Síndrome del corazón roto: el impacto del desamor en la salud física y mental

calendar_today 09.08.2026 - person  - timer ~5 Minutos

El desamor, lejos de reducirse a tristeza pasajera, puede activar un duelo con efectos en la salud mental, el cuerpo y la vida cotidiana, al punto de alterar el sueño, el apetito, la concentración y la capacidad para sostener rutinas, según explicaron especialistas consultadas por Infobae Colombia sobre el impacto de una ruptura de pareja como un problema que requiere atención profesional.

De acuerdo lo revelado por Daniela Arango, directora de la Maestría en Salud Pública de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas, el malestar puede expresarse con insomnio, fatiga, cefaleas, molestias gastrointestinales, tensión muscular y cambios en la presión arterial, y explicó que existe incluso el llamado síndrome de corazón roto ante episodios de estrés emocional intenso.

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Por su parte, Mya Faride Gómez Triana, coordinadora de la Especialización en Psicología Clínica de la Universidad Católica de Colombia, le explicó a Infobae Colombia que una ruptura “implica la pérdida de un vínculo significativo y de todo lo que ese vínculo representaba”.

La especialista reiteró que, bajo esa premisa, no se pierde solo a una persona, pues también se modifican proyectos compartidos, sueños, tiempo, energía, expectativas y una forma de entenderse a uno mismo en relación con el otro.

La psicóloga precisó que por esa razón terminar una relación puede vivirse como un duelo, aunque la otra persona siga viva: “El desamor es la experiencia de la ruptura, el duelo es la reacción natural y el proceso psicológico mediante el cual aprendemos a adaptarnos a esa pérdida”.

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Insomnio, fatiga, cefaleas y molestias digestivas aparecen como respuestas al estrés emocional, incluso con el llamado síndrome de corazón roto - crédito Imagen Ilustrativa Infobae
Insomnio, fatiga, cefaleas y molestias digestivas aparecen como respuestas al estrés emocional, incluso con el llamado síndrome de corazón roto - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

Gómez Triana explicó que los vínculos afectivos cumplen funciones centrales para la seguridad emocional: “Cuando estos se rompen, no solo se afectan nuestros pensamientos, las emociones y los comportamientos, también responde nuestro cuerpo”.

Así, describió como síntomas frecuentes el insomnio, los cambios en el apetito, la ansiedad, las dificultades para concentrarse, la sensación de vacío e incluso el dolor físico. Agregó que algunas personas pierden peso o somatizan el sufrimiento, y advirtió que el cuadro puede adquirir características potencialmente traumáticas si existen vulnerabilidades previas o faltan recursos para afrontar la pérdida.

Arango llevó esa misma idea al terreno de la salud pública: “Una ruptura significativa puede ser vivida por nuestro organismo como una situación de estrés y esto puede llevar a activar respuestas fisiológicas que terminan expresándose en el cuerpo”.

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La directora académica informó que durante mucho tiempo se separó la salud física de la salud mental, pese a que las personas responden de manera integral. Según su visión, factores de la vida cotidiana como las relaciones amorosas, las relaciones laborales y las condiciones socioafectivas terminan influyendo en el bienestar corporal y psíquico.

Una joven mira con tristeza un corazón de papel desgarrado, evidenciando la emoción de una ruptura sentimental. El símbolo del corazón roto ilustra el dolor de los amores perdidos, la separación emocional y la difícil realidad del rechazo en las relaciones amorosas. (Imagen ilustrativa Infobae)
La preocupación aumenta cuando se impacta el rendimiento laboral y académico - crédito Imagen ilustrativa Infobae

Para Gómez Triana, el duelo no es una enfermedad, sino una respuesta humana normal con función adaptativa. La especialista indicó que ese proceso ayuda a reconocer la pérdida, reorganizar la vida, construir nuevos significados y acercarse al apoyo de los demás.

La docente aseguró que no existe un tiempo correcto para superar un desamor, pues la recuperación depende de múltiples factores: la calidad de la relación, la forma en que ocurrió la ruptura, el apoyo social disponible, el estilo de afrontamiento de cada persona y las experiencias previas de pérdida.

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“El reto está en que esta reflexión no se convierta en una rumiación interminable basada exclusivamente en la culpa, sino en una oportunidad para comprender que toda relación es el resultado de la interacción de múltiples factores y de la responsabilidad compartida de quienes la conforman”, afirmó Gómez Triana.

Arango coincidió en que una ruptura puede modificar la rutina, la alimentación, el sueño y las redes de apoyo. Según explicó, ese deterioro repercute en la percepción de bienestar y puede traducirse en menor energía para sostener actividades diarias.

La afectación no queda limitada al plano íntimo, según la advertencia de Arango, una persona desmotivada, con poco descanso o con mala alimentación suele ver disminuida su capacidad de respuesta frente a las exigencias cotidianas.

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En ese punto, la especialista señaló que “esto puede traducirse en dificultades para concentrarse, menor rendimiento académico o laboral, aislamiento social y una reducción del interés por compartir con otras personas”.

Gómez Triana describió una señal de alerta similar al referirse a los casos en que el sufrimiento no cede. Por lo tanto, indicó que conviene buscar ayuda profesional cuando el malestar permanece sin cambios, incapacita la vida cotidiana, conduce al aislamiento o al consumo de sustancias, o aparecen síntomas intensos de depresión o desesperanza.

La consecuencia, según su explicación, es que el duelo puede dejar de cumplir su función adaptativa y aumentar el riesgo de convertirse en un problema de salud mental. En esos casos, de acuerdo con la especialista, la psicología clínica puede ofrecer herramientas para elaborar la pérdida de manera saludable y favorecer la recuperación.

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
Si siente que la situación lo supera recuerda buscar ayuda profesional - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

Arango propuso abordar la recuperación desde la teoría de la salutogénesis, formulada por Aaron Antonovsky, que pone el foco en las condiciones y recursos que ayudan a las personas a mantenerse saludables. Bajo ese enfoque, habló de una “mochila” de recursos compuesta por familia, amigos, capacidades personales, hábitos, ejercicio, descanso y comunidad que debe utilizarse en momentos de crisis.

Entiende que no porque una persona se fue de tu vida, eso significa que todos se fueron”, dijo la directora de la Maestría en Salud Pública. También reiteró que nadie tiene que atravesar el proceso en soledad y que es posible acudir a un profesional o a programas disponibles para atender situaciones de salud mental.

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Finalmente, Gómez Triana indicó que, con el paso del tiempo, se espera que la persona recupere sus actividades, reconstruya sus rutinas y vuelva a proyectarse hacia el futuro, un proceso que exige paciencia, recursos propios y la capacidad de aceptar el apoyo de otras personas, incluso de un psicólogo.