La policía de Dunellen, una localidad de apenas 7.000 habitantes en Nueva Jersey, ha encontrado una fórmula tan sencilla como eficaz para luchar contra el uso del móvil al volante: camuflarse. En el sentido literal.
Un agente se vistió con un traje ghillie, el mismo que usan los francotiradores para fundirse con la vegetación, y se apostó junto a un árbol especialmente frondoso en una de las calles principales del municipio. En seis horas cursó 74 denuncias por distracción al volante, según recoge el propio cuerpo policial en su perfil de Facebook.
La escena tiene su punto cómico. Entre los agentes desplegados en el operativo había uno con un walkie-talkie y una camiseta con el mensaje "Not a cop" (no soy poli), lo que no impidió que varios conductores cayeran igualmente en la trampa mientras miraban la pantalla del teléfono en vez de la carretera.
Detrás de la broma hay un grave problema que las estadísticas confirman año tras año. El Instituto de Seguros para la Seguridad Vial de Estados Unidos (IIHS) recuerda que el hecho de mirar la pantalla del móvil mientras se conduce multiplica por 7,8 las probabilidades de ser el vehículo que golpea por detrás en una colisión, frente a 1,8 veces para cualquier tipo de accidente. Habla de choque por alcance en el mejor de los casos, la probabilidad de atropellar a un peatón es similar.
España no anda mejor. La DGT confirmó que las distracciones se mantuvieron en 2025 como el factor concurrente más habitual en los accidentes con víctimas, presentes en aproximadamente uno de cada tres siniestros. Solo en la primera quincena de octubre de ese año, más de 6.200 conductores fueron sancionados exclusivamente por manipular el móvil, el 40,6% del total de infracciones detectadas en la campaña especial de vigilancia.
La normativa española, además, se ha endurecido. Desde la última reforma de la Ley de Tráfico, sujetar el teléfono con la mano mientras se conduce supone una infracción grave: 200 euros y 6 puntos del carnet, el doble de los 3 puntos que se retiraban antes del cambio.
La DGT ha insistido en que la distracción empieza en el momento en que una mano abandona el volante para coger el dispositivo, con independencia de si la pantalla está encendida o de si el coche está circulando, parado en un semáforo o en doble fila.
Lo de Dunellen es una anécdota curiosa y probablemente única, pues ni siquiera la Gendarmerie francesa -técnicamente, un cuerpo del Ejército de Tierra francés- se camufla de esa forma en las autopistas. Pero sí pone el dedo sobre una verdad incómoda. Que exista una ley, con sanciones duras como en España, no siempre disuade, por eso los policías de Nueva Jersey se disfrazan de arbustos.
Imágenes | Dunellen Borough Police Department
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