La mañana del 5 de octubre de 2024, casi un año después del balotaje que consagró a Javier Milei como presidente electo por una abrumadora mayoría, la intersección de la avenida Cabildo y Virrey Loreto en la Ciudad de Buenos Aires se encontraba particularmente transitada. Desde temprano, grupos de jóvenes y no tan jóvenes esperaban para ingresar al Auditorio Belgrano, en ese barrio porteño, y participar de la primera edición del ¡Viva la Derecha! Fest. Presentado como “el evento más antizurdo del mundo”, auguraba una jornada de conferencias e intercambios con los principales exponentes de la llamada “batalla cultural” de la derecha argentina y regional.
Pequeños grupos de militantes del partido oficialista La Libertad Avanza (LLA) se mezclaban con jóvenes no encuadrados, adherentes al gobierno y al “movimiento”. Varones y mujeres con gorras de MAGA (Make America Great Again, de Donald Trump) y con la local Las Fuerzas del Cielo; cuarentones con remeras que decían “No fueron 30 mil, ni fueron inocentes” y adolescentes con figuras de león, con el que se autoidentifican el presidente y sus seguidores. Alguno mostraba su llavero con una pequeña taza con la inscripción “lágrimas de zurdo”, recién comprado a un emprendedor. Otros vestían su ropa habitual, que no denotaba banderías políticas.
En la antesala del evento, algunos se destacaban por haberse hecho conocidos en las redes del mundo libertario, como los creadores de los canales Agarrá la pala y Breakpoint. Cada uno en su escala fueron referentes de la batalla cultural en YouTube. También estaban los personajes más tradicionales del mundo militar, que fueron recibidos con aclamación, como Juan José Gómez Centurión, veterano de Malvinas y candidato a presidente en 2019 por el Frente NOS, y Emilio Guillermo Nani, acusado y absuelto por crímenes cometidos en el centro clandestino de detención La Cueva. Además, había pequeños grupos de extranjeros embanderados: exiliados venezolanos y “refugiados” brasileños en la Argentina, acusados de las acciones desestabilizadoras ocurridas en Brasilia en 2023, en el paso de mando entre Jair Bolsonaro y Lula da Silva.
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La grilla del evento era encabezada por Agustín Laje, politólogo cordobés, best seller internacional, referenciado como el intelectual más cercano al presidente, al punto de plantearse como su posible sucesor. Luego, figuraba Nicolás Márquez –quien oficiaría de maestro de ceremonias–, el impulsor de los más controvertidos libros revisionistas sobre los setenta. También se presentaban referentes que por entonces eran cercanos al gobierno de Milei, como Cristian Rodrigo Iturralde, escritor nacionalista católico y el influencer Emmanuel Dannan; Vicente Massot, avezado intelectual, considerado un referente para varios de los expositores; y Manuel Solanet y Ricardo Saint Jean, herederos de familias ligadas a la última dictadura y activistas contra los “juicios de la venganza”. En sintonía con la escala del fenómeno, y por el flamante atractivo de la Argentina como “faro de la libertad a nivel mundial”, también participó una red de comunicadores y activistas regionales: el peruano Miklós Lukács, el español Javier Negre, la ecuatoriana Mamela Fiallo y la chilena Vanessa Kaiser.
El primer Derecha Fest mezcló la disertación académica con la divulgación, el docente con el entertainer, y cubrió varios de los frentes en los que las derechas pregonan una batalla cultural contra las izquierdas y el progresismo. Una oportunidad para que simpatizantes y militantes festejaran el primer aniversario de un país gobernado por la derecha radicalizada e, incluso, le marcaran la cancha. Una derecha “en serio” y “popular”, una “nueva derecha” –como les gusta llamarla–, aunque muchas de sus ideas y prácticas tengan larga data.
Ese día era también una prueba, un desafío para los organizadores luego del triunfo electoral de Milei. Márquez había pasado de escribir libros sobre personajes que denostaba (el Che, Perón, Chávez, Salvador Allende) a publicar una biografía elogiosa del presidente. Laje, por su parte, se ubicaba al frente de la Fundación Faro, un think tank oficialista que recibe aportes de los principales empresarios del país; investigaciones periodísticas lo caracterizan como un espacio opaco en relación con sus balances.
Instancias de una nueva etapa en la que la batalla cultural pasaba a ser liderada desde la cima del poder.
En la entrada del auditorio se destacaba un elemento infaltable en este tipo de eventos culturales: una mesa para la venta de libros. La organizaba Andrés Mego, un editor que había llegado al mundo de la “nueva derecha” pocos años atrás, cuando consiguió publicar en la Argentina los libros de Agustín Laje a través de HarperCollins, un gigante editorial transnacional sin filial local. Mego, dueño de la editorial Hojas del Sur, tenía a su cargo la venta de libros en el primer Derecha Fest, antes de convertirse en organizador de las siguientes ediciones. Allí estaban los títulos de la serie que se inauguró con La batalla cultural, de Laje; Generación idiota, del mismo autor; Neo entes, de Miklós Lukács; Cómo fabricar a una feminista..., de la brasileña Sarah Winter Huff; Apaga el celular y enciende tu cerebro, del argentino Pablo Muñoz Iturrieta, y Pueblos imaginarios, de Cristian Rodrigo Iturralde.
También se ofrecía gran parte del catálogo de Unión, la editorial pionera en “libros libertarios”. Clásicos de Ludwig von Mises y de Murray Rothbard convivían con títulos más actuales, como Libertario en 30 días, una compilación de treinta capítulos “diseñados para explicar, a una persona muy ocupada, la esencia del libertarianismo”. Pero la estrella de la mesa era, como siempre, El libro negro de la nueva izquierda. Ideología de género o subversión cultural, de Laje y Márquez, un best seller que circuló por cientos de miles de manos, computadoras y teléfonos desde 2016, y les permitió a sus autores girar por el mundo.
Desde su publicación en 2016, Laje y Márquez crecieron –a fuerza de elaboraciones conceptuales, ensayos históricos, manifiestos y provocaciones virulentas– como autores, impulsores y referentes de una batalla cultural que involucró a una generación de jóvenes que consume contenidos con datos, ideas y argumentos para discutir; que lleva los libros a manifestaciones y aulas; que postea y repostea lo que sus referentes lanzan; que participa de sesiones online y, además, produce su propio contenido.
Necesitamos [...] crear centros de estudiantes de derechas. Necesitamos a todos teniendo varias cuentas de Twitter, militando en esa nueva Sierra Maestra [...]. Si esto se llama batalla cultural, es porque tenemos que dejarlo todo. Esto implica comprometerse con la formación política.
Para eso están los libros, las conferencias [...]. En el debate de todos los días es donde se resuelve la opinión pública.
Y ese debate lo tenemos que ganar nosotros. Con estas palabras, Laje convocaba a los jóvenes en el cierre de su presentación. Luego, varios se acercaron para que les firmara sus ejemplares: “Me vine de Ushuaia y quiero tener las firmas para amortizar el viaje. Mucho tienen que ver con este cambio ideológico porque nos abrieron la cabeza”, dijo un seguidor.
Este tipo de eventos, no estrictamente partidarios sino “culturales”, promueve la reunión de quienes desde hace años encontraron en estos personajes una referencia con la que comparten ideas y sentimientos políticos. Autores, influencers y difusores que, en escenarios online y offline, invitan a reconocerse, a encontrarse con otros y a construir una sociabilidad política de derechas. Un espacio que constituye una de las fracciones que componen el mundo libertario, quizá no la más multitudinaria, pero sí la más ruidosa, un núcleo duro que se posiciona como frente de soldados en la batalla cultural que trasciende incluso la gestión de Milei.
La política por otros medios
La política se construye de múltiples formas. Las personas se valen de artefactos, consumos, lecturas y prácticas alejados de la política clásica. Participar en eventos como el Derecha Fest, utilizar un libro como fuente polémica para un trabajo escolar o promoverlo en un posteo de Instagram son modos de hacer política. Todo confluye en un espacio de cultura masiva en el que se entretejen libros, contenidos digitales y discursos, autores y lectores, y objetos e ideas con los que las personas se vinculan y viven la política.
En un trabajo de campo iniciado en 2017 sobre los recorridos de los best sellers políticos “anti-k”, la investigación derivó hacia lo que en ese entonces eran todavía “los márgenes” de la producción cultural. Junto con Analía Goldentul, estudiosa del activismo de la “memoria completa” y sus vínculos con los libros, las lecturas y los intelectuales, emprendimos una inmersión sostenida en eventos editoriales y presentaciones de libros en el AMBA. Primero, vinculados a la violencia política y la “guerra” de los setenta. Tiempo más tarde, interesados en las figuras de Laje y Márquez, asistimos a presentaciones, encuentros y manifestaciones de sectores que se reivindicaban orgullosamente de derecha.
Allí, vimos que las personas hacían de la palabra “derechas” el sustento de un “nosotros” heterogéneo, en construcción, compuesto por una pluralidad de perfiles políticos, religiosos, ideológicos, sociodemográficos y culturales que no podía ser reducido a tipificaciones generalizables.
Los eventos eran convocados por redes sociales, auspiciados por fundaciones, agrupaciones o editoriales. En ese entonces, se realizaban en pequeños salones porteños, como el Club Español o el Círculo Militar, y a veces también en iglesias y sedes partidarias. En esos eventos, veíamos lo que estábamos acostumbrados a observar en las típicas actividades del mundo del libro: autores que performan su rol, sus amigos que hablan bien de ellos, y un público que interviene, saca fotos y hace firmar sus ejemplares. Nos llamó la atención la composición de los auditorios. No solo encontrábamos a “los viejos” de las derechas tradicionales: hombres y mujeres de traje, perfumados y peinados; también estaban colmados por jóvenes, más informales, descontracturados, que incluso podían llegar a viajar varias horas para llegar hasta allí. Con el tiempo, estos eventos se hicieron más grandes y los asistentes, más conocidos entre sí.
La pandemia fue un momento clave. El encierro y la digitalización de las prácticas de intercambio obligaron y posibilitaron la expansión de lazos y de malestares políticos. Además, en los eventos offline y, sobre todo, en los online, la figura de Milei no paraba de crecer: como referencia, como tema de conversación y como personaje que parecía comenzar a reunir descontentos, reconocimientos y voluntades, al tiempo que se impulsaba como personaje mediático que promovía ideas, libros y autores. Su proyección, así como la visibilidad regional que logró Laje, acompañaron una masificación del fenómeno mientras se intensificaba un proceso de fusionismo y radicalización política en las derechas. Las reuniones pasaron a tener lugar en espacios más amplios: ferias de libros en distintos países, auditorios con capacidad para miles de espectadores, spaces de X, vivos de Instagram y zooms multitudinarios que constituían escenarios de discusión e intercambio. Comenzaba a decirse que la rebeldía se había vuelto de derecha y que la derecha “conquistaba” a los jóvenes. Pero ¿por qué no pensar también que los jóvenes conquistaron a las derechas y les dieron el impulso que colaboró en su masificación?
El triunfo de la derecha radicalizada en la Argentina no es un proceso que comienza –dicho de manera apresurada y generalizada– “desde arriba”. Difícilmente un movimiento político pueda ser explicado solo a partir de la injerencia de ideólogos, plataformas e instituciones bien financiadas a nivel global. Pensar que estos actores coordinan y planifican candidatos outsiders con propuestas que “bajan” hacia los votantes es una simplificación. Los sujetos –el electorado, los sectores populares, el público masivo– no son contradictorios con sus intereses. Esta es una mirada problemática en términos empíricos, analíticos y estratégicos para quienes buscan proponer una alternativa política democrática. “Para que un discurso sea aceptado, debe hacer sentido, debe tener algún grado de afinidad con la experiencia”, plantean Ferro y Semán (2024). Por eso, debemos entender las experiencias de los jóvenes y de sus referentes, que protagonizaron un proceso que comenzó en los márgenes y llegó al centro.
Una batalla cultural tras otra
Este libro propone una mirada integral del sustrato material de la cultura política de las derechas que se masificaron y radicalizaron como parte de la construcción colectiva de lo que estos sectores denominan una batalla cultural, edificada contra un enemigo común y contra una visión y versión del Estado y la democracia. Esta batalla cultural, que marca el ritmo de la conversación pública, es planteada por nuestros protagonistas como refundacional. Laje dice que es “la madre de todas las batallas”.
Por izquierda o por derecha, el planteo de una transformación cultural que se anticipe a los cambios políticos tiene raíces profundas a nivel nacional e internacional. Para las corrientes que plantean esta mirada, “la cultura” sería un espacio estratégico, porque solo mediante un triunfo en ese plano (como si pudiera ser escindido del plano material) se podría construir un “nosotros” de derecha.
En El libro negro de la nueva izquierda, el diagnóstico de Laje –replicado por sus colegas– era que, luego de la caída del Muro de Berlín, la derecha que triunfó política y económicamente descuidó la relevancia de la lucha ideológica. Desde esta perspectiva, la izquierda perdió la batalla militar y económica, pero triunfó en el plano ideológico gracias a una infiltración inspirada en la “metodología” de Antonio Gramsci. Para las derechas, este autor italiano es un enemigo, pero también una inspiración, tal como mostraron José Aricó (2005), Pablo Stefanoni (2021) y Steven Forti (2023), al analizar las resignificaciones estratégicas de términos de Gramsci en distintos momentos históricos.
Durante la Guerra Fría, los encuentros regionales anticomunistas hablaban de la infiltración izquierdista, una narrativa conspirativa compartida por los militares argentinos. Pero, además, Gramsci permitió a los intelectuales de derecha imaginar una contrahegemonía, como hizo la nouvelle droite (nueva derecha) francesa de fines de los años sesenta, de la mano de Alain de Benoist. Su corriente impulsó una renovación del pensamiento antiliberal y antiprogresista que inspiró a muchos de los protagonistas de este libro y a sus colegas latinoamericanos. Para De Benoist (1982), construir una mayoría ideológica era más importante que la mayoría parlamentaria, ya que esta última, sin la primera, “está llamada a derrumbarse”.
Con “la cultura” en el centro, el feminismo radical, las teorías de género, los enfoques decoloniales y antirracistas e incluso las luchas del liberalismo político por los derechos civiles son, para estos autores, parte del “sentido común de izquierda”. Frente a este pensamiento, las voces disidentes son las que cuestionan la “hegemonía” de estos movimientos. Si la derecha mainstream hablaba de “diálogo” y “encuentro”, esta nueva derecha se planta desde la beligerancia. Así, emerge la idea de una “rebeldía de derecha” que se enfrenta a la “policía del pensamiento progresista” que impone desde el Estado la “ideología de género” (abordada por Márquez en El libro negro de la nueva izquierda), el “indigenismo” (abordado por Iturralde en Pueblos imaginarios), el “derechohumanismo” (estudiado por Márquez en sus libros revisionistas sobre los setenta), o el “ecologismo” (atacado por Horacio Giusto e Ignacio Vossler en El libro negro del ecologismo).
Todos tópicos que, en su retórica, circuitos y redes de cooperación, exceden, con matices, las fronteras nacionales.
Así, los referentes regionales de la batalla cultural pusieron en marcha un gramscismo de derecha, una “guerra de posiciones” –como lo planteaba el paleolibertario Rothbard, lo ejercía Viktor Orbán en Hungría y buscan replicar Milei y Laje– que disputa sentidos comunes y construye espacios propios: ferias, editoriales y academias.
En La batalla cultural, donde sofistica, conceptualiza, sistematiza y difunde la idea, Laje desarrolla cómo la cultura sería el sustrato integrador de la vida social para luego, sobre el final del libro, proponer un programa político beligerante y moral, una lucha entre el bien (la derecha) y el mal (la izquierda, el estatismo, el progresismo). La disputa por el “sentido común” se daría desde todos los frentes que consideran “la cultura”: medios, arte, academia, universidades, editoriales, think tanks, plataformas digitales y redes sociales.
La batalla cultural no es un apéndice, una distracción de “lo importante”, sino que es constitutiva del orden económico, político y social que las derechas buscan plantear. Un orden presentado en términos morales, en el que el individuo y el mercado se oponen al estatismo, concepto que engloba a las izquierdas, la socialdemocracia y hasta la centroderecha, presentada sin concesiones como una derecha “cobarde”.
La batalla cultural es el marco común, el pegamento de causas y tendencias que buscan una articulación propia. Lo reactivo no contradice la construcción, porque en ese “nosotros” (“la gente de bien”) radica el fundamento de su lucha. De eso nos ocuparemos en este libro, que trata a la batalla cultural como forma “nativa” en que estos agentes describen, piensan y explican sus prácticas para activar y disputar. Además, esta batalla cultural vislumbra los cambios culturales que el mileísmobuscó representar. Detrás del combate contra el progresismo y lo políticamente correcto, de la crítica al “estado del Estado”, no solo hay un programa que tensiona la convivencia, la pluralidad y la vida democrática, sino modos arraigados de ser y estar en el mundo.
“Batalla cultural” es, así, un significante fundamental para el ecosistema cultural de las derechas actuales. Y para comprenderlo se requiere una mirada integral. Por eso, pondremos la lupa sobre los referentes y quienes escucharon su llamado y lo replican al editar, leer, crear, discutir o “domar” a sus enemigos. Entre ellos hay un vínculo permanente atravesado por mediaciones que permiten la emergencia tanto de liderazgos intelectuales como de libros, redes, lecturas, votantes y subjetividades políticas. Por eso, prestamos atención a los artefactos que median las ideas, en particular, los libros, que son mucho más que un texto escrito. Los libros marcan posiciones, comunican y reclaman, y ayudan a modular emociones, ideas y acciones. Los libros son valorados socialmente y legitiman a quienes los escriben y a quienes los tienen en su biblioteca, en el tren o en una marcha. Son publicados por quienes difunden una producción cuyo gusto y afinidad tiene que ser aprendido y entrenado. Los libros, como otros artefactos, modifican, intervienen, actúan.
Invitamos a recorrer la construcción de la batalla cultural desde adentro. A través de un trabajo etnográfico, nos enfocamos en la cultura material, es decir, las manifestaciones que expresan formas de vida, significados, afinidades políticas y modos de organización social. Nos apoyamos en la sociología y la antropología cultural para mirar la producción, mediación, circulación y consumo cultural, y las relaciones, prácticas y objetos que intervienen.
☛ Título
El libro negro de la nueva derecha
☛ Autor
Ezequiel Saferstein
☛ Editorial
Siglo XXI
☛ Edición
2026
☛ Páginas
272
Datos del autor
Ezequiel Saferstein es sociólogo, magíster en Sociología de la Cultura por el Idaes/Unsam y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Investigador del Conicet en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI/Unsam) y docente de grado y posgrado en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).
Sus investigaciones se enfocan en las relaciones entre cultura, economía y política en el mundo del libro, atendiendo a las transformaciones del espacio editorial, al rol de los editores y autores y a sus modos de intervención pública.
Integra el Programa de Estudios sobre el Libro y la Edición (IDES) y el Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro (LM-Idaes/Unsam)
El Fondo Monetario Internacional (FMI) llega mañana al país con una misión técnica para la tercera revisión del programa vigente con el Gobierno y evaluar el cumplimiento de las metas. Esta visita se dará en ausencia del ministro de Economía, Luis Caputo, y en la previa de un importante vencimiento de deuda: el viernes Argentina debe pagarle al organismo internacional más de US$ 800 millones.
A diferencia de las dos anteriores revisiones, donde el desempeño cambiario derivó en dos waivers por no llegar con lo pactado en materia de acumulación de reservas, en esta oportunidad las cuentas públicas se presentan como el área de mayor complicación para las metas del acuerdo. Durante el primer semestre del año el Gobierno obtuvo un 0,6% del PBI, ubicándose apenas por debajo de la meta semestral del 0,7% del PBI. Para 2026, el programa exige un superávit primario del 1,4% del PBI.
Este desvío respondió a la postergación en la presentación de la declaración jurada del impuesto a las Ganancias para personas humanas, la caída generalizada de la recaudación derivada de la baja de tributos y el nivel de actividad económica. Luego de la visita, el equipo económico deberá pagarle el viernes al Fondo un vencimiento de US$ 803 millones, después quedarán un pago por US$ 840 millones para principios de noviembre y otro de US$ 344 millones para diciembre.
La llegada de los técnicos para la revisión del programa se dará en ausencia del titular del Palacio de Hacienda. Caputo estará de viaje con el presidente, Javier Milei, quien estará presente en Nueva York por participar de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU). En el viaje se espera que el Gobierno desarrolle una agenda que incluirá reuniones con un grupo de empresarios y algunos economistas de su afinidad ideológica y recibirá un premio de una escuela privada judía ortodoxa.
A su vez, la tercera revisión tendrá lugar después de la visita de la Directora Gerente del Fondo Monetario, Kristalina Georgieva, a la Argentina, a finales de julio. Durante su estadía, la titular del FMI planteó una serie de medidas que consideró necesarias para el equipo económico, sobre todo en relación a ampliar la actividad ligada al petróleo, el gas y la minería, además de extender ese impulso para que se derrame hacia otros sectores.
También, en esa visita se refirió sobre la reforma de la Carta Orgánica del BCRA. “Tras recobrar la estabilidad, Argentina necesita ahora transformar los logros conseguidos con tanto esfuerzo en una prosperidad duradera”, dijo Georgieva. La modificación de la carta magna es una exigencia recurrente del organismo. En su último staff report, el Fondo sostuvo que “a medio plazo serán fundamentales reformas legales más amplias de la Carta Orgánica para fortalecer la independencia, la gobernanza y la rendición de cuentas del Central, incluso mediante el refuerzo de las salvaguardias frente al financiamiento monetario”.
El país mantiene actualmente un crédito pendiente de devolución por US$ 59.147 millones con el FMI (42.552 millones de derechos especiales de giros –DEGs–), que representa un 35% de toda la cartera del Fondo. Es decir, Argentina tiene uno de cada tres dólares que tiene prestado el organismo. A su vez, implica más de cuatro veces el saldo de Ucrania, el segundo mayor, que le dieron sólo un cuarto de ese monto y con destino de reconstruirse por los azotes de la guerra.
“Estamos mirando”, afirma sin ofrecer más detalles una imagen con el mapa de las islas Malvinas posteada por la Secretaría de Inteligencia de Estado en su cuenta oficial de X el 14 de septiembre, un día antes de la presentación ante el Congreso del proyecto de ley de Presupuesto con las estimaciones de ingresos y gastos para 2027. Durante el próximo año, si lo previsto por el Gobierno se aprueba y aplica tal cual está, la oficina que conduce Cristian Auguadra tendrá disponibles $ 181.472 millones, lo que representa casi un 87% más de los recursos con los que comenzó en 2026 ($ 97.135 millones). En el proyecto remitido esta semana a la Cámara de Diputados el Ministerio de Economía eligió comparar el presupuesto vigente hoy (que aumentó dos veces durante este año, sumó un 82,1% y llegó a los $ 177 mil millones) con lo que dispondrá en 2027: así el incremento sería considerablemente más bajo, ya que rondaría el 2,5%.
Luego de la SIDE la cartera que más crecerá es la de Justicia, que tendrá un 74% de aumento: según las planillas anexas del proyecto y lo que surge de la comparación con 2026, pasará de los $ 218 mil millones a los $ 380 mil millones. Si se hace el mismo análisis en orden de menor a mayor las subas serán del 36,6% para Seguridad; 37,9% para Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto; 41% para Defensa y Capital Humano; y 58,1% para Desregulación y Transformación del Estado.
Con el mismo nivel de detalle que el de la publicación citada al comienzo de esta nota –que aprovecha el reciente fervor del Gobierno por Malvinas– se destinarán $ 30.950 millones a erogaciones por las que no se rinden cuentas: figuran en las proyecciones como “otros servicios”, pero en el presupuesto abierto se puede observar que los únicos servicios que aparecen bajo esta denominación son los gastos reservados. Este año la SIDE había comenzado con un total de $ 19.096 millones para ese fin, los que, con diferentes ampliaciones presupuestarias, pasaron a los $ 26 mil millones. De ese total se ejecutaron $ 13 mil millones y $ 18 mil millones ya están comprometidos para ser devengados.
Si se mira el mapa completo, entre 2023 y 2027 el dinero asignado a la Secretaría de Inteligencia (hasta la gestión anterior Agencia Federal de Inteligencia) para cubrir gastos reservados tendría una ampliación del 4.661% ($ 650 millones estaban orientados a este ítem en 2023). En un año el crecimiento sería del 62% si se considera el monto asignado inicialmente en el presupuesto aprobado en 2026, muy por encima de la inflación proyectada para 2027 (18%).
En el detalle sobre las funciones del organismo el texto presentado este año replica exactamente el de 2026, y solamente le cambia el año por 2027: la Secretaría de Inteligencia de Estado tendrá las funciones de “elaborar y elevar a consideración del Poder Ejecutivo Nacional propuestas que garanticen la producción de información de calidad para preservar la seguridad interior y la defensa nacional; planificar y ejecutar las actividades de obtención y análisis de la información para la producción de inteligencia nacional y de contrainteligencia; dirigir y articular las actividades y el funcionamiento del Sistema de Inteligencia Nacional, así como también las relaciones con los organismos de inteligencia de otros Estados”. También deberá “impulsar la formación, capacitación y actualización del personal perteneciente a la Secretaría de Inteligencia de Estado, a través de la Escuela Nacional de Inteligencia”.
Un día después de la presentación del proyecto de presupuesto se publicó en el Boletín Oficial el decreto 1021/2026, en el que se aprobó el nuevo estatuto para el personal de la Secretaría de Inteligencia. Entre otras cosas, como detalla una nota de PERFIL, establece requisitos para el ingreso (nacionalidad, títulos, aptitudes psicofísicas, conducta e idoneidad para el puesto a ejercer), prohibiciones (como utilizar información obtenida en el ejercicio de sus funciones, revelarla o divulgarla; la utiización de armas no autorizadas; aceptar dádivas; prestar servicios para personas humanas o jurídicas en materia de seguridad o inteligencia, entre otras) y especifica la liquidación de las remuneraciones (en donde se establecen bonificaciones, reintegros, indemnizaciones y asignaciones). En los anexos se describe también bajo qué condiciones se aplicarán las sanciones disciplinarias, los ascensos y la capacitación del personal.
Si bien se oficializó dos días después, en sus redes sociales ya el 14 de septiembre la SIDE anunciaba el nuevo esquema. “Durante décadas la Inteligencia de nuestro país sufrió las consecuencias de la improvisación, la degradación institucional y la ausencia de una política a largo plazo”, afirman en un comunicado, en el que celebran también la decisión del Gobierno “de revertir definitivamente ese proceso y reconstruir una capacidad estratégica esencial para la defensa de los intereses nacionales”. El nuevo estatuto será, aseguran, “un hito en esa transformación”, ya que “por primera vez” la SIDE contará con una verdadera carrera de inteligencia.Este nuevo esquema llega con un gran incremento presupuestario orientado al pago del personal: un 80% más que lo proyectado para 2026 según lo que se desprende del documento que la legislatura tendrá que debatir para 2027.
El mítico Estadio Azteca (denominado actualmente Estadio Banorte por razones de patrocinio) en la CDMX se vistió de gala para albergar el sábado 19 de septiembre a las 11:15 p.m. ET / 9:15 p.m. Tiempo del Centro de México / 8:15 p.m. PT una edición más del Clásico Nacional entre Club América y Club Deportivo Guadalajara en partido válido por la Jornada 9 del Torneo Apertura 2026 de la Liga MX. El encuentro se disputó por la cima de la tabla general, enfrentando directamente al primer y segundo lugar del campeonato mexicano por el superliderato.
El encuentro tuvo dos mitades muy diferentes: en el primer tiempoel dominio fue rojiblanco ya que el Rebaño Sagrado se fue al descanso con una ventaja de 2-0 gracias a un gol de Bryan González Oliván al minuto 31 y un autogol del defensor americanista Miguel Vázquez al 45′. Sin embargo, la reacción azulcrema vino en el complemento tras el ingreso del delantero Miguel Borja, quien anotó un doblete fulminante en solo tres minutos (70′ y 73′) para rescatar un punto para las Águilas.

CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO (19-09-2026).- Prime Video transmitirá EN VIVO el Clásico Nacional entre América vs. Chivas de Guadalajara que se realizará en el Estadio Azteca. FOTO: Imagen creada con la IA de Gemini para MAG de El Comercio.
Este partido fue válido por los Jornada 9 del Torneo Apertura 2026 de la Liga MX entre Club América y Chivas de Guadalajara, que se llevó a cabo este sábado 19 de septiembre desde el Estadio Banorte de la Ciudad de México (CDMX). Aquí te dejo con el resultado final y quién se ha llevado este partido.
| Equipos | Marcador | Goles |
|---|---|---|
| Club América | 2 | Miguel Borja 71′, 74′ |
| Chivas de Guadalajara | 2 | Bryan González Oliván 32′, Miguel Vázquez 45+2′ (GEC) |

América y Chivas se verán las caras en el Clásico Nacional de la Liga MX 2026. Consulte la guía de televisión con horarios locales y canales autorizados para ver el partido en vivo. | Crédito: Composición Depor
El Clásico Nacional vuelve a paralizar el fútbol mexicano con un enfrentamiento que llega cargado de expectativa, rivalidad y repercusiones directas en la parte alta de la tabla del Apertura 2026. Chivas y América se presentan como los dos mejores equipos del campeonato al arranque de esta jornada, separados por apenas un punto, en un duelo que podría alterar el liderato. Con el Estadio Banorte con boletos agotados, el encuentro promete un ambiente de alta intensidad entre dos de las instituciones más populares de México y con mayor seguimiento entre los aficionados en Estados Unidos.
Las Chivas de Guadalajara atraviesan uno de sus mejores momentos de la temporada bajo la dirección de Gabriel Milito. El Rebaño Sagrado lidera la clasificación con 17 puntos y llega respaldado por una racha de siete partidos consecutivos sin conocer la derrota, además de victorias contundentes por 3-0 ante Atlético de San Luis y Pumas. La solidez defensiva ha sido una de sus principales fortalezas, acumulando 180 minutos sin recibir goles. En ataque, Roberto Alvarado y Ricardo Marín se han consolidado como las principales referencias ofensivas del equipo, ambos con cuatro anotaciones, liderando un conjunto que busca extender su dominio reciente en el clásico.
Del lado del Club América, el panorama es diferente pese a mantenerse en la segunda posición con 16 puntos. El equipo dirigido por Guillermo Almada intenta recuperar impulso tras perder el invicto en la Liga MX luego de caer 4-3 ante Cruz Azul en una de las ediciones más emocionantes del Clásico Joven de los últimos años. A ello se suman las dificultades mostradas en el tramo final de la Leagues Cup, aunque la incorporación de los refuerzos más recientes ofrece nuevas alternativas para el cuerpo técnico. Además, las Águilas buscarán romper una tendencia desfavorable, ya que Almada acumula seis partidos consecutivos sin lograr una victoria frente a Chivas, un dato que añade presión adicional a uno de los encuentros más esperados del calendario mexicano.
SOBRE EL AUTOR
Periodista y SEO del Grupo El Comercio con experiencia en investigación y coberturas de alto impacto para EE. UU., México y España. Mi expertise fusiona el análisis de actualidad con una especialización profunda en Deportes (F1, MLB, Boxeo, WWE, etc.), Tecnología y Gaming. Transformo datos en narrativa relevante para la audiencia hispana global.
La actividad económica es el tema del momento y una de las proyecciones más polémicas del Presupuesto 2027 es la de crecimiento económico. El proyecto asume un crecimiento promedio anual del 3% en 2026 y 4% en 2027, pero los últimos datos del PIB marcan que la economía cayó 0,6% desestacionalizado en el segundo trimestre. Para alcanzar esos valores, se debería crecer 2,1% trimestral promedio en la segunda mitad del año y atravesar un 2027 electoral con holgura. Es poco realista.
El gobierno tiene varias cosas positivas para destacar: tenemos superávit fiscal primario y de cuenta corriente, récord comercial, inflación a la baja, el Banco Central compró US$ 14.280 millones en el año, el dólar mayorista subió apenas 3,5%, el riesgo país oscila en torno a 500 puntos básicos a pesar de los shocks externos, y se pagarían los vencimientos de deuda externa sin necesidad de volver a Wall Street.
Todo esto es excepcional para la Argentina. El problema es que, para buena parte de la sociedad, es el segundo año consecutivo de estancamiento y muchos se preguntan qué puede hacer el gobierno para reactivar a los sectores “perdedores” como el comercio, la industria y la construcción, que emplean al 45% de los privados registrados. El boom de los sectores exportadores es sumamente positivo, pero no se siente en los grandes aglomerados urbanos.
Las encuestas de imagen muestran algunos rasgos similares al clima de “malhumor social” que caracterizó el final de la segunda presidencia de Menem. El problema entonces eran los salarios y el empleo. Hoy, el salario real de los trabajadores registrados está en el mismo nivel que hace dos años.
Los economistas discuten por qué se frenó la actividad ligada al mercado interno luego de la recuperación de 2024. Detrás de todos los argumentos, explícita o implícitamente se desprende alguna de estas cuatro posiciones, que interactúan entre sí: 1) El nivel del tipo de cambio. 2) El estancamiento del crédito y la falta de claridad de la política monetaria. 3) La transformación estructural hacia una economía abierta. 4) El riesgo político.
Lo cierto es que son las cuatro las que explican este escenario. Cuantificar la relevancia de cada una es imposible y, naturalmente, cada sector pondera más lo que lo afecta directamente. Por ejemplo: quien compite con importaciones le asigna más relevancia al dólar y a la apertura comercial.
Pero el estancamiento no se limita a la industria manufacturera, afectada por la apreciación cambiaria, sino que se extiende a sectores no transables que dependen de una demanda doméstica deprimida. Los atrasos cambiarios, por regla general, generan un boom de importaciones y déficits de cuenta corriente. No es lo que vemos hoy: tenemos exportaciones récord e importación de bienes estancadas.
A mi juicio, el factor determinante es el deterioro del crédito y la falta de claridad de la política monetaria. La crisis de 2025 no solo paralizó al crédito y disparó la mora bancaria, también generó un problema de expectativas sobre el BCRA. Curiosamente, no se trata de la percepción de un Banco Central laxo, sino, por el contrario, de uno extremadamente duro, dispuesto a pagar cualquier costo en términos de tasas de interés para mantener a la inflación y el dólar bajo control.
Esa reputación de dureza y falta de previsibilidad se traduce en un riesgo de fondeo muy alto para los bancos. El mercado sabe que, ante cualquier tensión cambiaria, el BCRA podría endurecer abruptamente las condiciones monetarias. Eso, sumado a la mora, los altos encajes y los impuestos a la intermediación del crédito, induce a los bancos a cargarle un spread enorme a la tasa activa de sus préstamos por sobre las tasas pasivas del mercado.
Argentina no tiene un mercado de capitales robusto. Si los bancos no canalizan el ahorro hacia la inversión, difícilmente la economía crecerá por fuera de los sectores exportadores. Por eso el gobierno mandó al Congreso la Ley de Inocencia Fiscal II que promueve el aumento de depósitos, facilitó los préstamos en dólares y elaboró un plan para dinamizar los créditos hipotecarios con fondeo del FGS.
Las medidas van en la dirección correcta, pero dejan sabor a poco. Para que el motor del crédito movilice el consumo y la inversión es necesario que baje la tasa de interés real que pagan familias y empresas. Reactivado el consumo y la inversión, las importaciones subirían y el superávit comercial se moderaría. El tipo de cambio encontraría un nivel más alto por la vía de la demanda, y las lecturas de atraso perderían sustento. Todo esto contribuiría a bajar el riesgo político.
El BCRA podría flexibilizar los encajes y reducir el riesgo de fondeo bancario introduciendo una regla clara y explícita de política monetaria. Para eso, es probable que se deba resignar alguno de estos objetivos: desinflación, estabilidad cambiaria o acumulación de reservas. Habrá que elegir entre el costo de comprometerse con una regla monetaria explícita o el costo de convivir con el estancamiento.
* Economista Jefe de EcoAnalytics.

“Tengo la vida hecha. No fue lo que imaginaba ni lo que quería. Pero igualmente, fue maravilloso”, me dijo mi padre en nuestro último encuentro.
Estoy parado frente a su ataúd y, aunque sé que está muerto, me cuesta entender que esa palabra pueda aplicarse a él.
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Hace apenas unas semanas estábamossentados frente a frente. Sabíamos que no había cura para su enfermedad, que su tiempo se estaba terminando, pero todavía podíamos hablar. Y hablamos de la vida, de lo que había sido, de lo que había quedado pendiente. En un momento me dijo algo que ahora retumba en mi cabeza:
—Si tuviera que aconsejarte algo es que no esperes mucho para disponer tiempo en compartir con las personas que querés. Escuchar y hablar de corazón a corazón.
Después me tomó las manos.
—El verdadero encuentro entre dos seres es lo más importante de la vida, si es que no es lo único significativo. Si existe el paraíso, debe ser parecido a eso.
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Todos sabemos que algún día vamos a morir. Pero saberlo intelectualmente es una cosa, y sentir que el tiempo se acaba es otra. Ahora, que estoy en plena crisis de los 40, me toca tenerla ahí, frente a frente. Hasta entonces, la muerte perteneció al territorio de los otros: un abuelo, algún conocido, los padres de un amigo. Yo seguía concentrado en mis proyectos, en mis planes, en los hijos que crecen, los trabajos, viajes, y tantas cosas por hacer.
Hasta que algo cambia. Una enfermedad, una pérdida, una señal del cuerpo. De pronto dejamos de pensar en la muerte como una posibilidad lejana y empezamos a sentirla como parte de nuestra propia historia. La enfermedad de mi padre hizo que esa conciencia se volviera imposible de esquivar.
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Y también hizo algo que, por paradójico que parezca, debo agradecer que nos acercó.
Mi relación con él nunca había sido especialmente estrecha. Nos queríamos, pero había distancias, silencios y muchas cosas que no habíamos sabido decirnos. El cáncer hizo que algo se abriera entre nosotros. Quizás porque cuando el tiempo se vuelve limitado dejamos de tener tanto interés en protegernos, en sostener determinadas formas, en guardar para después aquello que verdaderamente queremos decir.
Los encuentros fueron pocos, pero profundos. Ahora, frente a su cuerpo sin vida, siento que estuve subiendo una escalera sin preguntarme demasiado hacia dónde conducía. Como si siempre hubiera tiempo para llegar a algún lugar que en realidad, nunca terminaba de definir. De golpe, me encuentro teniendo que mirar esa escalera desde abajo. Y no puedo evitar preguntarme si estaba apoyada en la pared correcta.
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El sacerdote comienza el responso y yo escucho sus palabras mientras miro alrededor. Estamos todos: mi madre, mis hermanos, mi hija. Hay tristeza, cansancio, una especie de alivio después de tanto sufrimiento. Pero sobre todo hay una sensación difícil de nombrar. Como si, en medio del dolor, también hubiera algo profundamente amoroso sosteniéndonos.
Entonces recuerdo a mi hija despidiéndose de su abuelo.
Mi padre ya estaba inconsciente. Ella sabía que probablemente no volvería a hablar con él. Se acercó a la cama, le acarició las mejillas y empezó a hablarle en voz baja:
—Abuelito, te quiero mucho. Te voy a extrañar. Nunca me voy a olvidar el día que me enseñaste a andar en bici, cuando nos escapábamos de la abuela y de mamá para comer un helado antes del almuerzo. Querido abuelito…
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Reviví cada una de esa pequeñas escenas, que quizás, mientras sucedían, parecían insignificantes. Ahora eran parte de lo que mi hija iba a conservar de él para siempre.
Después estuvimos todos alrededor de su cama. Mi madre, mis hermanos, mi hija y yo. Y cuando finalmente estuvimos juntos, mi padre murió.
Me gusta pensar que esperó a que estuviéramos todos. No sé si fue así. No tengo manera de saberlo. Pero hay cosas que uno necesita creer porque, de alguna manera, ayudan a darle sentido a lo vivido.
El responso continúa: “Lo que une esta existencia con la vida eterna no es la muerte sino el amor”, dice el cura.
Lo escucho y, por primera vez en toda la mañana, sonrío. Instintivamente aprieto la mano de mi hija. Ella me mira, me devuelve la sonrisa.
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Y en ese momento entiendo algo que durante décadas había creído comprender y que, en realidad, no tenía idea de su real significado.
Yo había escuchado muchas veces hablar del amor al prójimo. Lo había aprendido en la escuela, en la iglesia, en conversaciones, en libros. Pero mi idea del amor estaba asociada principalmente al cariño que había recibido de mis padres, al enamoramiento, a la pareja, a los hijos, a los abrazos, a cuidar a alguien.
Pensaba que sabía qué era amar. Pero allí, frente al cuerpo de mi padre, empiezo a entenderlo de otra manera.
El amor también es aquello que permanece cuando alguien ya no está. Es una bicicleta que alguien recuerda. Es un helado comido a escondidas. Es una conversación que ocurrió apenas unas semanas antes y que, sin embargo, puede acompañarnos durante toda la vida. Es algo que pasa de una generación a otra sin que nos demos cuenta.
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Mi padre se fue, pero algo suyo quedó en mi hija. Y algo de él quedó en mí. Quizás eso sea lo que quiso decirme aquella última vez cuando dijo que tenía la vida hecha. No estaba hablando solamente de lo que había conseguido o de lo que no había conseguido. Estaba hablando de los encuentros que había tenido. De las personas con las que había podido estar realmente.
Y entonces vuelvo a su consejo: no esperes mucho.
Mi padre me enseñó que no necesariamente tenemos que esperar a que llegue una enfermedad para empezar a preguntarnos qué estamos haciendo con nuestro tiempo.
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La conciencia de la muerte no debería hacernos vivir con miedo. Debería ayudarnos a distinguir. A entender qué merece nuestro tiempo y qué no. A saber qué conversación queremos tener antes de que sea tarde. A reconocer a quién queremos cerca. A dejar de postergar algunos encuentros.
Porque la muerte no solamente nos recuerda que un día vamos a morir. También puede mostrarnos, mientras todavía estamos vivos, qué cosas hacen que la vida haya valido la pena.
Miro otra vez a mi hija y aprieto su mano.
Mi padre ya no está. Y, sin embargo, en ese instante siento con una claridad que nunca había tenido que algo de él sigue aquí. Quizás eso sea el amor: la posibilidad de que alguien siga acompañándonos incluso después de haberse ido. Y quizá también sea el paraíso: dos personas que se quieren, tomadas de la mano, mirándose sin necesidad de decir nada, completamente presentes. Un momento en el que, por fin, no estamos esperando que empiece la vida.
Miles de personas acudieron este sábado a 'la marcha de la bronca', convocada principalmente por partidos de izquierda y desplegada en el centro de Buenos Aires, donde los manifestantes protestaron contra el programa económico del Gobierno del presidente argentino, Javier Milei.
Los presentes expresaron distintos motivos de 'bronca' (enfado), desde la falta de empleo debido al cierre masivo de empresas (más de 30.000) hasta las deudas impagables que han contraído una buena porción de los argentinos.
Una desocupada de 57 años, María Bellozo, dijo que acudió a la marcha porque está "harta" del Gobierno: "Del autoritarismo, de la represión, de no poder llegar a fin de mes".
"Se nos está matando de hambre. Es triste, me dan ganas de llorar, porque no merecemos esto", agregó Bellozo.
Los manifestantes se concentraron alrededor de las 15:00 hora local (18:00 horas GMT) en el Congreso para marchar hacia la Casa Rosada, sede del Ejecutivo nacional.
Primero se ubicaron los organismos de derechos humanos, las organizaciones estudiantiles y socioambientales y la Coordinadora de Jubilados, que agrupa a los pensionados que cada miércoles se manifiestan frente al Congreso en reclamo de mejores condiciones.
Detrás de todos ellos, marcharon los sindicatos de trabajadores y las agrupaciones políticas de izquierda que convocaron a la marcha.
"Es bronca pero también esperanza, de que a partir de la lucha, de la organización, de todas estas organizaciones gremiales, sociales, y de derechos humanos que conquistamos, vamos a poder construir algo distinto, democrático desde abajo", dijo Myriam Bregman, diputada del Frente de Izquierda y una de las organizadoras.
En total, según los organizadores, fueron más de 350 las agrupaciones políticas y sociales que se adhirieron, aunque también hubo muchas familias y ciudadanos de a pie.
Uno de los asistentes, Jorge Rosas, de 56 años, denunció la "falta de trabajo, falta de vivienda, los despidos que hay, los desalojos que hay".
Otro de los manifestantes, Rodolfo Giloso, de 59 años, señaló que la política económica del Gobierno está diseñada "para un puñadito de personas y no para la gran mayoría del país".
Durante el acto central se leyó un documento conjunto con críticas al programa económico del Gobierno, a la "complicidad" de los gobernadores provinciales y a la inacción de las principales centrales obreras del país, la Central General del Trabajo (CGT) y la Central de Trabajadores de Argentina (CTA).
Bregman, principal oradora de la jornada, denunció la desfinanciación de las universidades, la salud pública y la cultura.
Pidió, además, a las centrales obreras que convocaran a una huelga general "para derrotar a Milei y a todo su plan".
"Denunciamos también el extractivismo que entrega los territorios, el agua y los bienes comunes a las corporaciones. La megaminería contaminante, el fracking, los desmontes y los agronegocios dejan enfermedades y destrucción ambiental mientras producen enormes ganancias privadas", expresó Bregman desde el escenario.
También se presentaron los trabajadores de la fábrica de neumáticos FATE, quienes llevan varios meses de lucha contra el cierre de la planta y los despidos.
La marcha, que tuvo su manifestación más multitudinaria en Buenos Aires, se replicó en otras 60 ciudades de Argentina, como Córdoba, Rosario y Tucumán.
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Boca Juniors vs. San Lorenzo se enfrentan este domingo 20 de septiembre por la fecha 10 del Torneo Clausura de la Liga Profesional Argentina. El clásico se disputará desde las 2:45 p.m. (hora argentina) en el estadio Pedro Bidegain, conocido como Nuevo Gasómetro. El cuadro xeneize buscará sumar en su visita ante un San Lorenzo que intentará hacerse fuerte como local. ¿A qué hora juega Boca Juniors HOY y qué canales transmiten el partido por TV y streaming? Revisa todos los detalles del encuentro.

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Conoce qué canales de TV y dónde seguir online el partido entre Boca Juniors vs. San Lorenzo EN VIVO EN DIRECTO ONLINE, este domingo 20 de septiembre del 2026.
En Argentina, el partido de Boca Juniors vs. San Lorenzo será transmitido por TNT Sports Premium y también podrá seguirse vía streaming a través de Max.
Para Perú, Colombia, Chile y el resto de Sudamérica, el encuentro será transmitido por ESPN y Disney+. En México, podrás seguir el partido mediante Disney+ Premium.
Por otro lado, en Estados Unidos, el compromiso será transmitido por Fanatiz, fuboTV, TyC Sports y ViX. En España, el encuentro podrá verse a través de Movistar+ y Movistar Liga de Campeones.
| País | Hora | Canal TV y Streaming |
|---|---|---|
| Argentina | 2:45 p.m. | TNT Sports Premium y Max |
| Perú | 12:45 p.m. | ESPN y Disney+ |
| Colombia | 12:45 p.m. | ESPN y Disney+ |
| Ecuador | 12:45 p.m. | ESPN y Disney+ |
| Chile | 1:45 p.m. | ESPN y Disney+ |
| Bolivia | 1:45 p.m. | ESPN y Disney+ |
| Venezuela | 1:45 p.m. | ESPN y Disney+ |
| Uruguay | 2:45 p.m. | ESPN y Disney+ |
| Paraguay | 2:45 p.m. | ESPN y Disney+ |
| Brasil | 2:45 p.m. | ESPN 3 y Disney+ Premiuim |
| México | 11:45 a.m. | Disney+ Premium |
| Estados Unidos | 1:45 p.m. | Fanatiz, fuboTV, TyC Sports y ViX |
| España | 7:45 p.m. | Movistar+ y Movistar Liga de Campeones |
En Argentina, el partido de Boca Juniors vs. San Lorenzo por la fecha 10 del Torneo Clausura de la Liga Profesional Argentina se transmitirá EN VIVO por TNT Sports Premium. Asimismo, los aficionados podrán seguir el encuentro vía streaming a través de Max.
En Perú, el encuentro entre Boca Juniors vs. San Lorenzo podrá seguirse EN VIVO por ESPN y vía streaming mediante Disney+.
En Colombia, el partido de Boca Juniors vs. San Lorenzo será transmitido EN VIVO por ESPN y también estará disponible vía streaming a través de Disney+.
En México, el partido de Boca Juniors vs. San Lorenzo por la fecha 10 del Torneo Clausura 2026 se podrá seguir EN VIVO por Disney+ Premium.
En Estados Unidos, el encuentro entre Boca Juniors vs. San Lorenzo será transmitido EN VIVO por TyC Sports. Además, estará disponible vía streaming mediante Fanatiz, fuboTV y ViX.
En España, el partido entre Boca Juniors vs. San Lorenzo podrá verse EN VIVO por Movistar+ y Movistar Liga de Campeones.
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Crecí en un pueblo del sur que tenía trece manzanas de largo por veinte de ancho. Las recorría todos los días para ir al colegio, al parque, al cementerio, pero sobre todo para encontrarme con las amigas. Virginia vivía cruzando la calle, y Silvia a la vuelta de la esquina. Marcelo al final de Patagones, casi donde terminaba todo y empezaban los médanos y tamariscos. Ahora que vivo hace veinte años a dos cuadras de la escuela a la que mis hijos dejaron hace rato de ir, me pregunto cada tanto lo mismo. Muy lejos de mis amigas y mi familia, ¿y por qué? ¿Acaso no podemos mudarnos todas al mismo barrio y encontrarnos en la plaza, el café, o pasar a tomar un mate cuando queramos?
No soy muy original y la pregunta no es solo mía. Vivir cerca, a distancia caminable, en el mismo edificio o el mismo barrio empieza a aparecer como un deseo y una elección posible. No se trata de la gran movida de construcción de comunidad que implica el cohousing o la vivienda compartida, pero nace de las mismas ganas. Envejecer cerca de los afectos, en red, en comunidad. ¿Y si alquilamos todas cerca? Parece una opción ahí nomás, al alcance de la mano. Y una promesa de compañía, salidas y encuentros.
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Antes de cualquier otra cosa conviene distinguir de qué no está hablando esta idea. No es cohousing: no hay proyecto institucional, terreno a comprar, cooperativa a armar, espacios comunes a diseñar ni reglamentos a firmar. No es coliving ni home sharing: no se comparte cocina, limpieza, gastos ni ningún tramo de la vida doméstica. Cada una tiene su vivienda, su economía, su intimidad. La única variable que cambia es la distancia.
Entre vivir completamente separadas y vivir juntas existe una enorme cantidad de metros. Dos pisos. Una cuadra. Seis cuadras. Diez minutos caminando. Esa franja intermedia —para la que todavía no tenemos un nombre demasiado preciso— es exactamente lo que empieza a discutirse en distintos países como una elección consciente sobre dónde y cerca de quién vivir.
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Phil Levin, creador de Live Near Friends —una plataforma estadounidense que intenta introducir la proximidad entre personas elegidas como criterio de búsqueda inmobiliaria— documentó durante años qué ocurre cuando amigos reducen la distancia entre sus viviendas. La descripción más precisa no es estadística: es lingüística. Cenas y encuentros que antes requerían agenda empezaron a ocurrir sin planificación. La gramática de la relación cambió.
“Bajá”. “Voy al súper”. “Estoy paseando al perro”. “Tomamos un café”. Esas frases son posibles cuando la distancia no exige coordinación de transportes, horarios de regreso ni la conversión del encuentro en acontecimiento. A cuarenta minutos nadie pasa un ratito: se visita. La visita requiere llegada, permanencia y despedida. La cercanía permite algo distinto: el paso, el cruce, la presencia casual.
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Kristen Berman, científica del comportamiento que vivió uno de los primeros proyectos de proximidad intencional en Oakland, lo explica desde una regla básica: cuanto menor es la fricción para una conducta, más probable es que ocurra. La distancia es fricción. Al reducirla, actividades que antes requerían planificación se vuelven espontáneas. Ese mecanismo —que la psicología social estudia bajo el concepto de propinquity effect, efecto de proximidad— está documentado desde hace décadas: la exposición repetida y el acceso fácil favorecen la formación y el mantenimiento de vínculos. Un experimento aleatorizado con casi tres mil estudiantes mostró que simplemente sentar personas más cerca aumentaba la probabilidad de amistad.
Una relación puede mantenerse durante décadas a gran distancia. Lo que la distancia vuelve difícil no es el afecto sino la espontaneidad. Y en una etapa de la vida donde los calendarios tienen menos agenda obligatoria, la espontaneidad puede valer más que en cualquier otra.
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En los proyectos de Live Near Friends apareció una expresión que condensa el concepto mejor que cualquier definición: baby-monitor distance. Una distancia tan corta que el monitor de un bebé todavía puede funcionar entre viviendas. No como medida literal —no todas tienen bebés ni tienen por qué tenerlos— sino como imagen de una proximidad que convierte lo que estaba afuera en algo casi interior.
Pero la distancia no es solo metros. Una revisión sistemática de 146 estudios publicada en BMC Geriatrics muestra que la caminabilidad —lo que en urbanismo se llama walkability— incluye conectividad de calles, mezcla de usos, destinos accesibles, seguridad vial, espacios verdes y condiciones del recorrido. Dos personas pueden vivir a ochocientos metros y estar separadas por una autopista o una avenida hostil. Pueden vivir a quince cuadras y compartir un recorrido agradable, una plaza y tres comercios. La proximidad residencial es también una experiencia urbana.
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Por eso vivir cerca no significa solamente reducir la distancia entre dos puertas. Significa poder habitar el mismo territorio cotidiano: la panadería, la farmacia, el café, el supermercado, el recorrido del perro, la plaza donde siempre hay alguien conocido. Una revisión de 32 estudios publicada en The Gerontologist encontró que más de dos tercios asociaban el acceso a instalaciones comunitarias, comercios locales y espacios verdes con mayor interacción social entre personas mayores. La infraestructura compartida no siempre hay que construirla. Ya existe y se llama barrio.

El fenómeno lleva en Estados Unidos suficientes años como para tener casos documentados. En Oakland, un conjunto que empezó en 2018 con siete amigos llegó a reunir aproximadamente veinte adultos y ocho chicos distribuidos en varias viviendas próximas: no una casa comunitaria sino un radio de vida compartida. En Fort Collins, Colorado, Sophia y Joel comenzaron con un dúplex. Cuando apareció una unidad próxima se acercaron otras personas. Terminaron siendo ocho adultos en tres unidades de dos edificios. Habían imaginado primero comprar un terreno y construir una comunidad; descubrieron que podían hacerlo por etapas, sin inauguración.
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Live Near Friends identificó un patrón en los proyectos que avanzan y en los que se traban. Cuando tres o cuatro hogares intentan decidir simultáneamente terreno, presupuesto, diseño y fecha, el proceso suele paralizarse. Los que avanzan muchas veces empiezan porque alguien se muda primero y los demás se acercan cuando aparece una oportunidad. La proximidad puede construirse en etapas. No requiere que todos estén listos al mismo tiempo.
Architectural Digest dedicó en 2024 una nota completa a la pregunta “¿Deberíamos mudarnos a vivir cerca de nuestros amigos?”, señal de que la práctica empieza a salir del nicho y a entrar en la conversación ordinaria sobre vivienda. Lo que todavía no existe es una categoría inmobiliaria que lo haga fácilmente buscable.
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En Argentina todavía no apareció una categoría inmobiliaria equivalente. Pero la práctica sí existe. La gerontóloga Alicia Moszkowski dijo en una entrevista de 2025 que personas de su generación están formando pequeñas comunidades en el mismo edificio o en el mismo barrio, comunidades que se generan espontáneamente. La paisajista Mónica Berjman había imaginado una vejez con amigas en departamentos distintos del mismo edificio, una arriba y otra abajo, a un timbre de distancia. La imagen condensa el fenómeno con precisión: conserva las paredes, reduce la distancia.
En la comunidad de Mil Horas muchos grupos comenzaron constituyéndose para “cohousing” y emprendieron con entusiasmo reuniones y estudios para avanzar. Hasta que alguien preguntó: “¿Y si ensayamos primero? ¿Por qué no alquilamos juntas? ¿O cerca? Ahí nos vamos a dar cuenta si de verdad queremos”. No solo es un paso intermedio y realizable: es una posibilidad en sí misma, una manera de sostener la autonomía, no hacer cambios radicales y construir red.
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Lo que el mercado inmobiliario argentino todavía no hizo es reconocer que esa búsqueda existe. Los portales permiten filtrar por metros, ambientes, cochera, pileta, acceso al subte y precio. No permiten introducir una variable personal: vivir a menos de diez minutos caminando de una dirección determinada. Cuando el concepto aparece en la publicidad suele imaginar padres, hijos o familiares. El supuesto dominante es que las personas de las que queremos vivir cerca son parientes. La idea de que una elección de vivienda importante pueda organizarse alrededor de los afectos elegidos todavía le resulta excéntrica al mercado.

Una vida más larga vuelve obsoleta la secuencia de una única “casa definitiva”. Puede haber una mudanza a los cincuenta y cinco, a los sesenta y cinco o a los setenta y cinco que no esté provocada por pérdida ni por dependencia. Durante mucho tiempo pensamos la vivienda de las personas mayores desde el deterioro: ascensor necesario, baño adaptado, residencia, cuidados. Sin negar esas necesidades, la misma decisión puede pensarse desde el deseo: ¿dónde quiero vivir los próximos veinte años? ¿Qué quiero tener a cinco minutos de mi puerta? También podemos preguntarnos por qué seguimos viviendo en una geografía que muchas veces elegimos para una etapa que ya terminó. La casa cerca de la escuela, del trabajo o de la vida familiar puede seguir exactamente en el mismo lugar cuando todo aquello que organizaba ese mapa ya cambió.
No hay que romantizar esta libertad. Elegir dónde vivir es profundamente desigual. Los precios, los contratos inestables, el trabajo, los ingresos y la disponibilidad condicionan la posibilidad de acercarse. La proximidad deseada compite con la geografía impuesta por el mercado. Precisamente por eso empieza a ser también una pregunta de política urbana: ¿por qué los sistemas de vivienda contemplan la familia como la unidad natural de organización residencial y casi no tienen instrumentos para reconocer las redes de proximidad que elegimos construir?
La respuesta no es sentimental. Es que la familia tiene nombre jurídico, herederos, código civil y décadas de política pública organizándola. Los afectos elegidos no. Pero en una vida de ochenta, noventa o cien años, con más etapas de vivienda que cualquier generación anterior, las personas eligen cada vez más con quiénes quieren compartir la cotidianeidad. El mercado tarda. La práctica ya está ocurriendo.
La casa puede elegirse por metros, luz, precio y balcón. También puede elegirse porque la vida que se quiere tener alrededor queda a pocas cuadras de la puerta.
Gabriela Cerruti es escritora y periodista especializada en nueva longevidad. Autora de La Revolución de las Viejas.
La morosidad en las familias volvió a subir, tras una leve merma en junio. En julio, último dato disponible, el indicador rozó el 13%, pero en los últimos doce meses, el porcentaje de personas con atrasos en sus obligaciones aumentó 130%. El otro dato que sobresale es que casi dos de cada diez con irregularidades corresponden a Mercado Pago.
En el séptimo mes, la morosidad volvió a anotar un nuevo alza. El informe sobre bancos difundido por el BCRA registró que la mora de las financiaciones a las familias se ubicó en 12,9%. Se trata del nivel más alto en más de 20 años. En la comparación interanual, el indicador más que se duplicó: pasó de representar el 5,6% al actual nivel de ahora, 7,3 puntos porcentuales por encima, es decir, aumentó un 130% la cantidad de personas con atrasos en sus obligaciones.
En tanto, el Central midió que para el caso de las empresas la morosidad en los préstamos se ubicó en 3,6% (+0,1 puntos respecto a junio). De acuerdo al informe de la entidad monetaria, el ratio de irregularidad del crédito al sector privado subió hasta el 7,7%, levemente por encima del registro de junio. La máxima autoridad monetaria sostuvo que este incremento estuvo explicado por “una disminución del saldo real de financiamiento total (denominador del ratio) y un aumento real (que viene desacelerándose) de la cartera en situación irregular (numerador)”.
La mora oficia como uno de los indicadores que más preocupa al sistema financiero y refleja las dificultades que tiene el consumo para recuperarse. Por eso continúan en caída los índices de ventas en supermercados y shoppings.
Según los microdatos del Banco Central (BCRA), Mercado Pago concentra el 19% de los morosos del país. Esto implica que 2 de cada 10 de deudores del sistema financiero que tienen problemas para devolver los préstamos pertenecen a una entidad que no está regulada por la autoridad monetaria en las mismas condiciones que un banco tradicional.
Dentro del debate público que se armó sobre el problema social de la irregularidad crediticia surge el tema de las tasas que cobran algunas fintech. Desde la cámara aclaran que se trata de empréstitos a muy corto plazo, por lo que más allá del porcentaje se trata de un interés bajo. Desde el sector bancario critican que si se anualizara, el costo financiero total se acercaría al 1.000%, lo que supera ampliamente los valores del mercado.
La mora es uno de los indicadores que más preocupa al sistema financiero y refleja las dificultades que tiene el consumo para recuperarse. Sumado a esto, tampoco logra recuperarse el ingreso disponible de los hogares. Este volvió a deteriorarse en junio, pese a una inflación que mostró cierta moderación. De acuerdo a un informe de la consultora Equilibra, el dinero que le queda a las familias después de pagar los servicios cayó 0,5% mensual y 6,9% interanual en el sexto mes del año, mientras que se ubicó 16,9% por debajo del nivel promedio entre enero y septiembre de 2023, con el gobierno anterior. El estudio aclaró que la diferencia entre ingreso real y disponible surge de restar los gastos fijos: como alquiler, expensas, las tarifas de los servicios, gastos de transporte, educación y prepagas.