
Cada 30 de agosto, Santa Rosa de Lima vuelve a ocupar un lugar central en las celebraciones religiosas del Perú. Su nombre identifica iglesias, colegios, calles e incluso un distrito limeño, pero la mujer que siglos después sería canonizada como la primera santa de América llegó al mundo con otro nombre: Isabel Flores de Oliva.
Nació en Lima en 1586, cuando la ciudad era la capital del Virreinato del Perú. Su casa familiar estaba situada en las inmediaciones del antiguo hospital del Espíritu Santo, en una zona que actualmente forma parte del Centro Histórico. Allí se encuentra hoy el Santuario de Santa Rosa de Lima, en la primera cuadra de la avenida Tacna, que conserva espacios asociados a su vivienda y vida cotidiana.
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Incluso su fecha exacta de nacimiento ha sido objeto de versiones distintas. Algunas biografías tradicionales mencionan el 30 de abril de 1586, pero fuentes históricas y registros vinculados con el proceso para su canonización sitúan el nacimiento el 20 de abril. Esta última fecha es también la consignada por El Peruano y por los Archivos Estatales de España.

Isabel fue bautizada el 25 de mayo de 1586 en la parroquia de San Sebastián, en Lima. El nombre Rosa apareció posteriormente y terminó desplazando al que había recibido originalmente.
Una tradición recogida por distintas biografías señala que su madre comenzó a llamarla Rosa cuando todavía era pequeña debido a la apariencia de su rostro. Otra versión atribuye el episodio a una criada que habría observado el rostro de la niña con apariencia de una rosa. Más allá de las variaciones del relato, el sobrenombre comenzó a ser utilizado dentro de su entorno familiar.
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Años después, el nombre adquirió una dimensión religiosa. Cuando recibió el sacramento de la confirmación de manos del entonces arzobispo Toribio de Mogrovejo, en Quives, fue confirmada con el nombre de Rosa. Desde entonces quedaría vinculada definitivamente con esa identidad.

La relación de la santa con Santa Rosa de Quives, en la provincia limeña de Canta, puede generar confusión sobre su lugar de nacimiento. Sin embargo, Isabel Flores de Oliva nació en Lima y se trasladó posteriormente con su familia a Quives, donde pasó parte de su niñez y adolescencia.
Según el inventario turístico oficial del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, vivió alrededor de diez años en esa localidad. Allí todavía se conserva la ermita asociada a su vida religiosa y la capilla donde recibió la confirmación en 1597.
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Después regresó a Lima y desarrolló gran parte de la vida religiosa por la que sería conocida. Aunque suele ser representada con hábito dominico, no fue una monja de clausura: perteneció a la Tercera Orden de Santo Domingo y permaneció en la casa de su familia, donde realizaba trabajos manuales y atendía a personas enfermas y necesitadas.

Isabel Flores de Oliva murió en Lima el 24 de agosto de 1617, a los 31 años. Fue canonizada por el papa Clemente X en 1671, convirtiéndose en la primera persona nacida en América reconocida como santa por la Iglesia católica.
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Aunque actualmente la Iglesia celebra universalmente su festividad el 23 de agosto, en el Perú se mantiene el 30 de agosto, fecha que además es feriado nacional y moviliza cada año a miles de fieles hacia su santuario en el Centro de Lima.
