Unax Ugalde, actor (47 años): “La actual ley animal es una vergüenza, porque excluye a razas maltratadas como los galgos”

calendar_today 08.08.2026 - person  - timer ~11 Minutos

Pronto cumplirá 30 años de carrera, desde los tiempos de series como A las once en casaEl grupo o Periodistas, y de películas como la que supuso su debut en la gran pantalla, Báilame el agua (2000). La trayectoria de Unax Ugalde (Vitoria, 1978) incluye producciones internacionales como Che: el argentinoLos fantasmas de Goya o la delirante Drácula 3D de Dario Argento. Y trabajos junto a estrellas de la talla de Javier Bardem, Natalie Portman, Viggo Mortensen, Julianne Moore, Benicio del Toro o Tom Hiddleston y Hugh Laurie (“fue un placer trabajar con dos caballeros ingleses de los que aprender tanto”, sostiene), en la segunda temporada de la serie El infiltrado.

Ahora, Ugalde vuelve a los cines con un claustrofóbico film de suspense, La ventana abierta: “No hay que desvelar demasiado porque es bastante sorpresiva, con giros de guion muy bien llevados”, nos cuenta. Y vive un momento profesional ilusionante: “Dicen que la verdadera carrera de un actor empieza a los 50 y yo estoy cerca, y con muchas ganas de trabajar”, apunta. Padre de dos hijos junto a Neus, su pareja, la familia convive con dos perros, Corcho y Chía. De ellos nos habla en esta entrevista. Y también de Titi, la ya fallecida madre de Corcho, primera compañera peluda del actor.

Su familia incluye a dos perros...

Sí, pero, para que os ubiquéis, para empezar os contaré que soy alérgico al pelo, al epitelio y a la caspita de los animales. Alergia de hospital.

¿Cómo lo supo?

Soy alérgico asmático, tengo ataques de asma. Yo me he criado con animales. Soy de Vitoria, pero todos los fines de semana iba a un pueblo de ocho habitantes y compartía mi tiempo con vacas, caballos, ovejas, perros, todo tipo de animales, y nunca tuve problemas. Pero a los 17 años mi metabolismo dio un giro por completo. Entonces, le regalaron un gato a uno de los chavales que estaba en la casa en la que yo crecí, una casa hippie. Aquel gato se enamoró un poco de mí, y una noche que durmió encima de mí, a eso de las dos de la mañana tuvieron que llevarme de urgencia al hospital. Estuve un mes y medio ingresado con oxígeno.

Unax Ugalde: “Evito casas donde se concentre muchísimo pelo del animal”. 

Unax Ugalde: “Evito casas donde se concentre muchísimo pelo del animal”. Cedida

¡Menudo susto!

Tuve un segundo episodio estando de fiesta; un amigo me dijo que lo mío era una cosa psicosomática, y que si yo pensaba que los gatos no me daban alergia, a lo mejor no me pasaba nada. Todo esto vino porque quería ir a casa de unas amigas... acabé otro mes entero tumbado en una camilla con oxígeno.

¿Y cómo está hoy su alergia?

Sigue latente; lo que pasa es que evito casas donde se concentre muchísimo pelo del animal. Soy alérgico a los gatos, seguro; yo entro en un espacio en el que hay gatos y lo noto a la primera.

Se la jugó adoptando a su primer perro...

Bueno, yo jamás había tenido animales en casa, pero cuando, hace doce años, mi mujer insistió en que quería un perro, vimos que podíamos buscar razas hipoalergénicas para que no me diera un patatús. Entonces estuvimos valorando quedarnos con un lebrel, pero era de compra y nosotros queríamos adoptar. Estamos totalmente en contra de la compra de animales. Ahí apareció la opción de los galgos.

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Y llegó Titi. ¿Nos cuenta su historia?

Ella llegó de uno de los pueblos con mayor índice de cazadores de España, Valverde del Camino, en Huelva. Vino de una protectora, y era una galgo que tendría un año y medio. Titi había sufrido malos tratos, con signos de haber sido ahorcada, colgada, y también nos dijeron que se le había caído una casa encima. Tenía una costilla rota y una oreja herida. Viendo su foto nos enamoró y fuimos a recogerla a una gasolinera a las afueras de Madrid. Cuando la conocimos, vimos que la perra tenía miedo. Entonces, al llegar a casa, nos dimos cuenta de que la perra tenía bultos en el cuerpo, y la llevamos al veterinario...

Siga, siga...

Al llegar al veterinario, los bultos se habían desplazado hacia otro lado. En aquel momento era invierno, y queríamos comprarle una chaqueta de abrigo, porque en Madrid hace mucho más frío que en Huelva. Entonces el veterinario le hizo una ecografía y nos dijo: “Creo que tenéis que comprar ocho chaquetas”. A los pocos días, Titi parió siete cachorros.

A los pocos días, Titi, la galgo de Unax, parió siete cachorros.

A los pocos días, Titi, la galgo de Unax, parió siete cachorros.Cedida

¡Buenísimo!

En la protectora nos dijeron que no tenían ni idea de que estaba embarazada, y menos en un estado tan avanzado. La cuestión es que, a los diez días de adoptar un animal, en vez de uno teníamos a ocho en casa. En aquel momento yo estaba haciendo teatro en el Centro Dramático Nacional, y la gente del equipo técnico me construyó una caja a modo de paritorio, para que la galgo diera a luz y tener ocho perros en casa sin volverme loco. 

¿Cómo actuaron?

Instalamos esa caja, que mediría dos por dos, en una esquina del salón. Allí estaba Titi con sus perritos. La caja tenía la altura suficiente para que la galgo entrara y saliera, y para mantener a los cachorros dentro. Durante tres meses, nos poníamos una alarma y, cada dos horas, mi mujer y yo nos turnábamos para darle el biberón a cada cachorrito. Entonces, dentro de esa caja metimos un tablón divisorio, para ir pasando al otro lado a cada perrito y no confundirnos una vez le habíamos dado de comer. ¡Una locura! (risas)

¿Qué hicieron con los cachorros?

Pues resulta que los galgos crecen muy rápido y son muy enérgicos. Al mes y medio ya empezaban a escaparse de la caja y la cosa se empezó a descontrolar. Entonces empezamos a buscar gente que se quedara con los galgos que habíamos criado. Por suerte, tenemos amigos maravillosos, y poco a poco se fueron quedando con los galgos. Uno de ellos se lo quedó Marron (Jorge Marrón), colaborador de El Hormiguero. Ese galgo es hijo de mi Titi. Acabamos entregando a todos los cachorritos excepto a uno: nos quedamos con Corcho, que hoy todavía nos acompaña. Convivimos con Titi y Corcho durante mucho tiempo hasta que, hace un par de años, a Titi le dieron unos achaques. Era una perra que había luchado contra muchas desgracias físicas que le provocaron los cazadores y un día le dio un mal y se quedó.

En algún momento decidieron ser padres...

A los dos años de la aventura de los galgos, sí. Nos dijimos: “Hemos criado ya a siete animalitos, es hora de criar a los nuestros”. Mis hijos tienen ocho y cinco años. Y toda esta convivencia ha sido con niños creciendo rodeados de animales, que creo que es la mejor educación que le puedes dar.

Acabamos entregando a todos los cachorritos excepto a uno: nos quedamos con Corcho, que hoy todavía nos acompaña

Unax Ugalde

Actor

Corcho también vio aumentar la familia perruna.

Por insistencia de mi mujer y de mis hijos, hace cosa de siete meses adoptamos a un nuevo miembro para nuestra familia. Se llama Chía, y es una whippet. Viene de Sevilla y pertenece a los criaderos de whippets. Hay un mercado de compra-venta y ocurre que la gente los quiere comprar sanos, marrones, que luzcan, ¿no? Y resulta que Chía nació negra, y tenía una oreja completamente desfigurada de un mordisco de uno de sus hermanos. Entonces, quienes tenían a Chía decidieron, entre comillas, “retirarla”, porque no servía para venderla. Iban a sacrificarla. La rescató una persona de Madrid que la ofrecía en adopción. Contactamos con ella, explicamos lo que podíamos darle a la perrita y decidieron dárnosla. Le hicimos una cirugía en la oreja, se la regeneraron totalmente, ahora jamás dirías que tuvo la oreja como la tuvo. Hace vida normal y, sin duda, es la mayor felicidad que ha traído nuestra familia en este año.

¿Cómo recibió Corcho a Chía?

La verdad, que muy bien. Con perros grandes arrastra un trauma que tuvo su madre; no puede ni verlos de cerca, se pone muy bravo. Pero Corcho siempre ha sido muy amistoso con perritos más pequeños y con Chía se ha comportado como un hermano mayor. Le ha enseñado muchísimo. Duermen juntos y comen del mismo plato.

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Nos decía que convivir con animales es la mejor educación que se le puede dar a un hijo. ¿Qué cree que les aporta?

Yo creo que hay algo básico: la empatía. Para mí es fundamental en la educación infantil. Ojalá todos los niños la tuvieran y no crecieran en los ambientes en que crecen, porque de mayores entenderían mucho mejor por qué los seres vivos merecen el mismo respeto que nosotros. No he visto mayor amor que el que tienen mis hijos por Corcho, Chia y Titi, o mayor amor que el de mis animales hacia mis hijos. En el caso de Titi, nuestra primera perra, creo que ella sabía que me hice cargo de sus siete cachorros y que tenía que proteger a mis bebés. Ella dormía con mis hijos, y si había terceras personas, estaba siempre vigilante. Siempre sentí que transmití el sentimiento de manada a la galgo, y que ella lo entendió y me lo devolvió con creces.

¿Qué opina sobre la convivencia social de perros y personas? Me refiero a los espacios pet-friendly, a llevarlos sueltos o no, o al uso del bozal.

Creo que, en una ciudad, quienes queremos vivir con animales tenemos derecho a ello, pero no a quitarle la paz a otra gente que no quiera. Así que hay que ordenar esa convivencia. Entonces me parece correcto que haya ciertos perros que deban llevar bozal, porque su reacción puede ser imprevisible y ese tipo de situaciones hay que evitarlas. O, por poner otro ejemplo, que haya que llevar a los animales a lugares determinados para que hagan sus necesidades. Debemos ser conscientes de que el animal está en un espacio urbano, y hay que cuidar ese espacio.

Es bueno que haya leyes, pero si hablamos de la Ley de Protección Animal, me parece una vergüenza

Unax Ugalde

Actor

Sentido común.

Sí, lo que pasa es que el sentido común no es algo que aflore en este país (risas). Entonces, es bueno que haya leyes. Aunque la Ley de Protección Animal me parece una vergüenza. Se ha excluido a las razas que más protección necesitan. Lo que pasa con el mundo de la caza y los cazadores en este país es una auténtica vergüenza internacional. No se limita. Es como si en una ley antiincendios se excluyeran los parques nacionales. Así de claro. 

¿A qué animales se refiere?

A aquellos que se están utilizando como herramientas, perros maltratados, que se desechan y se sacrifican. Hay un problema gordísimo y mirar hacia otro lado no es la opción, pero es complicado que las cosas cambien por los lobbies de cazadores, que campan a sus anchas por los despachos de partidos políticos. Y la verdad es que yo me llevé un gran chasco, no por los que sabía que iban a votar en contra de incluir a los perros de caza dentro de la ley animal, sino por los partidos supuestamente de izquierdas que han permitido que eso sucediera. Es incomprensible.

Volviendo a sus perros, cuéntenos cómo era Titi...

Tenía un pasado y se notaba muchísimo. Tuvo una vida y después cambió a otra nueva, pero obviamente venía con cosas aprendidas. No te podías despistar, era escapista, era ladrona: si te olvidabas de cerrar la puerta de la cocina con los veinte sanjacobos que habías cocinado con todo el cariño para tus hijos, pues se los cascaba todos (risas).

Y Corcho, ¿cómo es?

Corcho nació en la veterinaria; yo mismo saqué la bolsa amniótica y la rompí. Y dio su primera bocanada de aire estando en mis manos. Creo que es un perro bastante confundido, piensa que es un hijo mío más (risas). Gente con experiencia con su raza, al conocer a Corcho, me dice que este galgo no es muy galgo. Y es verdad, porque no se comporta del modo que, desgraciadamente, estamos acostumbrados a ver a estos animales: suelen ser temerosos, huidizos, poco confiados. Y Corcho es todo lo contrario: amistoso, alegre, le gusta mucho que le acaricien. Tiene una expresión en la mirada diferente a la de otros galgos. Se dice que los perros de presa solamente son felices si cazan, pero Corcho jamás ha cazado. Alguna vez ha perseguido a un conejo que jamás logró atrapar, pero él corre en el campo, con nosotros o detrás de mis hijos, y creo que es más feliz que aquellos a los que usan como herramientas de trabajo y luego desechan.

Mis perros de película favoritos son, sin duda, Marmaduke y Milú

Unax Ugalde

Actor

¿Y Chía?

Es muy pequeña, tiene un añito y es la alegría de la casa. Es muy juguetona; llegó muy tímida, con mucho miedo, no conocía la casa ni a los niños ni a su nuevo hermano Corcho. Y la verdad es que se ha adaptado fenomenal. Pasó por una cirugía muy compleja en la orejita, con mes y medio de curas. No fue fácil, pero en estos momentos es una perrita feliz y sana.

Termino con una pregunta que hacemos a los entrevistados vinculados al cine. ¿Cuáles son tus perros de película favoritos?

El primero que me viene es Marmaduke, una película que vi hace poco con mis hijos. Yo soy muy de Tintín, y Milú me encantaba. Y hay otro perro que recuerdo mucho, aunque no es de película. Vas a flipar: ¿te acuerdas de Torrebruno, que en su programa de la tele sacaba a un perro llamado Don Pelanas?

¡Es verdad!

Sí, era un perro muy grande y peludo. Y Torrebruno le cantaba una canción. “Don Pelanas, compañero supercan” (la tararea). Me tenía obsesionado de pequeño (risas).