Si lo quieres sin IA, tendrás que pagar más, por Miquel Molina

calendar_today 01.08.2026 - person  - timer ~4 Minutos

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Cada vez parece más evidente que hemos malgastado tiempo y energías formulando la pregunta equivocada. Más que cuestionarse sobre cuándo superará la Inteligencia Artificial el conocimiento humano, parece que lo que corresponde es situar el interrogante en la parte humana del enunciado. Reformulado, sería algo así: “¿Cuándo la humanidad se rendirá a la eficacia, comodidad y fascinación que genera la IA y rebajará sus niveles de exigencia y de ambición intelectual hasta situarlos en un plano de manifiesta inferioridad respecto al razonamiento artificial?”

Porque es probable que ya hayamos llegado a ese punto. ¿Para qué esforzarse en escribir mejor, en entender la compleja realidad, en memorizar, en razonar, en formarse o en tomar decisiones si hay una app que ya lo hace por nosotros con inmediatez y una fachada de clarividencia insuperable? No es una hipótesis. Está pasando y de forma bastante generalizada.

Los productos culturales 'human made' tendrán la consideración de premium

En el terreno cultural, el fantasma del uso indiscriminado de la IA se asoma en los libros, el arte, la música o las películas. Solo se libran el teatro y la danza, artes esenciales. La alarma ha cundido sobre todo en el ámbito editorial. Los editores admiten que sus organizaciones no están preparadas para detectar y contener un eventual tsunami de manuscritos elaborados con inteligencia artificial. 

Algunos van más lejos y formulan una pregunta incómoda: ¿Y si al lector le diera igual que el libro esté escrito con más o menos participación de la IA? ¿Qué sentido tendría entonces esforzarse tanto en contenerla?

En ese “le da igual” está el quid de la cuestión. Porque, en algún momento, el propio mercado clarificará a cuántos consumidores les resulta irrelevante el origen algorítmico del libro o el disco que tienen entre manos. Y, a su vez, cuántos valoran el origen humano de la propuesta.

El proceso creativo tendrá que ser transparente para certificar la autoría humana 

El proceso creativo tendrá que ser transparente para certificar la autoría humana E+

No es aventurado pensar que este segundo grupo tendrá que pagar más por la cultura. La IA abarata precios, simplifica procesos y permite una distribución eficaz y masiva. En cambio, la imperfecta –y por ello auténtica– aportación de las personas comportará siempre un sobrecoste respecto a la competencia algorítmica, lo que a la fuerza tiene que repercutir en el precio final. La intervención humana convertirá el producto en premium, en un lujo que requerirá un mayor desembolso.

Barcelona podría dar un paso al frente y constituirse en laboratorio de IA y cultura

Dando por hecho que habrá un público dispuesto a pagar más por esta autenticidad, jóvenes investigadores de la Universidad de Cambridge acaban de publicar un estudio (más bien una toma de posición) en el que sugieren una metodología para sacar el máximo provecho de lo que ellos consideran una oportunidad. 

Erin McGurk y David Khachaturov sostienen que no habría que limitarse a detectar y publicitar que un producto está elaborado sin una aportación determinante de la IA, sino que habría que crear una infraestructura que establezca unas reglas justas del juego y que ayude a obtener el mayor provecho económico posible de la autoría humana, al estilo, si se nos permite la comparación, del papel que juegan las denominaciones de origen en el sector agrario. Con dos precisiones: hay que certificar todo el proceso creativo (no solo el resultado) y crear mecanismos que verifiquen esa autenticidad humana.

La duda

Inteligencia humana expandida

Cualquier modelo de lenguaje de la IA generativa estaría en desacuerdo si se le preguntara por la idoneidad del término human made, ya que también ellos han sido diseñados y desarrollados por seres humanos. Tienen aliados. El prestigioso filósofo de la Universidad de Sussex Andy Clark, que ha disertado en el CCCB, sostiene que deberíamos recordarnos a nosotros mismos que “está en nuestra naturaleza básica construir sistemas de pensamiento híbrido que incorporen de manera fluida recursos no biológicos”.

Todo está por hacer... o por dejar que suceda. Pero este proceso cambiante no solo implica a individuos y corporaciones. También las ciudades pueden jugar un papel constituyéndose en un laboratorio donde experimentar con esas infraestructuras de resistencia cultural humana. 

Barcelona, por qué no, podría dar un paso al frente poniendo en común el trabajo de adaptación a la nueva realidad de la IA que ya desarrollan los diferentes sectores culturales. Creadores, empresas, festivales, instituciones culturales, científicas, tecnológicas y sociales podrían sumar esfuerzos para elaborar un modelo verificable de interacción entre el ser humano y la IA que sea exportable a otras realidades.

Un modelo transparente y justo que vaya mucha mas allá de imprimir un sello con la expresión human made .

Miquel Molina Muntané

Director adjunto de La Vanguardia. Escribe cada semana un artículo de opinión sobre cultura y ciudades. Novelista. Último libro: 'Siete días en la Riviera'