
Los bloqueos nerviosos se usan para controlar el dolor después de una cirugía sin recurrir a opioides. Pero muchos pacientes sienten un dolor intenso cuando el efecto se acaba, y nadie sabía bien por qué. Ahora hay una respuesta: ese malestar no es una reacción anormal del sistema nervioso, sino el dolor quirúrgico que vuelve cuando la anestesia deja de actuar. Así lo concluye un estudio publicado en la revista Anesthesiology, la revista científica de la Sociedad Estadounidense de Anestesiología (ASA).
El llamado “dolor de rebote” tiene una explicación más sencilla de lo que se creía. No hay hipersensibilidad, no hay alteración nerviosa. Solo regresa el dolor que el bloqueo había estado conteniendo.
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Esto importa porque hasta la mitad de los pacientes experimenta un empeoramiento severo cuando el bloqueo se disipa, lo que en algunos casos deriva en visitas a urgencias o reingresos.

La pregunta era si ese fenómeno reflejaba el retorno del dolor quirúrgico sin tratar o si era consecuencia de una hipersensibilidad provocada por el propio bloqueo.
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Los bloqueos nerviosos son inyecciones de anestésico local que interrumpen las señales de dolor y se aplican con frecuencia en cirugías de mano, brazo y otras zonas del cuerpo.

Su principal ventaja es que reducen la necesidad de opioides en el posoperatorio, lo que los convierte en una herramienta valiosa ante la crisis de adicción a estos fármacos. Sin embargo, el temor al dolor de rebote llevó a algunos médicos a evitarlos o a emplearlos con cautela.
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El nuevo estudio aporta datos concretos para modificar esa percepción y respaldar su uso con mayor confianza clínica.
Los investigadores trabajaron con 40 voluntarios sanos a quienes aplicaron un bloqueo del plexo braquial axilar —el tipo habitual en cirugías de mano y brazo— en un brazo, mientras el otro quedó sin intervención como control.
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Durante varias horas, a medida que el efecto disminuía, los participantes se sometieron a pruebas de sensibilidad: estímulos de punción, presión y calor. Las respuestas de ambos brazos se compararon para detectar cualquier signo de hipersensibilidad.
No hallaron ninguno. La temperatura necesaria para provocar incluso un dolor leve —un punto en una escala de cero a 10— mostró escasa o nula diferencia entre ambos brazos. El resto de los estímulos arrojó resultados igualmente similares, sin aumento de sensibilidad respecto al nivel inicial.
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Los resultados no mostraron evidencia de sensibilización significativa en ninguna de las pruebas, incluidas las medidas de sensibilización central, es decir, el procesamiento del dolor por parte del sistema nervioso central. Ese detalle resulta relevante, ya que este proceso representa un paso clave en el desarrollo del dolor crónico.
“Nuestros hallazgos no muestran evidencia de sensibilización aumentada”, afirmó la autora principal, Yun-Yun Chen, del Hospital Brigham and Women’s de Boston.
“El dolor de rebote es, con mayor probabilidad, el retorno natural del malestar quirúrgico a medida que el bloqueo se disipa, y no una alteración del nervio por el anestésico local”, añadió.
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La investigación identificó estrategias concretas para atenuar ese retorno: anestesia multimodal que actúe sobre distintas vías, educación del paciente sobre qué esperar en el posoperatorio y una planificación precisa de la medicación analgésica antes de que el bloqueo ceda.
Los investigadores reconocieron que los participantes no fueron sometidos a cirugía real, lo que limita el alcance de los hallazgos, ya que no experimentaron el dolor ni las respuestas de cicatrización propias de una incisión. Aun así, los resultados ofrecen una base sólida para orientar la práctica clínica.
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Benedict Alter, de la Universidad de Pittsburgh, en los Estados Unidos, destacó en un editorial adjunto la diferencia entre nocicepción, que es la transmisión nerviosa del dolor, y la experiencia subjetiva de cada paciente.
“Una mejor comprensión del dolor no controlado tras la resolución del bloqueo nervioso mejorará el manejo posoperatorio y los resultados quirúrgicos”, concluyó.