El centro del campo del Barça siempre ha tenido la virtud de tratar con cariño la pelota. No hay que remontarse a Busquets, Xavi, Iniesta, Guardiola o Laudrup ni quedarse en Pedri o Bernal. Siempre ha marcado una diferencia ante los equipos puramente físicos, de contragolpe o furia desmedida.
El fichaje de Rodri ha supuesto esta temporada una excelente oportunidad de mercado para disfrutar de un tipo representativo de ese ADN. Flick lo situó por primera vez de titular ante el Valencia y dio la sensación de ser un antiestrés, para el equipo, sus compañeros y los aficionados. Cuando la pelota sale de sus botas el fútbol se simplifica y se tranquiliza. No es lentitud, es mucho más rápido que con jugadores eléctricos, pero hay una sensación mezcla de elegancia y swing, sobre todo de autoridad. Da la sensación de que la pelota se desplaza de forma suave, aunque el pase sea directo y tenso. El espectador puede tener la sensación de que se encuentra en un baño turco, donde todo fluye más relajadamente. El estrés del gesto, la electricidad, la tensión desaparecen para dejar espacio a una transición inteligente, sin alarmas, ni ruidos. Flick dijo que quería más control al acabar una nueva exhibición ofensiva ante el Valencia. Lo tendrá. Tiene a Rodri. Y a Pedri. Y a Bernal. Y a Gavi. Y a De Jong. Y a un Fermín en una forma sensacional y a un Olmo capaz de salir solo unos minutos y dar dos asistencias.
Si quiere más control lo tendrá. Es bueno que lo busque, siempre que se olvide de la autorregulación que llevó al Barça a un mal camino en algún tiempo. El control, por ejemplo, de la selección que tenía con Luis Enrique o con De la Fuente. Del propio Barça en las épocas anteriormente citadas. El control, con el partido resuelto. Porque este equipo tiene un poder ofensivo que no se puede reducir. Los futbolistas se encuentran en un momento con un alto grado de competitividad y se lo pasan bien en el juego ofensivo. Eso es muy bueno.
Es solo el inicio de temporada y queda muchísimo, pero esta plantilla está respondiendo como nadie. Ya ha distanciado a tres puntos al Madrid de Mourinho y a cinco al Atlético de Simeone. Y al mando tiene a un tipo antiestrés.