
Publicado el 02 de agosto, 2026 • 12:01
Publicado el 02 de agosto, 2026 • 12:01
Durante años, la industria nos vendió que la tarjeta microSD era una reliquia del pasado. Nos convencieron de que prescindir de ella permitía diseñar teléfonos más finos, proteger la estanqueidad al agua y ofrecer memorias internas mucho más rápidas. Hoy, parece que todas van a dar un paso atrás.
Al final, igual que ha sucedido con la retirada de los cargadores de las cajas de nuestros teléfonos, la realidad es que esto permitía a los fabricantes ‘obligar’ a comprar versiones más caras de sus móviles, con memoria de 256 GB o 512 GB o suscribirnos a servicios en la nube de pago.
Pero la inflación y la escalada de precios de los chips de memoria han cambiado las tornas y, con el objetivo de abaratar costes, las marcas están mirando atrás y sopesando traer de vuelta el slot de memoria para tratar de paliar uno de los grandes problemas de la industria actual.
La causa principal de esta decisión está en el coste de producción. Los gigantes del sector de los semiconductores han desviado su producción hacia chips dedicados a la Inteligencia Artificial, provocando una escasez de memoria NAND Flash y de módulos RAM para consumo tradicional.
Y es que ya hemos hablado en más de una ocasión de como los costes de estos componentes básicos han registrado incrementos récord. Y, cuando una pieza tan necesaria como es la memoria interna se encarece drásticamente, vender un smartphone con un almacenamiento decente de fábrica exige subir el precio final de cara al consumidor o asumir márgenes de beneficio insostenibles.
Para evitar trasladar aumentos desorbitados al bolsillo del usuario, varias firmas estudian recortar el almacenamiento base de sus terminales a 128 GB y reincorporar la ranura para tarjetas de memoria.
Desde luego, reducir el almacenamiento de los modelos base no es una buena noticia para nadie, pero optar por traer las MicroSD de vuelta, en pleno 2026, sí que puede considerarse como una solución beneficiosa para ambas partes.
Para el fabricante reduce el coste del chip integrado dentro de la placa, manteniendo el precio de venta en unos rangos atractivos, ya que los precios de estas memorias no han subido tanto en comparación al almacenamiento interno.
En el otro lado está el usuario, quien con esta medida tiene algo más de control. Serás tú quien pueda decidir si necesitas ampliar el espacio comprando una tarjeta externa más económica o si prefieres reutilizar una que ya tengas en casa o conformarte con la memoria base de tu teléfono.
Y es que, al final, el comprador busca ahorro y practicidad y descubrir que un teléfono de 500 euros se queda corto a los seis meses por las fotos y vídeos de WhatsApp genera una frustración enorme.
Devolver la posibilidad de ampliar la memoria mediante una tarjeta microSD puede verse como un retroceso en 2026, pero es una decisión inteligente que alivia el bolsillo del consumidor y permite a las marcas seguir ofreciendo móviles equilibrados sin recurrir a precios desproporcionados.