En su regreso al puesto de seleccionador de Italia, Roberto Mancini ha apostado por una renovación del plantel que incluye a jóvenes de orígenes familiares diversos o fruto de la inmigración, un intento por ampliar los horizontes de un equipo que se perdió los tres últimos Mundiales.
La Azzurra visita el viernes a Francia, favorita y líder del Grupo A1 de la Liga de Naciones de la UEFA, donde los italianos comenzaron con una derrota 2-0 en casa ante Bélgica, antes de corregir el rumbo al vencer 4-1 en Turquía.

Roberto Mancini es entrenador de la selección de Italia desde mayo del 2018. (Foto: AFP)
/ GLYN KIRK“Estoy convencido de que debemos apoyarnos en los jóvenes”, insistió Mancini en su primera conferencia de prensa en Coverciano, el centro de entrenamiento de la Nazionale cerca de Florencia, donde reunió a 34 jugadores, entre ellos nueve debutantes.
En los dos primeros partidos, los tifosi ya vieron en acción algunos perfiles interesantes para el futuro, como el defensa del Brentford Michael Kayode, que marcó en el debut ante los turcos; el mediocampista del Sporting de Lisboa Issa Doumbia o el también volante del Cagliari Alessandro Romano, titular a los 20 años contra Bélgica.
Ante todo, la misión de Mancini es devolver la ilusión a una hinchada distanciada de su Azzurra después del fracaso de marzo, cuando Italia se quedó sin boleto para la fase final del Mundial por tercera edición consecutiva.
La decepción fue total para un país considerado una de las grandes potencias del fútbol, con cuatro títulos mundiales y dos europeos en su palmarés, pero que ahora apenas ocupa el decimoquinto lugar en el ranking FIFA.
Según Mancini, uno de los grandes obstáculos para la Azzurra es que los clubes de la Serie A se apoyan sobre todo en jugadores extranjeros (71,8% del tiempo de juego esta temporada), algo que en su juicio va en detrimento de las promesas locales, que a menudo deben emigrar para disponer de minutos.

Roberto Mancini es entrenador de la selección de Italia desde mayo del 2018. (Foto: AFP)
/ ALBERTO PIZZOLI“No sirve de nada lamentarse. Hay que encontrar soluciones”, insistió Mancini.
“Hay que ir lejos a ver a los jugadores y ser rápido para seleccionar a los que tienen la doble nacionalidad”, subrayó.
Alessandro Romano, nacido en Suiza de padres italianos y que pasó por todas las divisiones juveniles del equipo helvético, ha sorprendido con el Cagliari en el inicio de curso.
Para disgusto de los dirigentes suizos, su rendimiento le valió una primera convocatoria con la absoluta de Italia con apenas cinco partidos en esta Serie A.
En los últimos diez minutos del duelo ante Bélgica entró en juego Mohamed Ali Zoma, un desconocido para la mayoría de tifosi. Nacido en Italia de madre de origen marfileño y padre burkinés, ese atacante de 23 años juega desde 2025 en el Núremberg de la segunda división alemana.
Ya sea que tengan padres nigerianos como Kayode, o marfileños como Doumbia, deben esperar a cumplir 18 años para tener la nacionalidad italiana, incluso a pesar de haber nacido en Italia.
Según la actual legislación italiana, que no avisora cambios por la política de la primera ministra Giorgia Meloni, “un jugador como (Lamine) Yamal no habría podido jugar para la Nazionale y sí que pudo ser campeón de Europa (en 2024) con España a sus 17 años”, destaca Fabio Licari, periodista de La Gazzetta dello Sport.
Mancini prefiere no hablar de un retraso de Italia en esta cuestión respecto a potencias como España, Alemania o Francia, que llevan mucho más tiempo apostando por la diversidad en sus planteles, una estrategia que les ha aportado mayor impacto físico y técnico, y un abanico de opciones más amplio.
“En mi primer mandato (como seleccionador de Italia, de 2018 a 2023), no teníamos todavía muchos perfiles de ese tipo. La diferencia ahora es que muchos se han revelado al mismo tiempo, así que aprovechemos esa oportunidad”, señaló.
El exentrenador de Inter de Milán y Manchester City tiene ya experiencia en la materia: en el título de Italia en la Eurocopa de 2021 ya integró a “oriundi”, jugadores nacionalizados italianos gracias a padres o abuelos que emigraron en su día a Sudamérica, como los brasileños Jorginho y Rafael Tolói.