Todas las claves del acuerdo petrolero entre EE.UU. y Venezuela: ¿negocio o expolio?

calendar_today 29.08.2026 - person  - timer ~6 Minutos

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump acaba de anunciar, en sus palabras, “el mayor acuerdo petrolero de la historia” entre su país y Venezuela. Pero ¿en qué consiste exactamente? ¿Quién sale ganando con este pacto?

Los datos

Primero, los números. El acuerdo establece el control estadounidense de más de 65.000 millones de barriles de reservas petrolíferas venezolanas, mediante una asociación entre el gobierno de Caracas y empresas privadas estadounidenses.

Son 17 pozos petroleros. Más del 20% de las reservas totales de Venezuela. ⁠Los dueños del proyecto son el Gobierno de EE.UU. y operadores privados, con la parte estadounidense que tiene el 55%. Se habla de una duración de la concesión por 100 años aunque no está confirmado aún. 

El objetivo declarado es relanzar una industria petrolífera ya muy deteriorada, aumentar la producción y llevar más crudo a las refinerías estadounidenses, contribuyendo así a reducir el precio de la gasolina en Estados Unidos.

El plan —al menos tal como se ha presentado— debería movilizar casi 100.000 millones de dólares en inversiones privadas para reconstruir y modernizar el sector petrolífero venezolano. 

Según fuentes de la administración Trump, la operación no supondrá costes para los contribuyentes estadounidenses y generará miles de empleos en Venezuela, mientras que en EE.UU. se vendería este petróleo prácticamente a precio de coste. Una jugada de significado político claro, cuando los consumidores norteamericanos se están enfrentando desde hace semanas a un repunte del precio del carburante en el surtidor, a raíz de las tensiones en el mercado energético por la guerra a Irán. En términos globales, el carburante en EE.UU.  ha experimentado un incremento sostenido de aproximadamente un 37% a un 40% desde el estallido del conflicto.

Para Venezuela, sería la ocasión de relanzar su industria, crear puestos de trabajo y recaudar más de 200.000 millones de dólares en impuestos. 

La potencia petrolera estadounidense

Hay que entender lo que supone esta operación para Estados Unidos. En la actualidad, el país ya es el primer productor mundial de petróleo, con cerca de 13 millones de barriles diarios, en parte gracias al fracking. Tras poner sus manos sobre los recursos petroleros de Venezuela, su poder se expande todavía mas. 

El consorcio que gestionará las reservas del país sudamericano será la entidad que pasará  a controlar la segunda mayor tenencia en el mundo de reservas petroleras, tras Saudi Aramco. 

Pero además, Estados Unidos tiene actualmente alrededor de 46.000 millones de barriles de reservas probadas de crudo. Sumados a los 65.000 millones de barriles cubiertos por este acuerdo, el país estadounidense dispondría del control sobre aproximadamente 111.000 millones de barriles de petróleo. Esto supondría acaparar aproximadamente el 7,1% de todas las reservas probadas de petróleo del mundo. De esta manera, Estados Unidos quedaría prácticamente alineado con Emiratos Árabes Unidos, que cuenta con 113.000 millones de barriles de reservas probadas de crudo, y superaría a Kuwait.

La guinda final del pastel es que, bajo este nuevo cuadro político e institucional, Venezuela podría incluso dejar de formar parte del cartel de la OPEP, abandonar la alianza y desvincularse del régimen de las cuotas. Con esta operación, Estados Unidos haría realidad la antigua doctrina expansionista Monroe, asumiendo el liderazgo energético del continente americano, desde Alaska hasta el Caribe. 

¿Es oro todo lo que reluce?

Después de años de chavismo y de colapso económico, la industria petrolera venezolana está muy deteriorada. Se precisan inversiones colosales. ¿Sale a cuenta? 

En julio el país apenas produjo 1,16 millones de barriles diarios. Otra incógnita es que el crudo venezolano es “sucio” con impurezas, con lo que su extracción es costosa. Los 65.000 millones de barriles anunciados este fin de semana representan solo una parte de las inmensas reservas venezolanas: el país posee en total alrededor de 303.000 millones de barriles, las mayores reservas petrolíferas del mundo, en especial en la falda del Orinoco. Pero como repiten los geólogos, tener reservas comprobadas no significa que sean reservas comercialmente explotables. 

“Por encima de todo, se necesita una hoja de ruta creíble hacia una estabilidad política duradera para convencer a las grandes petroleras de invertir decenas de miles de millones, en particular para construir costosas unidades de mejora necesarias para procesar el crudo ultrapesado venezolano”, dijo Clay Seigle, investigador sénior no residente en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales a Bloomberg. Chevron y Exxon son los dos colosos energéticos estadounidenses llamados a abrir la cartera. 

Dudas legales

Aquí entramos en el terreno más resbaladizo. La Constitución de Venezuela habla claro. El artículo 12 establece que “los yacimientos de hidrocarburos son bienes del dominio público, inalienables e imprescriptibles; pertenecen a la República y no pueden cederse ni transferirse en propiedad”, mientras que el artículo 13 “prohíbe ceder, transferir o arrendar el territorio nacional a potencias extranjeras”. 

La rendija legal es estrecha. Según una reforma de la Ley Nacional de Hidrocarburos (aprobada este año), “las actividades primarias pueden realizarse mediante: (1) empresas estatales, (2) empresas mixtas con mayoría estatal (>50%) o (3) compañías privadas domiciliadas en Venezuela que operen bajo contrato con una empresa estatal o su filial”.  En este caso, no se contemplan arrendamientos de áreas petroleras en el sentido de ceder la propiedad del recurso; lo que se negocia es acceso operativo y participación en la producción, no titularidad sobre el crudo en el subsuelo. Pero la línea, como se ve, es muy fina. 

Dudas políticas

Por último, hay que tener presente la actual situación institucional en Venezuela, que se encuentra en un limbo después de la destitución (para algunos, secuestro) del dictador Nicolás Maduro tras el blitz de Estados Unidos. Delcy Rodríguez es quien representa al país ahora. ¿Pero está legitimada a negociar en nombre de su país?

Las voces opositoras creen que no y alegan que en  el país sudamericano todavía no ha habido elecciones para confirmar el nuevo régimen. 

El economista venezolano Ricardo Hausmann, de la Universidad de Harvard, lo resumía así. “EE.UU. optó por impulsar un despojo de activos, un acuerdo inconstitucional con un gobierno ilegítimo y opresor, en lugar de utilizar el liderazgo de EE. UU. para restablecer primero el Estado de derecho constitucional y la democracia, y luego tratar con un gobierno legítimo que pudiera asumir compromisos creíbles a largo plazo, en su momento. Este acuerdo anunciado no se sostendrá”. 

El oscuro intermediario

Para añadir más polémica, hay que hablar de una figura controvertida, que, según se ha sabido es uno de los intermediarios de la operación y es el financiero venezolano Alejandro Betancourt. Encabeza la principal operadora privada de petróleo del país tras la salida de competidores y socios estadounidenses sancionados.

Ha estado en el centro de varias investigaciones internacionales por presuntos delitos financieros, aunque no pesa sobre él ninguna condena ni imputación formal en Estados Unidos. En España, la Audiencia Nacional (bajo el juez Santiago Pedraz) lo investiga junto a otros empresarios por presunto blanqueo de capitales y delito fiscal tras recibir información de la Fiscalía de Zúrich. Betancourt llegó a ser retenido cautelarmente en el Reino Unido a petición de Suiza y España, pero posteriormente las medidas cautelares fueron levantadas. Y ahora, es uno de los protagonistas. 

Piergiorgio Sandri

En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.