Hacía décadas que en Lillehammer, una pequeña ciudad de menos de veinte mil habitantes y uno de los centros deportivos de invierno más conocidos de Noruega, no ocurría un crimen hasta que el 21 de julio de 1973 se desató sobre ella la “cólera de Dios”. Ese sábado, el camarero de hotel Ahmed Bouchiki, oriundo de Marruecos, tenía la noche libre y decidió aprovecharla para ir al cine con su mujer. Después de la película, la pareja dio un paseo y se dirigió caminando hacia su casa. Estaban por llegar cuando marido y mujer fueron interceptados por dos hombres que le dispararon a Bouchiki doce balazos a quemarropa y escaparon en un auto donde los esperaban otras dos personas. El marroquí murió antes de desplomarse sobre la vereda, ante la aterrorizada mirada de su esposa.
El asesinato, que tenía todas las características de un atentado o de un ajuste de cuentas, conmocionó al país. Bouchicki no tenia antecedentes criminales, relaciones con el mundo del hampa ni actividad política, lo que hacía inexplicable que se lo matara de esa manera, y cuando se supo la verdad fue un escándalo: lo habían asesinado por equivocación. No solo eso: sus asesinos formaban parte de un comando del Mosad que operaba clandestinamente en Europa y cuya misión era matar, uno por uno, a los responsables de la masacre de once atletas israelíes perpetrada por la organización palestina Septiembre Negro un año antes en Alemania, durante los juegos olímpicos de Múnich.
PUBLICIDAD
Ahmed Bouchicki no había pisado en su vida el suelo alemán y si sabía algo de Septiembre Negro y de la Masacre de Múnich era por haber leído los diarios o mirar televisión, pero para su desgracia guardaba cierto parecido físico con el cerebro del ataque a la delegación olímpica israelí, Ali Hassan Salameh, el “príncipe rojo”, jefe de operaciones de la organización terrorista palestina. Fue eso lo que lo puso en la mira de los asesinos enviados por orden de la primera ministra israelí, Golda Meir, que había ordenado en persona la operación.

El asesinato por error de Bouchicki formó parte de una operación de retaliación por la muerte de los atletas israelíes en los juegos olímpicos de septiembre de 1972. Poco después de los hechos, la entonces primera ministra de Israel, Golda Meir, declaró ante el Parlamento de su país la “guerra contra el terrorismo” y, a la vez, creó un comité secreto para identificar a los responsables del ataque, perseguirlos por Europa y Medio Oriente, y matarlos. Las operaciones quedaron a cargo de Mike Harari, uno de los más experimentados agentes del Mosad.
PUBLICIDAD
En su libro One Day in September: The Full Story of the 1972 Munich Olympics Massacre and the Israeli Revenge Operation “Wrath of God”, el investigador Simon Reeve, describe la estructura creada por Harari para llevar adelante las operaciones: “(Eran) quince personas divididas en cinco escuadrones: ‘Aleph’, dos asesinos bien entrenados; ‘Bet’, dos guardaespaldas que deberían proteger a los Alephs; ‘Jet’, dos agentes que deberían dar cobertura al resto del equipo alquilando habitaciones de hotel, departamentos, autos y demás; ‘Ayin’, compuesto por entre seis y ocho miembros, que apoyaban la operación siguiendo de cerca a los objetivos y estableciendo una ruta de escape para los escuadrones Aleph y Bet; y ‘Qoph’, dos agentes especializados en comunicaciones”, explica. Los nombres de los escuadrones correspondían a letras del alfabeto hebreo.
El 16 de octubre de 1972, el traductor palestino Wael Zwaiter se convirtió en el primer blanco de la operación Cólera de Dios en Europa. El Mossad sospechaba que Zwaiter era el jefe de Septiembre Negro en Roma y dos agentes israelíes lo asesinaron disparándole once veces cuando regresaba a su departamento en la capital italiana.
PUBLICIDAD
El segundo blanco fue Mahmoud Hamshari, el representante de la OLP en Francia, a quien Israel consideraba como el líder de Septiembre Negro en aquel país. Sufrió una herida mortal después de que una bomba estallara debajo de su teléfono de escritorio el 8 de diciembre. Murió unas semanas más tarde. Cuatro meses después, el 6 de abril de 1973, Basil al-Kubaisi, identificado por medios libaneses como miembro del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), fue asesinado a balas en una calle de París.
Los asesinatos no se acabaron allí. Zaid Muchassi, representante de la OLP en Chipre, murió en una explosión en la habitación de un hotel en Atenas, la capital de Grecia, mientras que Mohamed Boudia, entonces jefe de operaciones del FPLP en Europa, fue asesinado en un coche bomba en la capital francesa. El siguiente “blanco” de la operación era el jefe de operaciones de Septiembre Negro, Ali Hassan Salameh, a quien creyeron ubicar en la ciudad de Lillehammer, en Noruega.
PUBLICIDAD
En junio 1973, el Mosad recibió información de que Salameh había sido localizado esa ciudad turística noruega, presuntamente trabajando como camarero en un hotel. El servicio de inteligencia mandó una delegación de quince personas para indagar la pista, entre los cuales se encontraban el director general Zvi Zamir y el jefe de operaciones Michael Harari. Los agentes desplazados al hotel reforzaron su hipótesis cuando vieron a otro investigado, un mensajero de origen palestino, manteniendo una conversación en francés con el camarero. Como Salameh era políglota y el sospechoso se parecía físicamente a él, llegaron a la conclusión de que se trataba de la misma persona.
Sin embargo, Salameh nunca había estado en Noruega y el hombre al que confundieron con él era un inmigrante marroquí de ascendencia argelina que vivía en Lillehammer desde hacía años y estaba casado con Torill Larsen, una mujer noruega que en ese momento estaba embarazada. Uno de los agentes que formaban parte del equipo de vigilancia advirtió que el presunto Salameh hablaba el noruego con fluidez, lo que le hizo dudar sobre la identidad del sospechoso y se lo advirtió a Harari que, no obstante, ordenó seguir adelante con la operación.
PUBLICIDAD

Convencidos de que habían encontrado a Salameh, los agentes del Mosad montaron el operativo para matarlo a cargo de cuatro personas: dos lo debían interceptar y asesinarlo, mientras otros dos esperaban en un auto alquilado para emprender después la fuga. Los israelíes se dieron cuenta de que habían matado a la persona equivocada recién a la mañana siguiente, cuando los diarios publicaron el nombre de la víctima, hablaron de su mujer embarazada y de los años que llevaba trabajando en el hotel.
Nueve de los agentes, incluyendo a Harari y a los cuatro implicados directos, lograron huir de Noruega ese mismo día, pero la policía logró arrestar a los seis restantes. A Dan Aerbel y Marianne Gladnikoff los detuvieron cuando devolvían el auto alquilado, mientras que Sylvia Raphael, Abraham Gehmer, Zwi Steinberg y Michael Dorf cayeron en manos de la policía en la casa de un miembro del cuerpo diplomático israelí, cuya dirección fue revelada por uno de los primeros detenidos durante los interrogatorios.
PUBLICIDAD
El “asunto de Lillehammer”, como se empezó a llamar a la operación para asesinar al supuesto Salameh y terminó con la muerte de Boichiki, provocó una ola de repudio en todo el mundo y tensó las relaciones de Noruega con Israel. Poco después, la primera ministra Golda Meir suspendió las acciones de “Cólera de Dios” y Zvi Zamir dejó la dirección del Mosad. Harari, principal responsable del asesinato por error, presentó su renuncia, pero Golda Meir se negó a aceptarla.

Los seis detenidos fueron juzgados en Noruega en febrero de 1974 y a cinco de ellos el tribunal los encontró culpables y les impuso penas de cárcel de hasta seis años, consideradas muy leves para el crimen que habían perpetrado. Michael Dorf, en cambio, fue declarado inocente. Los cinco condenados fueron liberados y deportados a Israel en 1975, antes de que cumplieran la totalidad de sus penas. La investigación realizada por las autoridades noruegas y las revelaciones realizadas por los detenidos en los interrogatorios pusieron en jaque a la estructura y los agentes del Mosad que operaban en Europa.
PUBLICIDAD
La justicia de Noruega reabrió el caso en 1990, mientras el gobierno formó una nueva comisión investigadora del caso. Sus miembros concluyeron que el “asunto de Lillehammer” había sido una “violación de la soberanía nacional” perpetrada por los servicios de inteligencia israelíes y que, en 1975, las autoridades noruegas habían rebajado las condenas de los asesinos para no dañar las relaciones diplomáticas con Israel. En 1998, la justicia noruega dictó una orden de arresto internacional contra Michael Harari como máximo responsable de la operación en su territorio, pero fue retirada al año siguiente.
En cuanto a Alí Hassan Salameh, el Mosad logró matarlo la tarde del 22 de enero de 1979 al hacer estallar un coche bomba en la calle cuando la camioneta del jefe de operaciones de Septiembre Negro pasaba a su lado. No solo lo mataron a él y a sus cuatro guardaespaldas: la explosión, desproporcionadamente poderosa, causó las muertes de personas que pasaban por el lugar.
PUBLICIDAD