El granizo es un tipo de precipitación sólida compuesto por bolas o fragmentos irregulares de hielo. Para que una pieza sea clasificada como piedra de granizo, generalmente debe alcanzar al menos 5 milímetros de diámetro. Puede tener el tamaño de una arveja, pero en las tormentas más intensas llega a superar varios centímetros y causar daños importantes.
A diferencia de la nieve, el granizo no necesita que haga frío cerca del suelo. Se forma a gran altura, en las zonas heladas de enormes nubes de tormenta. Por ese motivo, una granizada puede ocurrir durante una tarde calurosa de primavera o verano.

El proceso comienza dentro de una nube de tormenta muy desarrollada, conocida como cumulonimbo. Estas nubes pueden alcanzar una gran altura y contienen corrientes ascendentes capaces de transportar gotas de agua hacia regiones de la atmósfera donde la temperatura está muy por debajo de los 0 °C.
La formación del granizo puede resumirse en las siguientes etapas:
Aunque en algunas explicaciones se dice que las piedras suben y bajan muchas veces, no todas siguen exactamente el mismo recorrido. Lo fundamental es que permanezcan durante suficiente tiempo en las regiones frías y húmedas de la tormenta para acumular nuevas capas de hielo.
Al cortar una piedra grande de granizo, pueden observarse capas similares a los anillos de una cebolla. Algunas son transparentes y otras presentan un tono blanco y opaco.
La diferencia depende de la rapidez con la que se congela el agua. Cuando las gotas se congelan de inmediato, quedan pequeñas burbujas de aire atrapadas y se forma una capa blanquecina. Cuando el congelamiento ocurre más lentamente, el aire puede escapar y el hielo resulta más transparente.
Estas capas permiten reconstruir parte del crecimiento de la piedra dentro de la nube. Sin embargo, no indican necesariamente que haya realizado una cantidad determinada de ascensos y descensos.
El tamaño depende, principalmente, de la intensidad de la corriente ascendente. Cuanto más fuerte sea, durante más tiempo podrá sostener la piedra de hielo y permitir que continúe creciendo.
Las tormentas llamadas superceldas tienen corrientes ascendentes particularmente intensas y duraderas. Por eso, pueden producir piedras de granizo de 5 centímetros o más. Cuando el hielo adquiere demasiado peso o sale de la zona de ascenso, comienza a caer hacia la superficie.
También influyen:
Durante su caída, el granizo atraviesa capas de aire más cálidas y empieza a derretirse. Las piedras pequeñas pueden desaparecer antes de tocar el suelo, mientras que las grandes conservan buena parte de su tamaño.
Sí. La temperatura que se registra en la superficie no es la misma que existe a varios kilómetros de altura.
Una tarde cálida puede favorecer el desarrollo de tormentas porque el suelo caliente transmite energía al aire cercano. Ese aire asciende, se enfría y ayuda a formar nubes muy altas, cuyas partes superiores alcanzan temperaturas suficientemente bajas para congelar el agua.
Por lo tanto, no es necesario que la ciudad esté a menos de 0 °C. Lo importante es que dentro de la nube existan aire muy frío, gotas de agua y corrientes ascendentes fuertes.
Aunque todos contienen agua congelada, se forman de maneras distintas:
El granizo suele ser más duro, irregular y pesado que las otras precipitaciones heladas.
Las piedras pequeñas suelen derretirse rápidamente y causan pocos inconvenientes. Las de mayor tamaño, en cambio, pueden dañar cultivos, techos, ventanas, vehículos y tendidos eléctricos. También representan un riesgo para personas y animales que permanecen al aire libre.
Ante una tormenta con granizo, lo más seguro es permanecer dentro de un edificio, alejarse de las ventanas y respetar los avisos de los organismos meteorológicos. En Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional utiliza radares y reportes para seguir tormentas fuertes que pueden estar acompañadas por lluvias intensas, ráfagas y caída de granizo.