Un Tesoro y una Fed sin demasiadas balas para pelear contra las tasas largas

calendar_today 31.08.2026 - person  - timer ~5 Minutos

El discurso de Kevin Warsh en Jackson Hole dejó una señal particularmente relevante para entender el equilibrio que enfrenta actualmente la política económica norteamericana. La Fed pareció intentar complementar la estrategia anunciada previamente por Scott Bessent para contener la presión sobre la parte larga de la curva, utilizando para ello una herramienta clásica: recuperar credibilidad inflacionaria mediante un mensaje más hawkish en la parte corta.

Si el mercado percibe que la Reserva Federal está dispuesta a mantener una política monetaria suficientemente restrictiva para controlar la inflación, deberían reducirse las expectativas inflacionarias y, con ellas, parte de la prima de riesgo incorporada en los vencimientos largos.

En principio, la reacción del mercado fue consistente con ese manual: la parte corta de la curva endureció su pricing, mientras que los vencimientos largos reaccionaron inicialmente a la baja y la curva perdió pendiente.

Warsh intentó transmitir que una Fed más dura hoy debería significar menor inflación mañana y, por lo tanto, menor presión sobre la tasa de 30 años. El problema es que semejante estrategia difícilmente resulte suficiente frente a la magnitud del desafío que enfrenta el Treasury.

La 30yr. norteamericana no está respondiendo solamente a expectativas sobre la política monetaria de los próximos meses; incorpora también una creciente prima fiscal vinculada al déficit, al aumento persistente de la deuda, a las necesidades extraordinarias de financiamiento del gobierno y a una oferta de Treasuries que el mercado deberá absorber durante muchos años.

Kevin Warsh, chairman of the US Federal Reserve nominee for US President Donald Trump, during a Senate Banking, Housing, and Urban Affairs Committee confirmation hearing in Washington, DC, US, on Tuesday, April 21, 2026. Warsh's testimony highlights the fine line he must walk during the hearing between President Donald Trump's demands for lower rates and reassuring investors that he will defend the Fed's autonomy in rate-setting. Photographer: Graeme Sloan/Bloomberg
Kevin Warsh, chairman of the US Federal Reserve nominee for US President Donald Trump, during a Senate Banking, Housing, and Urban Affairs Committee confirmation hearing in Washington, DC, US, on Tuesday, April 21, 2026. Warsh's testimony highlights the fine line he must walk during the hearing between President Donald Trump's demands for lower rates and reassuring investors that he will defend the Fed's autonomy in rate-setting. Photographer: Graeme Sloan/BloombergFuente: BloombergGraeme Sloan

Bessent intentó atacar este problema mediante una estrategia orientada a aliviar la oferta relativa en los vencimientos largos y desplazar parte del financiamiento hacia sectores más cortos de la curva, pero la respuesta anunciada luce demasiado pequeña frente a la dimensión del desequilibrio.

Hasta ahora, el Treasury parece haber ofrecido una bala de goma cuando el mercado probablemente esté comenzando a exigir un verdadero put sobre la parte larga.

Warsh intentó reforzar esa estrategia aportando credibilidad monetaria, pero credibilidad monetaria y capacidad de intervención fiscal son dos cosas diferentes: una Fed hawkish puede reducir la prima inflacionaria, pero difícilmente pueda eliminar por sí sola una prima de riesgo fiscal si el mercado comienza a cuestionar estructuralmente la trayectoria de deuda norteamericana.

Además, la Fed enfrenta una restricción evidente. La inflación continúa corriendo alrededor del 3,70% anual, claramente muy por encima del objetivo, por lo que difícilmente pueda abandonar rápidamente su postura restrictiva sin arriesgar precisamente la credibilidad que Warsh intentó reconstruir en Jackson Hole.

Paradójicamente, cuanto más hawkish necesite mostrarse la Fed para convencer al mercado de que la inflación está bajo control, mayor será el riesgo de tensionar las condiciones financieras, debilitar la actividad y eventualmente generar una corrección en los activos de riesgo.

Y allí aparece la contradicción central del equilibrio actual: el Treasury necesita una parte larga de la curva más tranquila, pero la Fed no dispone todavía de demasiado espacio para ofrecer el estímulo monetario que permitiría conseguirlo de manera contundente. Esta fragilidad encuentra además a Wall Street en una posición de notable complacencia. Los principales índices norteamericanos operan nuevamente cerca de máximos históricos después de una recuperación extraordinariamente rápida, impulsada en buena medida por los excelentes resultados de los grandes hyperscalers y por la confirmación de que el gigantesco CapEx destinado a inteligencia artificial comienza finalmente a traducirse en crecimiento concreto del negocio de cloud y monetización de capacidad de cómputo.

Esa divergencia es probablemente una de las variables más importantes para monitorear durante las próximas semanas: si la inflación comienza efectivamente a desacelerarse, el petróleo continúa corrigiendo y el empleo pierde momentum, la Fed recuperará gradualmente margen para flexibilizar su postura; pero si, antes de que eso ocurra, el mercado vuelve a atacar la tasa de 30 años como espero, Bessent y Warsh podrían encontrarse obligados a responder con instrumentos considerablemente más agresivos pero sacrificando a una inflación que a esta altura es inaceptablemente alta. Este escenario también explica por qué los activos emergentes todavía no logran capturar plenamente el renovado apetito por riesgo observado en Estados Unidos. Yields norteamericanas elevadas, un dólar todavía firme y la búsqueda de refugio derivada de la incertidumbre global continúan funcionando como una gigantesca aspiradora de liquidez hacia Estados Unidos. Para que el equity emergente pueda iniciar un rally más contundente probablemente sea necesario que al menos dos de esas tres fuerzas comiencen a revertirse: tasas norteamericanas más bajas y un dólar estructuralmente más débil, aspecto que veo muy lejano.

En definitiva, el mercado parece encontrarse en un equilibrio extremadamente delicado. El Treasury intentó frenar la presión sobre la parte larga mediante una intervención que, hasta el momento, parece insuficiente; la Fed intentó complementarla recuperando credibilidad inflacionaria desde la parte corta; y Wall Street interpretó inicialmente que ambas estrategias podrían convivir sin demasiados costos. Esa conclusión probablemente sea demasiado optimista. Con una inflación todavía elevada, una deuda creciente, enormes necesidades de financiamiento, mercados accionarios cerca de máximos históricos, volatilidad extraordinariamente deprimida y una elección de medio término acercándose, los ingredientes para una corrección comienzan a acumularse. Nadie puede saber cuál será el gatillo ni cuándo ocurrirá, pero el mercado probablemente vuelva a testear la determinación de los hacedores de política. Si la tasa de 30 años vuelve a acelerar y demuestra que la estrategia actual del Treasury y la credibilidad aportada por la Fed no alcanzan para contenerla, la siguiente etapa requerirá un put considerablemente más potente. La gran pregunta es si Washington estará dispuesto a ofrecerlo preventivamente o si, como suele ocurrir en los mercados financieros, primero será necesario que algo se rompa.