Para encontrarse con Roberto Saviano hay que dejar el nombre y someterse a la mirada escrutadora de varios policías que no le quitan ojo. El escritor que hace veinte años reveló los mecanismos de la Camorra con Gomorra sigue viviendo bajo protección policial y no oculta que ha perdido el sentido de todo aquello. “No ha merecido la pena vivir así, en una jaula”. Puede salir a pasear, pero siempre acompañado de cerca, y sueña con volver a subirse a una moto, algo que tiene prohibido desde 2006 por las amenazas de la Camorra. Sentado ante el escritorio del director del Instituto Cervantes de Roma, Ignacio Peyró, con la bandera española y un retrato de Felipe VI, habla de Mi amor no muere (Alfaguara / Ara Llibres), su novela sobre Rossella Casini, una joven florentina que se enamora de Francesco Frisina, un hombre perteneciente a una familia de la ‘Ndrangheta calabresa, y acaba pagando con su vida su intento de liberarlo de la violencia mafiosa.
¿De dónde sale esta historia?
Era una historia de finales de los años setenta que había caído en el olvido. Una chica masacrada por la mafia calabresa y cuyo cuerpo hicieron desaparecer. La secuestran, la violan, le arrancan los brazos, la decapitan y la arrojan al mar. Nunca la encontraron.
Un gran escritor de la mafia que habla de amor. ¿Por qué?
Era una oportunidad para adentrarme en el misterio del amor.
¿Una historia que termina de forma tan trágica puede llamarse historia de amor?
Yo quería conservar todos los colores del amor de Rossella: la pasión, la toxicidad, el arrebato. Ella estaba convencida de que Francesco la amaba y toma una decisión muy particular: permanecer a su lado pase lo que pase.
¿Su rebelión contra la mafia es ética o sentimental?
Rossella no tiene conciencia antimafia. Descubre la mafia en su propia piel. Lo heroico es su convicción de que el amor bastaba para combatir el crimen. Es una mezcla de niña ingenua y Juana de Arco. Va a llamar a la puerta de un capo para pedirle que ponga fin a una guerra entre clanes.
¿Por qué hacen desaparecer su cuerpo?
Para ocultar la vergüenza. Matar a una chiquilla de 1,58 metros no es algo propio de la mafia. Los Frisina se libran así de la sombra del arrepentimiento.
Los culpables nunca fueron condenados.
La sentencia dice, de hecho, quién fue, pero no se consiguió demostrar con pruebas. La ‘Ndrangheta es astuta, sabe cómo evitar que la atrapen.
¿Cómo es escribir una novela?
Liberador. Aunque no consigo inventar, mi método sigue siendo el del “relato real”.
Se cumplen veinte años de Gomorra, el libro sobre el poder y los negocios de la Camorra que cambió su vida. ¿Ha merecido la pena?
No. Una cagada terrible. Al principio no me di cuenta. Estaba convencido, también por ambición, de que las palabras lo iban a hacer saltar todo por los aires.
En parte fue así.
Han pasado muchas cosas. Hoy, por ejemplo, Nápoles es diferente. Pero es una obra colectiva y yo he pagado un precio demasiado alto. Y, en realidad, el movimiento antimafia prácticamente ha dejado de existir.
¿Y la mafia?
Cada vez más. En los años noventa había una mayor conciencia. Hoy hay menos sangre y los inmigrantes se han convertido en el gran enemigo.
¿La opinión pública no ha evolucionado en este sentido?
Ha cambiado la manera de mirar a las mafias, también fuera de Italia. Basta pensar en Nacho Carretero, en España. Pero, en realidad, el movimiento antimafia prácticamente ha dejado de existir.
En Mi amor no muere (Alfaguara), publicado también en catalán como El meu amor no mor (Ara Llibres), Roberto Saviano recupera la historia real de Rossella Casini, una joven florentina que a finales de los años setenta se enamoró de Francesco Frisina, miembro de una familia vinculada a la 'Ndrangheta calabresa.
Cuando descubrió que su novio estaba atrapado en una guerra entre clanes, Rossella intentó alejarlo de la mafia e incluso convencerlo de que colaborara con la justicia. El 22 de febrero de 1981, a los 24 años, desapareció. Según las investigaciones, fue asesinada y su cuerpo nunca fue encontrado. Nadie fue condenado definitivamente por su muerte. Saviano reconstruye esta tragedia a través de una novela que explora el amor, la violencia y la rebeldía de una joven que desafió las reglas de la mafia sin tener conciencia de estar librando una batalla contra ella.
¿Le ha impresionado la crisis de Ceuta?
Muchísimo. La mafia marroquí está creciendo mucho, pero no veo su mano detrás de lo ocurrido. Ahí hay una venganza de Marruecos contra España.
Un segundo después se desató el caos internacional.
La puesta en escena era perfecta para Musk y para esta derecha global. La operación de Meloni de suspender Schengen solo ha servido para el consumo interno.
¿Le gusta Pedro Sánchez?
Es el único líder progresista de esta época, junto con los dos papas, Francisco y León XIV. Me apenan las enormes campañas de difamación que sufre. La extrema derecha española es cada vez más violenta y sabe esquivar hábilmente los temas para los que no tiene ninguna solución.
¿Se refiere a la vivienda?
Por supuesto. No se habla lo suficiente de que durante décadas el dinero obtenido con los cargamentos de cocaína se ha invertido en inmuebles.
¿España sigue siendo un polo de atracción de la mafia italiana?
Los mafiosos italianos consideran España su casa. Y luego están todos los demás: brasileños, chechenos, georgianos. España es un gran centro de operaciones. Hoy existe una mayor conciencia entre los magistrados, pero siguen faltando leyes adecuadas.
¿Qué leyes faltan en España?
La asociación mafiosa como delito específico. Permite condenar a una persona por pertenecer a una organización mafiosa, aunque no se haya demostrado su participación en otros delitos concretos. Desde el punto de vista procesal es complejo, pero en Italia ha sido decisivo.
¿Por qué faltan esos instrumentos en España?
Los españoles no tienen una mafia propia y les cuesta comprender las lógicas mafiosas. Siempre me ha impresionado la historia de Nunzio De Falco, conocido como ‘o Lupo, un capo del clan de los Casalesi que quiso fundar una mafia española. Llegó a Granada y se llevó una decepción: los delincuentes de allí no estaban dispuestos a arriesgar su vida por sus familiares, no entendían la omertà, no concebían el código fundamental, según el cual el jefe sigue siendo el jefe no solo en las operaciones criminales, sino también en la vida personal. Decepcionado, no le quedó más remedio que negociar con los gitanos.
Usted se ha enfrentado a menudo con el Gobierno italiano. ¿Se siente más vulnerable?
Con un Gobierno como este, me siento más en peligro.
El año que viene hay elecciones en Italia. ¿Puede cambiar algo?
Creo que existe la posibilidad de echar a esta derecha.
¿Ve para usted un futuro menos angustioso?
Depende de mí. Tengo que cambiar, pero soy como un drogadicto que dice que esta será la última dosis que se mete. Pero así soy yo.
¿Tiene que salir del personaje?
Después de veinte años en una jaula es difícil.
¿Se puede salir escribiendo sobre el amor?
Quizá también con una novela histórica. Me gusta el siglo XVI, la Nápoles de Masaniello.