Una pintura tan negra que el cerebro la confunde con un “agujero en la realidad” resuelve el gran problema de la astronomía moderna

calendar_today 14.07.2026 - person  - timer ~3 Minutos

Una de las pinturas más negras jamás fabricadas podría convertirse en una herramienta clave para proteger el cielo nocturno. Un estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society analiza el uso de Vantablack 310 en satélites y plantea una solución material frente a la creciente contaminación lumínica espacial.

Este revestimiento absorbe la luz con tal eficacia que los objetos tratados pierden visualmente su volumen, hasta el punto de que el cerebro humano los interpreta como “agujeros en la realidad”. La explicación no reside en una ilusión creada artificialmente, sino en que la superficie devuelve tan poca radiación que este órgano apenas encuentra sombras, reflejos o relieves con los que reconstruir su forma.

Los investigadores de la Universidad de Surrey comprobaron en laboratorio que Vantablack 310 refleja alrededor del 2% de la luz incidente. Después trasladaron esas mediciones a modelos físicos capaces de simular cómo se observaría desde la Tierra un satélite recubierto mientras atraviesa diferentes zonas de su órbita.

Satélites menos visibles

Las simulaciones revelaron que una superficie tratada con este material alcanzaría valores de entre 6,7 y 7,8 en la escala de magnitud AB, donde las cifras más elevadas indican objetos menos brillantes. El peor resultado quedó muy cerca del límite de magnitud 7 recomendado por la Unión Astronómica Internacional para proteger las observaciones científicas.

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La diferencia respecto a los satélites convencionales resulta considerable. Un vehículo de SpaceX sin recubrimiento analizado por el equipo obtuvo una magnitud de 3,7, por lo que se mostraría mucho más luminoso desde el suelo. Vantablack 310 también ofreció un comportamiento comparable o superior al de soluciones anteriores como DarkSat y VisorSat.

“Nuestros resultados muestran que unas elecciones de materiales relativamente sencillas podrían marcar una diferencia significativa en la forma en que los satélites afectan a las observaciones astronómicas sin exigir grandes cambios en el diseño de las misiones”, explicó Astha Chaturvedi, investigadora de posgrado y autora principal del trabajo.

Una prueba en órbita

Las imágenes obtenidas mediante microscopía electrónica ayudan a comprender el funcionamiento del recubrimiento. Su estructura presenta formaciones parecidas a corales y pequeñas cavidades que atrapan la radiación, reducen los reflejos directos y dispersan la escasa luz que logra escapar de la superficie del material.

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El siguiente paso será probar Vantablack 310 en el espacio mediante la misión Jovian-1, un CubeSat impulsado por las universidades de Surrey, Portsmouth y Southampton. Los científicos medirán desde tierra su brillo y comprobarán su resistencia, ya que todavía deben estudiarse su comportamiento térmico, su durabilidad y su integración real en futuras naves espaciales.

Una de las pinturas más negras jamás fabricadas podría convertirse en una herramienta clave para proteger el cielo nocturno. Un estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society analiza el uso de Vantablack 310 en satélites y plantea una solución material frente a la creciente contaminación lumínica espacial.