El incendio declarado en la Vall d'Uixó (Castellón) cumple este jueves su sexta jornada tras arrasar unas 10.000 hectáreas. El fuego sufrió este miércoles varios rebrotes. Una de las causas de que las llamas se reavivaran fue por la inversión térmica, un fenómeno que ha estado condicionando y dificultando la extinción de las llamas.
Se trata de un proceso natural que afecta a la circulación del aire en las capas bajas de la atmósfera. Aunque por sí sola no representa un riesgo para la salud, la inversión térmica aumenta los efectos de la contaminación atmosférica. Lo que hace es inmovilizar las capas inferiores cercanas al suelo sobre una ciudad, quedando atrapados los contaminantes suspendidos. Es así que la población se expone a respirar un aire más contaminado de lo normal.
Pero en este caso hablamos de un aire contaminado por el humo del incendio. Lo que hizo la inversión térmica fue reanimar el fuego de la Vall d'Uixó y complicar mucho el trabajo de los bomberos por la falta de visibilidad.
El aire se mueve constantemente y las capas que lo forman suelen ordenarse por su temperatura, con las más frías circulando en la parte alta de la atmósfera y las más calientes, abajo. Es decir, en condiciones normales la temperatura desciende con la altitud. Según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el promedio climático son 6°C de descenso por cada kilómetro de ascenso.
Cuando ese ciclo de movimiento se interrumpe, se forma una capa de aire frío que queda inmóvil sobre el suelo e impide la circulación atmosférica. Es la inversión térmica. Se trata de una especie de membrana que impide que el aire por debajo de la inversión se propague a capas altas y quede confinado en la capa de inversión.
Hay cuatro tipos principales de inversión térmica: frontal, por subsidencia, nocturna o de radiación y la inversión marina por el día. En el caso del incendio castellonés se han producido las dos últimas, que son las que pueden reducir la visibilidad y empeorar la calidad del aire. Es lo que ha ocurrido, dificultando la localización de los frentes activos y complicando el trabajo de las brigadas terrestres y las maniobras de los medios aéreos.
La inversión marina diurna se produce por la entrada de una masa de aire más fresca y húmeda con la célula de brisa. Por encima de ese aire fresco y húmedo se sitúa otra masa de aire diferente, más cálido, que puede ser sahariana en días de ola de calor.
La inversión térmica se produce con más frecuencia en las noches despejadas de invierno, cuando el suelo ha perdido calor por radiación y las capas de aire cercanas a él se enfrían más rápido que las capas superiores. Pero hay veces que el descenso es mayor. Fue lo que pasó el pasado sábado, cuando se declaró el incendio de la Vall d'Uixó y la temperatura descendió a un ritmo de 10°C/km.
El caso es que la temperatura del aire, en lugar de disminuir con la altitud, aumentó. La inversión térmica generó una capa de aire más cálido que actuó como una barrera, impidiendo el ascenso y la dispersión del aire situado cerca de la superficie. El resultado fue que el humo, las partículas y los gases procedentes de la combustión quedan atrapados en las capas bajas de la atmósfera.
Como ha explicado la Aemet en X, cuando hay humo, como estos días en Castellón, éste queda confinado por debajo de la inversión, en este caso por debajo de los 1.200 metros. Este nivel queda incluso por encima de la cota más alta de la Sierra de Espadán, con lo que se reduce la visibilidad y empeora la calidad del aire.
Dependiendo de la profundidad de la inversión, el fenómeno puede afectar a toda la zona del incendio, en caso de estar por encima de 1.200 metros o solo a las zonas de valle y media ladera si la inversión es muy somera. En la Vall d'Uixó, la acumulación de humo ha complicado las labores de extinción, pero también puede afectar a la población de los municipios próximos, especialmente a niños, personas mayores y quienes padecen enfermedades respiratorias.