Casi seis meses después del estallido de los conflictos militares que implican a Estados Unidos, Israel y la República Islámica, el restablecimiento del bloqueo naval estadounidense frente a la costa sur de Irán ha dejado prácticamente paralizadas las principales arterias comerciales del país.
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Tras una breve pausa de un mes después del Memorando de Islamabad, la aplicación del bloqueo marítimo se reanudó a mediados de julio. Desde entonces, el férreo control sobre el golfo Pérsico ha alterado más del 80% de las importaciones pesadas y de las exportaciones no petroleras de Irán.
Con una inflación oficial cercana al 70% y la inflación de los alimentos disparada hasta un inédito 128% en la historia reciente, junto a una caída de casi el 40% del comercio no petrolero respecto a los niveles anteriores a la guerra, los ciudadanos de a pie cargan con un peso financiero asfixiante.
En una serie de entrevistas exclusivas con el servicio en persa de 'Euronews', varios iraníes de distintos sectores explican cómo el bloqueo ha acabado con sus medios de vida, ha impuesto una austeridad forzada en los hogares y ha transformado su día a día.
El bloqueo marítimo ha devastado las redes logísticas que dependen de puertos del sur como Bandar Abbas. Gisoo, una especialista en transporte marítimo internacional de 45 años afincada en Teherán, trabaja directamente con el movimiento de contenedores.
"Desde que empezó la guerra, quizá uno de cada diez buques portacontenedores que sale de China llega realmente a Irán", contó Gisoo a 'Euronews'. "Contenedores que antes tardaban 35 días ahora se quedan atascados durante meses en Hong Kong, Karachi o Yebel Ali. Los puertos de Emiratos Árabes Unidos ya no permiten atracar a los dhows [embarcación tradicional de vela] iraníes".
Las tarifas de transporte marítimo han pasado de 3.000 a casi 10.000 dólares (2.580 a 8.600 euros) por contenedor, mientras que el traslado por tierra desde China cuesta ahora al menos 16.000 dólares (casi 14.000 euros). Desviar las cargas a través de Mersin, en Turquía, ha generado enormes cuellos de botella y deja los envíos bloqueados durante semanas, mientras se acumulan las tasas de almacenamiento.
Las rutas terrestres también exigen múltiples operaciones de carga y descarga, que dañan con frecuencia los productos sensibles. Como los ingresos de Gisoo dependen de las comisiones por envío completado, sus ganancias se han desplomado, añade.
En cuanto a las consecuencias políticas, Gisoo se mostró escéptica sobre un cambio repentino del sistema y sostuvo que el miedo tras anteriores represiones impide que la mayoría de la población salga a la calle.
Con la actividad en Bandar Abbas reducida de miles de camiones diarios a apenas un goteo, los conductores se han visto obligados a recurrir a pasos terrestres mal equipados como Rimdan, en la frontera con Pakistán. Aras, un camionero de largo recorrido de 60 años originario de Kermanshah, describe la frontera de Rimdan como prácticamente un territorio sin ley.
"Bandar Abbas está muerto. La carga procedente de Pakistán entra ahora por Rimdan, pero esa frontera carece de la infraestructura básica: no hay instalaciones, ni control del polvo, solo un calor extremo", explicó Aras a 'Euronews'. "Llevar una carga de Rimdan a Teherán se paga en torno a 250 millones de tomanes (1.086€), pero pocos conductores quieren ir".
Aras detalla además cómo los costes operativos de mantenimiento de los camiones se han disparado con el bloqueo. Por ejemplo, un par de neumáticos para camión pesado ha pasado de 35 millones de tomanes (152€) antes de la guerra a 250 millones de tomanes (1.086€) en la actualidad, afirma.
El mantenimiento rutinario también se ha vuelto inabordable, con cambios de aceite básicos que han subido de seis millones de tomanes (26€) a 21 millones de tomanes (91€), mientras que el servicio de los modelos de camión más nuevos cuesta ya hasta 70 millones de tomanes (304€) por visita, añade.
Las piezas de repuesto necesarias para los camiones modernos prácticamente han desaparecido del mercado, lo que deja los vehículos averiados completamente fuera de servicio, advierte.
Si el bloqueo se prolonga otros dos meses, considera inevitable que se produzcan graves desabastecimientos internos. Cree que, si la presión económica lleva a las familias al borde del hambre, unas protestas generalizadas podrían acabar rompiendo el statu quo.
El efecto dominó del bloqueo ha erosionado gravemente la capacidad de compra de los consumidores, disparando el coste de los alimentos básicos y de los medicamentos esenciales.
Mansur, un técnico de automoción de 40 años y padre de dos hijos en Teherán, contó a 'Euronews' que el flujo de clientes en las tiendas de barrio ha caído visiblemente. La gente se ve obligada a recortar cualquier gasto no esencial simplemente para llegar a fin de mes, observa. Su propia familia ha dejado de comprar carne, pollo y arroz en cantidades significativas y depende ahora de comidas basadas en pan, afirma.
En su taller, el precio del aceite de motor más básico ha subido de 1,8 millones a 2,8 millones de tomanes (12€), lo que le ha dejado prácticamente sin clientes en las últimas dos semanas, añade. Mansur dice que espera que el bloqueo desencadene nuevas protestas, aunque prevé una fuerte respuesta de las fuerzas de seguridad.
Hamid, un vendedor de calzado de 46 años en Teherán, asegura que el parón comercial se ha dejado sentir casi de inmediato. "El impacto del bloqueo es total. Medicamentos críticos, como los tratamientos para la hemofilia, se han vuelto prácticamente inencontrables", explicó Hamid a 'Euronews'.
"El aumento de los costes del combustible y del transporte está arruinando a millones de personas que dependen de servicios de conductor como Snapp para alimentar a sus familias". "Cuando la clase trabajadora ya no puede permitirse comprar pan para sus hijos, la presión se vuelve imposible de contener", dijo Hamid a 'Euronews'.
La pobreza generalizada que se ve en las calles de Teherán provoca en Hamid una angustia profunda. Aunque teme las penurias que supone prolongar el bloqueo, considera que un cambio de fondo es la única salida a largo plazo a la parálisis del sistema.
Incluso las empresas nacionales que dependen de productos fabricados en el país se están viendo estranguladas por los impactos indirectos en la cadena de suministro. Mohammad, un restaurador de 40 años que trabaja en las afueras de Teherán, contó a 'Euronews' que su negocio ha perdido alrededor del 60% de su clientela desde el inicio de la guerra y del bloqueo.
Como la carne y el arroz importados han desaparecido del mercado, los precios de la carne y de los productos básicos de producción local se han disparado, explica. Al mismo tiempo, el encarecimiento del plástico ha elevado los precios de las bebidas, mientras las facturas mensuales de suministros de su restaurante han subido hasta los 10 millones de tomanes (43,40€).
Para conservar a los clientes que le quedan, vende un plato de koobideh de ternera por 500.000 tomanes (2,17€), un precio que apenas deja margen de beneficio, admite. Varios restaurantes vecinos ya han echado el cierre porque no podían pagar el alquiler y la electricidad, añade.
Si el bloqueo continúa hasta final de año, los pequeños empresarios acabarán en la bancarrota, advierte Mohammad, que pronostica que el aumento de los costes probablemente alimentará nuevas protestas en los próximos meses.