De colores vivos, con diseños lisos o decorados con flores, formas geométricas y otros estampados, los platos ralladores se han convertido en uno de los objetos de cocina por excelencia de este verano. La reciente popularidad de estas piezas de artesanía ha cobrado una presencia cada vez mayor en los talleres y tiendas de cerámica. Eso sí, el fenómeno no es nuevo —este utensilio cuenta con varios siglos de historia—, pero las redes sociales han ayudado a que vuelva a ocupar un lugar protagonista en muchas cocinas. En España, de hecho, varios talleres especializados en artesanía de la cerámica han contribuido a recuperar este objeto, casi desconocido para buena parte del público hasta hace poco.
Su origen se remonta a la Antigüedad. Se han documentado piezas cerámicas destinadas a rallar alimentos en la Hispania romana y su tradición se ha conservado en las cocinas mediterráneas. En un estudio arqueológico, de hecho, se identificó como rallador una pieza cerámica encontrada en la Domus de la Fortuna de la antigua Carthago Nova, la actual Cartagena, fechada a finales del siglo II d. C.
La principal diferencia frente a un rallador convencional radica precisamente en su simplicidad: una superficie de cerámica con pequeños relieves que permiten triturar o rallar directamente tomate, jengibre, ajo, verduras, cítricos o queso, recogiendo en el propio plato sus jugos y todo el aroma de los alimentos. No necesita ninguna fuente de electricidad, ocupa muy poco espacio y nos permite pasar del rallado a la mesa sin tener que cambiar de recipiente. Por si fuera poco, la cerámica no se oxida ni retiene olores o sabores y resulta fácil de limpiar.
Esta sencillez, y el tamaño de los platos, son dos de las principales razones de su éxito porque, además de usarlos en la cocina, podemos utilizarlos fuera de casa. Caben en una cesta de pícnic y nos permiten preparar en el momento algunos bocados, como rallar un diente de ajo para el pan, preparar un poco de tomate para unas tostadas o incluso añadir limón, jengibre o queso rallado en el plato.
Rallador, recipiente y tabla de trabajo, el plato rallador se ha convertido en una herramienta muy versátil. Hay modelos de cerámica, además, que son resistentes al calor y que podemos introducir directamente al horno. Eso sí, es muy importante comprobar siempre que el modelo del que disponemos es apto y qué temperaturas puede soportar. Una de las gracias de este recipiente está precisamente en poder aprovecharlo no solo para rallar, sino también para preparar salsas, mezclas y hasta platos completos. Si ya cuentas con un plato rallador en casa, anota estas recetas que te valdrán para cualquier cena de la semana.
Para preparar esta rica y nutritiva lasaña vegetal reserva aproximadamente una hora. Este plato, que nos aportará fibra, hidratos, proteínas y grasas saludables, es muy sencillo de cocinar. Anota los siguientes ingredientes para dos comensales:
Lo primero que vamos a hacer es cortar en rodajas finas la berenjena y las dejamos reposando sobre un colador, cubiertas de sal para que pierdan parte de su agua. Tras unos 15 minutos, las enjuagamos y secamos bien y las pasamos por la plancha con un poco de aceite de oliva, cocinamos un par de minutos por cada lado y reservamos.
Sobre el plato rallador rallamos el ajo y el tomate, y añadimos la sal y la pimienta. Seguidamente, cocinamos la cebolla picada en una sartén con aceite de oliva. Cuando esté lista, añadimos los champiñones y pasados unos minutos, la mezcla del plato rallador y cocinamos hasta que la salsa se reduzca. Si el plato es apto para horno podemos montar ahí la lasaña con capas de berenjena, salsa y ricota hasta cubrir con el parmesano o queso de cabra. Horneamos 20 minutos a 180 ºC y ya la tenemos lista para servir y disfrutar de este plato.
En una media hora podemos tener preparadas estas deliciosas patatas crujientes, a las que podemos añadir unos huevos para convertirlas en una cena más completa. Estos son los ingredientes para dos personas:
Para empezar, cuece unas patatas enteras en abundante agua durante unos 15 o 20 minutos. Pincha con un tenedor para saber si están listas. Una vez cocinadas, déjalas templar, córtalas en pedazos irregulares y reserva. En el plato rallador echa un chorrito de aceite de oliva virgen y ralla el ajo, la cebolla y por último, el tomate. Ahora incorpora el pimentón, la salsa de soja, la sal y la pimienta negra y mezcla bien. Añade las patatas y si el plato rallador es apto para horno, introdúcelo y cocina otros 15 minutos a unos 180º. Sabrás que está listo cuando las patatas adquieran un tono dorado. Cuando quede poco, añade por encima los huevos y deja que cuaje.
Para preparar esta cena necesitas bloquear también una media hora. Vamos a utilizar pasta de legumbres para aportar un extra de proteínas. Estos son los ingredientes para dos raciones:
En primer lugar, cocemos la pasta de lentejas según las indicaciones del fabricante. Suele necesitar menos tiempo que la de trigo. Una vez cocida, la colamos y reservamos también medio vaso del líquido de la cocción. En nuestro plato vamos a rallar el calabacín, el diente de ajo, la piel de medio limón (cuidado de no incorporar la parte blanca, que amarga) y el parmesano y añadimos también las almendras y las hojas de albahaca, ambas picadas. Añadimos el aceite de oliva e integramos la salsa de pesto, junto con la sal y la pimienta. Vertemos la pasta y removemos. Vamos añadiendo agua de la cocción hasta conseguir la consistencia deseada. Si quieres, puedes añadir algo más de queso rallado y limón por encima.