
Uno de cada cinco estadounidenses que buscó orientación sobre su dinero en el último año recurrió a la inteligencia artificial, pero apenas 3% de los adultos en Estados Unidos dijo confiar mucho en su capacidad para administrar las finanzas, según una encuesta de Gallup realizada junto con Edward Jones.
El estudio, citado por Associated Press, indicó que la fuente más utilizada no fue la IA ni los asesores profesionales, sino la investigación personal en internet: 73% de quienes pidieron orientación financiera afirmó haber buscado información por su cuenta.
El dato sugirió que, cuando se trata de resolver dudas sobre ahorro, inversión o gastos, una parte mayoritaria priorizó el acceso inmediato y el costo cero, aun si esa vía no ofrece el mismo acompañamiento que un profesional.
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La encuesta se realizó en primavera entre adultos de 21 años o más. Además, halló que entre la población general solo alrededor de tres de cada 10 personas declaró tener “mucha” o “cierta” confianza en la IA para manejar asuntos de dinero, lo que reforzó la idea de una adopción que avanza más rápido que la confianza plena.

La diferencia entre las fuentes que los estadounidenses valoran y las que efectivamente usan fue uno de los hallazgos del relevamiento. Según el sondeo, cerca de ocho de cada 10 adultos afirmó confiar al menos en cierta medida en los asesores financieros. Sin embargo, solo alrededor de un tercio recurrió a uno cuando necesitó orientación en los últimos 12 meses.
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En contraste, la búsqueda en línea —un recurso inmediato y disponible— fue el canal más utilizado. Después de internet, el 35% dijo haber consultado a un padre, un hermano u otro familiar, lo que ubicó a la conversación con el entorno cercano como una alternativa frecuente frente a decisiones que, en algunos casos, pueden ser complejas o de largo plazo.
Otra porción relevante buscó información en espacios de difusión y debate público: 26% afirmó haber recurrido a noticias, medios de comunicación o redes sociales.
En tanto, alrededor de dos de cada 10 personas dijo haberse apoyado en un amigo, un autor, un conferencista o una persona influyente.
El estudio también registró menciones de menor volumen: un grupo reducido señaló que consultó a su empleador, a un proveedor de planes de jubilación, a un asesor automatizado o a un profesor.
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En conjunto, el sondeo concluyó que la mayoría de los estadounidenses acudió al menos a una fuente de orientación financiera durante el último año, aunque esas consultas no siempre coincidieron con los canales que mayor confianza declarada concentraron.

El uso de la IA varió de forma marcada entre generaciones. Aproximadamente una cuarta parte de los adultos de la Generación Z y de los millennials que buscaron asesoramiento financiero en el último año dijo haber usado estas herramientas. En la Generación X, la proporción se ubicó en 16%, y entre los baby boomers descendió al 7%.
El patrón se invirtió al analizar la consulta con asesores profesionales. Solo el 14% de los adultos de la Generación Z y el 21% de los millennials que pidieron orientación consultó a un asesor financiero. En cambio, esa proporción subió al 34% en la Generación X y alcanzó el 55% entre los baby boomers.
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El estudio atribuyó parte de esa diferencia al costo. Investigar en internet, hablar con familiares y amigos o probar con IA suele implicar un gasto mínimo, mientras que contratar a un profesional puede requerir un compromiso económico mayor.
En esa lógica, las herramientas automatizadas aparecen como un primer escalón de acceso para quienes buscan resolver dudas sin pagar honorarios.
En ese sentido, Taha Choukhmane, profesor asociado de la Escuela de Administración Sloan del MIT, Instituto Tecnológico de Massachusetts, describió a la IA como una herramienta útil para una etapa inicial de aprendizaje, más que como un reemplazo de otras fuentes. Dijo al medio que recomienda usarla para “explicar y definir”.
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“Si les interesa saber qué es el mercado de valores o cuál es la diferencia entre un fondo mutuo y un fondo indexado, usar la IA para explicar estos conceptos puede ser muy útil, ya que permite a las personas aprovechar al máximo estos métodos”, afirmó Choukhmane.
El académico sostuvo que las preguntas generales sobre finanzas personales pueden ayudar a entender términos complejos y, a partir de esa base, tomar decisiones más informadas. También sugirió pedir a la IA referencias de fuentes confiables para contrastar la información que entrega, una forma de incorporar verificación y evitar que una respuesta aislada funcione como guía definitiva.
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Las reservas de algunos especialistas no se concentraron solo en la calidad de las respuestas, sino también en la falta de responsabilidad legal. Como la IA responde según las indicaciones del usuario, el consejo puede variar en función de cómo se formule la consulta, lo que puede derivar en recomendaciones diferentes para un mismo problema.
Esa variabilidad contrasta con el rol de los planificadores financieros certificados, que tienen la obligación legal de ofrecer el asesoramiento más adecuado. En las herramientas de IA, en cambio, la decisión final y sus efectos recaen sobre la persona que actúa con base en la respuesta, sin un marco de obligaciones equivalente al de un profesional.
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Bobbi Rebell, planificadora financiera certificada y fundadora de Financial Wellness Strategies, sintetizó esa objeción: “La responsabilidad fiduciaria es muy real. No existe ninguna IA que sea fiduciaria. En realidad, no conoce tu vida; no te hace todas las preguntas”.