26/07/2026 a las 10:11h.
Mecina Bombarón ha celebrado con rotundo éxito la Fiesta de la Parva, esta vez dentro del casco urbano para mejor comodidad de los vecinos y visitantes. De las tablas de trillar se encargaron de tirar de ellas los tres mulos romos y una mula de conocido Antonio Manzano Cabeo, de Albondón. Antonio y sus ayudantes desayunaron a base de tocino de veta, salchichón, lomo embuchado y jamón. No faltó el pan y el vino de Albondón a caliche precipitado de un porrón. También, los mayordomos y mayordomas de las fiestas de San Miguel prepararon en el Salón Cultural una gran variedad de viandas. Dos cocineros: Juan y Jesús, de la célebre empresa 'Paellas Sierra Nevada' de Ohanes, se encargaron de cocinar 500 raciones de arroz parvero. Además hubo música, barra y baile. Mecina Bombarón, Yegen y el Golco y la aldea de Montenegro pertenecen al municipio de Alpujarra de la Sierra, 'El Pueblo Libro', presidido por José Antonio Gómez, también presidente de la Mancomunidad de Municipios de La Alpujarra.
A Antonio Manzano le ayudaron en la parva Eduardo Puga y José Morales. También arrimó el hombro un vecino de Mecina Bombarón, Francisco Sánchez, de 74 años de edad, hijo de Leonardo y Amalia. Esta estupenda persona sabe mucho de campo y de pastoreo. Los mulos y la mula que tiraron de los trillos se llaman: 'Valeroso', 'Pardo', 'Pajarito' y 'Pastora'. Antonio Manzano tiene 61 años y se dedica a la marchantería desde siempre. Esta excelente persona nació en el término municipal de Lobras y se mudó con su familia a Albondón. Su padre se llamaba José Manzano 'El de la Olla Parra', y su madre se llama Mercedes Cabeo que va a cumplir dentro de poco 97 años. Esta mujer nació en Cádiar, en el 'Cortijo Cabeo', también llamado Elena. Antonio Manzano comenzó a trabajar en el campo a los siete años de edad. Eran 6 hermanos y uno de ellos ya no se encuentra en este mundo. Antonio pudo ir a la escuela y logró el graduado escolar. En la actualidad este marchante posee más de 20 bestias para venderlas. Antonio se libró de hacer el servicio militar. Su mujer se llama Martirio, nacida en Albuñol, y tiene un hijo, José Antonio, y una hija llamada Raquel. A su nieto Antonio, que tiene 9 años, le encanta el oficio de su abuelo. A su padre también le pasa lo mismo.
El arroz parvero salió a las mil maravillas. También hubo migas, panceta, lomo, longaniza y morcilla de la carnicería Mari Loli, de Mecina Bombarón y jamón de Juviles. Los dineros recaudados se dedicarán para sufragar parte de los gastos de las fiestas patronales de Mecina Bombarón en honor a San Miguel y la Virgen de los Remedios que se celebrarán en septiembre. También se pusieron a la venta camisetas y décimos de lotería de Navidad.
La trilla ha desaparecido en Mecina Bombarón y en otros pueblos de La Alpujarra. Antiguamente se sembraba mucho trigo, cebada, habas, etcétera, en este municipio que compagina el turismo rural con la agricultura. Del trigo se obtenía la harina para hacer el pan. Varios molinos se encargaban de la molienda. Las mieses se llevaban a las eras para trillarlas con un trillo tirado por dos bestias. La paja era transportada desde la eras hasta los pajares de las casas en herpiles de esparto. Era un trabajo muy duro y fatigoso.
En otros tiempos funcionaban muchas eras en Mecina Bombarón y su término. El trigo se segaba a mano formando haces o gavillas, que se amontonaban formando pilas con las espigas hacia dentro por si llovía. Después se barcinaba (se llevaban las gavillas a la era) y así, tallos junto con espigas se esparcían por la era, luego, por encina se le pasaba el trillo. Los agricultores tenían que estar muy atentos para apercibirse a tiempo y recoger los excrementos de los animales que tiraban del trillo, antes de que éstos cayeran sobre las míes. Por ello uno de los trilladores llevaba siempre un cubo o una espuerta a mano. El agua para beber las personas y los animales no podía faltar.
A continuación se separaba el trigo de la paja. La paja era transportada en herpiles o con mantas que se llenaban y después se cogían por las cuatro esquinas, se cargaban a las espaldas y se llevaba hasta el pajar. El trabajo era muy fatigoso. El trigo con muchas impurezas se apartaba a un lado y se repetía la operación hasta terminar con toda la parva hasta que los tallos del trigo, o de cebada, se convertían en paja y se habían desgranado todas las espigas. Esta operación de trillar había que llevarla a cabo a las horas de más calor para que la parva estuviera muy seca y se partiera con facilidad. Después había que esperar que llegase el viento suave para proceder a aventar el trigo.
Para aventar primero se usaban las horquillas de madera y después se utilizaban unas palas de madera muy anchas y planas. Las mujeres tenían que cocinar puchero de parva para la gente que se concentraba en la era. Las mocitas y los niños se dedicaban a espigar. Nunca se trillaba el trigo y la cebada juntos. El trigo era para las personas y la cebada para los animales de tiro y carga. El trigo se pesaba por arrobas, aunque se solía usar una medida de capacidad tanto para el grano como para la harina resultante: la fanega. Una fanega es el equivalente a unos 42 kilogramos de trigo y a unos 30 de cebada, aunque claro, esta equivalencia no es lineal, dependiendo de lo granado que estuviese el grano. El trigo era depositado en atrojes. Las personas mayores de Mecina Bombarón saben mucho de tareas campesinas de sol a sol, y a veces también durante la noche. Eran otros tiempos.