Seis hábitos respaldados por la ciencia para prevenir la insuficiencia cardíaca

calendar_today 09.09.2026 - person  - timer ~6 Minutos

Una mujer corta verduras sobre una tabla junto a espinacas, brócoli, huevos, salmón y un gráfico de un corazón sobre su pecho.

La insuficiencia cardíaca suele desarrollarse durante años, a partir de factores de riesgo que son modificables (Imagen Ilustrativa Infobae)

La insuficiencia cardíaca ocurre cuando el corazón no bombea la sangre suficiente que el cuerpo necesita y requiere atención médica, de acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH).

El término no significa que el corazón haya dejado de funcionar. Los NIH indican que cambios saludables en los hábitos, medicamentos y algunos dispositivos e intervenciones pueden ayudar a muchas personas a mejorar su calidad de vida.

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Ese enfoque preventivo fue reforzado por una declaración científica publicada en el European Heart Journal, que señaló que la mejor oportunidad para frenar esta condición está en actuar antes de que aparezcan síntomas como falta de aire, fatiga persistente o hinchazón de piernas.

En ese escenario, el cardiólogo Francesco Lo Monaco, de la Clínica Nacional del Corazón en Harley Street, de Londres, resumió en el diario británico The Telegraph seis hábitos cotidianos que ayudan a reducir el riesgo a largo plazo.

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Una médica mide la presión arterial de un paciente masculino sentado en una camilla de examen dentro de una clínica con paredes verdes y una ventana.
La hipertensión aumenta el riesgo de insuficiencia cardíaca porque obliga al corazón a trabajar con más resistencia y puede afectar su capacidad de bombeo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La hipertensión figura entre los factores más estrechamente vinculados con la insuficiencia cardíaca. Cuando la presión arterial se mantiene elevada, el corazón debe trabajar contra una resistencia mayor. Con el tiempo, ese esfuerzo puede engrosar y endurecer el músculo cardíaco hasta afectar su capacidad de bombeo.

La declaración del European Heart Journal ubicó al control de la presión arterial entre los blancos centrales de prevención, junto con la enfermedad renal crónica, la diabetes, la obesidad y la inactividad física. En la práctica, eso incluye chequeos periódicos, reducción del consumo de sal, control del peso, actividad física regular, descanso adecuado y menor ingesta de alcohol.

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ejercicio
La actividad física regular reduce el riesgo de insuficiencia cardíaca y ayuda a mejorar la presión arterial, la glucosa, el perfil lipídico y el peso corporal. (Freepik)

Moverse más cada día es una de las medidas con más respaldo para proteger al corazón. La actividad física ayuda a mejorar la elasticidad de los vasos sanguíneos, bajar la presión, controlar la glucosa, mejorar el perfil lipídico y limitar el aumento de peso.

Un estudio publicado en Circulation, basado en 94.739 participantes del Biobanco del Reino Unido, encontró que quienes acumulaban 150 a 300 minutos semanales de actividad moderada mostraban un riesgo mucho menor de desarrollar insuficiencia cardíaca. También se observó una asociación favorable en quienes hacían 75 a 150 minutos de ejercicio vigoroso por semana.

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Ese mensaje coincide con una nota previa de Infobae, que repasó recomendaciones de la American Heart Association (AHA) y destacó que unos 30 minutos diarios, cinco veces por semana, ya encajan en el umbral aconsejado para la salud cardiovascular. El artículo también señaló que incluso esfuerzos breves, como subir escaleras o sumar minutos intensos durante el día, pueden aportar beneficios.

En esta escena nocturna, una mujer duerme serenamente en su cama, con un reloj despertador enfocado en primer plano, preparado para iniciar el día. La imagen enfatiza el valor del descanso reparador y la función del sueño en la promoción de una buena salud mental, ilustrando la conexión entre dormir bien y sentirse bien. (Imagen ilustrativa Infobae)
Dormir entre siete y nueve horas y sostener horarios regulares favorece la salud cardiovascular y ayuda a prevenir la insuficiencia cardíaca. (Imagen ilustrativa Infobae)

El sueño dejó de considerarse un aspecto secundario de la salud cardiovascular. La calidad del descanso, su continuidad y la regularidad de los horarios tienen efectos sobre la presión arterial, el metabolismo, el peso corporal y el equilibrio hormonal.

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Ese punto también fue desarrollado en una declaración científica de la AHA publicada en Circulation. Allí se recordó que los adultos suelen necesitar entre siete y nueve horas por noche y que dormir mal o de manera fragmentada se asocia con peor salud cardiometabólica.

Lo Monaco recomendó sostener horarios regulares para acostarse y levantarse, limitar pantallas antes de dormir y consultar si hay ronquidos intensos o somnolencia diurna. La apnea del sueño, muchas veces subdiagnosticada, también se vincula con hipertensión y alteraciones del ritmo cardíaco.

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Pescado asado, ensalada griega con queso feta y aceitunas, pimientos, calabacín y berenjena asados, hummus, aceitunas, pan, aceite de oliva y ajos.
Una alimentación basada en verduras, frutas, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, pescado y proteínas magras contribuye a controlar factores ligados a la insuficiencia cardíaca. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La alimentación influye sobre casi todos los factores que elevan el riesgo de insuficiencia cardíaca. Un patrón basado en verduras, frutas, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, pescado y proteínas magras ayuda a controlar la presión arterial, el peso y la glucosa.

La revisión del European Heart Journal insistió en la necesidad de un abordaje integral por el peso creciente de los trastornos metabólicos y renales en la aparición de esta enfermedad. En ese marco, reducir ultraprocesados, bebidas azucaradas, fritos, carnes procesadas y alimentos con exceso de sal aparece como una medida transversal.

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Lo Monaco planteó que el beneficio no depende de un alimento puntual sino de la calidad general de la dieta. La lógica es acumulativa: pequeñas mejoras sostenidas tienen más impacto que cambios drásticos de corta duración.

Persona cenando pescado a la parrilla y verduras verdes en la mesa de la cocina. Un vaso de agua y un reloj digital que marca las 7:30 PM son visibles.
Cenar más temprano y evitar comidas antes de dormir puede mejorar la presión arterial nocturna y la frecuencia cardíaca durante el sueño. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre los hábitos menos discutidos aparece el horario de la cena. Evitar la comida en las tres horas previas al sueño puede favorecer tanto el descanso como la regulación cardiovascular nocturna.

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Una investigación de la Universidad Northwestern, publicada en Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology, abordó este punto. El estudio observó que alinear la ingesta con el ciclo sueño-vigilia, mediante un ayuno nocturno de 13 a 16 horas, se asoció con una reducción del 3,5% de la presión arterial nocturna y con una caída del 5% en la frecuencia cardíaca durante el sueño.

La investigación se hizo en adultos con sobrepeso u obesidad y apuntó a una idea simple: el organismo no procesa igual los alimentos de día que de noche. Por eso, cenar más temprano y evitar comidas abundantes, grasas, picantes o alcohol antes de acostarse puede ayudar a que el cuerpo entre en una fase de recuperación más estable.

Reducir el estrés crónico también forma parte de la prevención de la insuficienia cardíaca porque disminuye su impacto sobre la presión arterial, el sueño y los hábitos diarios. (Magnific)
Reducir el estrés crónico también forma parte de la prevención de la insuficienia cardíaca porque disminuye su impacto sobre la presión arterial, el sueño y los hábitos diarios. (Magnific)

El estrés crónico ejerce efectos concretos sobre el organismo. Puede elevar la presión arterial, empeorar el sueño y favorecer conductas que aumentan el riesgo, como el sedentarismo o la mala alimentación.

Un metaanálisis publicado en el International Journal of Cardiology, que reunió 33 estudios con 43.641 participantes, halló que los niveles elevados de hormonas del estrés se asociaron con un 63% más riesgo de enfermedad cardiovascular. El trabajo examinó marcadores como cortisol, adrenalina y noradrenalina.

Lo Monaco sugirió incorporar aunque sea unos minutos diarios de respiración lenta, caminatas, pausas de desconexión o prácticas de atención plena. El objetivo no es eliminar por completo el estrés, sino reducir su impacto sostenido sobre la presión, el sueño y los hábitos diarios.

Una médica con bata blanca y estetoscopio muestra en una tableta digital la ilustración de un corazón humano a una paciente joven sentada.
La prevención de la insuficiencia cardíaca tiene su mejor oportunidad antes de que aparezcan síntomas como falta de aire, fatiga persistente o hinchazón de piernas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La prevención de la insuficiencia cardíaca no descansa en una sola decisión. El mensaje que atraviesa las recomendaciones clínicas y los estudios recientes es que la protección cardiovascular depende de la combinación entre presión arterial controlada, actividad física, buen descanso, alimentación de calidad, horarios regulares y menor carga de estrés.

La declaración científica del European Heart Journal añadió que el desafío actual exige una estrategia personalizada y amplia, que contemple también diabetes, enfermedad renal, factores específicos de las mujeres, vacunación y condiciones sociales y ambientales. En ese marco, las medidas cotidianas siguen siendo la primera línea para reducir un riesgo que muchas veces avanza sin dar señales durante años.