
Judith Kovalovsky es bailarina profesional, personal trainer, profesora de pilates y coach nutricional. En pareja desde hace más de una década con Paul Kirzner, hermano de Adrián Suar, la entrenadora radicada en Nordelta creó un método de ejercicio propio orientado a mujeres mayores de 35 años que no se sienten representadas por los referentes fitness tradicionales. A partir de los 40, según contó a Infobae, dejó de identificarse con las rutinas y los referentes que circulaban en redes sociales.
“Probaba diferentes formas de entrenar que estaban de moda. Duraba un tiempo y, como nos pasa a la mayoría, abandonaba porque veía que los resultados no eran lo que yo estaba buscando”, señaló. Esa insatisfacción la llevó a viajar, estudiar distintas técnicas y tomar elementos de cada una hasta dar forma a su propia metodología: un sistema de ejercicios con identidad definida que no replica un formato preexistente.
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Esa experiencia se volcó en Move & Fit by JK, una plataforma con clases virtuales que combina pilates, entrenamiento funcional, danza, elongación y orientación nutricional. Los detalles están en el sitio oficial, www.judikova.com. La propuesta no es solo digital: Kovalovsky también dicta clases presenciales de una hora en su estudio de Nordelta, donde trabaja con grupos reducidos de mujeres. En diálogo con Infobae, explicó cómo diseñó esa doble modalidad y por qué la constancia importa más que la intensidad extrema.

Antes de dedicarse de lleno al wellness, Kovalovsky construyó un recorrido sobre los escenarios y la televisión. Entre otros hitos, formó parte de Bailando por un sueño como bailarina, compartió presentación con Al Pacino en el Teatro Colón y bailó junto a Luis Fonsi en ShowMatch. También compartió escenario con Lali, experiencia que sumó herramientas de danza y movimiento a la metodología que hoy lleva a sus clases.
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Kovalovsky contó que, tras años de dar clases grupales, atravesó una etapa de trabajo personalizado con mujeres mayores de 35 años antes de regresar al formato grupal que mantiene en la actualidad.
En ese proceso notó un patrón: la mayoría llegaba con un pedido ligado a la apariencia (bajar de peso, recuperar su cuerpo anterior), pero detrás de esa demanda había cuestiones que requerían atención previa. “Primero necesitaba escucharlas, entender qué proceso estaban viviendo, sus cambios, porque es una época de cambios hormonales muy grandes, cambios personales”, detalló.

Muchas de esas mujeres son madres, tienen jornadas laborales extensas y no duermen lo suficiente. Esas variables, explicó la entrenadora, condicionan cualquier plan de ejercicio y obligan a redefinir las expectativas. Por eso, el primer paso de su método consiste en correr el foco del resultado estético hacia la salud a largo plazo. “Lo que más logro es que mujeres que no quieren transformarse en fitness girls, que no aman entrenar, logren una constancia, incluso de años, de venir a clase con ganas y con disfrute, consiguiendo resultados reales”, afirmó.
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De ese vínculo sostenido en el tiempo, agregó, nace una dinámica de comunidad que excede la clase. Las alumnas incorporan el movimiento como parte de su rutina diaria, mejoran su alimentación y comparten ese proceso con el grupo. “Nos convertimos en una comunidad, no solo en una clase de entrenamientos y una receta de sentadillas y estocadas”, sintetizó.

En las sesiones presenciales, cada clase dura una hora e incluye movilidad articular al inicio (ejercicios suaves que preparan las articulaciones) y un bloque de elongación al cierre. Las virtuales, en cambio, tienen un formato más breve: entre 30 y 40 minutos con menos pausas y mayor intensidad, porque el tiempo de concentración frente a la pantalla es diferente, según explicó Kovalovsky.
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Para los días con agenda todavía más ajustada, la plataforma ofrece series de 10 minutos. La propia entrenadora dijo que recurre a ellas: “A mí me pasa que digo: ‘Bueno, hoy simplemente caminé o no pude hacer casi nada, pero me voy a hacer una serie de abdominales’. Ese día, ese ratito, por lo menos incorporé una rutina”.

El tipo de esfuerzo físico también responde a un criterio concreto. Kovalovsky describió que en sus clases “puede pasar que sientas que te quema el glúteo o que el abdomen se siente incendiado”, pero que al día siguiente las alumnas se levantan bien. “En el momento pensé que no podía más, pero al día siguiente me levanté bien, sentí que había trabajado, pero no me pasó que no podía subir una escalera”, le transmiten, según su relato. Esa sensación (trabajar con intensidad sin quedar contracturada) es, para ella, la clave de la constancia.
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En su testimonio, Kovalovsky también se refirió a cómo el concepto de wellness (bienestar integral que abarca cuerpo y mente) se instala cada vez más en la vida cotidiana. Para la entrenadora, la alimentación debe ser flexible: priorizar comidas nutritivas sin eliminar por completo ni demonizar ningún grupo de alimentos. “No significa no comerlo nunca más ni hacer dietas extremas”, aclaró.

Consultada sobre los hábitos de su cuñado Adrián Suar, Kovalovsky reconoció que el productor cuida su alimentación, entrena con regularidad y presta atención a su bienestar. Para la entrenadora, ese ejemplo refuerza una de las ideas centrales de su método: la importancia del entorno. “Es muy importante sentirse bien con el entorno, estar bien acompañado, y en ese aspecto lo veo en la actualidad muy bien acompañado. Creo que eso es clave para mantenernos activos y en movimiento”, indicó.
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En la misma línea, sostuvo que el movimiento tiene que ser “realista”, sobre todo en mujeres mayores de 40. Caminatas y entrenamientos de fuerza que no dejen al cuerpo agotado para las tareas del día siguiente (llevar a los hijos al colegio, trabajar, ordenar la casa) son, en su visión, el punto de equilibrio adecuado. También advirtió sobre el exceso de suplementos promovidos por el marketing y recomendó, en cambio, hacerse un chequeo médico de rutina para decidir qué ajustes son necesarios.

Otro punto que Kovalovsky trajo a la conversación fue la falta de representación de las mujeres mayores de 40 en la industria de la ropa deportiva. La entrenadora, que trabajó con grandes marcas del rubro, contó que a partir de los 40 dejó de sentirse identificada con las campañas publicitarias. “No siento que pongan un referente de nuestra edad, una mujer que nos identifique. Siempre hay algo aspiracional en la mujer más joven, en cómo le queda la ropa a esta chica de 30”, cuestionó.
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Sin embargo, para Kovalovsky, la realidad es otra: “La mujer de 40, 40 y pico, 50 y pico, está en un lugar de sentirse muy bien físicamente y anímicamente como mujer”. Esa convicción, señaló, es la que traslada a sus alumnas (a quienes describe como amigas y contemporáneas) en un espacio que muchas veces se vuelve terapéutico. “Si yo puedo, vos podés”, es la frase que repite a sus alumnas.