Ganó Quiroz.
El Senado aprobó, por el mínimo de votos necesarios, y casi intacto, el plan tributario de Hacienda. No hubo negociación ni concesiones. La aplanadora pasó con efectividad. Quedan puntos menores a discutirse en la Cámara de Diputados. Y ambas partes irán, por distintos artículos, al Tribunal Constitucional.
Pero el resumen es que ganó Quiroz.
¿Y quién gana cuando gana Quiroz?
Algunos de los ganadores son indiscutibles.
Ganan los dueños de grandes fortunas, que ahora tendrán un generoso descuento para heredar, a mitad de precio, a sus sucesores.
Ganan los especuladores bursátiles, que ahora deberán pagar cero pesos de impuesto por el dinero que ganen transando en la bolsa.
Ganan quienes tengan dinero y bienes en el exterior, que ahora podrán declararlo en condiciones preferenciales: ¡apenas 10% o 7%!
Ganan los dueños de las grandes empresas, que ya no pagarán impuestos personales, porque podrán descontar los tributos que page su compañía, gracias a la “integración tributaria”.
Sigamos: ganan los grandes grupos económicos que tendrán garantía de invariabilidad tributaria, por entre 10 y 25 años, para proyectos de más de 100 millones de dólares.
Ganan esos mismos grupos porque el Estado se compromete a indeminizarlos si la justicia anula una autorización ambiental, una norma que el abogado Jorge Correa define como “jurídicamente descabellada”.
Aquí el Fisco no solo pierde, sino que se hace zancadillas a sí mismo. Chile amarra de manos su democracia al prohibir cambiar los impuestos a un pequeño grupo de privilegiados por hasta un cuarto de siglo. Y les regala un seguro que nos obligará a todos los chilenos a pagarle a una empresa cuyo proyecto no cumpla con la ley.
Hasta aquí, ¿gana usted?
¡Claro que sí! Si tiene 100 millones de dólares para invertir en un proyecto, planificación tributaria para heredar, plata no declarada en el extranjero, o es dueño de una empresa de gran tamaño, saque la champaña y celebre.
¿Ah, no tiene nada de eso? No, entonces a usted no le toca.
Si usted tiene un almacén o una panadería, queda sometido a futuros cambios de impuestos como cualquiera. Si se gana su plata trabajando y no vendiendo y comprando en la bolsa, su impuesto personal a la renta sigue siendo el mismo. Si está esperando por una patente municipal o un timbre de Impuestos Internos, nadie le va a devolver un peso. Si se le va su sueldo en gastos básicos, seguirá pagando el mismo 19% de IVA por el pan y la leche (el acuerdo con el PDG por remedios y pañales no está incluido, y sería un proyecto separado).
¿Quién más gana? Los mayores de 65 años dueños de propiedades de alto valor, que ahora quedan exentos del pago de contribuciones, sin ningún límite.
Y, de nuevo, los dueños de grandes empresas, cuyo impuesto corporativo baja de 27% a 23%.
Hasta aquí, esta es una descripción de hechos. Estos ganadores son directos e indiscutibles.
Vamos ahora a las interpretaciones.
El gobierno asegura que estos cambios beneficiarán a todos los chilenos, ya que impulsarán la economía, atraerán inversión y generarán trabajo. La mayoría de los economistas coinciden en que la rebaja del impuesto corporativo podría ayudar en esa tarea, y que sería una medida razonable, siempre que se compensara la pérdida de plata del Fisco con otros recursos, lo que no sucede.
Las otras medidas concitan poco apoyo, porque esos regalos tributarios tienen poco y nada que ver con la reactivación económica, y significan un gigantesco traspaso de recursos desde el Fisco hasta el 0,1% o el 0,01% más rico que recibirá esas regalías.
El Consejo Fiscal Autónomo ya advirtió que la reforma amenaza la estabilidad fiscal, que el déficit seguirá creciendo, y que la deuda pública podría superar la línea roja del 45% del PIB durante este gobierno.
A menos que…
Y aquí aparece la otra hoja de esta tijera. Los recortes fiscales.
Gracias a la reforma, ahora la motosierra se presentará como indispensable. La única manera de corregir un presupuesto desequilibrado por estos regalos tributarios es cortar esos 6 mil millones de dólares que el candidato Kast prometió, y que jamás ha explicado de dónde saldrán.
En cambio, Quiroz ha hablado con hechos.
Ya hizo un primer intento con el oficio que sumaba cortes por 6 mil millones, y que, tras el escándalo público por medidas como la eliminación del programa de alimentación escolar o los cortes a la PGU, se rectificó a medias. Sí se ejecutaron cortes de cerca de 3% en cada ministerio, incluyendo paralización de obras públicas, quita de dinero a hospitales y eliminación de becas.
El presupuesto no se equilibrará echando a “parásitos”, expulsando a “operadores” ni bajando sueldos, como se prometió. Los nuevos parásitos y operadores ya están en sus nuevos puestos, ganando buenos sueldos como en todos los gobiernos. Y las embajadas que iban a quedar libres de premios de consuelo ya están repletas de premiados, gozando con dinero fiscal de las delicias de París, Londres, Madrid, Montevideo, Bruselas, México…
Nada de esto era necesario. Quiroz podría haber negociado una reforma consensuada, cumpliendo la promesa de bajar el impuesto corporativo, compensando con otros ingresos, y evitando este escenario catastrófico.
Pero no. Quiroz ganó, y ahora Chile enfrentará un combo de déficit y recortes sociales.
¿Y para qué? ¿En verdad vale la pena endeudar al país y quitarle miles de millones de pesos a nuestros hospitales para que los hijos de las grandes fortunas paguen menos al heredar? ¿Aumentar la deuda y paralizar obras públicas, para que los socios de grandes empresas y los especuladores bursátiles queden libres de tributos?
Para Quiroz, que ganó, sí. Y para quienes ganan cuando gana Quiroz —aquellos para los cuales Quiroz ha trabajado siempre, haciendo asesorías a la medida, redactando informes a pedido, calculando métricas usadas para establecer carteles, priorizando el lucro privado por sobre el bien público, dando razones para defender colusiones, haciendo de perito de cualquiera que tenga el dinero para pagar esos servicios— para ellos también.
Ellos, sus antiguos —y de seguro futuros— empleadores, son los que ganan cuando gana Quiroz.