Publicidad
23 de julio, 2026 - 22h44
La identidad y la memoria, su permanencia y su resistencia. Esos valores bien describen las obras ganadoras de la edición 65 de Salón de Julio. La inauguración de la muestra, y el veredicto del concurso, se realizó al atardecer de este jueves 23 de abril, en el Museo Municipal de Guayaquil.
El primer lugar corresponde a los esposos Pamela Cevallos y Óscar Enríquez, provenientes de Quito, con una colaboración que refleja no solo el oficio artístico que ambos comparten, sino su vena investigadora desde el campo antropológico y la historia.
“Es la primera vez que nos animamos a presentar algo en conjunto. Hemos trabajado toda nuestra carrera siempre apoyándonos, pero realmente es la primera vez que hemos decidido aplicar un trabajo en conjunto. Tiene que ver con nuestra formación. Yo además de ser artista soy antropóloga y Oscar es historiador, entonces la mirada también en la obra tiene que ver con esa experiencia”, explica Pamela.
Publicidad
Su creación se titula La Tala y comprende cuatro piezas trabajadas con pastel graso y lápices de carbón, en tela de algodón y lino. La pareja se inspira justamente en el tótem manteño-huancavilca que se conserva en el Museo.
“Había hecho una investigación sobre el tótem Manteño-Huancavilca que se encuentra aquí y me parecía que podía ser un buen momento para poner esa historia en valor, preguntarnos qué pasaba con este objeto. Nos abre hacia la idea de qué es el patrimonio, qué es el pasado, qué son los museos. Cómo es que algo, que en un momento era un árbol en un bosque, ahora es un objeto de colección y de contemplación. Es abrir preguntas sobre nuestra relación con el pasado y pensar en otras posibles relaciones”.
En segundo lugar está el bordado con lana intervenido artesanalmente de 20 años de antigüedad, que puso en exposición la quiteña Elena Heredia. Se titula La memoria tarda, pero elige.
Publicidad
Publicidad
“Este título habla sobre el trabajo de mi abuelo, de cómo se ha permeado dentro de mi memoria y a través de mi trabajo. Como artista sigue siendo sigue estando presente, sigue estando vivo. Él fue artesano y artista”, explica la creadora. En la pieza se observan los patrones que el abuelo utilizaba para hacer alfombras. “Creo que habla sobre la tensión entre arte y artesanía y el cómo se pone en evidencia estos límites”.
El tercer lugar lo obtuvo la obra titulada El jardín y el cazador, de Mónica López, en carboncillo y grafito sobre tela. La creación permite múltiples interpretaciones, admite su autora. “Hay diferentes tipos de visión: está la visión de la cámara, está el perro y está la persona que está detrás de la cámara. Entonces, creo que la jardín del cazador quiere decir que no se sabe en realidad quién es el sujeto. Puede ser el perro o puede ser la cámara o puede ser la persona que está detrás de ese aparato”, ilustra Mónica.
La reflexión de la obra también dependerá del espectador, pero lo que la artista espera es que se pueda abordar temas sobre la privacidad en los espacios, el orden, el cambio y la belleza que hay entre ellos.
El Salón de Julio 2026 siguió la temática ‘La pintura presente’, desarrollada por la directora artística María José Argenzio, quien propuso reflexionar sobre la pintura como un dispositivo de representación capaz de interpelar la crítica frente a las condiciones sociales, culturales y políticas de nuestro tiempo. El jurado de selección estuvo conformado por Ana María Garzón, Ivana de Santoro y Juliana Vargas, quienes de 205 propuestas recibidas de artistas de todo el Ecuador seleccionaron 26 obras y de ellas se seleccionaron 20 que ahora componen el Salón de Julio de este año. El evento forma parte de las celebraciones de las fiestas de Guayaquil. (E)
Publicidad