
Una rata contamina diez veces más alimento del que ingiere a través de sus heces, orina y pelo, según el documento Seminar on Public Health Aspects of Rodent Control de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En México, donde investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, del Instituto Politécnico Nacional y de la Universidad Autónoma Metropolitana han documentado la presencia de roedores con patógenos en mercados, canales y estaciones del Metro de la Ciudad de México, cada rata urbana representa un riesgo sanitario que va mucho más allá del alimento que roba.
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La contaminación no ocurre solo cuando una rata toca directamente un alimento. Con sus heces, orina y saliva dejan bacterias y virus sobre superficies, empaques y productos sin dejar señal visible de daño.
Gloria Tapia Ramírez, de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), y Consuelo Lorenzo, de la UNAM, publicaron en marzo en la Revista Digital Universitaria de la UNAM el artículo “Estas ratas que ves (y también las que no ves)”.
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En el artículo documentan que la rata noruega (Rattus norvegicus) y la rata negra (Rattus rattus), las dos especies más comunes en las ciudades mexicanas, excretan bacterias y virus capaces de causar infecciones de leve a grave en humanos.
A estas especies se les llama roedores comensales porque viven a costa del alimento y refugio que los humanos les proporcionan sin querer, lo que las hace especialmente abundantes en ciudades donde ya vive más del 50% de la población mundial.
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Investigadores de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN analizaron salsas de puestos callejeros en los alrededores de 181 estaciones del Metro de la Ciudad de México.
Los resultados, publicados en la revista Hospital Medicine and Clinical Management, detectaron Escherichia coli de origen fecal en puestos de las líneas 1, 2, 3, 8, 12 y B.
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Esta bacteria, presente en las heces de humanos y animales, puede causar diarrea severa, infecciones urinarias y, en casos graves, daño renal.
Todas las muestras superaron los niveles máximos de bacterias permitidos por las normas sanitarias mexicanas.
El 22% de las muestras presentó coliformes totales, bacterias que indican condiciones insalubres en la preparación del alimento, y el 5% registró microorganismos de origen fecal.
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Los investigadores vincularon la contaminación con manipulación incorrecta o uso de materia prima contaminada, condición directamente asociada a la presencia de roedores en zonas de alta densidad comercial.
En México, la calidad sanitaria deficiente de alimentos genera 23 mil casos anuales de enfermedades gastrointestinales, y, a nivel mundial, uno de cada diez habitantes se enferma por la misma razón, según el mismo estudio del IPN.
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Pablo Miguel Gómez Iriarte, en su tesis de maestría en Ciencias Agropecuarias por la UAM Xochimilco, capturó ejemplares de Rattus norvegicus y Mus musculus a lo largo del Canal Nacional, en las alcaldías Iztapalapa y Coyoacán.
Los análisis detectaron en las pulgas de esas ratas ADN de Bartonella, bacteria asociada a la fiebre por arañazo de gato, y Rickettsia, causante del tifo.
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También se identificaron parásitos intestinales capaces de infectar a las personas.
Gómez Iriarte indica que la convivencia cotidiana entre personas, animales domésticos y roedores en ese entorno urbano genera un riesgo real de contagio.

El IMSS advierte a través de un comunicado de prensa que las enfermedades transmitidas por roedores requieren atención médica inmediata y recomienda el manejo higiénico de alimentos como medida preventiva principal.
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