
La insuficiencia cardíaca ocurre cuando el corazón no bombea la sangre suficiente que el cuerpo necesita y requiere atención médica, de acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH).
El término no significa que el corazón haya dejado de funcionar. Los NIH indican que cambios saludables en los hábitos, medicamentos y algunos dispositivos e intervenciones pueden ayudar a muchas personas a mejorar su calidad de vida.
PUBLICIDAD
Ese enfoque preventivo fue reforzado por una declaración científica publicada en el European Heart Journal, que señaló que la mejor oportunidad para frenar esta condición está en actuar antes de que aparezcan síntomas como falta de aire, fatiga persistente o hinchazón de piernas.
En ese escenario, el cardiólogo Francesco Lo Monaco, de la Clínica Nacional del Corazón en Harley Street, de Londres, resumió en el diario británico The Telegraph seis hábitos cotidianos que ayudan a reducir el riesgo a largo plazo.
PUBLICIDAD

La hipertensión figura entre los factores más estrechamente vinculados con la insuficiencia cardíaca. Cuando la presión arterial se mantiene elevada, el corazón debe trabajar contra una resistencia mayor. Con el tiempo, ese esfuerzo puede engrosar y endurecer el músculo cardíaco hasta afectar su capacidad de bombeo.
La declaración del European Heart Journal ubicó al control de la presión arterial entre los blancos centrales de prevención, junto con la enfermedad renal crónica, la diabetes, la obesidad y la inactividad física. En la práctica, eso incluye chequeos periódicos, reducción del consumo de sal, control del peso, actividad física regular, descanso adecuado y menor ingesta de alcohol.
PUBLICIDAD

Moverse más cada día es una de las medidas con más respaldo para proteger al corazón. La actividad física ayuda a mejorar la elasticidad de los vasos sanguíneos, bajar la presión, controlar la glucosa, mejorar el perfil lipídico y limitar el aumento de peso.
Un estudio publicado en Circulation, basado en 94.739 participantes del Biobanco del Reino Unido, encontró que quienes acumulaban 150 a 300 minutos semanales de actividad moderada mostraban un riesgo mucho menor de desarrollar insuficiencia cardíaca. También se observó una asociación favorable en quienes hacían 75 a 150 minutos de ejercicio vigoroso por semana.
PUBLICIDAD
Ese mensaje coincide con una nota previa de Infobae, que repasó recomendaciones de la American Heart Association (AHA) y destacó que unos 30 minutos diarios, cinco veces por semana, ya encajan en el umbral aconsejado para la salud cardiovascular. El artículo también señaló que incluso esfuerzos breves, como subir escaleras o sumar minutos intensos durante el día, pueden aportar beneficios.

El sueño dejó de considerarse un aspecto secundario de la salud cardiovascular. La calidad del descanso, su continuidad y la regularidad de los horarios tienen efectos sobre la presión arterial, el metabolismo, el peso corporal y el equilibrio hormonal.
PUBLICIDAD
Ese punto también fue desarrollado en una declaración científica de la AHA publicada en Circulation. Allí se recordó que los adultos suelen necesitar entre siete y nueve horas por noche y que dormir mal o de manera fragmentada se asocia con peor salud cardiometabólica.
Lo Monaco recomendó sostener horarios regulares para acostarse y levantarse, limitar pantallas antes de dormir y consultar si hay ronquidos intensos o somnolencia diurna. La apnea del sueño, muchas veces subdiagnosticada, también se vincula con hipertensión y alteraciones del ritmo cardíaco.
PUBLICIDAD

La alimentación influye sobre casi todos los factores que elevan el riesgo de insuficiencia cardíaca. Un patrón basado en verduras, frutas, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, pescado y proteínas magras ayuda a controlar la presión arterial, el peso y la glucosa.
La revisión del European Heart Journal insistió en la necesidad de un abordaje integral por el peso creciente de los trastornos metabólicos y renales en la aparición de esta enfermedad. En ese marco, reducir ultraprocesados, bebidas azucaradas, fritos, carnes procesadas y alimentos con exceso de sal aparece como una medida transversal.
PUBLICIDAD
Lo Monaco planteó que el beneficio no depende de un alimento puntual sino de la calidad general de la dieta. La lógica es acumulativa: pequeñas mejoras sostenidas tienen más impacto que cambios drásticos de corta duración.

Entre los hábitos menos discutidos aparece el horario de la cena. Evitar la comida en las tres horas previas al sueño puede favorecer tanto el descanso como la regulación cardiovascular nocturna.
PUBLICIDAD
Una investigación de la Universidad Northwestern, publicada en Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology, abordó este punto. El estudio observó que alinear la ingesta con el ciclo sueño-vigilia, mediante un ayuno nocturno de 13 a 16 horas, se asoció con una reducción del 3,5% de la presión arterial nocturna y con una caída del 5% en la frecuencia cardíaca durante el sueño.
La investigación se hizo en adultos con sobrepeso u obesidad y apuntó a una idea simple: el organismo no procesa igual los alimentos de día que de noche. Por eso, cenar más temprano y evitar comidas abundantes, grasas, picantes o alcohol antes de acostarse puede ayudar a que el cuerpo entre en una fase de recuperación más estable.

El estrés crónico ejerce efectos concretos sobre el organismo. Puede elevar la presión arterial, empeorar el sueño y favorecer conductas que aumentan el riesgo, como el sedentarismo o la mala alimentación.
Un metaanálisis publicado en el International Journal of Cardiology, que reunió 33 estudios con 43.641 participantes, halló que los niveles elevados de hormonas del estrés se asociaron con un 63% más riesgo de enfermedad cardiovascular. El trabajo examinó marcadores como cortisol, adrenalina y noradrenalina.
Lo Monaco sugirió incorporar aunque sea unos minutos diarios de respiración lenta, caminatas, pausas de desconexión o prácticas de atención plena. El objetivo no es eliminar por completo el estrés, sino reducir su impacto sostenido sobre la presión, el sueño y los hábitos diarios.

La prevención de la insuficiencia cardíaca no descansa en una sola decisión. El mensaje que atraviesa las recomendaciones clínicas y los estudios recientes es que la protección cardiovascular depende de la combinación entre presión arterial controlada, actividad física, buen descanso, alimentación de calidad, horarios regulares y menor carga de estrés.
La declaración científica del European Heart Journal añadió que el desafío actual exige una estrategia personalizada y amplia, que contemple también diabetes, enfermedad renal, factores específicos de las mujeres, vacunación y condiciones sociales y ambientales. En ese marco, las medidas cotidianas siguen siendo la primera línea para reducir un riesgo que muchas veces avanza sin dar señales durante años.
Michael Bublé cumple este miércoles 51 años y su estilismo mantiene una identidad asociada al traje clásico, la sastrería ajustada y la imagen de un crooner contemporáneo, con una voz suave y una presencia escénica elegante en la moda.
A lo largo de su carrera, el cantante canadiense y esposo de Luisana Lopilato construyó una presencia pública en la que la ropa funciona como una extensión de su repertorio, marcado por estándares, pop orquestado y una puesta en escena que remite a las grandes figuras del entretenimiento de mediados del siglo XX.
PUBLICIDAD

El caso de Michael Bublé resulta singular dentro del circuito pop de las últimas décadas. Mientras buena parte de la industria avanzó hacia una estética más informal, deportiva o experimental, el intérprete sostuvo una línea visual estable, apoyada en smokings, trajes oscuros, camisas blancas, corbatas sobrias y zapatos de cuero de acabado pulido. Esa continuidad le permitió fijar una marca reconocible y convertir el vestuario en uno de los elementos centrales de su perfil artístico.
En el centro del estilismo de Michael Bublé aparece la sastrería. El cantante suele recurrir a sacos estructurados, pantalones de caída recta o apenas entallada y una paleta dominada por negro, azul marino, gris carbón y blanco.
PUBLICIDAD
La elección no responde solo a una preferencia formal: también ordena su imagen pública y la conecta con un linaje de cantantes de escenario, especialmente los vinculados al jazz vocal y al pop melódico.
La ropa no busca imponerse sobre la figura del artista ni competir con el espectáculo, sino acompañar la interpretación. En ese sentido, el traje opera como un código de estabilidad. La sobriedad de las prendas deja espacio para la voz, el gesto y la interacción con la orquesta o la banda, sin sumar distracciones innecesarias.
PUBLICIDAD
El vínculo entre vestuario y repertorio es una de las claves para leer a Bublé. Desde sus primeros años de exposición internacional, su proyecto artístico se apoyó en una actualización del crooner clásico.

Esa referencia remite a cantantes que hicieron del esmoquin y del traje una segunda piel escénica. En su caso, esa tradición se tradujo en una versión más cercana al siglo XXI, con cortes más limpios y una silueta menos rígida. El resultado es una imagen elegante, reconocible y de baja volatilidad, algo poco frecuente en una industria que suele premiar el cambio constante.
PUBLICIDAD
En lugar de redefinirse a través de giros bruscos, el artista canadiense sostuvo una estética de continuidad. Esa decisión fortaleció su identidad y lo ubicó en una zona distinta a la de otros músicos pop, más dependientes de tendencias estacionales.
Otro rasgo del estilismo de Bublé es la moderación en el uso del color. Predominan los tonos neutros, con apariciones puntuales de bordó, azul profundo o texturas satinadas en contextos de gala.
PUBLICIDAD
La lógica es clara: mantener un campo visual ordenado y favorecer una imagen atemporal. En fotos promocionales, alfombras rojas y conciertos, ese criterio se repite con pocas variaciones.
Los trajes suelen aparecer ajustados sin exceso, con hombros definidos y proporciones clásicas, un recurso que actualiza la sastrería sin llevarla al terreno de la moda de pasarela.
PUBLICIDAD
Los accesorios siguen la misma línea: corbatas de seda, moños, pañuelos discretos, relojes sobrios y zapatos formales. La suma de esos elementos produce una elegancia controlada, más cercana a la precisión que al despliegue.

Aunque el traje domina su imagen, no construye una figura distante. Parte de su eficacia estética está en combinar formalidad con una actitud relajada.
PUBLICIDAD
En escena, suele desarmar el protocolo con humor, movimiento y un lenguaje corporal accesible. Esa tensión entre ropa clásica y desempeño distendido le permite evitar que el vestuario se lea como rigidez.
Esa combinación explica por qué su imagen funciona tanto en conciertos como en televisión, campañas y eventos públicos. El traje proyecta orden y profesionalismo; la actitud, en cambio, introduce cercanía. El equilibrio entre ambos planos le dio consistencia a su marca personal y ayudó a sostenerla durante años sin signos de agotamiento visual.
PUBLICIDAD
En tiempos de reinvenciones permanentes, Michael Bublé eligió otro camino: hacer de la constancia su sello. A los 51, su estilo sigue transmitiendo sofisticación, cercanía y una idea de elegancia clásica que aún conserva lugar propio dentro del universo pop.

En la Argentina, unas 300.000 personas viven con epilepsia y, con un diagnóstico y tratamiento adecuados, cerca del 70% puede controlar sus crisis. En los últimos años, la medicina amplió las opciones terapéuticas, incluso para cuadros que no responden a medicamentos.
En ese sentido, especialistas y familias advierten la importancia del acceso a la atención y a los tratamientos. El tema vuelve a tomar impulso cada 9 de septiembre, cuando se conmemora el Día Latinoamericano de la Epilepsia. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 50 millones de personas viven con esta enfermedad en el mundo y unas 6 millones están en Latinoamérica.
PUBLICIDAD
“En la Argentina hay una diversidad en el acceso a la salud para los pacientes con epilepsia, en parte asociado a su cobertura médica y a la localización geográfica”, señaló María Vaccarezza, neuróloga y subjefa del Servicio de Neurología Infantil del Hospital Italiano.

La especialista sostuvo que la neurología especializada creció en el país, tanto en el manejo clínico como en el desarrollo de centros de cirugía y alternativas terapéuticas como la dieta cetogénica, aunque persisten desigualdades entre provincias.
PUBLICIDAD
Para Lucía D’Atri, neuróloga especialista en epilepsia de Fleni Belgrano, en la Argentina se estima que entre 1 y 2 de cada 100 personas viven con epilepsia. “Desde 1990 a esta parte, el impacto de la epilepsia ha disminuido, sin embargo, sigue siendo más alto en nuestra región que el promedio global, afectando predominantemente a personas en situaciones de vulnerabilidad económica y social”, explicó.
La situación se repite en otros países de la región. Roberto García, neurólogo pediatra del Hospital de Niños Roberto Gilbert de Guayaquil, afirmó que en Ecuador existe una alta prevalencia de epilepsia y una brecha profunda en el acceso al tratamiento.
PUBLICIDAD
“A pesar de que el 70% de los pacientes puede controlar las crisis con fármacos básicos de bajo costo, los problemas en la salud pública, el estigma social y la falta de especialistas limitan la atención”, advirtió.
Juan Flores, padre de un paciente con Síndrome de West, repasó: “En el Ecuador vivir con epilepsia es una tarea compleja y desgastante, ya que involucra al círculo familiar interfiriendo en la dinámica y la funcionalidad de la misma. Hay múltiples factores que funcionan como barreras, como las bajas condiciones socio-económicas, creencias y barreras culturales, limitación al acceso de medicamentos antiepilépticos, desabastecimiento, falta de inversión en salud pública y costo elevado de medicamentos antiepilépticos”.
PUBLICIDAD

En Argentina los derechos de las personas con epilepsia están contemplados en distintos marcos normativos. La Ley 25.404, conocida como Ley de Epilepsia, garantiza el acceso a los tratamientos médicos, el derecho a recibir asistencia integral y oportuna con cobertura obligatoria de las obras sociales, y la provisión gratuita de medicamentos.
También prevé la posibilidad de solicitar un certificado de aptitud laboral que especifique qué tareas pueden realizarse de manera segura.
“Existen trabas burocráticas y vacíos legales”, afirmó Natalín John, madre de un niño con epilepsia diagnosticado a los 9 meses de vida. “Conseguir una medicación, un estudio o una consulta en tiempo y forma, se lleva largas horas de pacientes y familiares”, agregó.
PUBLICIDAD

El mismo escenario describe Lihuel, padre de un niño de 5 años con síndrome de Lennox-Gastaut, una forma de epilepsia altamente refractaria. “Vivimos con la incertidumbre constante de saber que en algún momento la crisis va a llegar”, contó.
Además, se suma una barrera persistente: el estigma. Familias y especialistas coinciden en que, más allá de los avances médicos, la epilepsia sigue rodeada de prejuicios que afectan la integración social, educativa y laboral.
PUBLICIDAD
Natalín John sostuvo que todavía hay personas que evitan compartir tiempo con alguien con epilepsia por miedo a presenciar una crisis. Según explicó, ese temor también influye en ámbitos como el empleo o la educación, donde muchas veces se buscan formas de excluir al paciente de una institución o de un trabajo.

Lihuel agregó que, en su experiencia, una de las formas más frecuentes del estigma es la mirada de lástima y la dificultad para tratar a los chicos con naturalidad.
PUBLICIDAD
También remarcó que no todas las instituciones educativas están preparadas para acompañar estos casos y que, para muchas familias, sostener tratamientos, terapias y gestiones impacta de lleno en la organización cotidiana y en la economía del hogar.
Las crisis epilépticas no se reducen a los episodios motores más conocidos. Aunque las formas tónico-clónicas suelen ser las más visibles, la enfermedad puede afectar distintas funciones cerebrales y expresarse de maneras muy diversas.
PUBLICIDAD
D’Atri explicó que, además de los movimientos bruscos, la rigidez o las sacudidas rítmicas, las crisis pueden aparecer como ausencias, automatismos de manos o boca, percepciones de olores, sonidos o imágenes inexistentes, o alteraciones en la percepción de la realidad y del propio cuerpo.

También pueden darse con o sin pérdida de conciencia. Cuando la persona conserva la conciencia y logra reconocer esas manifestaciones iniciales, se trata de lo que se conoce como aura.
Para Francisco C. Córdoba, neurólogo infantil del Hospital Británico de Buenos Aires y del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el impacto de la epilepsia excede el conteo de crisis.
“Importa cómo esa persona estudia, trabaja, se relaciona, desarrolla su autonomía y, también, cómo transita todo ese recorrido su familia”, sostuvo. En el caso de los niños, añadió, detrás de cada diagnóstico hay un proceso de crecimiento, aprendizaje y vinculación que también debe ser contemplado.
Uno de los principales cambios en el abordaje de la epilepsia es la posibilidad de ofrecer tratamientos más ajustados a las características de cada paciente. “No tratamos simplemente una epilepsia: intentamos entender qué tipo de crisis tiene esa persona, cuál es la causa, qué otras dificultades presenta y cuál es el tratamiento que mejor se adapta a ella”, explicó Córdoba.
Los medicamentos siguen siendo la primera línea terapéutica y continúan mostrando alta eficacia. De acuerdo con los especialistas, hasta 7 de cada 10 personas logran un buen control de las crisis con un diagnóstico y tratamiento adecuados.
A eso se suma el aporte de la genética, que en algunas epilepsias permite identificar la causa y orientar con mayor precisión la elección terapéutica.

Cuando las crisis no se controlan después de probar dos o más fármacos, se considera que se trata de una epilepsia farmacorresistente.
En esos casos, explicó D’Atri, las alternativas más utilizadas incluyen la terapia cetogénica, el estimulador vagal y el cannabidiol. También existen procedimientos quirúrgicos para identificar y tratar la región cerebral que origina las crisis, además de técnicas de neuromodulación como la estimulación cerebral profunda.
Entre las novedades de los últimos años, la especialista mencionó la incorporación de moléculas como cenobamato y fenfluramina, esta última disponible por uso compasivo, con resultados favorables en tolerancia, seguridad y eficacia en distintos tipos de epilepsia.
En Argentina, el fármaco Convupidiol, del laboratorio argentino Alef Medical, es el primer derivado del cannabis aprobado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) en el país.
Desde su autorización inicial por parte de la ANMAT en 2020, el uso de cannabidiol se volvió cada vez más frecuente en pacientes que no responden de manera satisfactoria a los tratamientos tradicionales.

Vaccarezza explicó que se trata de un tratamiento farmacológico indicado en epilepsias farmacorresistentes y con uso preciso en síndromes como Dravet y Lennox-Gastaut.
También señaló que en los últimos años se publicaron trabajos que muestran beneficios en epilepsias focales y en otras encefalopatías epilépticas infantiles. Según su experiencia, el cannabidiol no solo permitió mejorar el control de crisis en muchos pacientes, sino también observar mejoras cognitivas y reducir las dosis de otros fármacos.
El caso de Catalina Preve ilustra ese cambio. Su madre, Martina, contó que su hija comenzó con convulsiones a los 3 meses de vida y llegó al cannabidiol después de atravesar una etapa muy difícil de epilepsia farmacorresistente. “Cata comenzó a tomar Convupidiol en diciembre de 2025. Hoy tiene 8 años y lleva tres meses sin crisis”, relató.
Martina dijo que al principio le costó aceptar el tratamiento por sus propios prejuicios asociados a la palabra cannabis, pero que decidió confiar en esa alternativa. Tal como describió, desde entonces su hija se muestra más activa, con menos somnolencia que la que le provocaban otras medicaciones, y tolera mejor el tratamiento. Después de un año de internaciones, agregó, la familia pudo recuperar algo de tranquilidad.

Para los especialistas, el problema no pasa solo por la disponibilidad de herramientas, sino por la posibilidad de acceder a ellas en tiempo y forma.
Córdoba advirtió que hoy la Argentina cuenta con múltiples recursos para tratar la epilepsia, pero que esas opciones no llegan de la misma manera a todas las regiones ni a todos los sistemas de cobertura.
D’Atri subrayó que el retraso en el proceso diagnóstico puede tener consecuencias importantes sobre la calidad de vida. Entre ellas mencionó la incertidumbre que genera no contar con un diagnóstico preciso, el impacto sobre la salud mental, la presencia de comorbilidades y el compromiso de funciones cognitivas y motoras cuando existe actividad epiléptica frecuente y sostenida en el cerebro.
“Quizás el gran desafío de los próximos años sea acercar lo que la medicina ya sabe hacer a la persona que lo necesita, en el momento en que lo necesita”, resumió Córdoba. Y planteó que, aunque hubo avances concretos, todavía persiste una fuerte disparidad en el acceso a consultas y tratamientos.

Las zonas áridas del planeta podrían expandirse hasta ocupar más del 40% de la superficie terrestre hacia fines de siglo, según un estudio que revisó uno de los puntos más discutidos en las proyecciones climáticas sobre sequedad: el efecto del aumento de dióxido de carbono sobre el uso del agua por parte de las plantas.
El trabajo, publicado en la revista Environmental Research Letters, sostuvo que la tendencia de avance de estas regiones continúa, pero con una velocidad más moderada que la que indicaban varios cálculos previos.
PUBLICIDAD
La novedad central no estuvo solo en la cifra final. El aporte del trabajo pasó por el método. El equipo incorporó a sus proyecciones una corrección que considera cómo el CO₂ altera la transpiración vegetal y, por esa vía, modifica la forma en que se calcula la aridez.
Esa decisión redujo las estimaciones más extremas y también reordenó el mapa de las áreas donde la sequedad podría intensificarse con más fuerza en las próximas décadas.

Las zonas áridas abarcan territorios donde el agua disponible no alcanza para compensar la pérdida por evaporación del suelo y transpiración de la vegetación. Esa relación define ecosistemas frágiles, con límites sensibles a pequeñas variaciones del clima. Cuando esas fronteras se desplazan, cambian los paisajes, cae la cobertura vegetal y crece la presión sobre actividades humanas que dependen del agua, desde la producción agropecuaria hasta el abastecimiento de poblaciones enteras.
PUBLICIDAD
Los autores advirtieron que ese corrimiento ya merece atención global por sus consecuencias sobre el desarrollo sostenible.
En el artículo señalaron: “Las zonas áridas son altamente vulnerables al cambio climático, pero su reciente redistribución espacial y su evolución futura aún no se comprenden del todo. Las proyecciones convencionales suelen ignorar los efectos del CO₂ en la evapotranspiración potencial (ETP), lo que puede generar estimaciones de aridez más elevadas y alterar los patrones de los puntos críticos de cambio de aridez”.

Para estimar la extensión actual y futura de las regiones secas, los investigadores usaron el llamado índice de aridez. Esa medida surge de dividir la precipitación de una zona por la evapotranspiración potencial, un indicador que resume cuánta agua podría perderse hacia la atmósfera por evaporación y por transpiración vegetal. Bajo ese criterio, un área se clasifica como árida cuando el índice queda por debajo de 0,65.
PUBLICIDAD
La diferencia con muchos trabajos anteriores apareció en el modo de calcular esa evapotranspiración potencial. Con concentraciones más altas de dióxido de carbono, los estomas de las plantas, pequeños poros presentes en las hojas, tienden a cerrarse en parte. Ese ajuste fisiológico reduce la pérdida de agua. Si el modelo no incorpora ese cambio, puede exagerar la demanda atmosférica de humedad y, por lo tanto, ampliar de forma artificial la superficie considerada árida.
Esa omisión no resulta menor. Durante años, varios estudios proyectaron un avance más acelerado de la aridez global porque partieron de esquemas que no contemplaban ese efecto del CO₂ sobre la vegetación.
PUBLICIDAD
El nuevo trabajo buscó cubrir esa brecha con un marco de evapotranspiración potencial modificado por dióxido de carbono, alimentado con registros meteorológicos de 1960 a 2023 y con modelos climáticos de la sexta fase del Proyecto de Intercomparación de Modelos Acoplados, conocido como CMIP6.

Con esa metodología, el equipo calculó que las zonas áridas ocuparon el 38,58% de la superficie terrestre global durante el período de referencia 1994-2023, sin contar la Antártida. El dato ofrece una fotografía actualizada del reparto de tierras secas en el planeta y, al mismo tiempo, sirve como base para medir cuánto podrían avanzar esas áreas bajo distintos escenarios de emisiones.
PUBLICIDAD
El estudio también reconstruyó la trayectoria histórica. Entre 1960 y 2023, la extensión de las zonas áridas mostró oscilaciones, aunque dentro de una tendencia general de crecimiento.
Esa lectura importa porque sugiere que el proceso no forma una línea recta ni uniforme, pero sí mantiene una dirección consistente. Hacia adelante, los autores previeron que la expansión continuará durante el siglo XXI, aunque con un ritmo más lento que el registrado en la serie histórica y más moderado que el planteado por parte de la bibliografía anterior.
Ese matiz cambió el tono del diagnóstico, pero no eliminó la alarma. Según las proyecciones del estudio, la cobertura global de tierras áridas llegaría a entre 39,31% y 40,28% de la superficie terrestre en el tramo 2071-2100, según el escenario de emisiones considerado. El valor más alto equivale a un aumento de 2,37 millones de kilómetros cuadrados respecto del período de referencia, una superficie comparable con la de Argelia o con cerca de un tercio de Australia.
PUBLICIDAD
La distancia con estimaciones previas resultó significativa. Un trabajo difundido hace una década había planteado que las zonas áridas podrían alcanzar hasta 56% de la superficie terrestre hacia 2100. El nuevo análisis no descartó la expansión, pero sí sostuvo que parte de ese salto obedecía a un sesgo metodológico. En otras palabras, la incorporación del efecto fisiológico del dióxido de carbono sobre las plantas no corrigió un detalle técnico menor: modificó la magnitud del fenómeno proyectado.

El estudio no se limitó a medir cuánto territorio seco habría a escala planetaria. También trazó un mapa de puntos críticos, es decir, regiones donde la aridez persistiría o ganaría terreno con más claridad. Allí aparecieron algunos de los cambios más relevantes del trabajo, porque la corrección aplicada al cálculo de la evapotranspiración no solo redujo la expansión total prevista, sino que además alteró la distribución espacial de los riesgos.
PUBLICIDAD
En ese plano, Australia surgió como el caso más marcado. Los investigadores proyectaron que ese país enfrentará los cambios más pronunciados en la extensión de sus zonas áridas durante este siglo. Algunas partes del centro australiano incluso podrían pasar de una tendencia de humedad a una condición crítica de sequía, un desplazamiento que indicaría la formación de nuevos focos problemáticos dentro de un continente que ya carga con la condición de ser el habitado más seco del mundo.
Detrás de Australia apareció Brasil, otro de los territorios donde la sequedad persistente o en avance podría consolidarse como rasgo dominante en varias regiones. El norte de África también figuró entre las áreas más expuestas, en línea con una configuración climática que combina lluvias escasas, fuerte evaporación y alta sensibilidad a cualquier variación de temperatura o de régimen hídrico. En esa franja, el estudio ubicó a varios de los puntos críticos donde la aridez seguiría como amenaza sostenida.
PUBLICIDAD
No todas las señales apuntaron en la misma dirección. Algunas zonas del noroeste de China podrían conservar tendencias de humedad, un resultado que muestra hasta qué punto el mapa futuro de las tierras secas no responde a una lógica homogénea. La redistribución de la aridez depende de interacciones regionales complejas entre lluvias, temperatura, vegetación y circulación atmosférica. Por eso, una de las principales advertencias del estudio consistió en no leer el cambio climático como un mecanismo lineal que empuja a todas las regiones secas de igual manera.
La clasificación interna de las zonas áridas también permitió observar qué tipos de ambientes dominaron hasta ahora y cuáles crecerían con más fuerza. Dentro de la estimación actual, las áreas semiáridas representaron 14,72% de la superficie terrestre, lo que las convirtió en el subtipo más extendido. Las zonas áridas propiamente dichas, concentradas en especial en Australia y China, alcanzaron 11,24%. Las regiones secas subhúmedas cubrieron 6,35%, con peso importante en China y Rusia. Las hiper áridas, presentes en países como Argelia, Libia y Arabia Saudita, ocuparon 6,27%.
Entre esos cuatro grupos, las hiper áridas mostrarían el mayor incremento hacia fines de siglo. Ese punto agrega una capa de preocupación, porque se trata de los ambientes más extremos dentro del continuo de sequedad. Si su expansión gana espacio, el problema ya no se limita al avance de condiciones secas sobre áreas vecinas, sino a la profundización de escenarios donde la escasez de agua resulta todavía más aguda y limita con mayor dureza la actividad biológica y humana.
Los autores subrayaron que estos resultados ofrecen una señal climática útil para identificar regiones donde los riesgos podrían reconfigurarse de manera espacial.
En su texto escribieron: “Considerar los efectos del aumento del CO₂ modera la expansión proyectada de las zonas áridas y altera el patrón espacial de los puntos críticos de sequía y humedad en comparación con los enfoques que no tienen en cuenta los efectos del CO₂ sobre la evapotranspiración potencial (ETP)”.

Los viajes espaciales están ayudando a los científicos a observar, en poco tiempo, cambios del cuerpo que en la Tierra suelen aparecer con los años. Esa es una de las ideas centrales de un artículo publicado en The Conversation, que analiza cómo el cuerpo de los astronautas puede ofrecer pistas sobre el envejecimiento.
Los astronautas que pasan mucho tiempo en la Estación Espacial Internacional suelen regresar con problemas de salud parecidos a los que muchas personas enfrentan al envejecer en la Tierra. Algunos de esos cambios desaparecen pocos meses después de volver. Otros, en cambio, permanecen. A partir de ahí surge una pregunta clave: si el espacio acelera ciertos procesos del cuerpo, ¿puede servir para entender mejor cómo envejecemos?
PUBLICIDAD
En el espacio, el cuerpo funciona en condiciones muy distintas. Los astronautas viven con gravedad muy baja, más radiación y alteraciones del sueño. Todo eso afecta al organismo.
Según el artículo, ese entorno hace que cambios que en la Tierra tardan décadas en aparecer puedan verse en apenas semanas o meses. Para los investigadores, eso ofrece una ventaja: estudiar más rápido procesos que están relacionados con el envejecimiento.
PUBLICIDAD

Un ejemplo aparece en un estudio de 2026 sobre cuatro astronautas que participaron en la misión Axiom-2, de nueve días. Los investigadores analizaron señales químicas del ADN que sirven para calcular la edad biológica, es decir, una medida que busca mostrar cómo está el cuerpo más allá de la edad en años.
Durante la misión, esa edad biológica subió. Después del regreso a la Tierra, empezó a bajar. El artículo aclara que eso no significa que los astronautas hayan envejecido físicamente en solo unos días. También remarca que el estudio fue pequeño y que no alcanza para sacar conclusiones definitivas. Aun así, mostró la rapidez con la que el cuerpo responde al vuelo espacial.
PUBLICIDAD
En la Tierra, los músculos, los huesos, el corazón y otros órganos trabajan todo el tiempo contra la gravedad. Esa exigencia constante ayuda a mantenerlos en funcionamiento.
En el espacio, buena parte de esa carga desaparece. Por eso, los científicos buscan entender por qué esa falta de gravedad provoca cambios parecidos a algunos del envejecimiento y qué puede aprenderse de ese proceso.
PUBLICIDAD

Uno de los efectos más visibles aparece en el músculo esquelético. Los astronautas pierden masa y fuerza muscular muy rápido en condiciones de gravedad muy baja, incluso cuando hacen ejercicio durante unas dos horas por día.
Algunos de esos cambios podrían estar relacionados con mecanismos parecidos a los de la sarcopenia, el nombre que recibe la pérdida de masa y fuerza muscular asociada con la edad. Ese problema aumenta el riesgo de fragilidad, caídas y pérdida de independencia.
PUBLICIDAD
De todos modos, los científicos todavía estudian cuánto se parece realmente la pérdida muscular del espacio a la sarcopenia. Los efectos pueden verse parecidos, pero no siempre tienen la misma causa. Lo que sí marca una diferencia es la velocidad con la que ocurre todo.
Para avanzar en esa investigación, el equipo desarrolló la misión MicroAge, financiada por la Agencia Espacial del Reino Unido. Allí enviaron a la Estación Espacial Internacional pequeñas estructuras de músculo humano creadas en laboratorio.
PUBLICIDAD

Esos tejidos, de un tamaño similar al de un grano de arroz, fueron producidos a partir de células madre musculares humanas. El objetivo fue estudiar el músculo en el espacio sin depender solo de la participación de astronautas, que es limitada.
Ese método también permitió comparar lo que ocurre en condiciones de gravedad muy baja con lo que sucede en el envejecimiento en la Tierra. Además, abrió la posibilidad de hacer pruebas iniciales para ver cómo proteger el músculo.
PUBLICIDAD
La siguiente etapa será MicroAge II. Esta misión se enfocará en las mitocondrias, que son las estructuras de las células encargadas de producir la mayor parte de la energía que el cuerpo necesita.
El artículo explica que los problemas en las mitocondrias están vinculados con el envejecimiento muscular en la Tierra. Por eso, la nueva investigación intentará determinar si alteraciones parecidas también explican la rápida pérdida muscular en el espacio.
PUBLICIDAD

La pérdida de masa y función muscular es uno de los problemas más importantes del envejecimiento, porque está relacionada con la fragilidad, las caídas y la pérdida de autonomía. Sin embargo, los tratamientos disponibles siguen siendo limitados.
Estudiar estos procesos en personas mayores lleva mucho tiempo, porque los cambios aparecen a lo largo de años o décadas. Por eso, el trabajo en el espacio podría ayudar a identificar más rápido qué mecanismos biológicos están involucrados y qué posibles tratamientos vale la pena investigar.
Aun así, el artículo remarca un punto central: los experimentos en el espacio no reemplazan los estudios clínicos en personas mayores. Cualquier tratamiento que surja de estas investigaciones tendrá que ser probado en la Tierra para confirmar si es seguro y si realmente funciona. Lo que sí podría hacer esta línea de trabajo es acelerar la búsqueda de posibles medicamentos.

Las neurociencias han demostrado que la música activa una red compleja de circuitos cerebrales.
Ahora, un grupo de científicos identificó cambios en la comunicación entre distintas regiones del cerebro que podrían explicar su capacidad para aliviar el estrés y favorecer la recuperación del organismo tras un episodio de tensión.
PUBLICIDAD
El estudio, publicado en Actas de la Academia Nacional de Ciencias y encabezado por Siqi You, vinculó ese efecto con una mayor interacción entre áreas cerebrales relacionadas con el procesamiento del sonido, las sensaciones corporales y la información sensorial.
“La música no es solo un estímulo auditivo, es una experiencia multisensorial que activa múltiples áreas del cerebro de forma simultánea. Escuchar y, especialmente, crear música activa la corteza auditiva, motora y cerebelosa, mientras que la memoria y las emociones se encienden a través del sistema de recompensa, que libera dopamina y genera sensaciones de placer y bienestar”, sostuvo en Infobae la licenciada Daniela Arévalo, (M.N.193), musicoterapeuta del Equipo de Musicoterapia de INECO y coordinadora del área de Musicoterapia del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.
PUBLICIDAD

Para llevar a cabo su investigación, el equipo necesitaba personas estresadas y, por supuesto, música. El trabajo se hizo con 120 voluntarios sanos sometidos a una tarea de cálculo mental con tiempo limitado para inducir estrés. Los autores compararon la recuperación después de escuchar música relajante o sonidos de agua, y observaron que el beneficio apareció durante la fase posterior a la tarea estresante, no cuando la música se oía antes.
En los experimentos de comportamiento, grupos de 30 participantes escucharon una de las dos opciones mientras los investigadores registraron estado de ánimo, frecuencia cardíaca, sudoración y niveles de cortisol. En el experimento de escaneo cerebral, se repitió la misma dinámica dentro de un equipo de resonancia magnética funcional para seguir cómo variaba la comunicación entre distintas áreas del cerebro durante la recuperación.
PUBLICIDAD
Quienes escucharon música se recuperaron antes que quienes oyeron sonidos de agua. El estudio registró una caída más veloz de la frecuencia cardíaca y la sudoración, junto con una mejora mayor del estado de ánimo.
En el grupo que escuchó música, las muestras de saliva también mostraron niveles más bajos de cortisol que en el experimento con escáner cerebral. La investigación sugirió que ese patrón podría ayudar a explicar por qué la música calmó con más eficacia que los sonidos naturales después de un episodio de estrés.
PUBLICIDAD

Los escáneres mostraron que la música alteró la comunicación entre la corteza auditiva, la ínsula y el tálamo. Según los autores, esas regiones participan en el procesamiento del sonido, el monitoreo de las sensaciones corporales y la canalización de la información sensorial.
Esos cambios se asociaron con la recuperación del cuerpo tras el estrés, incluidas variaciones en la frecuencia cardíaca y otros indicadores de la respuesta corporal. Los investigadores escribieron que la música “no solo enmascara el estrés, sino que proporciona un marco estructural que reconfigura la respuesta del cerebro ante él”.
PUBLICIDAD
El hallazgo central fue que la música no evitó el estrés cuando sonó antes de la tarea, pero sí pareció favorecer una recuperación más rápida cuando se escuchó después. El mecanismo que describió el estudio apuntó a una reorganización de la red cerebral durante el alivio posterior al episodio estresante, con impacto sobre marcadores corporales como la frecuencia cardíaca, la sudoración y el cortisol.
Los autores señalaron que la “tensión musical subjetiva” actuó como un regulador del proceso. Según esa descripción, primero interrumpió la rigidez inducida por el estrés, después guio la reintegración de la red neuronal y finalmente facilitó la regulación sistémica para restablecer el alivio homeostático.
PUBLICIDAD
Decir que te gusta viajar ya no significa prácticamente nada. Es casi una obligación social, igual que presumir de la falta de tiempo o salir de la zona de confort. Basta echar un vistazo a cualquier aplicación de citas o a los perfiles de las redes sociales para comprobarlo. Entre una foto escalando, otra en un velero y un atardecer con unos reflejos dignos de un holocausto nuclear, hoy lo raro, y lo interesante, sería que alguien afirmara que no le gusta viajar.
Y eso que no hay otra actividad que en los últimos años se haya complicado tanto. Retrasos, colas, precios que cambian tres veces al día, reservas obligatorias para entrar en monumentos, playas, restaurantes o incluso senderos de montaña, un clima enloquecido, guerras y ventanillas de aviones que explotan. Hoy todos somos turistas pero decimos odiar a los turistas, igual que todos odiamos el algoritmo pero vivimos esclavos de sus sugerencias. De la humanidad no se pretende coherencia, o no existirían los gimnasios.
Pero hoy ya no basta con viajar. Hay que contabilizarlo y luego demostrarlo. Contar cuántos países llevamos tachados, compartir cada escapada, ir coloreando el mapa del mundo hasta convertirlo en una especie de currículum público. Tanto que, para algunos, eso se ha vuelto una misión. Son personas que han decidido convertir el viaje en una competición, cuyo objetivo final es visitar los 193 Estados reconocidos por Naciones Unidas.
Se trata de una pequeña tribu global que se cruza en Vanuatu, vuelve a coincidir en una remota región de Siria, intercambia consejos sobre cómo entrar en Corea del Norte o conseguir un visado para Turkmenistán y, cada cierto tiempo, se reúne para comparar pasaportes. La mayoría son profesionales con ingresos altos, trabajos flexibles o expertos en exprimir los programas de fidelización de las tarjetas de crédito.

Se organizan alrededor de plataformas como Most Traveled People o NomadMania, donde hay que subir fotografías con metadatos, sellos oficiales, billetes de transporte y cualquier otra prueba que permita validar la conquista de un nuevo país. Hace apenas unas semanas, 103 personas capaces de acreditar que habían completado la lista se reunieron cerca de Lisboa, ostentando el título de Grand Masters de los viajes. El estadounidense Charles Veley creó Most Traveled People en 2005 y hoy la plataforma divide el mundo en unas 1.500 regiones, porque haber pisado Moscú no puede equivaler a haber visitado Rusia. Y así el juego puede seguir más allá de las 193 banderas.
También proliferan otras formas competitivas de viajar como el tripmaxxing, una disciplina que trata las vacaciones como una hoja de Excel y considera un fracaso volver a casa con una tarde libre en la agenda, o los extreme day trips, viajes relámpago para desayunar en un país, comer en otro y dormir de vuelta en casa. Para algunos, viajar significa superar niveles, según el esquema típico de los videojuegos: objetivos, logros y porcentajes completados.
Esa lógica entre gamificación y cuantificación va más allá del ámbito viajero y lo que no puede medirse casi no existe o no interesa. Cuando en los noventa Nick Hornby construía novelas a partir de sus listas nos parecía un recurso brillante. Después llegaron BuzzFeed y su manía de ordenar el mundo en diez, veinte o cincuenta puntos, la cuenta de los libros en Goodreads, de las películas en Letterboxd, de los kilómetros en Strava, de las canciones en Spotify Wrapped. Al individuo digital ya no le basta con hacer listas. Necesita convertirlas en coleccionables. Y si antes se coleccionaban objetos, ahora lo mismo se hace con experiencias e incluso países.
Así, mientras estas plataformas para viajeros competitivos consideran que salir del aeropuerto, cruzar una frontera por carretera estando despiertos es suficiente para incluir un país a la colección, la pregunta es: ¿cuándo puede decirse que uno ha visitado un país? A mi abuela no le gustaba viajar, pertenecía a una generación que podía permitirse admitirlo, y solía decir que para saber que en el polo Norte hace frío no hace falta ir hasta allí.

Tampoco es eso, pero si viajar fuera solo pisar suelo ajeno por un instante, comprobar datos o confirmar los prejuicios con los que uno salió de casa, volver de Venecia diciendo que está llena de turistas o que es incómoda para arrastrar una maleta equivaldría a conocer Venecia.
Por supuesto, también quedan viajeros que conocen la diferencia entre viajar y conocer. La periodista y escritora de viajes Elena Ortega, en librerías con Ruta 61. Un viaje por la América que inspira, está a punto de alcanzar los cien países visitados. Lleva la cuenta, sí, y reconoce incluso que mantiene una pequeña competición con un amigo; no tiene ningún interés en fingir que el número le resulta indiferente. “He viajado a un total de 99 países. Llevo la cuenta por curiosidad, pero como una especie de currículum vivencial, no como una meta.”
Tampoco siente ninguna necesidad de completar los 193 países. “No sé si algún día lo haré porque hay destinos que no me llaman la atención. A veces me apetece conocer lugares nuevos; otras, simplemente quiero regresar a los que ya conozco. Volver también permite descubrir cómo han cambiado esos lugares y cómo ha cambiado uno mismo.”
Mucho antes de que la gente empezara a acumular banderitas en las biografías digitales ya había quien obligaba a los amigos a soportar una velada de diapositivas al volver de las vacaciones. Ortega coincide en que las redes han acelerado la “necesidad de demostrar que has visitado esos sitios”, pero ve consecuencias peores: “Hoy hay turistas que llegan a un lugar con la lista de fotos que quieren replicar porque las han visto en redes y se permiten comportamientos irrespetuosos que hace unos años habrían parecido impensables”, explica.
Si para muchos viajar se ha convertido en una búsqueda de recompensa y reconocimiento, el reto de los 193 países es solo la versión más extrema de una lógica cuantitativa muy extendida y poco interesada a la calidad. Aun así, asegura Ortega, las mismas redes que han contribuido a crear ese ejército de quiero y no puedo o de puedo pero no valoro, también “han servido para descubrir pequeños negocios familiares, despertar la curiosidad por otros países y animar a muchas personas a viajar a lugares menos turísticos, donde uno acaba desprendiéndose de muchos prejuicios.” Es decir, volver diferente, que sería el objetivo principal del viaje. La pregunta que hoy habría que hacerse es: ¿viajaríamos igual si supiéramos que nunca podremos contárselo a nadie?
El presidente ruso, Vladimir Putin, aseguró ayer a Donald Trump que Moscú no tiene planes agresivos contra Europa, según informó el Kremlin, mientras varios gobiernos europeos acusan a Rusia de sabotaje e incidentes con drones. La declaración surgió durante una llamada de una hora que Moscú calificó de “constructiva y bastante franca”.
El asesor de política exterior de Putin, Yuri Ushakov, dijo que ambos mandatarios hablaron también sobre la guerra en Ucrania y sobre las gestiones diplomáticas impulsadas por Washington. Putin explicó a Trump la situación en el frente y los planes rusos para alcanzar sus objetivos militares. La Casa Blanca, hasta el momento, no comentó sobre la llamada.
El mensaje sobre Europa llega en medio de una creciente tensión. Alemania acusó recientemente a Rusia de intentar atacar con un dron cargado de explosivos el aeropuerto de Leipzig/Halle.
Mientras tanto, la guerra continúa sin señales claras de un acuerdo. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, afirmó que Rusia mantiene su determinación de cumplir sus objetivos militares y aseguró que la “victoria está muy cerca”. Sin embargo, analistas occidentales y observadores ucranianos consideran que las tropas rusas no han conseguido avances decisivos en una línea de combate de unos 1.250 kilómetros.
El Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Washington, sostiene que el ritmo de avance ruso se desaceleró de manera significativa y estima que, al ritmo actual, Moscú tardaría años en conquistar toda la región de Donetsk. Estados Unidos también advirtió que el conflicto podría prolongarse. El subsecretario de Defensa Elbridge Colby señaló que Washington debe estar preparado para que las necesidades de Ucrania persistan durante meses y años.
En paralelo, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, aseguró que los enviados estadounidenses Jared Kushner y Steve Witkoff llevaron a Kiev algunas ideas “muy buenas y valiosas” para intentar poner fin a la guerra. Ambos funcionarios mantuvieron reuniones separadas con Zelenski y Putin durante el fin de semana, aunque no se conocieron avances sustanciales.
Zelenski espera reunirse con Trump alrededor del 20 de septiembre, coincidiendo con la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. En ese encuentro buscará respaldo adicional para la defensa de Ucrania, especialmente sistemas Patriot, fundamentales para interceptar misiles rusos.
Ucrania reclama 300 misiles Patriot, 500 interceptores aire-aire y unos 2.000 millones de dólares para adquirir más drones. Además, la Comisión Europea aprobó un préstamo de 3.200 millones de euros destinado a que Kiev compre componentes para sistemas de defensa aérea Patriot.
Las conversaciones diplomáticas avanzan con dificultad mientras los ataques continúan. Tras una breve tregua durante la visita de los enviados estadounidenses, Rusia y Ucrania reanudaron sus ofensivas aéreas. En Kiev y la región circundante murieron siete personas y 28 resultaron heridas, mientras Rusia informó de tres muertos y 13 heridos en zonas bajo su control.
Ucrania denunció daños en más de 50 lugares, entre viviendas, escuelas, comercios y estaciones de servicio. Rusia, en cambio, afirmó que su ofensiva fue contra instalaciones de la industria militar ucraniana, depósitos de drones y misiles y centros logísticos.
La tensión incluso alcanzó a países vecinos. Rumania informó que un dron ingresó en su espacio aéreo y terminó estrellándose en Moldavia, donde causó incendios en un campo de girasoles, aunque no hubo víctimas.
En este marco, la conversación entre Putin y Trump abre un nuevo capítulo diplomático, pero no modifica por ahora la realidad sobre el terreno: Moscú insiste en que está cerca de imponerse, Kiev busca más apoyo militar y Washington intenta mantener abiertas las vías para una negociación. La distancia entre esas posiciones sigue siendo enorme. por ahora, en Europa.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
Los Guardianes de la Revolución iraníes afirmaron este miércoles que atacaron dos buques estadounidenses, ocho petroleros y otros diez barcos en el estrecho de Ormuz, en respuesta a la ofensiva de Estados Unidos del martes contra cinco barcos cisterna iraníes en el Golfo.
“El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) atacó dos buques estadounidenses y ocho petroleros que se encontraban en la zona, causándoles daños considerables”, indicó el cuerpo militar de élite iraní en un comunicado difundido por la agencia oficial IRNA.
PUBLICIDAD
El CGRI también afirmó que otros diez barcos fueron alcanzados durante la operación. Según el comunicado, se trató de embarcaciones que “no cumplían con las normas y que intentaban atravesar la zona prohibida e insegura del estrecho de Ormuz”.
La declaración se produjo después de que los Guardianes de la Revolución amenazaran a los buques petroleros ubicados en puertos de Kuwait y Bahréin, dos países aliados de Estados Unidos, a los que acusaron de permitir actividades contra Irán.
“Les advertimos que abandonen sus buques, porque serán tomados como objetivo”, declaró el cuerpo militar iraní, según el comunicado difundido por IRNA. La advertencia estuvo dirigida tanto a las embarcaciones como a sus tripulaciones, a las que instó a abandonar de inmediato esas instalaciones portuarias.
PUBLICIDAD
La amenaza contra los buques en Kuwait y Bahréin se produjo horas después de que los Guardianes de la Revolución Islámica afirmaran que efectuaron un ataque con misiles contra una instalación militar estadounidense situada cerca de Al Azraq, en el este de Jordania.
La organización iraní presentó el ataque como una represalia por la destrucción de cinco petroleros iraníes por parte de Estados Unidos. La versión de Teherán no estuvo acompañada inicialmente por una confirmación de Washington.
Las autoridades jordanas, en tanto, reconocieron que su territorio fue alcanzado por una oleada de misiles procedentes de Irán. El Ejército jordano informó que sus sistemas de defensa aérea detectaron y enfrentaron 20 misiles balísticos dirigidos contra territorio del reino.
PUBLICIDAD
De acuerdo con el balance oficial de las Fuerzas Armadas jordanas, 18 de los proyectiles fueron destruidos antes de alcanzar sus objetivos, mientras que los otros dos terminaron en zonas sin población.
Las autoridades de Amán señalaron que el ataque no dejó muertos. Equipos especializados fueron desplegados en los lugares donde cayeron restos de los proyectiles para asegurar las áreas y determinar si existían riesgos adicionales.
Las Fuerzas Armadas pidieron a la población que no manipule fragmentos ni elementos desconocidos encontrados después del ataque y que informe de inmediato a las autoridades. También solicitaron evitar la difusión de información no verificada mientras continúan las tareas de vigilancia y evaluación.
PUBLICIDAD
Por su parte, la Guardia Revolucionaria iraní afirmó que los misiles alcanzaron instalaciones destinadas al mantenimiento y reparación de aeronaves, áreas de preparación y posiciones asociadas a cazas estadounidenses.
“En el marco de esta operación dirigida a castigar al agresor”, señalaron los Guardianes, sus fuerzas atacaron instalaciones vinculadas con aeronaves F-35, F-16 y F-15 y aseguraron que provocaron “graves daños al enemigo”.
Los anuncios del CGRI se produjeron en el contexto de la escalada entre Irán y Estados Unidos tras la destrucción de cinco petroleros iraníes vinculados con la Guardia Revolucionaria. Washington había señalado que la operación respondía a dos ataques con misiles balísticos ejecutados por fuerzas iraníes contra un buque de guerra estadounidense durante los días previos.
PUBLICIDAD
Los enfrentamientos se producen tras un período de relativa calma durante agosto. La reanudación de los ataques entre Washington y Teherán volvió a generar presión sobre los mercados energéticos, con el crudo Brent alcanzando su mayor precio desde el 23 de julio, aunque todavía por debajo de los 100 dólares por barril.
La escalada también ocurre mientras Estados Unidos amplía las medidas económicas contra Irán. Washington impuso sanciones contra 36 personas y entidades relacionadas con la aviación iraní, incluyendo compañías que continúan operando en el país y redes financieras y de suministro vinculadas al sector.
(Con información de AFP)
Dos cuadros del pintor impresionista Auguste Renoir siguen desaparecidos después de un audaz robo ocurrido durante la madrugada de ayer en el museo dedicado al artista en Cagnes-sur-Mer, en el sureste de Francia. El golpe duró menos de cinco minutos y volvió a encender las alarmas sobre la seguridad de los museos franceses, golpeados por una reciente seguidilla de robos.
El asalto ocurrió alrededor de las 5.48, cuando dos hombres cortaron una parte de la valla que rodea la propiedad, ingresaron al parque y rompieron una ventana para entrar al edificio. Ya en el interior, usaron una sierra para cortar las sujeciones de las pinturas. La alarma conectada con la policía se activó de inmediato, pero cuando los agentes llegaron, apenas cinco minutos después, los ladrones ya habían huido.
En total, los delincuentes alcanzaron a llevarse cuatro de las doce obras de Renoir que conserva el museo. Sin embargo, la huida terminó frustrando parte del plan: asustados por las alarmas y la presencia de un perro policial, abandonaron dos cuadros en los jardines. Se trata de “Coco leyendo”, un retrato de 1905 del hijo del artista, y “Retrato de Madame Stephen Pichon”, de 1895, que fueron recuperados poco después.
Las otras dos obras, en cambio, continúan en paradero desconocido. Son “Madame Colonna Romano”, realizada alrededor de 1910, y “Joven en el pozo”, que data de 1886. Las cuatro pinturas sustraídas están consideradas entre las piezas de mayor valor de la colección, con una estimación conjunta cercana a los 9 millones de euros.
La policía busca ahora a los dos sospechosos, identificados a través de las cámaras de seguridad de la ciudad. La investigación quedó a cargo de la fiscalía de Grasse y de una unidad especializada en crimen organizado. El museo permanecerá cerrado hasta nuevo aviso.
El lugar no es un museo cualquiera. Está instalado en la finca Les Collettes, la antigua residencia donde Renoir pasó los últimos años de su vida. Allí, atraído por la luz y el clima mediterráneo, siguió pintando pese a la artritis que padecía. La propiedad conserva además muebles, fotos, cartas, cerámicas y objetos personales del artista.
El robo se suma a una serie de ataques contra instituciones culturales francesas. En octubre de 2025, ocho joyas de la Corona fueron robadas del Louvre, mientras que en julio pasado desaparecieron piezas de joyería del Museo Lalique y un valioso collar de oro del Tesoro de Vix.
Ante esta sucesión de golpes, el Ministerio de Cultura presentó en julio un plan de 33 medidas para reforzar la protección de las colecciones. Entre otras propuestas, contempla retirar temporalmente las piezas más vulnerables cuando las condiciones de seguridad no sean suficientes. El nuevo robo demuestra que, para los museos franceses, reforzar esas medidas ya no parece una opción, sino una carrera contra el tiempo.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial