Un Mohamed VI de aspecto sumamente debilitado abre el nuevo Parlamento de Marruecos rechazando “presiones, chantajes o amenazas” de España antes del viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla

calendar_today 09.10.2026 - person  - timer ~7 Minutos

Con un aspecto demacrado y una notable debilidad, el rey Mohamed VI ha presidido este viernes la solemne apertura de la nueva legislatura. Hasta el Parlamento ha llegado con una chilaba amarilla, como acostumbra en los grandes eventos religiosos o de carácter ceremonial, ayudándose en una muleta para caminar y flanqueado, como es habitual, por su hijo, Moulay Hasán, y su hermano, el príncipe Moulay Rachid. Ante los miembros de las dos Cámaras -la de Representantes y la de Consejeros-, casi ahogado de voz, ha dedicado la parte más sustancial de su discurso a señalar directamente a España: "Con nuestro vecino, España, nuestra asociación ha experimentado avances significativos en diversos campos, incluida la lucha contra la inmigración irregular. No obstante, esta cooperación se enfrenta ahora a importantes desafíos relacionados con ciertas disposiciones legales obsoletas y decisiones judiciales alejadas de la realidad. Lamentablemente, esta situación dificulta la repatriación de menores y de quienes solicitan falsamente el estatuto de refugiado, y alimenta la actividad de las redes criminales. Ante las declaraciones irresponsables de ciertos círculos políticos y mediáticos y su flagrante explotación de la situación, afirmamos que la asociación es una elección soberana y un compromiso voluntario, que no puede estar sujeto a presiones, amenazas ni chantajes".

Es la primera vez que el monarca marroquí habla de la crisis migratoria en la frontera con Ceuta. Y sus palabras cobran una dimensión mayor aún por producirse en vísperas de la histórica visita que los Reyes Felipe y Letizia realizarán a Ceuta y Melilla el martes y el miércoles próximos. Será la primera vez que el Monarca pise las dos ciudades desde su proclamación, tras la abddicación de Don Juan Carlos.

Más allá, ha hecho todo un canto patriótico a la identidad marroquí, de la que se ha mostrado "orgulloso". "Es derecho de los marroquíes estar orgullosos de nuestra auténtica identidad religiosa bajo el Emirato de los Creyentes y de nuestra distinguida identidad cultural. También estamos orgullosos de los logros políticos y diplomáticos alcanzados y de los avances en materia de desarrollo, economía y sociedad que han transformado el rostro de Marruecos", ha subrayado. Y ha urgido también tanto a los poderes públicos como a los sectores privados del país a ser "más proactivos y capaces de crear oportunidades de empleo".

Desde hace ya demasiado tiempo, los marroquíes aguardan con expectación las escasas ocasiones en las que su rey pronuncia discursos o lanza mensajes a la nación, siempre obligado por el calendario, no tanto por interés en las palabras concretas en sí sino porque permiten de algún modo medir la fortaleza que es capaz o no de rezumar el soberano. Y es que, con la férrea censura que rodea a cualquier información sobre la Monarquía, máxime si se trata de cuestiones personales que afectan a su titular, en el país vecino su debilitada salud es un secreto a voces que preocupa cada vez más.

Su reaparición pública a finales de septiembre en el acto de aniversario por la muerte de su padre, el astuto Hasán II, hizo salta una vez más las alarmas, ya que Mohamed VI se mostró profundamente desmejorado, con más dificultades de movilidad de la que ya venían siendo visibles en los últimos meses y con un aspecto terriblemente débil y cansado.

Hace ya casi una década que medios internacionales difundieron que el jefe de la dinastía alauí padecería sarcoidosis, una enfermedad autoinmune crónica que puede afectar a cualquier órgano del cuerpo, sobre todo al pulmón, y muchas veces a los ojos y a los riñones, provocando sensación de ahogo al respirar, fibrosis en el pulmón, dolor torácico, arritmia cardíaca, astenia (fatiga) y fiebre. Tal extremo jamás ha sido confirmado ni abordado por Rabat. En todo caso, la mala salud de Mohamed VI, por más que sea un tema tabú, ha sido constante, con repetidos cuadros de infección en pulmones y piernas, obligado a usar muchas veces muletas para caminar.

El rey de Marruecos, flanqueado por su hijo y su hijo, en el Parlamento.

El rey de Marruecos, flanqueado por su hijo y su hijo, en el Parlamento.E. M.

La sensación en el Reino alauí es de una progresiva transferencia de responsabilidades -no aún de poderes formales- en el trono, con un Mohamed VI cada vez más ausente de la vida institucional y un protagonismo creciente e indisimulado de su hijo y sucesor, Moulay Hasán (23 años), que, lejos de suponer la mera activación de mecanismos bien engrasados del sistema, estaría causando no pocos choques internos y problemas de coordinación entre instituciones y estamentos de poder. No se olvide que, aunque sobre el papel Marruecos sea una monarquía constitucional, democrática y parlamentaria, todo el andamiaje institucional es un monumental trampantojo lampedusiano en el que el rey sigue acaparando un enorme poder real, y en el que el diseño de la política interna y externa, así como la toma de las grandes decisiones, queda en manos del llamado Majzen, una élite integrada por altos funcionarios y oligarcas que rodea al soberano, que no responde a lógicas de representatividad popular ni a rendiciones de cuentas democráticas, y en la que también abundan las luchas de poder, sobre todo en momentos como el actual dominados por vientos de cambio.

No son pocos los especialistas que, sin ir más lejos, atribuyen a esos pulsos y desajustes institucionales la magnitud que alcanzó la avalancha migratoria sobre Ceuta a finales de julio, coincidiendo no por casualidad con las grandes celebraciones marroquíes por la Fiesta del Trono. Como adelantó este diario pocas horas después de la avalancha de decenas de miles de personas, la que presumiblemente fue una operación alentada por Rabat como oportunidad de advertencia a España en el marco del permanente chantaje migratorio, a la postre al mismo régimen alauí se le acabó yendo de las manos.

El innegable relevo en marcha en el trono también afecta al marco de endurecimiento de los postulados más nacionalistas en el Majzen, algo que la Monarquía alauí necesita, sobre todo pensando ya en el futuro asentamiento de Moulay Hasan, para galvanizar unidad y cohesión, y con ello mantener prietas las filas. Porque en realidad el país está muy fragmentado política y socialmente, y la tensión interna en Marruecos es un amenazante bidón de gasolina. Basta recordar las masivas protestas del pasado otoño en las principales ciudades, protagonizadas por las generaciones de jóvenes que padecen el desempleo masivo, la precariedad de los sistemas públicos básicos y, sobre todo, la falta de futuro en el Reino. No extraña así que el renovado nacionalismo esté volviendo su mirada hacia Ceuta y Melilla, avivando y mostrando una postura mucho más radical respecto a la vieja reivindicación marroquí sobre las dos ciudades españolas.

La apertura de la legislatura por Mohamed VI da paso a un escenario político inédito en Marruecos. Y es que el rey ha nombrado por primera vez en la historia del país -y como gesto casi sin precedentes en el mundo árabe- a una mujer como jefa del Gobierno, Fatima Zahra El Mansouri, política de dilatada trayectoria que había ejercido como ministra o durante varios años como alcaldesa de Marrakech. El soberano la eligió a ella entre la dirigencia del centrista partido Autenticidad y Modernidad (PAM), el más próximo a la Corona, ganador de las elecciones legislativas del 23 de septiembre. Pero, entre otras cosas, aquellos comicios reflejaron la profunda desafección de los marroquíes con su sistema político, como demostró la bajísima participación en las urnas -apenas el 38% del censo-.

Con 97 escaños, el PAM está muy lejos de la mayoría absoluta en la Cámara Baja -con 395 asientos-, y en las últimas jornadas Zahra El Mansouri busca atraerse al renacido Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), de corte islamista, que recuperó buena parte de su pujanza y obtuvo 54 escaños. La dificultad para garantizar una mayoría de gobierno estable en la nueva legislatura parece que dominará los próximos años de la política en un Marruecos al que también se le acumulan los retos para satisfacer las demandas de una población cada vez más desencantada. Al régimen difícilmente le bastará con desviar la atención hacia asuntos como Ceuta y Melilla, el Sáhara occidental, o el Mundial de fútbol 2030 que el país albergará junto a Portugal y España, si las aguas siguen mínimamente calmas para entonces.

SALÓN AERONÁUTICO. El régimen marroquí avanza en el afianzamiento de sus relaciones con Israel sin importarle el malestar ciudadano. Así, el Estado hebreo cuenta por primera vez con un pabellón en el Salón Aeronáutico de Marrakech, lo que el Ministerio de Defensa alauí ha calificado de «hito».

MISILES DE LARGO ALCANCE. Israel Aerospace Industries v a cerrar un contrato para la venta de misiles balísticos LORA a Rabat, con capacidad para alcanzar objetivos a una distancia aproximada de 500 kilómetros. La operación se da en un contexto de renovada tensión con Argelia. Israel es hoy el tercer suministrador de armas a Marruecos, tras EEUU y Francia.