Cultura
El director de la Real Academia Española cumple ocho años al frente de la institución. El próximo mes de diciembre habrá elecciones y estudia repetir para un tercer mandato. "Desde ningún ámbito del Gobierno nadie corrigió ni pidió calma tras el ataque del director del Instituto Cervantes a esta Casa", recuerda

Actualizado Viernes, 9 octubre 2026 - 02:05
Santiago Muñoz Machado (Pozoblanco, Córdoba, 1949) cumple ocho años como director de la Real Academia Española (RAE). En diciembre habrá elecciones en la institución y podría repetir con un tercer mandato. Ha revitalizado la Casa. Ha resistido embates dentro y fuera. Es el primer jurista al frente después de Antonio Maura, hace 100 años. Miembro también de la Real Academia de Jurisprudencia y la de Ciencias Morales. Sagaz, irónico, cauto y poderoso despliega aquí proyectos, méritos, metas y deudas pendientes. Hace unas semanas publicó El poder y el Derecho Administrativo en nuestro tiempo (editorial Iustel).
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¿En qué momento está la RAE tras un año último de algaradas internas y externas?No me consta eso que dice. Esta es una casa que se mantiene en unos términos de paz y tranquilidad notables, en armonía de funcionamiento. No hay tensiones y no hay conflictos. Otra cosa es que algún académico esté en desacuerdo con alguna de las políticas de la institución. Estas cosas suelen coincidir con los periodos de elección para alguna vacante, pues no siempre hay consenso en la elección del nuevo académico o académica. Cada cual tiene sus opiniones o diferencias, pero la mayoría las resuelve dentro del pleno de la Academia. El que externaliza el desacuerdo da la impresión de una tensión y crisis que no existen.La refriega con el director del Instituto Cervantes.Pero ese choque no fue provocado por nosotros. Es que nos miran mucho. Nos observan para imitarnos y algunas veces damos que hablar. Es natural.¿Qué impulsó ese desencuentro?Lo desconozco. El personaje que armó aquello [Luis García Montero] es alguien muy politizado, por eso alguna razón política pudo existir en su actitud. No sé más. Al personaje no lo conozco, no sé quién es más allá del cargo que ocupa. No he hablado con él más de dos minutos en mi vida. Lo que sí pudimos ver es que fue un disparate.¿Y hay algo más detrás?No lo sé. Lo que sí quedó a la vista, insisto, es el disparate. Y en presencia del Rey. Y en un acto importante para España. Si hubo alguien más detrás de ese asunto, lo desconozco. Lo cierto es que desde el ámbito del Gobierno nadie pidió calma ni salió a corregir aquello. Me pareció un gesto torpe, pues esta es una institución sólida en lo democrático. No se dirige la sucesión del director desde fuera. Son los 46 académicos quienes deciden.Pero alguna influencia sí puede haber, como en cualquier parte.Puede, en la medida en que todos somos humanos alguien nos puede convencer de algo, pero a todos a la vez no. La injerencia gubernamental no tiene ninguna posibilidad.Cuando llega a la dirección de la RAE, en 2018, la economía de esta Casa está quebrada.Teníamos mucha dificultad para pagar entonces las nóminas de los trabajadores. La situación era dramática. No había dinero. Sólo contábamos con una ayuda pública muy pequeña. Las fuentes tradicionales de ingreso, como el Diccionario, se habían agotado. Mi afán fue revitalizar la aportación pública. Para eso hice saber a Pedro Sánchez, cuando llegó al Gobierno, que la RAE es una cuestión de Estado. No tenemos nada mejor en materia cultural que la lengua y esta es la institución que cuida y vela por la unidad de las dos orillas del Atlántico donde el español es nuestro nexo.¿Sirvió?Mucho. El Gobierno se compadeció de nosotros y aumentó la subvención hasta donde le pedí: cinco millones de euros. A partir de entonces pudimos remontar. La Fundación pro RAE estaba también mortecina y desde que la gestión es más eficaz ha incrementado el número de patronos y sus aportaciones. Hemos conseguido un fondo de reserva que podemos dividir en dos partes: los gastos ordinarios de funcionamiento de la Academia, que se atienden con los Presupuestos Generales del Estado, y los proyectos, que los atendemos con ayuda de la Fundación pro RAE.¿Y desde el rescate?Hemos estado ocho años en una posición económica razonable.Casi se hunden con Mariano Rajoy y recuperan el aire con Pedro Sánchez.Es que Rajoy nunca se ocupó de la RAE, a pesar de que el director de entonces se preocupó de llamar su atención.¿Que no haya Presupuestos Generales del Estado le afecta?El Gobierno tiene que aprobar cada año un decreto en el que ratifica y vuelve a establecer las subvenciones a una institución como la nuestra. Es un decreto que alcanza todas las ayudas a las instituciones sociales o culturales. Así que no nos afecta demasiado para el funcionamiento, aunque cobramos tarde.¿Cuál fue la primera misión que se propuso como director?Cumplir bien con mi compromiso. Y recuerdo la reunión en Sevilla, año 2019, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, que agrupa 23 corporaciones de la lengua española entre España, América, Filipinas y Guinea Ecuatorial. Ahí establecimos un enunciado de problemas posibles y ya aparecía el asunto de la IA. Nos dimos cuenta de que la RAE debe movilizarse frente a una revolución que es inexorable y que no se podrá detener. En la historia de la humanidad nadie ha detenido la tecnología. Así que había que adaptarse.¿Cómo?Trabajando para que la IA no destroce el idioma.¿De qué manera?De forma que las máquinas hablantes no crearan sus propios dialectos digitales capaces de establecer una intercomunicación entre ellas que dejen fuera a los humanos. Y, a la vez, servirnos de la IA para mejorar nuestros servicios. Las dos cosas las hemos conseguido con el programa Leia, que tiene como objetivo la defensa, proyección y buen uso de la lengua española en el universo digital. Hemos hablado con las multinacionales que desarrollan la IA para poner a su disposición nuestras herramientas y que entrenen a las máquinas en el buen uso del español. ¿Lo consiguieron?Ahí está el resultado hasta ahora. La IA utiliza el español correctamente. Las traducciones son buenas. Los auxiliares de voz son buenos. Este es el camino que debemos andar.En los últimos años aumentó el número de académicas, pero la descompensación aún es grande.Hay que aumentar el número de académicas, pero tenemos dificultades para hacerlo. Dificultades que se derivan de situaciones muy concretas: hay que esperar que unos mueran para que entren otros. Pero la discriminación positiva puede generar una discriminación negativa flagrante. Hay que llevar cuidado. Esta Casa tiene singularidades que deberían tenerse en cuenta antes de lanzar reclamaciones envueltas en tópicos como su presunto machismo.Pero hay descompensación.La historia del machismo de la Academia viene desde finales del XIX. En qué institución había mujeres entonces.Que la RAE reciba atención es bueno, también para corregir.Sin duda. Nos sentimos cómodos con este tipo de observaciones y nos ayudan a mejorar. Cuando digo que somos una cuestión de Estado implica que tenemos también responsabilidad en este asunto, así que adelante."No es verdad que baste con que cuatro 'youtubers' insistan en una palabra para que la registremos en el diccionario"
¿Cree que la Academia tiene en la calle autoridad?Sí. Y más en el área hispanohablante. Nuestro idioma es un colectivo confederado. No puede imaginar lo que significa viajar por América como director de la RAE. La comunicación con ellos es ahora más ágil y constante que nunca en esta Casa.¿En días de polarización y cierta histeria el lenguaje también se degrada?Es cierto que hay un uso de lo peor del idioma, pero no creo que eso pueda producir una variación respecto a los contenidos estandarizados.¿Eso que algunos llaman «guerra cultural» alcanza a la lengua?En la medida en que hay políticos que desempeñan funciones en instituciones culturales se hace notar más el empleo político de algunos conceptos. La lengua es la herramienta principal de la política, pero supervisarla en ese sentido no es nuestra función. Nuestras competencias son las que son. No tenemos competencias educativas. No nos corresponde determinar por qué los resultados del Informe PISA, por ejemplo, son tan negativos. Hacemos informes con nuestras reflexiones. Pero hasta ahí. La RAE ni multa ni sanciona. Establece las normas y quien las incumple será un analfabeto. Pero no perseguimos a nadie ni somos la policía de la lengua.Pero marcan las normas de uso del español.Publicamos las normas y éstas son vinculantes para el buen uso del idioma. Eso es todo.El debate sobre lenguaje inclusivo provocó tensión en la RAE. ¿En algún momento sintió injerencia del Gobierno o tuvieron la sensación de desatender una realidad?Presión directa, no.¿Indirecta?Nos pedían que dijésemos que la Constitución está mal escrita porque es masculinista y había que reescribirla teniendo en cuenta el lenguaje inclusivo. Nosotros contestamos que está perfectamente bien redactada y, en ese sentido, no hay nada que tocar ahí. Fue una presión fuerte sobre esta Casa, pero no hizo mella. Lo peor que puede hacer un político es ponernos condiciones. La independencia de la RAE es fuerte.El idioma va mutando ante la realidad digital, ¿cómo es posible registrar con rigor y no a la moda? La RAE es poco seguidora de modas. Nosotros creamos corpus, grandes depósitos de palabras que se consultan también cuando se decide la inclusión de una nueva en el Diccionario o por las variantes gramaticales de un uso determinado en Latinoamérica. Manejamos una información muy completa y actualizada del idioma. A pesar de lo que se dice en algunos periódicos o lo que difunden algunos personajes, no es verdad que baste con que cuatro youtubers insistan en una palabra para que la registremos en el diccionario. Los observamos, pero no son fuente para nosotros.A final de mes presentan una nueva edición impresa del Diccionario. ¿Se apreciará la evolución digital en el uso de la lengua?Sin duda. El lenguaje varía muy lentamente, pero en algunos momentos de la historia se producen revoluciones en las palabras. Un momento interesante en ese sentido fue el abandono del Antiguo Régimen con la llegada de la Revolución Francesa. El principio del constitucionalismo. Aparecieron muchas palabras nuevas que hubo que añadir a los diccionarios: soberanía, libertad, fraternidad... Y hasta finales del siglo XX no se ha dado un momento así. Han aparecido palabras que hemos tenido que incorporar porque están en uso.¿Todas en español?Algunas inevitablemente en inglés, sin que se nos caigan los anillos. Palabras con dificultad para trasladarlas al español. No pasa nada. El nuestro es un idioma mestizo. Al año sólo incluimos ocho o 10 palabras en inglés. Casi nada en un diccionario que cuenta con 95.000 entradas y 189.000 acepciones.En diciembre hay elecciones en la RAE para escoger director, ¿se presentará?Llevo ocho años como director y antes otros tres como secretario. He prestado servicios que en general se valoran positivamente, así que estoy satisfecho. No sé si ahora habrá candidatos a la dirección, nadie me lo ha comunicado, pero es probable. Será el pleno el que decida. Y si resuelve que debo seguir, seguiré. Aunque si hay otros candidatos, pediré que no me presenten.Aparece el nombre de Juan Luis Cebrián.Habrá que preguntarle a él.¿Cuántas plazas vacantes hay en el pleno?Ahora tres. Hay que seguir trabajando en reforzar la presencia de las mujeres e incorporar gente con capacidad de gestión. En este momento no hay quien pueda gestionar esto. La Academia, antes de que yo llegara, funcionaba publicando un diccionario cada 12 años y una gramática cada 50. Ahora hay decenas de proyectos y un universo americano que atender. Esta Casa es hoy una institución cultural enorme."Aquí no perseguimos a nadie ni somos la policía de la lengua"