Una burda usurpación, años de reclamos y protestas de los isleños: las largas negociaciones entre Argentina y Gran Bretaña por Malvinas

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Islas Malvinas

Solo un caserío. Así se veían las islas Malvinas en los tiempos de la usurpación

El viernes 4 de enero de 1833, un incrédulo José María Pinedo, teniente coronel de la marina y gobernador sin imaginarlo, vería por última vez las islas Malvinas. Era un veterano de las guerras de la independencia y de la del Brasil. Como comandante de la goleta Sarandí había llegado a las islas en 1832 llevando al gobernador interino, el francés José Francisco Mestivier, ya que Luis Vernet había llevado a Buenos Aires dos buques que había sorprendido en aguas de Malvinas sin permiso de pesca. El 30 de noviembre, luego de un motín, Mestivier sería asesinado y Pinedo ocuparía su lugar.

El 2 de enero los británicos habían llegado en el buque de guerra HMS Clío imponiendo la fuerza. Pinedo tuvo la candidez de preguntarle al capitán John James Onslow si Buenos Aires estaba en guerra con Inglaterra, y recibió como respuesta que la usurpación se concretaba por voluntad del rey Guillermo IV. Al día siguiente, los ingleses arriaron la bandera argentina, se la llevaron a Pinedo e izaron la británica, y comenzaría un largo peregrinar por la recuperación de la soberanía.

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El 15 de enero Pinedo llegaba a Buenos Aires a bordo de la goleta Sarandí con las peores noticias. El diario La Gaceta Mercantil tituló “¡Viva la fuerza!” al denunciar el hecho. Gobernaba Juan Ramón Balcarce, que había asumido el 5 de diciembre del año anterior, y fue su ministro de Relaciones Exteriores Manuel Vicente Maza, quien el 22 de enero presentó lo que sería el primer reclamo. Lo recibió Felipe Gore, encargado de negocios inglés en Buenos Aires, que no estaba enterado de nada.

Goleta Sarandí
La goleta Sarandí, el único buque argentino, con dotación extranjera, para defender las islas

En la protesta, Maza consignó un procedimiento “tan violento como descomedido en medio de la más profunda paz, y cuando la existencia de estrechas y amistosas relaciones entre ambos gobiernos, por una parte y por la otra, la moderación, cordialidad y pureza de intenciones de que ha hecho ostentación Inglaterra, o daban lugar a esperar que tan bruscamente quedase engañada la confianza en que descansaba la República Argentina”.

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A partir de 1828 Manuel Moreno -hermano de Mariano, el secretario de la Primera Junta que había muerto en extrañas circunstancias en alta mar- ejercía como ministro plenipotenciario argentino en Londres. El 24 de abril dirigió el primer escrito al subsecretario del ministerio de relaciones exteriores inglés, en el que reclamaba “tan pronto como sea posible” el por qué de la ocupación de las islas. Tres días después, le respondieron que Onslow obedeció instrucciones del gobierno al almirante Baker, jefe de la flota británica en el Atlántico Sur.

El 17 de junio elevó una detallada protesta (“Reclamación del Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata contra el de Su Majestad Británica, sobre la soberanía y posesión de las islas Malvinas Falkland”) “contra los actos del gobierno británico, quien se ha amparado de la posesión y soberanía de las Malvinas, de otro modo llamada Falkland, y ha despojado por la fuerza a las Provincias Unidas de una parte de su territorio”.

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Reclamo argentino.
Portada del primer reclamo de la diplomacia argentina a Gran Bretaña

Moreno hizo publicar en el diario Times el mensaje del gobierno bonaerense e hizo imprimir la extensa memoria que había elaborado, tanto en francés como en inglés, para que tuviese la mayor difusión posible.

Mientras tanto, en 1834 Gran Bretaña asignó un oficial de la Armada para que se trasladase a las islas y en 1841 nombró una suerte de gobernador, con el fin de iniciar una colonización.

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Recién en marzo de 1843, durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, lord Edward Stanley, secretario para la Guerra y las Colonias del Reino Unido, asignó a la colonia “el derecho formal de incorporación a la Corona Británica”. Mientras tanto, las autoridades argentinas continuaron con los reclamos por la usurpación y además reclamaba a Estados Unidos por los desastres que había provocado en las islas la corbeta Lexington un año antes del atropello inglés. Cuando Domingo Sarmiento fue embajador en Estados Unidos, intentó un reclamo similar.

Rosas se enfrentaría a los británicos cuando éstos, junto con Francia, bloquearon el Río de la Plata, con la intención de violar la soberanía al forzar la navegación de los ríos interiores del país.

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Durante su gobierno, Rosas también tuvo a Malvinas en agenda
Durante su gobierno, Rosas también tuvo a Malvinas en agenda

Moreno volvió a protestar cuando Lord Palmerston, encargado de las relaciones exteriores, dijo en 1849 en el parlamento que había dado por cerrado el intercambio epistolar con el gobierno argentino en torno a las islas. Mientras tanto, en 1843, los británicos habían levantado una nueva población, que bautizaron como Puerto Stanley, en homenaje al funcionario responsable de las colonias inglesas que poseían en todos los continentes.

En 1854 hubo un incidente en las islas entre los británicos y los loberos y balleneros norteamericanos, en el que buques de este país fueron capturados. Ambos países convocaron a sus marinas de guerra y un comandante norteamericano había puesto en duda los derechos británicos sobre las aguas circundantes, y recordó los reclamos argentinos respecto a las islas. Los buques fueron liberados, los norteamericanos desistieron de su protesta, y todo se calmó.

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En 1866 el estudiante de Derecho Isaac P. Areco alcanzó su doctorado con su tesis “Títulos de la República Argentina a la soberanía y posesión de las islas Malvinas”, considerado el primer antecedente académico con fundamentos jurídicos de los derechos argentinos.

Las relaciones diplomáticas entre ambos países se tensaron a fines de 1884 cuando el Instituto Geográfico Argentino elaboró un mapa del país, en el que se incluían a las islas, lo que motivó una queja inglesa, ya que “forman parte de los dominios de la Reina, mi Augusta Soberana”. En 1887 el gobierno argentino renovó el reclamo, pero Londres se negó a discutir la cuestión, y nuestro país anunció que mantenía su protesta y que no abandonaría jamás la lucha por los derechos sobre esas tierras. El Reino Unido descartó una propuesta argentina de definir la soberanía en un arbitraje.

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La casa de paredes de piedra de Luis Vernet, que se mantuvo en pie por décadas.
La casa que ocupó Luis Vernet, cuando inició el proceso de poblamiento de las islas

En 1908 Gran Bretaña extendió sus dominios a las Georgias del Sur, Orcadas, Shetland y Sandwich.

En la primera reunión de ministros de relaciones exteriores de países americanos, celebrada en Panamá en 1939, Argentina volvió a reafirmar sus derechos sobre las islas, posición que mantuvo el gobierno peronista surgido en 1946.

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La creación de la ONU se transformaría en el escenario donde Argentina reclamaría la soberanía. El proceso de descolonización iniciado al finalizar la segunda guerra mundial, dejó en evidencia a Gran Bretaña: de 74 territorios en poder de potencias coloniales, 43 estaban ocupados por ese país. Paralelamente, nuestro país protestó cuando Uruguay planeó mandar un cónsul a las islas -que dejaría sin efecto- y rechazó la propuesta británica de llevar la discusión de la soberanía a una corte internacional ya que negó los derechos ingleses sobre ese territorio.

Fue el gobierno de facto del general Pedro Aramburu quien el 28 de febrero de 1957 estableció, por decreto el “Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur”, que incluía a la isla de los Estados, Malvinas, Georgias, Sandwich y el sector Antártico.

Naciones Unidas: el organismo internacional instó, en sendas resoluciones, a que Gran Bretaña se siente a discutir la soberanía
Naciones Unidas: el organismo internacional instó, en sendas resoluciones, a que Gran Bretaña se siente a discutir la soberanía

El 14 de diciembre de 1960 la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 1514, e instaba a poner fin al colonialismo, “en todas sus formas y manifestaciones” y al año siguiente se creó un comité especial de descolonización. Gran Bretaña puso sobre la mesa la necesidad de conocer el deseo de los pobladores de las islas y para Argentina son parte del país ocupado por una nación extranjera.

Fue durante el gobierno de Arturo Illia, donde la diplomacia argentina se hizo sentir y el gobierno anunció que irían a la ONU a defender los derechos argentinos. El delegado argentino José María Ruda se encargó de presentar los argumentos. Sostuvo que la integridad territorial había sido dañada por una ilegítima posesión y que no aceptaría la autodeterminación de los pueblos para defender una situación anacrónica, y que sí nuestro país tendría en cuenta los intereses y el bienestar de los isleños.

Por su parte, el embajador García del Solar consiguió que se incluyera, en español el nombre de Malvinas en la nomenclatura en los documentos generados por Naciones Unidas.

Por 21 votos a favor, las abstenciones de Estados Unidos y Australia y solo el voto en contra de Gran Bretaña, se votó elevar a la Asamblea General la moción de invitar a Gran Bretaña a iniciar negociaciones con nuestro país. El 16 de diciembre de 1965 aprobó por 94 votos a favor, ninguno en contra y 14 abstenciones la Resolución 2065, que reconoce una situación colonial, invita a ambos gobiernos a negociar, y se aclara que se tendrá en cuenta los intereses de los pobladores.

La resolución 2065 de la Asamblea General de Naciones Unidas fue el primer gran logro de la Cancillería argentina, votada el 16 de diciembre de 1965. (Archivo DEF)
La resolución 2065 de la Asamblea General de Naciones Unidas fue el primer gran logro de la Cancillería argentina, votada el 16 de diciembre de 1965 (Archivo DEF)

Cuando se emitían los primeros comunicados entre ambos gobiernos, en los que hablaban de intercambio de ideas y punto de vista, sobrevino el golpe militar y el derrocamiento de Illia.

Según el brigadier Eduardo Mc Loughlin, embajador en Londres y luego ministro de relaciones exteriores del gobierno de facto de Onganía, por 1968, la administración laborista inglesa reconocería la soberanía argentina en una fecha a acordar, que se fijará cuando aquel país tuviese las garantías suficientes de que serían defendidos los intereses de los isleños. Había optimismo, que había llevado a la revista Primera Plana a titular, en su número del 3 de diciembre de 1968 “Gran Bretaña devuelve las Malvinas”.

Sin embargo, los conservadores volverían al gobierno y las cosas no serían tan sencillas y la diplomacia argentina comprendió que los ingleses dilatarían la cuestión indefinidamente. Además, cuando los dos mil isleños se enteraron de las tratativas protestaron porque no habían sido consultados.

A fin de 1968 voló a las islas Lord Chalfont, como portavoz del gobierno laborista. Fue con la intención de convencer a los isleños de la conveniencia de darle la soberanía a Argentina.

Primera Plana Malvinas
Revista Primera Plana, 3 al 9 de diciembre de 1968. Había negociaciones avanzadas

La postura argentina era que Gran Bretaña devolviese las islas, que contemplaría los intereses de los isleños, y que todo debía hacerse según lo que señalaba la Resolución 2065. Pero no se avanzó.

Paralelamente, ambos gobiernos se pondrían de acuerdo en otras cuestiones, que llevaría a la firma del acuerdo de 1971: la creación de una comisión consultiva, la emisión de un documento de identidad para los isleños que viajasen al continente, la instalación de un aeródromo y el desarrollo de las comunicaciones telefónicas, telegráficas y postales. Pero de la soberanía, nada.

En enero de 1972 LADE comenzó con un servicio quincenal que salía de Comodoro Rivadavia. En 1973 asumió nuevamente un gobierno democrático que insistió en la recuperación de las islas, y que la situación no podía prolongarse indefinidamente. La ONU, a través de la Resolución 3160, manifestó su preocupación por la falta de avances desde la Resolución 2065, y reconocía los esfuerzos argentinos para facilitar el proceso de descolonización y buscar el bienestar de los pobladores.

Pero las cosas no serían tan sencillas: informes británicos de 1970 aseguraban sobre la existencia de petróleo en la zona. El gobierno argentino comunicó que no reconocería ningún derecho a la explotación de este recurso en su plataforma continental por parte de un gobierno extranjero, Gran Bretaña envió una misión a las islas, nuestro gobierno protestó y hubo amago de retiro de embajadores.

La guerra, en 1982, cortó las negociaciones (NA)
La guerra, en 1982, cortó las negociaciones (NA)

En 1974, el gobierno del laborista Harold Wilson le llevó una propuesta al presidente Perón: le ofrecía una administración conjunta, con las dos banderas flameando en las islas; el inglés y el español serían los idiomas oficiales y argentinos y británicos se alternarían en la gobernación. Pero veinte días después Perón fallecía. Y el entorno de su esposa Isabel impidió continuar con las negociaciones.

Los contactos continuaron con el gobierno de facto instalado el 24 de marzo de 1976 con la designación de grupos de trabajo que estudiasen la cuestión de la soberanía y los aspectos derivados de la economía.

Luego de la guerra de 1982, en septiembre las Naciones Unidas instaron a que ambos países reanudasen las negociaciones, con resoluciones que aparecieron durante el gobierno de Raúl Alfonsín en el mismo sentido. En 1989 se llegó a un principio de entendimiento para un volver a empezar, dejando de lado la cuestión de la soberanía. El primer paso fue recomenzar la actividad consular y luego la diplomática.

En 1990 ambas naciones discutieron el tema de la pesca, en 1991 se produjo el primer viaje de familiares de caídos, en 1995 la explotación de hidrocarburos, mientras que en 1999 se acordaron vuelos desde el continente; el acceso de argentinos presentando el pasaporte; la construcción de un cementerio en Darwin, inaugurado en 2009 y la identificación de caídos, proceso que comenzó en 2016.

Cementerio de Darwin
El primer viaje de familiares de caídos a las islas

José María Pinedo fue encontrado culpable por su proceder en la defensa de las islas y los jueces, atrapados en la disyuntiva de condenarlo a muerte o echarlo del ejército, debieron cancelar el proceso por irregularidades. Al tiempo Pinedo regresó a la actividad, muy lejos de aquellas islas a las que había entregado, incrédulo e impotente.

Fuentes: Caillet-Bois Ricardo, Una tierra argentina. Las Islas Malvinas; Pereyra, Ezequiel, Las Islas Malvinas. Soberanía argentina; colección revista Primera Plana