
Hay recetas que destacan por su sencillez, pero que, tras su fachada, esconden grandes historias. Este postre es buen ejemplo de ello. El mostillo es un dulce tradicional manchego de una simplicidad absoluta, un bocado exquisito que se elabora a partir del mosto de uva recién exprimido. A este brebaje se le añade harina para espesar y especias como la canela, el anís o la cáscara de limón para aromatizar.
El resultado es una especie de crema dulce de textura gelatinosa que se sirve fría, con un sabor intenso que a muchos les recordará a las meriendas de su infancia. Aunque este postre se puede preparar durante todo el año, era tradicional hacerlo en la época de la vendimia, cuando el mosto sobrante se convertía en recurso en días de escasez y de ‘agudizar el ingenio’.
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A pesar de su simpleza, existen tantas recetas de mostillo como casas en La Mancha; algunas añaden cáscara de limón o de naranja, nueces o piñones para un toque crujiente, sabores como el anís… Aunque lo cierto es que cada vez es más difícil de encontrar en las tiendas tradicionales, este dulce de origen humilde todavía hoy conserva su importancia cultural y gastronómica, digna de poner en valor en estas fechas de vendimia.
El mostillo es una preparación dulce y gelatinosa, similar al dulce de membrillo. Se consigue al reducir el mosto de uva y espesarlo con harina de maíz y harina de trigo.
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Esta receta rinde 6 porciones.
Estimación aproximada por porción:
Cabe señalar que estas son estimaciones, y los valores precisos dependen de los ingredientes específicos.
Guarda el mostillo en la nevera, dentro de un recipiente hermético o cubierto con film.
Puede conservarse durante 3-4 días en buenas condiciones. Su textura se vuelve más firme después de varias horas de reposo.
No lo dejes a temperatura ambiente durante periodos prolongados, especialmente si la cocina está caliente.