Una fruta que conquista al mundo podría acabar con los bosques brasileños: el costo oculto del açaí

calendar_today 01.09.2026 - person  - timer ~6 Minutos

Dos tucanes de pico amarillo y garganta blanca posados en las ramas de una palmera con racimos de frutos morados.

El estudio en 36 áreas forestales de Pará concluyó que los sectores con mayor concentración de palmeras de açaí registran una caída del 28% en la cantidad de especies de aves (Imagen Ilustrativa Infobae)

La diversidad de aves disminuye en los bosques inundables de la Amazonía a medida que crece la demanda de açaí, impulsada por el consumo nacional e internacional, que transforma áreas de gran importancia ecológica.

La investigación publicada en ScienceDirect señala que el impacto se concentra especialmente en los ecosistemas ubicados a orillas de los ríos que se inundan con frecuencia y poseen una alta fertilidad.

En estas zonas, los productores eliminan parte de la vegetación para favorecer la presencia de palmeras de açaí, una práctica que reduce la variedad de hábitats disponibles para estos ejemplares, de acuerdo con el reporte de Mongabay.

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“Nuestro objetivo era comprender las consecuencias de la expansión del cultivo de este fruto y sus diversas formas de manejo sobre las aves, con especial atención a las frugívoras, aquellas que se alimentan de frutas”, explicó Raphael de Vasconcelos Nunes, biólogo de la Universidad Federal de Pará y coautor del estudio.

Un ave de pecho amarillo y dorso pardo se sostiene en una rama delgada con musgo entre hojas verdes al fondo.
La expansión del cultivo de açaí en los bosques inundables de la Amazonía reduce la diversidad de aves por la transformación del hábitat (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación se desarrolló en 36 áreas forestales con cultivos de açaí a pequeña y gran escala, distribuidas en los municipios de Belém, Barcarena, Abaetetuba e Igarapé-Miri, esta última conocida como la capital mundial de este producto.

Los científicos realizaron monitoreos acústicos en horarios de mayor actividad de la fauna aviar, por la mañana y al atardecer. En total, reunieron 127 horas de grabaciones de campo y captaron sonidos de casi 3.580 aves.

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A partir de ese trabajo, el estudio concluyó que los sectores con mayor concentración de palmeras de la fruta amazónica registran una reducción del 28% en la cantidad de especies.

La baja no afecta solo a las aves que comen frutas, sino que también alcanza a las insectívoras, que se alimentan de insectos presentes en la hojarasca y en la vegetación baja del bosque. El biólogo indicó que, para facilitar la cosecha y el traslado del fruto hasta la ribera, los trabajadores suelen despejar el sotobosque.

“Se produce un efecto dominó. Disminuye la población animal, importantes dispersores de semillas y polinizadores, que contribuyen al mantenimiento y la regeneración de este bosque”, afirmó el especialista y añadió que, sin cobertura vegetal, el suelo pierde humedad y esos cambios se acumulan con el tiempo.

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Colibrí de pico curvo y cola larga volando junto a un racimo de frutos morados entre hojas de palmera.
Los productores de açaí eliminan vegetación y despejan el sotobosque en zonas ribereñas, una práctica que afecta a aves frugívoras e insectívoras (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio también mostró que pocas especies logran adaptarse al manejo intensivo del açaí. Entre ellas aparece el bienteveo grande (Pitangus sulphuratus), un ave frecuente en ambientes transformados por actividades humanas.

La situación es distinta para aves especialistas, es decir, aquellas que dependen de una planta o de condiciones muy específicas para alimentarse o vivir. Entre los casos figura el ermitaño colilargo (Phaethornis superciliosus), cuya presencia disminuye en estos ambientes simplificados.

También desaparecieron en algunas zonas pájaros de mayor tamaño que comen frutos grandes, como el cuervo frutero de garganta púrpura (Querula purpurata) y el paujil de pico de navaja (Pauxi tuberosa). A eso se suma el impacto sobre especies como el tucán de garganta blanca (Ramphastos tucanus), que necesita árboles altos con huecos para anidar.

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El autor principal del estudio, Madson Freitas, biólogo del Museo Emílio Goeldi en Belém, describió que “lo que existe es una homogeneización biótica, que en ecología significa un empobrecimiento de las comunidades de aves, ya que las plantas que crecen junto al açaí son muy simples y no pueden mantener la biodiversidad que encontramos en las áreas protegidas”.

Palmeras altas con racimos de frutos oscuros en un entorno boscoso rodeado de vegetación y niebla.
El manejo intensivo del açaí favorece a pocas especies adaptables, mientras disminuye la presencia de aves especialistas como el ermitaño colilargo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La producción brasileña de este fruto se multiplicó por 14 desde 1987 y llegó a 1,9 millones de toneladas métricas en 2024. El estado de Pará concentra cerca del 95% de esa actividad, además de ser el principal consumidor interno y exportador.

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Aunque las exportaciones todavía representan una porción pequeña del total, en 2025 las ventas internacionales de derivados del açaí de Pará, sobre todo pulpa y jugo, crecieron casi un 885% y alcanzaron 177,2 millones de dólares, según una encuesta de la federación industrial del estado. El principal destino es Estados Unidos, aunque también crecen las ventas hacia Australia, Japón y Países Bajos.

Esa expansión comercial empuja a muchos pequeños productores a plantar más palmeras. La legislación estadual fija un número máximo de grupos de plantas por hectárea en parcelas ribereñas, pero el artículo indica que esa norma suele incumplirse en la práctica.

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Freitas ya había advertido en 2021 sobre la destrucción de la selva de llanura aluvial. Según su trabajo previo, afirmó que “en estas zonas de bosques inundados, en el ecosistema estuarino, donde el açaí se cultiva en cantidades superiores a las recomendadas, se pierden más de 200 o 300 especies [de plantas], que son reemplazadas por palmeras de açaí”.

Un ave negra con plumaje púrpura en la garganta sostiene un fruto oscuro en el pico junto a un racimo de moras y hojas de palmera.
La producción de açaí en Brasil se multiplicó por 14 desde 1987 y Pará concentra cerca del 95% de una actividad impulsada por el consumo interno y las exportaciones (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para el autor principal del estudio, una salida posible consiste en desalentar los monocultivos y promover otras actividades productivas entre las poblaciones ribereñas. Mencionó cultivos como el cacao y la andiroba, que es usada para obtener aceite medicinal.

El objetivo es generar ingresos fuera de la temporada de este alimento y sostener la riqueza natural. La discusión se da en un contexto en el que los trabajadores amazónicos aparecen como parte de una bioeconomía que busca generar ingresos sin destruir la selva. Ese enfoque enfrenta límites cuando la demanda global impulsa esquemas de rendimiento intensivo.

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“El estudio presenta pruebas claras de que el alejamiento de las prácticas tradicionales de cultivo de açaí reduce la biodiversidad a nivel local y a mayor escala espacial”, afirmó Danielle Leal Ramos, directora de proyectos de soluciones basadas en la naturaleza en la Universidad de Exeter.

Dos aves negras con prominentes picos rojos caminan entre hojas secas y raíces de árboles en un bosque denso.
Especialistas advirtieron que la demanda global de açaí exige controles públicos, apoyo técnico y alternativas productivas para proteger la biodiversidad de la Amazonía (Imagen Ilustrativa Infobae)

La directora también advirtió que “estos resultados implican riesgos económicos a corto y mediano plazo: la pérdida de oportunidades en el mercado verde emergente, el riesgo para la reputación del mercado del açaí y una reducción en la resiliencia de los sistemas de producción intensiva”.

Un informe de octubre de 2025 del proyecto Amazônia 2030 ya había alertado sobre ese escenario. Uno de sus autores, Salo Coslovsky, profesor asociado de la Universidad de Nueva York, sostuvo que “la tala de bosques nativos para abrir terreno para el establecimiento de plantaciones de açaí es muy perjudicial para el medioambiente, similar a la tala de bosques para establecer granjas ganaderas o cultivos de soja”.

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Los especialistas citados coincidieron en que hacen falta controles públicos, apoyo técnico y financiamiento para que los pequeños productores cumplan con las normas ambientales sin quedar fuera de la actividad económica.