Para quienes nunca han visto en vivo un partido de fútbol en un campo de Londres, quizá no haya otra experiencia comparable con visitar alguna vez The Den, y a poder ser presenciando un Millwall-West Ham United en el nuevo campo de los ‘lions’ del sureste de la capital inglesa, levantado muy cerca del que fue vetusto fortín industrial, el Old Den.
Aquel escenario aún es recordado hoy por la durísima hostilidad hacia los ‘hammers’ del este, el llamado ‘Docker’s derby’ (‘derby de los estibadores’), un duelo envuelto durante años con la lacra de la violencia de los ‘hooligans’. Es historia viva del país y ese enfrentamiento, recuperado el pasado sábado 14 años después en un clima mucho más calmado y deportivo, llegó a reflejar algunas de las etapas más negras en la histeria colectiva que generó el viejo futbol británico.
La recuperada rivalidad ha sido posible tras el descenso del West Ham a la EFL Championship, donde vive casi siempre el Millwall, lo que ha vuelto a permitir este duelo electrizante y muy pasional, que ambos afrontan con el alma de los colores y bajo los recuerdos del pasado. El nuevo The Den, levantado a escasos 500 metros del viejo estadio, está en South Bermondsey, en el distrito de Lewisham-Southwark, y se inauguró en 1993, sustituyendo al histórico campo de Cold Blow Lane, la calle que, como detalle para los nostálgicos, da nombre a la actual South Stand del nuevo Den. Cualquier buen amante del fútbol debería visitarlo al menos una vez, para rememorar una época, pulsar su ambiente especial, y entender lo que significan las comunidades en el Reino Unido.
En esta ocasión, al margen de los cánticos, burlas e insultos mutuos entre las dos aficiones, que fueron minuciosamente separadas, el partido fue bastante tranquilo y el resultado también, sin ganador (2-2), pese a que el día había amanecido con la alerta lanzada por la Policía Metropolitana, que ordenó un dispositivo especial de 400 agentes, también con perros y a caballo, el cuádruple de lo habitual para un partido en Londres. La atmósfera del nuevo The Den, con un DJ aleccionado para los ‘supporters’ locales, para los que puso a todo volumen ‘A Town Called Malice’, de The Jam, y ‘London Calling’, de The Clash, trata hoy de mantener algo de la intimidación que suponía visitar el viejo estadio del Millwall, cuya cercanía de las gradas al césped y su estructura metálica, incrustado entre las vías del tren, hacían que el ruido retumbara de forma ensordecedora.
La afición del Millwall popularizó allí el cántico y la mentalidad desafiante que le ha distinguido siempre, gritando ‘No one likes us, we don’t care’ (‘Nadie nos quiere, no nos importa’), que reflejaba el aislamiento de sus orígenes obreros y la reputación de fiereza y vehemencia de los llamados ‘lions’ del sureste londinense.

Aunque ya en tiempos modernos sin violencia, este recuperado ‘derby’ local sigue siendo más que un partido de fútbol. No tiene parangón con otros ‘derbies’ de enemistad en Londres, porque la hostilidad en The Den tiene que ver más con la histórica rivalidad portuaria, las disputas vecinales entre el este y el sur de Londres o el esquirolaje durante las huelgas. Las dos aficiones no son tan distintas, porque provienen de los mismos entornos y comunidades alrededor de la Isle of Dogs londinense, en el meandro del Támesis. Como comentaba un seguidor del Millwall, que el West Ham sea el gran rival de siempre solo tiene que ver con los orígenes de un pasado agresivo por marcar dureza y la herencia de las generaciones familiares. ‘You’re brought up on this stuff. It’s your history.” (‘‘Te crías con esto; es tu historia’’).