La merienda es uno de esos momentos del día en los que siempre viene bien tener algo casero para compartir. Ya sea junto a unos mates, una taza de café o una infusión caliente, las preparaciones dulces y sencillas permiten darse un gusto sin necesidad de pasar horas en la cocina.
Entre las alternativas que nunca fallan aparece un acompañante infalible: la torta matera con dulce de membrillo. Su miga aireada y húmeda contrasta con la intensidad del relleno, mientras que su preparación requiere ingredientes básicos y pocos pasos.
1. Preparar la base. Colocar en un bowl el huevo junto con el azúcar, el aceite y una pizca de sal. Batir enérgicamente hasta obtener una preparación más clara, aireada y ligeramente espumosa. Este primer paso es importante para conseguir una miga esponjosa.
2. Incorporar los líquidos. Agregar la leche y mezclar suavemente hasta integrarla por completo con la preparación anterior.
3. Sumar los ingredientes secos. Tamizar la harina junto con el polvo para hornear e incorporarlos poco a poco. Mezclar solamente hasta obtener una masa homogénea y sin grumos. Es importante no batir de más, ya que esto puede afectar la textura final.
4. Preparar el molde. Engrasar un molde de aproximadamente 16 centímetros y, si se desea facilitar el desmolde, colocar papel manteca en la base. Volcar allí toda la mezcla y distribuirla de manera pareja.
5. Trabajar el membrillo. Cortar el dulce en pequeños cubos y calentarlo brevemente hasta que se ablande. Revolver para formar una pasta maleable y esperar unos minutos hasta que pierda temperatura.
6. Decorar la superficie. Colocar el membrillo en una manga y realizar líneas sobre la masa. Se pueden cruzar en ambos sentidos hasta formar el clásico dibujo de cuadrícula.
7. Llevar al horno. Cocinar en horno previamente calentado a 180 °C durante aproximadamente 35 minutos, hasta que la superficie se encuentre ligeramente dorada. Para comprobar la cocción, introducir un palillo en una zona sin membrillo: deberá salir limpio.
8. Enfriar y servir. Retirar, dejar reposar y esperar hasta que esté fría o apenas tibia antes de desmoldar. Cortar en porciones y servir junto a unos mates, café o té.
Usar los ingredientes a temperatura ambiente: especialmente el huevo y la leche, para que se integren mejor y la preparación tenga una textura uniforme.
Batir bien el huevo con el azúcar: este paso ayuda a incorporar aire y conseguir una miga más liviana y esponjosa.
Tamizar la harina y el polvo para hornear: evita la formación de grumos y favorece una textura más aireada.
No mezclar de más: una vez incorporada la harina, realizar movimientos suaves únicamente hasta integrar. El exceso de batido puede hacer que la torta quede más compacta.
Ablandar el membrillo: si está demasiado firme, se puede calentar durante unos segundos con una cucharadita de agua para conseguir una consistencia más fácil de distribuir.
No abrir el horno antes de tiempo: durante los primeros 25 o 30 minutos es importante mantener la puerta cerrada para evitar que la preparación pierda volumen.
Controlar la cocción: como cada horno es diferente, conviene hacer la prueba del palillo en una parte donde no haya membrillo. Si sale limpio, está lista.
Esperar antes de desmoldar: dejarla reposar entre 10 y 15 minutos permite que tome estructura y evita que se rompa.