejor de ellos y ponerlo al servicio del espectáculo”, sostuvo.

La elección del elenco fue, justamente, uno de los procesos más complejos. Cuando comenzó a escribir la obra, ya tenía a alguien en mente para el protagonista: Alan Madanes. Lo conocía como actor y, mientras imaginaba las distintas escenas, también imaginaba su interpretación.
“Cuando escribía cada escena me imaginaba a Alan actuando, interpretando, contando, haciendo que Animal tenga verdad”, contó. “Un lujo tenerlo y estoy súper agradecido de que haya aceptado la propuesta”.
Pero la búsqueda de los bailarines tuvo otra lógica. Napp no necesitaba solamente bailarines técnicamente impecables. Necesitaba intérpretes. Personas capaces de actuar, improvisar, exponerse, conectarse con el público y, sobre todo, tener una identidad propia.
“No quería seis personas que se movieran igual ni que respondieran al mismo estereotipo del bailarín. Quería seis universos muy distintos”, explicó.
Por eso, durante las audiciones, intentó mirar más allá de quién podía ejecutar mejor una coreografía. Le interesaba qué sucedía cuando el bailarín dejaba de intentar demostrar que sabía bailar.
“Me interesaba qué me pasaba cuando esa persona entraba al espacio, qué tenía para contar, cómo reaccionaba ante alguna consigna y qué aparecía cuando también dejaba de intentar hacer todo bien”, relata.

La frase encaja perfectamente con el espíritu de Animal. Porque la obra, justamente, habla de aquello que aparece cuando se pierde el control. Y quizás también por eso este proyecto represente tanto para el ahora director.
Su presente profesional sigue estando profundamente ligado al mundo de la música y de la danza. Continúa trabajando como coreógrafo de artistas como Emilia, Cazzu y Duki, pero asegura que no siente que una faceta esté reemplazando a la otra.
“No es que estoy dejando de ser coreógrafo para convertirme en director, sino que estoy ampliando mi manera de crear”, resumió. La diferencia, explica, está en la dimensión de lo que debe construir.
Cuando trabaja como coreógrafo, su tarea puede estar concentrada en una performance, una canción o un determinado momento escénico. Con Animal, en cambio, debe pensar en todo el universo.
“Ahora tengo que pensar en qué quiero contar, qué le pasa al espectador, cómo convive en cada escena, cada movimiento, trabajar en la actuación, en el texto, en la música, en las luces, en cada decisión que va a formar parte de toda la experiencia”.
Después de tantos años construyendo escenas para otros, ahora Napp tiene la posibilidad de construir una escena que habla de él. Y quizás por eso también espera que el impacto de Animal no pase únicamente por lo espectacular.

Sabe que buena parte del público llegará con una idea previa sobre lo que puede encontrar. Después de todo, su nombre está asociado a la danza, al pop, a grandes producciones, a la televisión y a artistas masivos.
Pero justamente quiere romper esa expectativa: “Mucha gente puede llegar a Animal esperando encontrarse con algo determinado por conocer mis otros trabajos y creo que se va a encontrar con algo bastante diferente”, anticipó.
La diferencia no estará solamente en el formato inmersivo. También en el universo que propone: “Es un universo bastante distinto a lo que generalmente se conoce de mí o de los proyectos en los que he participado”, aseguró.
Y lejos de preocuparlo, esa posibilidad lo entusiasma: “Me entusiasma mucho que alguien pueda entrar con una expectativa y que, de alguna manera, Animal se la rompa o lo lleve para otro lugar”.
Porque si hay algo que Napp espera provocar es conversación. Que el espectador no salga simplemente pensando si le gustó o no le gustó una coreografía. Que algo le quede dando vueltas.
“Me encantaría que las personas, más allá de que les guste lo artístico, salgan del espectáculo con alguna pregunta, con una sensación, incluso con ganas de hablar sobre lo que vivieron”, dice. “Siento que eso va a ser para mí el impacto más importante”.

En medio de esta nueva etapa, hay recuerdos que inevitablemente regresan. Uno de ellos tiene nombre propio: Lali Espósito. Napp la conoció cuando ambos formaban parte de Casi Ángeles. Tiempo después, cuando la artista comenzó su carrera como solista, volvió a confiar en él para integrar su equipo de bailarines.
“Tengo muy lindos recuerdos y sobre todo muchísimo agradecimiento”, contó. Para aquel joven bailarín que todavía estaba construyendo su camino, formar parte de ese proyecto significó mucho más que un trabajo.
Tras ello, rememoró: “Cuando se lanzó como solista me tuvo en cuenta para formar parte de su equipo de bailarines y para mí en ese momento fue algo súper importante”.
Con los años, además, el vínculo profesional cambió de lugar. Napp también tuvo la posibilidad de darle clases y acompañarla desde otra perspectiva.
Y habla de ella con un cariño que excede la nostalgia: “Es una persona que admiro muchísimo, tanto como artista como persona. Aprendí mucho estando al lado de ella, viendo cómo trabajaba, su compromiso, su manera de encarar las cosas y todo lo que fue construyendo”.
Hay algo que, según cuenta, sigue valorando especialmente: cada vez que se cruzan, Lali tiene palabras de afecto y reconocimiento hacia su trabajo: “Siempre sentí de su parte mucho cariño, respeto y una hermosa energía”.

Por eso, mientras observa desde lejos todo lo que la cantante consiguió —sus grandes escenarios, sus shows multitudinarios, su crecimiento y el vínculo que construyó con el público—, Napp celebra ese presente como alguien que también fue testigo de los primeros pasos.
“Me pone muy feliz verla viviendo todo lo que está viviendo, su crecimiento en los River, todo lo que logró, cómo la gente la ama”, dijo, y enseguida agrega que se lo ha dicho personalmente: “Cada vez que la cruzo le digo lo mismo: que me encanta todo lo que le está pasando y que me pone muy feliz por ella”.
Hay carreras que se construyen a fuerza de oportunidades. Otras, de talento. Y hay algunas que necesitan además de paciencia, aprendizaje y la capacidad de entender cuándo llegó el momento de cambiar de lugar.
La de Mati Napp tiene un poco de todo eso.
Empezó dando clases de hip hop en el gimnasio de su familia, pasó por la televisión, los videoclips, el cine y los grandes escenarios, se convirtió en coach ganador de Bailando por un sueño, formó a nuevas generaciones y trabajó junto a algunas de las artistas más importantes de la escena argentina.
En 2023 fue declarado Personalidad Destacada en el ámbito de la Cultura, reconocimiento que coronó una trayectoria que ya llevaba años creciendo.
Ahora, casi dos décadas después de aquellos primeros pasos, decidió hacer algo mucho más íntimo: dejar de contar las historias de otros para animarse a contar una propia.
Animal es, en ese sentido, mucho más que un espectáculo, es el resultado de una búsqueda. La posibilidad de que el coreógrafo se convierta en autor, de que el bailarín se anime a dirigir, de que quien durante años estuvo construyendo movimientos para otros finalmente ponga su propio cuerpo —artístico, emocional y creativo— en el centro de la escena.
Y de que, por una vez, también sea él quien se anime a soltar aquello que durante tanto tiempo mantuvo bajo control. El instinto, la oscuridad, la sensibilidad, lo visceral. Ese lugar que todos conocemos, aunque muchas veces prefiramos esconder. Ese lugar donde empieza Animal.

El Día del Niño asoma en el calendario y, como cada agosto, las jugueterías despliegan su arsenal de colores, luces y promesas en las vidrieras, mientras el pulso digital late fuerte en las tiendas online.
Las tendencias que marcan el universo infantil en 2026 se anticipan en cada estante y en cada clic, donde la ilusión y la sorpresa compiten por el primer lugar en la lista de deseos.
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Según la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), este año los clásicos de siempre se cruzan con propuestas virales y tecnologías que fascinan tanto a chicos como a grandes, en una oferta tan amplia como los sueños que la alimentan.
Un relevamiento de la CAIJ revela el mapa de los juguetes más codiciados en la antesala de una fecha que moviliza tanto a familias como a comerciantes. El informe, además, pone el foco en el detalle que no se ve a simple vista: la importancia de buscar en cada producto el marcado de conformidad QR, garantía silenciosa de seguridad y calidad para quienes eligen regalar juego y confianza.
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1- Juguetes de primera infancia y didácticos

La base de la canasta argentina. Encastres, apilables, autitos y propuestas sensoriales concentran el 30% de la demanda nacional, elegidos por familias que priorizan el desarrollo temprano y buscan mantener a los chicos lejos de las pantallas. Los precios varían entre $1.000 y $35.000.
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2- Juegos de mesa y rompecabezas

El regreso de los clásicos familiares. Juegos de cartas, tableros y puzzles suman cada vez más adeptos, valorados por su capacidad para reunir generaciones y ofrecer entretenimiento sin pantallas. El rango de precios va de $15.000 a $60.000.
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3- Bloques de construcción y propuestas STEM

La categoría que crece de la mano de la educación. Bloques encastrables, juegos de robótica y kits de ciencia impulsan el desarrollo cognitivo y motriz, con valores que oscilan entre $12.000 y $120.000.
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4- Masas de modelar y slime

El aliado del juego creativo y manual. Masas, pastas y slime se consolidan como regalos complementarios y accesibles, con precios desde $5.000 hasta $18.000.
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5- Muñecas y bebotes

Un clásico que se reinventa. Muñecas con nuevas funciones, diversidad cultural y accesorios mantienen su lugar entre los más buscados, en el rango de $20.000 a $90.000.
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6- Juguetes sensoriales y antiestrés

La tendencia viral del año. Squishies, fidgets y objetos sensoriales surgen como alternativa a los dispositivos electrónicos y apuntan a la estimulación táctil. Sus precios van de $4.000 a $30.000.
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7- Coleccionables y peluches virales

El fenómeno de lo efímero y codiciado. Sorpresas, personajes y sets coleccionables pueden agotar stock en pocas horas y se ubican entre $8.000 y $30.000.
8- Juguetes tecnológicos y de construcción avanzada

La apuesta educativa de la industria. Robots, kits de armado y propuestas electrónicas simples ganan espacio en el universo de regalos, con valores que llegan a $120.000.
Para contextualizar las tendencias de este año, desde la CAIJ difundieron también la última medición formal y comparable del sector, que muestra la distribución de la demanda por categorías para el Día del Niño 2025.

El 29,9% correspondió a juguetes de primera infancia y didácticos, seguido por productos para modelar y slime (14,3%), juegos de mesa y rompecabezas (13,4%), bloques (9,5%), pelotas (9,1%) y muñecas y bebotes (8,1%). El resto se repartió entre figuras de acción, cocinas y rodados. El dato sirve como brújula para anticipar el comportamiento de los compradores en 2026, con la industria apostando al producto nacional como bandera.
“Los didácticos, los juegos de mesa, los bloques y las masas siguen siendo la base de lo que las familias eligen en el Día del Niño”, resumió Matías Furió, presidente de la CAIJ, sobre el espíritu del mercado.
“Son juguetes que acompañan el desarrollo, tienen buena relación precio-durabilidad y en gran parte son de producción nacional”, describió.
Además, señaló que este año se sumaron “los fenómenos virales como squishies y los juguetes sensoriales, que hay que elegir siempre verificando el marcado de conformidad QR”.

Según datos de la CAIJ, las ventas del sector cayeron un 10% durante el primer semestre de 2026, en un escenario de fábricas operando al 30% de su capacidad instalada y sobrestock de importaciones.
El Día del Niño concentra aproximadamente el 60% de las ventas anuales del sector. El ticket promedio general del mercado ronda los $25.000 en jugueterías de cercanía, $50.000 en cadenas de jugueterías y un rango de precios que va desde $3.000 hasta $400.000 según el producto.
Los orígenes del Día del Niño en Argentina se remontan a 1945, cuando los fabricantes de juguetes comenzaron a organizar donaciones para hospitales, escuelas y orfanatos al inicio de cada mes de agosto.
Esa iniciativa solidaria se consolidó en la década del 50, cuando los socios de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete reconocieron la importancia de establecer una fecha en el calendario para celebrar el afecto hacia los niños y niñas.

A nivel internacional, este espíritu fue respaldado en 1959 con la firma de la Declaración de los Derechos del Niño y, más tarde, en 1989, con la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño. En su artículo 31, este tratado —adoptado por nuestro país— reconoce el derecho de todos los niños al descanso, el esparcimiento, el juego y las actividades recreativas propias de su edad.
Hoy, muchas décadas después, el Día del Niño sigue siendo una de las celebraciones más queridas por las familias argentinas. Desde la CAIJ, impulsaron la campaña #QueremosJuguetes, que reivindica el juguete físico como motor del desarrollo infantil: de las emociones, los vínculos, la creatividad y la salud.
“En la infancia, jugar es una forma de organizar el mundo interno, de elaborar emociones, de aprender a vincularse y también de construir una forma singular de pensamiento”, expresó la Dra. Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de TICs de la Sociedad Argentina de Pediatría, en una reciente entrevista con Infobae.
Y remarcó que el desarrollo infantil va mucho más allá de los estímulos visuales o sonoros. “Un niño pequeño no crece únicamente expuesto a luces, colores, sonidos o movimientos en una pantalla; su verdadero desarrollo ocurre en el vínculo con otras personas y en la interacción con el entorno”.
Según la especialista, en muchos casos ese proceso se produce a través del juego, que se convierte en un puente para conocer el mundo, explorar emociones y fortalecer lazos afectivos.
“Es fundamental que hoy más que nunca invitemos a los niños a jugar y que como adultos apaguemos los dispositivos para conectarnos con la infancia”, concluyó.
“Estoy diciendo que no a todas las plataformas porque no puedo asumir más trabajo”, aseguraba Carles Porta hace unas semanas en una entrevista en El món a RAC1 . Y es que, tras el éxito de Crims en su versión televisiva -que adaptaba a la pantalla el ya consolidado formato radiofónico y que TV3 estrenó en febrero de 2020-, las ofertas no han dejado de llegarle desde distintos ámbitos.
El periodista y productor ha explorado diferentes caminos: ha impulsado versiones en castellano de Crims , pero también se ha adentrado en otros géneros, como la ficción ( 33 días , Veredicto ) y en historias más emocionales alejadas estrictamente del crimen, como Abandonados . Con mayor o menor grado de implicación, todas estas producciones comparten un elemento común: el “sello Carles Porta”. Una manera propia de entender el true crime , basada en la combinación del periodismo de investigación, la narrativa cinematográfica y el retrato humano.
Un estilo que convierte casos reales en relatos de gran tensión narrativa sin renunciar al rigor documental, poniendo el foco no solo en el crimen, sino también en las personas, los territorios y las consecuencias que deja cada historia. Un sello narrativo que ha convertido a Carles Porta en uno de los grandes referentes del género en Catalunya y España, y que ha llevado a que sus producciones estén presentes en múltiples plataformas, ya sea mediante producciones originales o títulos incorporados a sus catálogos tras su estreno en otros canales.
3Cat
'Crims' y 'Tor'
En la plataforma catalana se pueden acceder las seis temporadas emitidas de Crims (mas dos entregas especiales dedicadas a El crim de la Guardia Urbana y El doble crim de Bellvitge ), con más de sesenta episodios disponibles, y con la previsión de alcanzar los cien capítulos, según avanzó el director de TV3, Sigfrid Gras, durante la última presentación de temporada.
Además de Crims , 3Cat también tiene disponible Tor , la investigación que reconstruye la historia de este pequeño pueblo del Alt Pirineu catalán y el conflicto que durante décadas rodeó la propiedad de una montaña comunal. El eje central es el asesinato de Josep Montané, conocido como Sansa, que en 1995 fue encontrado muerto en su domicilio de Tor. La autoría del crimen nunca quedó resuelta judicialmente.
A través de testimonios, documentos y la reconstrucción de los hechos, Porta investiga no solo el asesinato, sino también el contexto social y humano de un pueblo marcado por los conflictos de propiedad, las relaciones entre vecinos y las diferentes versiones de una historia que todavía mantiene interrogantes abiertos.
Movistar Plus
'Luz en la oscuridad' y 'Veredicto'
Movistar Plus cuenta con la versión en castellano de Crims, titulada Crímenes , y ha ampliado el universo de Carles Porta con nuevas producciones. Una de ellas es Luz en la oscuridad , un formato que toma como referencia la filosofía narrativa de Crims para abordar diferentes casos criminales ocurridos en distintos puntos de España. El título hace referencia a una de las frases asociadas a Porta, “poner luz a la oscuridad”, una declaración de intenciones sobre su manera de investigar y explicar historias reales. La plataforma también ha estrenado títulos independientes como Peregrina , ¡Mátalo ya! y El plan de las gemelas .
Además, tiene en marcha Veredicto , serie de ficción basada en una idea original de Porta que finalizó recientemente su rodaje y que llegará a la plataforma durante el 2027. Se trata de un thriller judicial que gira alrededor de nueve ciudadanos escogidos al azar para formar parte de un jurado en el juicio de un caso criminal que ha impactado a todo un pueblo. La serie busca mostrar una parte del proceso judicial muy desconocida para la mayoría de ciudadanos: las deliberaciones de los jurados populares. La plataforma también ha incorporado recientemente la serie 33 días , de la que hablamos a continuación.
Atresplayer
'33 días'
Esta plataforma impulsó la primera incursión de Porta en la ficción televisiva, 33 días , serie basada en una historia real: la fuga de dos presos de la prisión de Ponent, en Lleida. La serie sigue una investigación policial para resolver un caso complejo, mientras salen a la luz las relaciones personales, las contradicciones y los secretos de los protagonistas. Aunque se trata de ficción, la producción mantiene elementos característicos del sello Porta: una reconstrucción detallada de los hechos, la atención al contexto de los personajes y una estructura narrativa heredada del true crime . Atresplayer cuenta también con la versión en castellano de Tor ,
Disney+
'Abandonados'
Carles Porta también está detrás de Abandonados , una docuserie que se aleja del crimen convencional para centrarse en un misterio familiar y humano. La producción narra la historia real de Ramón, Ricard y Elvira Moral, tres hermanos que en 1984, cuando tenían 6, 4 y 2 años, fueron abandonados en la Estació de França de Barcelona sin documentación y sin que nadie los reclamara. Después de ser acogidos y adoptados por una familia, cuatro décadas más tarde decidieron investigar su pasado para descubrir quiénes eran sus padres biológicos y por qué fueron abandonados. La serie sigue esta investigación personal y periodística a través de testimonios, documentos y pistas, centrando la mirada en la necesidad de reconstruir una historia que quedó interrumpida durante décadas.
Netflix
'Crímenes'
La plataforma también ha incorporado las cuatro primeras temporadas de la versión en castellano del popular Crims de TV3.

Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 1987. En la actualidad en las secciones de Series, Televisión y Gente
Pasé la mañana en Dunkerque con un hombre llamado A. Había llegado a Dunkerque varias décadas atrás. Hijo de padres españoles, él, como todos los demás con los que me encontré en aquella ciudad costera del noroeste de Francia, estaba encantado de conversar conmigo. Con mi francés básico, acabé quedándome con A., porque al menos con él podía responder y hacerme entender.
Yo estaba allí debido a una premisa falsa. Cuidar gatos en Lille se suponía que iba a ser un trabajo secundario que compaginaría con la escritura a la que debía dedicarme. Me había dejado seducir por la fantasía del escritor en la campiña francesa que aparta el mundo durante el mes de agosto y consigue por fin concentrarse en el manuscrito, que de otro modo permanece acurrucado en un cajón o debajo de un colchón. Era un buen ensueño, tan bueno que había seguido su rastro hasta el norte industrial de Francia. Industrial, desde luego, aunque quizá eso sea asunto para otro día. Tengo bastante afinidad con Lille, la capital de Flandes, y he regresado varias veces desde entonces.
Pero aquel verano, lleno de energía y, al mismo tiempo, exhausto después de un año sin parar, Lille resultó ser, agotadoramente, el lugar equivocado para mi plan equivocado. El montón de libros que había llevado conmigo resultó ser, milagrosamente, tedioso, ensimismado y trabajoso. Arriba, en la casa con los gatos, tenía la pluma seca y la cabeza vacía. Ninguna idea. Ningún impulso.
¡Había un jardín! Qué jardín de césped tan estupendo, con una valla por debajo de la cual se escabullían los gatos del vecindario. Un rincón donde tomar el café de la mañana. Mucho espacio para tender mis camisetas. Incluso una mesa de pícnic. Y, sin embargo, cada día, inexplicablemente, la lluvia se desplomaba del cielo y yo buscaba consuelo en el manuscrito y en los libros por los que había venido al norte, todos los cuales acabaron en nuevos cajones y debajo de nuevas camas.
¡Excursiones de un día, entonces! Sí. ¡Ajá! Lo había descubierto, y el autobús, cuando llegó, estaba de mi parte. París, Gante, Lens. Allí la lluvia no se atrevía a aparecer y el sol brillaba mágicamente, en todo su esplendor. Con la buena racha de mi lado, conseguí un billete de tren a Dunkerque para primera hora de la mañana. No llevé libros ni papel, y el universo me sonrió, haciendo que la lluvia amainara.

Por supuesto, había subestimado la velocidad del tren de Lille a Dunkerque y, en menos de media hora, ya estaba allí, todavía aturdido. No había planeado nada. Lo único que sabía sobre el lugar que me rodeaba aquel día era lo aprendido en una clase de historia del instituto sobre la Segunda Guerra Mundial: Dunkerque como punto de inflexión de la guerra, cuando entre mayo y junio de 1940 se produjo la evacuación de soldados franceses y británicos desde las playas de la zona a través del canal de la Mancha. Antes de que los nazis pudieran alcanzarlos, escaparon 338.000 soldados. Sabía, por tanto, que acabaría en el Museo Dunkerque 1940, donde la historia se cuenta con gran atención al material de archivo.
Lo que no sabía, sin embargo, era que, al llegar temprano, en teoría estaba a tiempo de contemplar a primera hora de la mañana la inmensa playa de Dunkerque durante la marea baja. Solo después de aquel viaje he descubierto que, cuando baja la marea, todavía pueden verse los restos de tres de los 200 pequeños barcos que naufragaron durante el rescate —más de 1.000 embarcaciones consiguieron salir— de la Operación Dynamo.

Lo que sí hice aquella mañana fue deambular hasta la plaza frente al Parc de la Marine y comprar un pain au chocolat en la esquina. Una compra de lo más acertada, que resultó aún mejor gracias al grupo de gente que esperaba en la terraza de un bar de la plaza. En un inglés entrecortado, el dueño y camarero se evadió de la rutina de aquella mañana para contarme cómo había llegado a Dunkerque aquel mismo año por amor. Había venido unos años antes para trabajar precisamente en aquel bar. Durante los descansos, miraba al otro lado de la plaza hacia un buen restaurante y cruzaba miradas con la camarera. No recuerdo de dónde era aquel hombre, pero sí recuerdo que, después de que aquellas miradas separadas por una plaza se convirtieran en algo mucho más profundo, había dejado atrás su vida para mudarse a la ciudad, había comprado el bar con unos ahorros y todo por estar cerca de su nueva esposa.
A partir de ahí, las historias —o lo que conseguíamos comunicarnos— empezaron a fluir y se animó un intercambio de lo más vivaz. Entonces apareció A., encantado de traducir los matices que yo me perdía. Extrañamente amistoso, se ofreció a enseñarme el camino hasta la playa, siempre que no me importara acompañarlo a hacer algunos recados.
El primero estaba a apenas unos pasos del bar donde estábamos sentados. A. sacó de una bolsa de plástico un par de botas de cuero marrón. Saludó al zapatero con familiaridad, extendiendo el brazo para recibir el saludo que le llegaba desde detrás del mostrador de madera. A. colocó los zapatos sobre la madera y el zapatero, vestido con lo que parecía un mandil de herrero, acercó las suelas a la nariz y aspiró una bocanada gigantesca. Las dejó sobre el mostrador y asintió: “Mardi”. Y los hombres volvieron a darse palmadas en la espalda. A. y yo nos pusimos de nuevo en camino, charlando otra vez.
Seguimos adelante, haciendo más o menos lo mismo. Pequeños recados. Nos detuvimos en casa de A., donde dejó su bicicleta de carreras roja en el garaje. Pasamos por delante de la emisora de radio local. Caminamos por el paseo zigzagueante que conduce a la playa, pasando junto a una multitud de lujosas embarcaciones amarradas que se mecían suavemente sobre el agua. Subimos por la sinuosa entrada del LAAC, el museo de arte moderno.

A. no paraba de encontrarse con gente que conocía y también con algunos turistas a los que no. Se detenía y luego me traducía, aquí y allá, un poco de lo que se decía. Finalmente llegamos a la inmensa extensión de la playa. Nunca había estado sobre una arena tan fina ni había visto una extensión de arena tan amplia avanzando hasta el agua. La imagen se me quedó grabada.
Nos perdimos un buen número de cosas que, estoy seguro, me habrían gustado. La reserva natural del Platier d’Oye, con su estanque de gansos y su remoto tramo de playa. Les Halles des Sœurs Blanches, el mercado gastronómico. La belleza natural de Les Dunes de Flandre. Aun así, A. y yo llegamos a la entrada del museo e intercambiamos nuestros números de teléfono.
Pasé un buen rato dentro del museo, asimilando hasta qué punto había cambiado la zona desde los años de la guerra, todo salvo la playa. Me pregunté si lo sensato sería encontrar una razón para recoger mi vida y buscar un motivo para mudarme a Dunkerque. Aprender francés y quizá conseguir que los lugareños trataran mis zapatos como si fueran los suyos. ¡Y todavía me lo pregunto!
En 2020, la pandemia, las restricciones y la incertidumbre obligaron a muchas empresas a contener gastos y replantear sus objetivos. Para algunas personas, sin embargo, aquel parón terminó convirtiéndose en el impulso para emprender. Una de ellas fue Juana Trias, que llevaba desde 2013 trabajando en el sector inmobiliario y hacía tiempo que se planteaba crear un proyecto propio. La decisión terminó de acelerarse cuando, en plena pandemia, la empresa en la que trabajaba dejó de pagarle. “Después de casarme y tener hijos, este proyecto ha sido lo mejor que he hecho”, asegura.
Después de haber pasado por distintas áreas, desde el control documental hasta la captación de propiedades dentro del sector, decidió dar el paso y poner en marcha Trias Barcelona. La inmobiliaria funciona con una estructura digital y un modelo centrado en la atención personalizada y el acompañamiento al cliente y trabaja principalmente en Les Corts, Pedralbes, Sarrià, Sant Gervasi y la Bonanova, aunque sin limitarse exclusivamente a estas zonas.

Desde el principio, la fundadora quiso alejarse de un modelo basado en acumular propiedades en cartera. Su planteamiento consiste en asumir cada operación con un grado elevado de implicación, concentrando en ella los recursos necesarios para trabajar la comercialización, las visitas y la negociación. Esa forma de entender el servicio explica su apuesta por la exclusiva. “Creo que la mejor forma de trabajar una propiedad es en exclusiva porque nos permite comprometernos con el propietario al máximo nivel”, explica Juana Trias, fundadora de Trias Barcelona. Ese compromiso pasa también por intentar conseguir el mejor precio posible en cada operación sin convertir la vivienda en una subasta, cuidando especialmente el trato y el seguimiento durante todo el proceso.
Ese compromiso es el eje sobre el que quiere hacer crecer la empresa. “No vamos a volumen. Queremos hacer bien cada operación y vender o alquilar cada propiedad como si de nuestra casa se tratase”, señala. La prioridad no pasa por incorporar el mayor número posible de inmuebles a la cartera, sino por poder dedicar a cada propietario el tiempo, los recursos y el acompañamiento que requiere la operación. En un mercado con una oferta tensionada, esta forma de trabajar les permite mantener una rotación elevada cuando el inmueble se encuentra en buenas condiciones y encaja con la demanda.
Juana Trias
Fundadora de Trias Barcelona
Aunque la imagen de la firma está vinculada a propiedades de la zona alta de Barcelona, su actividad no se limita al segmento de lujo. Uno de sus objetivos es avanzar progresivamente hacia viviendas de mayor valor, pero sin convertir el precio en el único criterio para decidir qué propiedades trabajar. La ubicación, las características del inmueble y la posibilidad de plantear una estrategia adecuada de venta o alquiler también pesan a la hora de asumir una operación. Cada nueva propiedad supone además una oportunidad para seguir generando confianza y construir el boca a oreja que ha acompañado el crecimiento del negocio.
La manera de organizar la agencia también responde a ese modelo. Funciona de forma digital y cuenta con un equipo que cubre áreas como la estrategia digital, las redes sociales, las visitas y la comercialización de los inmuebles. Para reuniones, firmas y encuentros profesionales, dispone además de representación en el Círculo Ecuestre de Barcelona. “La ausencia de una sede tradicional no significa reducir el contacto, sino apostar por una estructura flexible que permita ir allí donde se encuentra el cliente”, confirma.

Esa atención cobra importancia entre los clientes internacionales, pues el dominio de cinco idiomas y la experiencia adquirida en firmas con un perfil internacional han permitido atraer a compradores y propietarios procedentes de otros países. En estos casos, encontrar una vivienda puede ser solo el comienzo. Trias recuerda, por ejemplo, el caso reciente de una clienta procedente de Hong Kong que alquiló una vivienda que la firma gestionaba fuera de mercado. Una vez cerrada la operación, la pusieron en contacto con profesionales de su red para ayudarla con gestiones como el empadronamiento. La inmobiliaria también gestiona alquileres de propietarios que viven fuera de España o que prefieren delegar la relación cotidiana con el inquilino.
Para su fundadora, acompañar significa precisamente que la relación no termine cuando se firma una compraventa o un alquiler, sino que la propia naturaleza del sector hace que el agente inmobiliario entre en un espacio personal para propietarios y compradores. “Te metes en casa de la gente y acabas cogiendo un nivel de confianza muy alto. No nos gusta ser flor de un día”. De hecho, continúa manteniendo el contacto con propietarios para los que trabajó hace una década, una relación a largo plazo que considera parte de su manera de entender la profesión.
“Los clientes no son un número en el CRM, son mucho más”, resume. Así, reconoce que la tecnología debe ayudar a organizar y agilizar el trabajo sin sustituir la relación personal que se establece durante una operación inmobiliaria.
Por eso, los próximos pasos pasan por consolidar la marca y acceder progresivamente a propiedades de mayor valor, pero manteniendo el mismo criterio con el que empezó a construir la empresa. “Crecer no significa necesariamente acumular más inmuebles, sino disponer de una estructura capaz de asumir nuevas operaciones sin rebajar el nivel de implicación”, concluye. El objetivo sigue siendo que cada propietario que confía su vivienda a la firma encuentre un acompañamiento cercano y un compromiso máximo desde el inicio hasta el cierre de la operación.

Hay regresos que no solo cierran ciclos, sino que abren puertas a nuevas preguntas sobre identidad, pertenencia y memoria. Después de más de treinta años de aquel primer desembarco en la escena argentina, Blanca Oteyza vuelve a caminar los pasillos de un teatro en Buenos Aires. La actriz española, que supo construir una historia de amor con el público argentino antes de continuar su camino en su tierra natal, regresa ahora para habitar un personaje que parece escrito a la medida de su biografía. Y también de sus nostalgias.
Antes de la primera función de Margarita Xirgu. Una actriz entre dos continentes, bajo dirección de Javier Demaría, en el Palacio Libertad, Oteyza habló en exclusiva con Teleshow de todo lo que implica este reencuentro.
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No es casual que la cita la convoque a ponerse en la piel de Margarita Xirgu, la legendaria actriz que también supo tender un puente vital y artístico entre el continente europeo y el americano. Oteyza, que llegó a Buenos Aires en 1991 y dejó huella en el teatro, la televisión y el cine, conoce como pocas el vértigo de reinventarse en otro territorio y sentirse extranjera y local al mismo tiempo. El público la recuerda por hitos como El diario de Adán y Eva, junto a Miguel Ángel Solá, su expareja y padre de sus dos hijas, María Luz y Cayetina, y por ficciones como Nueve lunas y Cara bonita, pero también por una sensibilidad que desafía fronteras. De regreso en España, multiplicó su legado como directora y docente, y aprendió a mirar la escena desde nuevos lugares.
Hoy, su vuelta tiene la potencia de un espejo: Oteyza se sumerge en la vida de Margarita Xirgu, otra española que cruzó el Atlántico y, en su caso, encontró en la Argentina un segundo hogar, atravesando proyectos, desafíos y pasiones. Acompañada en escena por el bandoneonista Julio Coviello, la actriz le da voz y cuerpo a una historia que también dialoga con la suya propia: la de quienes cruzan océanos y, en cada viaje, se reinventan sin dejar de ser quienes fueron. Entre recuerdos, emociones y música, Oteyza comparte con este medio esa intimidad de artista y mujer que da sentido al gran teatro de la vida.
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—¿Qué sentiste al volver a la Argentina con este proyecto tan importante?
—Me movilizó el deseo de regresar, que tengo desde hace muchos años, desde que me fui de aquí. Siempre fue un sueño pendiente volver. Fueron ocho años muy intensos en este país y realmente con este proyecto, Margarita Xirgu, encontré la obra con la que sentí ganas y valor para volver a subirme a un escenario.
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—¿Por qué elegiste justamente la historia de Margarita Xirgu para este retorno?
—Me atrajo que Margarita, una gran mujer y pionera en muchos aspectos, recibiera tan poco reconocimiento en España. Su amor por el teatro, sus problemas de salud, su compromiso con los papeles, su dirección como mujer, su relación con Federico García Lorca y la poesía, sus matrimonios y amantes, todo eso me resultó imposible de ignorar. Además, encuentro muchos puntos en común con mi historia. Llevo casi dos años interpretándola y cada vez que la estudio, me siento más identificada. En la obra que escribimos junto a Javier Demaría, aunque la idea del personaje nació en mí, mostramos a nuestra Xirgu, desde su infancia hasta su muerte, y no solo sus supuestas inclinaciones políticas o sexuales.
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—¿Qué te emociona de seguir contando esta historia que para muchos era desconocida, pero que representa tanto para el arte y el espectáculo?
—Cada vez que la interpreto o repaso la obra, siento que los valores humanos siguen siendo los mismos: el honor, el compromiso, la honestidad, luchar por los sueños y por la libertad, respetando al otro. Estos principios siguen vigentes. En estos tiempos, después de dos años de hacer la obra, veo que con poesía y música, incluso voy acompañada por un músico maravilloso, la gente sigue emocionándose con esta historia pequeña de una mujer enorme.
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—¿Con qué aspectos de Margarita Xirgu te sentís más cercana después de tanto tiempo interpretándola?
—Hay muchas cosas que me identifican con ella. Creo que la principal es la coherencia: actuar de acuerdo a lo que uno piensa y dice. Margarita fue coherente con sus ideas. Se fue de España sin saber que estallaría la Guerra Civil y nunca pudo volver. Terminó sus días en Uruguay. Esa determinación y consecuencia me interpela profundamente.
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—¿Cómo viviste vos el estar lejos de tu tierra y tus seres queridos, igual que Margarita?
—No fue un exilio forzado, pero sí me fui de mi país persiguiendo el sueño de desarrollarme como actriz, lejos de mi familia y mis afectos. Tuve que salir para cumplir mi vocación y luego, como madre, mostrar a mis hijas que es importante tener principios y ser coherente con ellos, aunque sean pocos, pero sostenerlos.
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—Después de tus años en Argentina y tu regreso, ¿cómo sentís el vínculo con el público local?
—Siempre sentí una enorme generosidad de parte del público argentino. Me sigue demostrando cariño y profesionalismo, y eso me emociona. Nunca corté mis lazos con Argentina; sigo trabajando con actores y actrices argentinos desde Madrid, y tengo una hija nacida aquí. La generosidad y el afecto que recibí y que sigo recibiendo no alimentan mi ego, sino que me impulsan a ser mejor persona.
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—¿Sentís una doble pertenencia entre España y Argentina?
—Desde joven sentí la necesidad de ser ciudadana del mundo. Las experiencias y aprendizajes en diferentes lugares me hicieron ver que el mundo es grande y pequeño a la vez. No creo en las fronteras ni en las naciones como algo determinante. Argentina es mi país de adopción por decisión propia. No se trata de doble nacionalidad, sino de un sentimiento.
—¿Qué te aportaron España y Argentina, tanto en lo personal como en lo artístico?
—Yo he aprendido muchísimo de Argentina. Aprendo cada día de todo. Por supuesto que aprendo de España, aprendo de la gente, aprendo absolutamente de todo. Pero reconozco que mi debut realmente profesional en el Teatro Cervantes de Buenos Aires, eso dejó una marca. Eso marca porque justamente lo que vine buscando en Argentina fue una cosa que, en esa niña que vino y en España, no encontraba, que era el amor al arte. Y aquí en Argentina lo conocí.
El amor al arte absolutamente desinteresado, absolutamente generoso, trabajo en equipo. Aquí supe lo que era una cooperativa artística. He conocido aquí cómo señores de traje y corbata dejaban su trabajo a las ocho de la tarde, se quitaban la corbata, la chaqueta y se metían a ensayar hasta las doce de la noche.

—¿Percibís algún cambio en el ámbito artístico argentino desde tus primeros años hasta hoy?
El mundo cambió y yo también. Volver es una mezcla de lo conocido y lo nuevo. Reconozco las calles, pero siempre hay algo diferente. Artísticamente, Argentina sigue siendo una referencia mundial en formación de actores. Es una de las grandes cunas del teatro, como Londres o Berlín en Europa.
—¿Tenés algo pendiente por hacer en Argentina? ¿Te gustaría hacer temporada o probar con otros géneros?
—No haría un musical porque sería un desastre… Pero sí, me encantaría volver a hacer temporada aquí. El sueño de trabajar en ambos países sigue vivo. Estas semanas en Buenos Aires son para retomar esos lazos. Ahora es el momento de volver.
—¿Cómo vivís los días previos al estreno? ¿Lográs relajarte o la concentración te gana?
—Salgo poco, estoy muy concentrada. Cuando se acerca el estreno y más en Buenos Aires, en el Palacio Libertad, que me impone tanto respeto, no puedo distraerme. Esta vuelta se venía gestando hace meses y la expectativa era grande, así que tuve que poner un límite y recordar que soy actriz, que no está mi vida en riesgo y que solo tengo que hacer mi trabajo.

—¿Tus hijas viven acá o en España? ¿Cómo es el vínculo familiar hoy?
—Mis hijas viven en Madrid y son dos grandes artistas. María, la mayor, nació aquí, trabaja en publicidad y tiene un grupo musical que ya va por su tercer disco. Cayetana es actriz, tiene su propia compañía. Nos admiramos mucho y nos llevamos muy bien las tres. Es una familia de artistas, como Miguel Ángel (Solá), que sigue actuando y espero que lo siga haciendo por varios años más.
—¿Qué te quita el sueño en la previa al estreno?
—Duermo mal desde hace tiempo, en parte por la responsabilidad de este estreno. A las cuatro de la mañana ya estoy despierta. Lo que más me importa es estar a la altura de este regalo, de algo que gestamos junto a Javier Demaría. Estrenar aquí es una enorme responsabilidad.
—¿Qué te gustaría que el público argentino se lleve de la obra?
—Emoción. Que salgan conmovidos por esta historia.

—¿Creés que hay algo que el público puede aprender de Margarita Xirgu a través de tu interpretación?
—Mucho. De la Margarita humana se sabe muy poco. En la obra rescatamos anécdotas, como su primer contacto con el escenario a los ocho años o su relación con un torero. Quiero mostrar ese costado humano, más allá de los juicios y especulaciones, y que la gente conozca a una mujer que fue pionera y dejó huella.
—Como mujer y artista, ¿sentís que hoy la mujer tiene más protagonismo en el espectáculo o aún hay obstáculos?
—El lugar de la mujer avanzó mucho, pero no hay que olvidar que ese camino se abrió con el esfuerzo de muchas mujeres y también hombres. Nada se logró de un día para el otro. Hay que recordarlo y seguir luchando por un mundo más justo.

—¿Si tuvieras que convencer a alguien para ver Margarita Xirgu, qué le dirías?
—Es un plan precioso: durante una hora y media se escucha música en vivo con bandoneón, poesía, la historia de una mujer que dejó marca y huella. Es un espectáculo sensible, sencillo y profundo, que acerca a Lorca y a la figura de Xirgu desde una historia pequeña y a la vez muy grande.
Crédito de fotos: Jaime Olivos.
Un monoambiente sin ningún tipo de organización perceptual genera en el cerebro una sensación de caos permanente, aunque esté impecablemente limpio y ordenado. No es una cuestión estética menor: es neurológica. Cuando el ojo no sabe dónde termina una función y dónde empieza otra, el cuerpo nunca termina de relajarse del todo en ningún rincón de la casa. El problema no es el espacio, sino la falta de límites visuales que le den sentido a cada zona.

Los monoambientes son el proyecto que más me enseñó sobre la relación entre el espacio y el bienestar. Porque en esos metros cuadrados —que en Argentina suelen rondar entre los 30 y los 50 m² en los departamentos de las grandes ciudades— no hay margen para el error ni para los muebles de más. Cada decisión cuenta el doble. Y cada recurso bien aplicado puede transformar radicalmente la experiencia de vivir ahí.
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Lo que voy a compartir en esta nota es exactamente lo que aplico en mis proyectos: cómo dividir un monoambiente sin levantar una sola pared, sin hacer obra, sin gastar fortunas y sin sacrificar la sensación de amplitud que es, precisamente, el mayor atractivo de este tipo de planta.
Los espacios de concepto abierto —esos en los que todo fluye sin interrupciones— fueron la tendencia dominante durante casi dos décadas. La idea era clara: derribar paredes para ganar luz y sensación de amplitud. Y funcionó muy bien en casas y departamentos grandes, donde cada zona ya tenía metros suficientes para definirse sola. Pero en un monoambiente, esa lógica se invierte. Cuando todo está junto y nada tiene límites, el resultado no es amplitud: es confusión.
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El cerebro humano necesita “anclas” visuales para entender qué función tiene cada rincón de la casa. Esas anclas son señales que le dicen: acá se come, acá se descansa, acá se trabaja. Cuando esas señales no existen, el espacio se percibe como un solo ambiente grande con múltiples usos superpuestos, y eso genera estrés visual permanente. Lo que los diseñadores llamamos “ruido espacial”.

La pandemia nos enseñó que vivir, trabajar, cocinar y descansar en el mismo espacio sin ningún tipo de separación tiene un costo real en el bienestar. Y el diseño de interiores respondió con una filosofía que en Europa ya tiene nombre propio: el Norem. Se trata de dividir ambientes sin levantar paredes, a través de recursos arquitectónicos ligeros, textura y geometría aplicada. Para que una separación sea efectiva bajo esta filosofía, debe cumplir tres condiciones simultáneas: permitir el paso de la luz natural, conservar las líneas de visión largas y ofrecer un filtro acústico o visual parcial que no resulte opresivo.
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En un monoambiente típico, el living y el comedor comparten metros cuadrados sin ninguna transición. El resultado más frecuente es que los muebles quedan sueltos, sin anclaje, y la circulación entre zonas se vuelve caótica. El primer paso siempre es definir esos dos sectores con claridad.
Estos son los recursos que más uso y que mejor funcionan:
Los paneles de madera o metal con diseño geométrico calado son una de las apuestas más fuertes del diseño de interiores en 2026.

Los uso porque hacen varias cosas a la vez: filtran la luz, proyectan sombras sobre las paredes y el piso —lo que genera una textura visual muy interesante—, y funcionan como una escultura que separa sin tapar por completo la vista. Los biombos de papel japonés o de fibras naturales son una alternativa más liviana y económica, ideal para quienes alquilan y no pueden hacer ningún tipo de fijación permanente.
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Lo que me gusta de este recurso es que no requiere obra ni instalación compleja. Se para, se mueve, se ajusta. Y en términos estéticos, un panel calado bien elegido puede ser el elemento más llamativo de todo el ambiente.
Este es uno de mis trucos favoritos porque trabaja con la luz, que es el recurso de diseño más poderoso y más subestimado. Un grupo de pantallas colgando a distinta altura, ubicadas exclusivamente sobre el sector del comedor, delimita esa zona con volumen y luz cálida sin necesidad de ningún objeto en el piso.
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El living, mientras tanto, puede tener otro tipo de iluminación —tiras led horizontales, lámparas de pie, apliques de pared— para generar contraste entre los dos sectores. La misma lógica aplica dividiendo zonas con un mix de plantas, que además favorece a nivel salud y bienestar.

Las bibliotecas sin fondo son uno de los recursos favoritos de los interioristas para monoambientes, y con razón: hacen dos cosas al mismo tiempo. Por un lado, guardan libros, plantas y objetos decorativos.
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Por el otro, separan zonas sin bloquear la luz natural ni generar el efecto “pared” que achicaría el espacio. La clave está en no llenarlas por completo: dejar huecos libres mantiene la respiración visual del ambiente.

Este es el truco más simple y el que más impacto inmediato tiene. En lugar de pegar el sofá contra la pared —que es lo primero que hace casi todo el mundo—, lo ubico con el respaldo mirando hacia el comedor. Ese gesto crea un límite invisible pero muy efectivo entre las dos zonas. Además, ordena la circulación: hay un camino claro para entrar al living y otro para acceder al comedor. La disposición del mobiliario es, en sí misma, una forma de arquitectura.
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Una encuesta de Apartment List de 2023 encontró que el 68% de las personas que viven en monoambientes desearían tener zonas mejor definidas. Y en la mayoría de los casos, la solución no requiere obra: alcanza con repensar dónde va el sillón.
Epígrafe: La combinación de dos o tres de estos recursos —por ejemplo, un panel calado más un cluster de lámparas y el sillón reubicado— es suficiente para que el living y el comedor tengan identidad propia sin que el espacio pierda la sensación de amplitud.
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La cocina es el sector más complejo de resolver en un monoambiente. En los departamentos más chicos, queda completamente integrada al resto del espacio, y eso genera dos problemas: los olores y el ruido de la cocción se dispersan por todo el ambiente, y visualmente la zona de trabajo se mezcla con la de descanso o comedor de una forma que resulta difícil de ordenar.
Hay varias formas de intervenir sin hacer obra:
Los listones verticales de madera, de piso a techo o a media altura, son una de las soluciones más elegantes que conozco para separar la cocina del resto del monoambiente. Separan sin tapar la luz ni achicar el espacio visualmente. La clave está en elegir listones finos —no más de 4 o 5 centímetros de ancho— y dejar entre ellos un espacio similar al ancho del listón. Eso garantiza que la luz cruce de un lado al otro y que la separación se lea como un elemento de diseño y no como una barrera.

Un tip técnico que siempre doy: si van a trabajar con madera en un espacio cercano a la cocina, es fundamental protegerla antes de armar el panel. La humedad y los vapores de cocción deterioran la madera sin tratamiento en muy poco tiempo. Un barniz o una cera de protección al agua marcan la diferencia entre un separador que dura años y uno que hay que cambiar en meses.

La barra o isla pequeña es, en mi experiencia, el elemento que más transforma la relación entre la cocina y el resto del monoambiente. No solo divide: suma superficie de trabajo, ofrece espacio de guardado en su interior o en sus laterales, y puede funcionar como mesa de desayuno o escritorio improvisado con los bancos adecuados. Es un mueble que trabaja en múltiples frentes al mismo tiempo.

Para espacios muy chicos, recomiendo barras de entre 80 y 100 centímetros de largo y no más de 60 centímetros de profundidad. Eso alcanza para marcar el límite de la cocina sin invadir la circulación del resto del ambiente.

Para quienes alquilan y no pueden instalar nada permanente, los muebles bajos —entre 90 y 120 centímetros de altura— son la solución más práctica. Una biblioteca abierta, un aparador de media altura o un módulo de almacenamiento suspendido actúan como divisores funcionales sin aislar visualmente. Dejan circular la luz, permiten ver de un lado al otro, y son ideales porque no requieren ningún tipo de fijación a la pared.

Una lámpara colgante sobre la barra de la cocina, una alfombra que delimite el sector, o un cambio de color en la pared de fondo de la cocina ya generan una zonificación clara sin ocupar espacio.

El color, bien usado, puede hacer que dos zonas contiguas se lean como ambientes distintos sin ningún elemento físico adicional. Aplicar una paleta diferente —aunque sea en un solo muro de acento— genera una transición perceptual que el ojo registra de inmediato.
Más allá de la división de zonas, hay un conjunto de decisiones que aplico en todos mis proyectos de monoambiente y que hacen una diferencia real en cómo se percibe y se vive el espacio.
En un espacio donde cada metro cuadrado tiene que rendir al máximo, los muebles inteligentes son la inversión más rentable. Un sofá cama que funcione como sala de estar de día y como cama de huéspedes de noche. Una mesa extensible que sea escritorio de trabajo cuando está cerrada y mesa de comedor cuando se abre. Un banco al pie de la cama con guardado interno. Una cama con cajones debajo que reemplaza al placard.

La regla que siempre les digo a mis clientes es esta: cada mueble que entre al monoambiente tiene que cumplir al menos dos funciones. Si solo hace una, ocupa espacio que podría estar haciendo dos cosas al mismo tiempo.
Los colores claros y neutros hacen que los ambientes pequeños se perciban más amplios. Pero más que el color en sí, lo que importa es la coherencia cromática: mantener la misma paleta en todo el monoambiente hace que la vista no se corte y que el espacio se perciba como una unidad. Si se quiere diferenciar zonas con color, la forma más efectiva es hacerlo con textiles —almohadones, mantas, alfombras— antes que pintura en las paredes.

Este es el punto que más se subestima en el diseño de monoambientes. La mayoría de las personas piensa en horizontal —cómo distribuir los muebles en el piso— y olvida que hay metros cúbicos disponibles hacia arriba que casi nunca se aprovechan.

Repisas flotantes hasta el techo, muebles altos que llegan al cielorraso, camas loft con espacio de trabajo o descanso debajo: todo lo que sube libera piso, y el piso es el recurso más valioso en un espacio chico. Una repisa instalada sobre la puerta, por ejemplo, es espacio de guardado que no le quita ni un centímetro al ambiente. Un placard que llega hasta el techo guarda el doble que uno estándar y, además, estira visualmente la altura del ambiente.
El diseño de interiores para espacios pequeños atraviesa un momento de transformación real. La tendencia que domina 2026 —y que ya está presente en los proyectos más interesantes de Europa y América del Norte— es la del micro-zoning: la creación de microambientes con personalidad propia dentro de un mismo espacio abierto, sin recurrir a la construcción de paredes.

Lo que antes se resolvía con obra —una pared, una puerta, un tabique— hoy se resuelve con diseño. Con la ubicación del mobiliario, con la iluminación, con el color, con los materiales. Y esa es, exactamente, la lógica que aplico en mis proyectos: que el espacio trabaje, no que la obra lo resuelva.
No hace falta tirar una pared para crear el espacio que querés. La diferencia está en las decisiones, no en los metros.
Fotos: Ilustrativas Infobae
Después de que la selección española bordase la segunda estrella en su camiseta al hacerse con el triunfo en el Mundial, regresan las competiciones de clubes y, como no podía ser de otra manera, una nueva edición de LaLiga EA Sports. Con el Barça defendiendo corona una vez más. Desde que Hansi Flick llegó al banquillo azulgrana en verano de 2024, el denominado como ‘Flick Team’ solo sabe ganar en la competición doméstica. Dos de dos. En esta ocasión vuelve a ser firme candidato al título, con el nuevo Real Madrid de José Mourinho y el Atlético de Madrid del perenne Diego Pablo Simeone al acecho y con ganas de ponérselo difícil.

Será una edición de LaLiga en la que ya no estarán jugadores legendarios como Robert Lewandowski y Antoine Griezmann, ahora en la Major League Soccer norteamericana, pero habiendo llegado al campeonato futbolistas de renombre como Anthony Gordon, Karim Adeyemi, Marc Cucurella, Bernardo Silva, Yan Diomande o Kang-In Lee, entre otros. A la espera de lo que suceda en el resto del mercado, con el foco apuntando hacia un Rodrigo Hernández que, tras ser el faro de España y MVP del Mundial, podría regresar al campeonato del que salió en su día rumbo al Manchester City.
Más allá de los jugadores que se vestirán de corto y pisarán el verde, resulta inevitable detenerse en una figura que, desde la banda y la sala de prensa, a buen seguro que dará mucho que hablar. José Mourinho vuelve al Real Madrid tras ser reclutado por un Florentino Pérez que, presumiblemente cansado de verse superado por el Barcelona en los últimos tiempos, entiende que ‘The Special One’ es la solución a dicho problema. Han pasado 13 años desde que Mou cerró su anterior etapa en el conjunto blanco y parecía que dicho matrimonio no tendía una segunda oportunidad, pero el fútbol nunca deja de sorprender.

Tras los tres gigantes de LaLiga, obligados todos ellos a luchar por el título, prometen ser grandes animadores del torneo equipos como el Villarreal del talentoso Iñigo Pérez, la Real Sociedad vigente campeona de Copa del Rey de la mano de Matarazzo, el Athletic post-Valverde y con Terzic en su banquillo o el Real Betis del incombustible Manuel Pellegrini. De ahí hacia abajo, la pelea de aquellos que parten con la permanencia como primer objetivo que cumplir aunque sin renunciar a nada. Con tres históricos del fútbol español como el Racing de Santander, el Deportivo da Coruña y el Málaga de nuevo de vuelta en la categoría a la que pertenecen.

15/08/2026 00H00
¿Qué pasó un día como hoy? Revisa el archivo de Diario Gestión.
15 de agosto del 2011. Hace 15 años
EMPRESAS YA NO QUIEREN PAGAR AL CONTADO SINO EN 90 DÍAS
“Ahora todo el mundo quiere comprar al crédito”, dice Interbank. En tanto, con el factoring, los proveedores pueden cobrar sus facturas en 5 días. Antes lo hacían en 75. Liquidez en caja seha vuelto lo más preciado para las empresas, y por ello dilatan al máximo el pago de sus facturas.
“Todas las empresas piden pagar a 90 días. Los que pagaban en 30 días o 60 días, ahora van a 90 días”, dijo el gerente de Negocios y Productos Globales de Interbank, Pedro Ayín. “La tendencia es a que las empresas se financien a través de sus proveedores. Todo el mundo quiere comprar al crédito, y ya nadie quiere pagar al contado”, añadió.
Pero, mientras que las empresas compradoras quieren pagar al plazo más largo, su proveedor -generalmente una pyme- quiere cobrar lo antes posible. En medio de esa puja, que suele ser dura, sobre todo para la pyme que vende a una gran compañía, el factoring es cada vez más usado por los empresarios.
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15 de agosto del 2016. Hace 10 años
MERCEDES ARÁOZ, ZAVALA Y VIZCARRA SON LOS MÁS PODEROSOS DETRÁS DE PPK
El 55% de peruanos considera que Pedro Pablo Kuczynski es el hombre más poderoso del país. El 57% cree que los medios de comunicación pueden quitar o poner presidentes o ministros. El centro, con 62%, y el sur, con 60%, señalan que el presidente es la persona con más poder, mientras que Keiko Fujimori ocupa el segundo lugar, y el estrato A/B cree que Zavala tiene más poder que Mercedes Aráoz. A nivel empresarial, Dionisio Romero Paoletti y Gastón Acurio son considerados los más poderosos.

EFEMÉRIDES. El 55% de peruanos considera que Pedro Pablo Kuczynski es el hombre más poderoso del país.
15 de agosto del 2016. Hace 10 años
EN SETIEMBRE SE INICIA CONSTRUCCIÓN DE TÚNEL DE TRASVASE EN PROYECTO ALTO PIURA
En el segundo trimestre del 2017 se construirá la represa Tronera Sur que abastecerá de agua al proyecto de irrigación. Las obras podrían terminar con seis meses a un año de anticipación. A partir del 12 de setiembre se iniciarán los trabajos del túnel de trasvase o transandino, la infraestructura más importante del Proyecto Especial de Irrigación e Hidroenergético del Alto Piura (Peihap), con lo que se estima irrigar hasta 60,000 hectáreas en Piura.

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Un sismo de magnitud 5,2 ha sacudido durante la madrugada de este sábado el sur de España, con epicentro en el área metropolitana de Granada. La fuerte sacudida despertó a numerosos vecinos y provocó desprendimientos, caída de elementos de fachadas y tejados y otros daños materiales en distintos municipios, aunque no se han registrado heridos.
El movimiento se produjo a las 1:04 horas y tuvo su epicentro en el entorno de Alhendín, en la provincia de Granada. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) situó inicialmente el terremoto en magnitud 5, aunque otras mediciones internacionales lo elevan a 5,2. También existen diferencias entre las primeras estimaciones sobre la profundidad del foco.
La Junta de Andalucía activó la fase de emergencia, situación operativa 1, del Plan ante el Riesgo Sísmico después de valorar la intensidad del movimiento y las incidencias comunicadas durante la madrugada. Emergencias 112 Andalucía recibió más de 80 llamadas relacionadas con el terremoto.
La sacudida se produjo cuando la mayoría de la población dormía y fue percibida con claridad en Granada y en numerosos municipios de su área metropolitana. El epicentro se localizó en Alhendín, al sur de la capital granadina.
El temblor también se dejó sentir en otras provincias de Andalucía. Emergencias 112 recibió avisos desde todas las provincias de la comunidad salvo Huelva y Cádiz. Granada fue, sin embargo, el territorio donde se concentraron las principales incidencias.
La intensidad del movimiento provocó alarma entre los vecinos, que en algunos puntos salieron de sus viviendas o permanecieron fuera de los edificios ante el temor a nuevas sacudidas.
Los primeros informes apuntan a daños materiales puntuales en diferentes municipios del área metropolitana. Se han comunicado desprendimientos, caída de elementos de fachadas y tejados y otros desperfectos provocados por la fuerte vibración.
En Armilla se registraron incidencias relacionadas con el terremoto. También se han comunicado daños en otros puntos del cinturón metropolitano de Granada.
En Las Gabias, las autoridades desalojaron preventivamente un edificio que podría haber sufrido daños. La medida se adoptó mientras se comprueba el estado del inmueble y se determina si existe algún riesgo para sus ocupantes.
En Huétor Vega, el movimiento provocó además una interrupción del suministro eléctrico.
En Granada capital, las primeras inspecciones de los servicios municipales y de los Bomberos no han detectado daños estructurales generalizados.
El Ayuntamiento mantiene, no obstante, la evaluación de posibles desperfectos en edificios y espacios públicos, especialmente en construcciones que puedan presentar una mayor vulnerabilidad.
En algunos puntos de la ciudad se han observado daños en elementos exteriores de edificios. La prioridad de los equipos técnicos es determinar si esas incidencias afectan únicamente a componentes no estructurales o si existe algún inmueble que requiera una revisión más profunda.
El servicio de emergencias 112 Andalucía gestionó más de 80 llamadas relacionadas con el terremoto durante la madrugada. Los avisos procedieron de prácticamente toda la comunidad autónoma.
Ante la situación, la Junta de Andalucía activó la fase de emergencia, situación operativa 1, del Plan ante el Riesgo Sísmico. El consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, comunicó la decisión después del fuerte movimiento y de la sucesión de nuevos sismos registrados posteriormente.
La activación permite coordinar los recursos de emergencia y reforzar las labores de evaluación en las zonas donde se han comunicado daños.
La Diputación de Granada convocará de urgencia a un comité de técnicos para evaluar el estado de los edificios que hayan podido resultar afectados.
Los especialistas deberán comprobar si las grietas, desprendimientos y otros daños detectados comprometen la seguridad de las construcciones. También determinarán si algún inmueble debe permanecer desalojado de forma preventiva.
Por el momento, las autoridades no han informado de víctimas y las primeras revisiones en Granada capital no apuntan a una afectación estructural generalizada.
El movimiento de esta madrugada estuvo precedido por otros terremotos de menor magnitud registrados durante el viernes en el área metropolitana de Granada.
Horas antes del principal seísmo, un terremoto de magnitud 3,7 con epicentro en La Zubia había sido percibido en distintos municipios de la provincia.
Después del terremoto de Alhendín también se produjeron nuevas sacudidas. Seis minutos después se registró un sismo de magnitud 2,6 con epicentro en Gójar y a un kilómetro de profundidad, según los datos facilitados inicialmente.
En las horas posteriores se contabilizaron además otros movimientos de menor magnitud en municipios próximos, dentro de la misma zona de actividad sísmica.
Emergencias 112 Andalucía ha pedido a la población que mantenga la calma y siga las instrucciones de los servicios oficiales.
Las autoridades recomiendan evitar entrar o salir de los edificios de manera innecesaria. En caso de permanecer en la vía pública, aconsejan alejarse de fachadas, cornisas, balcones, muros y cualquier otro elemento que pueda desprenderse.
Mientras continúa la evaluación de los daños, los equipos de emergencia mantienen desplegado el dispositivo en Granada y su área metropolitana.
SOBRE EL AUTOR
Noé Yactayo es periodista de El Comercio desde 2022. Con 13 años de experiencia en medios digitales, se ha consolidado como especialista en fútbol internacional y deportes de combate, además de cubrir temas de actualidad para las audiencias hispanas de Estados Unidos. Antes de sumarse a la redacción, trabajó en Mi Bundesliga, La República y Líbero.