Leonardo Valencia: Xavier Michelena y la pasión editorial | Columnistas | Opinión

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Leonardo Valencia

21 de julio, 2026 - 06h00

Hemos perdido al amigo y destacado editor Xavier Michelena (1960-2026). Su fallecimiento el 16 de julio representa también una pérdida para la cultura editorial del Ecuador. Su sello, Paradiso Editores, estaba por redondear la cifra de aniversario de 20 años de presencia en el país con obras que han abarcado la literatura, el pensamiento, la crónica y la historia. Obras de figuras destacadas como los escritores Miguel Donoso Pareja, Santiago Páez, Alicia Yáñez Cossío, Rocío Madriñán, Jorge Carrera Andrade, Óscar Vela, Guido Jalil, Diego Cornejo, Esteban Michelena, Yanko Molina, entre muchos más, así como ensayos y estudios de autores como Osvaldo Hurtado, Vladimiro Rivas, Gabriel Calderón de Burgos, Enrique Ojeda, Wilfrido Corral, Joaquín Hernández Alvarado, y emblemáticos libros de investigación histórica y periodística de Hernán Rodríguez Castelo, Enrique Ayala Mora, Juan Carlos Calderón, Christian Zurita o Carlos Vera. A lo que se suman libros sobre arte, escritos por él, como 200 años de pintura quiteña y el catálogo dedicado a Miguel Betancourt. Esta muestra revela la trayectoria de un editor que tuvo siempre como lema la frase de José Lezama Lima: Sólo lo difícil es estimulante. La obra de Lezama Lima fue un guiño recurrente, desde el nombre homónimo del sello editorial con la gran novela del escritor cubano, Paradiso, hasta los nombres de las colecciones con resonancias lezamianas. La cantidad hechizada era la colección de literatura y Curso délfico la de ensayo. A partir de estos indicios podemos comprender el proyecto integrador y sincrético que Xavier Michelena tenía respecto al sentido de la cultura en lengua española.

Pero quizá el libro con mayor visibilidad, por el alcance polémico que tuvo, fue El gran hermano: historia de una simulación (2010) investigación periodística de Juan Carlos Calderón y Christian Zurita que removió la política ecuatoriana al documentar la existencia de contratos estatales millonarios en el gobierno de Rafael Correa en relación con su hermano Fabricio Correa. Fue uno de los enfrentamientos más problemáticos entre el poder político y el periodismo de investigación en la historia reciente de Ecuador. El libro tuvo varias ediciones y se intentó bloquear su difusión en varias ferias internacionales del libro. En febrero de 2011, Correa demandó a los periodistas a título personal por “daño moral” y exigió una indemnización de 10 millones de dólares. El juicio falló a favor de Correa, condenando a Calderón y Zurita a pagar un millón de dólares de indemnización. Sin embargo, semanas después, y en medio de una amplia condena internacional por parte de organizaciones defensoras de la libertad de expresión y derechos humanos, con un gran listado de escritores e intelectuales de varios países, que apoyaron a los periodistas, Rafael Correa solicitó el archivo definitivo de la causa.

Para comprender la versatilidad intelectual de Xavier Michelena me gusta mencionar que podía publicar a autores con visiones divergentes, como ocurrió con la edición que hizo de la biografía de García Moreno, escrita por Hernán Rodríguez Castelo, y el estudio histórico, bajo otro punto de vista, de Enrique Ayala Mora, titulado García Moreno, Su proyecto político y su muerte. Michelena también publicó a autores de otros idiomas, sobre todo en colaboración con el escritor israelí Yaron Avitov, de quien editó tres antologías: El libro de la paz (2010), Un solo Dios (2009) y Los pájaros no cantan en Auschwitz (2012), en las que se incluyen traducciones al español de escritos y cuentos de autores como Lea Goldberg, Abraham Shlonsky, K. Tzetnik y Yehudith Rotem. También dio a conocer la única edición ecuatoriana del escritor portugués, Gonçalo M. Tavares, en su libro Historias falsas.

La revista Kipus, de la Universidad Andina Simón Bolívar, prepara un número especial sobre el mundo editorial. Semanas atrás, Xavier Michelena entregó un artículo titulado “Editar en tiempos recios. Cómo se construye una cultura editorial en Ecuador y América Latina”. Este texto, ahora póstumo, traza un testimonio vital sobre lo que significa el oficio de editor en las condiciones que vive Ecuador, un país donde la política cultural pasa de una crisis a otra, donde se hace visible que el Estado, y los políticos de turno, no llegan a tener una conciencia de continuidad para sostener, más allá de los intereses políticos, una noción de cultura que no esté supeditada a su instrumentalización o uso como mera promoción pasajera. Es aquí cuando figuras como Xavier Michelena revela que la sociedad civil debe asumir este papel crítico e independiente. En su artículo, se resume parte de su experiencia editorial.

Como se repite siempre respecto a los editores, que permanecen invisibles o en un segundo plano frente a los autores que publican, a quienes apoyan y defienden, el verdadero libro que los editores escriben es su catálogo. Para comprender la cultura editorial y literaria del Ecuador en los primeros veinte años del siglo XXI es ineludible el catálogo que Xavier Michelena forjó a pulso en Paradiso Editores. Allí se comprenderá la necesidad intelectual de integrar distintos referentes, salir a buscar como él lo hizo las voces de otras partes del país, y entender que los emprendimientos editoriales necesitan de esas figuras independientes para desarrollar un pensamiento crítico. Editar no consiste solo en imprimir libros o venderlos. Un editor, como lo ha demostrado nuestro querido amigo, es un intelectual indispensable que difunde la mayor cantidad de voces de una sociedad que necesita verse a sí misma, reflexionar, criticar y crear desde una noción del lenguaje. A fin de cuentas, su divisa lezamiana, “solo lo difícil es estimulante”, se complementa con lo que Lezama Lima añadió a continuación: “Solo la resistencia que nos reta es capaz de enarcar, suscitar y mantener nuestra potencia de conocimiento”. Estas ideas de Lezama Lima están en La expresión americana. Centrado en libros ecuatorianos, Michelena siempre tuvo presente esa visión de amplio espectro. Me gustaba recordarle otros versos del poeta cubano: “un puente, un gran puente que no se le ve, pero que anda sobre su propia obra manuscrita”. Solo que ahora, en ausencia de Xavier, se ha vuelto visible el gran puente que él fue. (O)