Alfredo Saltos Guale: Precio de supervivencia bananera | Columnistas | Opinión

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11 de octubre, 2026 - 07h00

Las organizaciones bananeras de productores y exportadores están presentes en Fruit Attraction del 6 al 8 de octubre en Madrid, y en Guayaquil en el Banana Time, del 18 al 30 de octubre, este último organizado por AEBE. En ambos foros se agotará una agenda marcada por el cambio climático, el fenómeno de El Niño y las plagas que amenazan el futuro de la industria bananera latinoamericana. Es la oportunidad perfecta para discurrir sobre el precio real de la fruta, bajo una premisa unánime: “no es cuánto cuesta hoy producir un banano, sino cuánto se debe pagar por él para seguir cosechándolo mañana”.

Tratar el tema de precios era un tabú. Ahora, son los propios importadores norteamericanos, a quienes emulan los de otra procedencia, coaligados en la reciente asociación BANA, integrada por Del Monte, Dole, Chiquita y Fyffes, que reclaman una reconsideración, tanto que el pasado 29 de septiembre publiqué un llamado explícito a no dar por garantizado vender banano barato, empleado a veces por supermercados para captar clientes con deprimidos precios de la fruta preferida. En esa línea de acción, Tom Stenzel, director de BANA, señaló con frontalidad propia de un liderazgo agrícola, que la sostenibilidad exige inversión y cooperación de toda la cadena, algo imposible por la inmovilidad actual de las cotizaciones. Ecuador debería liderar los debates en Madrid y en el Foro Mundial Bananero de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el mismo evento, donde se analizarán las compras responsables y salarios dignos.

Respecto a Ecuador, nunca como ahora se ha exportado tanto banano y plátano, pero, asimismo, los riesgos jamás han sido tan grandes. El Niño no solo trae lluvias intensas e inundaciones, sino también aumento de temperatura, humedad y con ellas las plagas que encuentran medios favorables a la dispersión del Fusarium R4T, al moko bacteriano y a la sigatoka negra, con las que se convive a un costo de sacrificio, que obliga a invertir hoy para evitar quiebras futuras. Todo esto ocurre en medio de la contradicción de un mercado que exige calidad, bioseguridad y trazabilidad, con un precio a minorista que no refleja los costos para implementarlos, pero la decisión final del precio al consumidor, predispuesto a aceptar un valor de supervivencia, radica en la voluntad omnímoda de las cadenas de supermercados.

La postura ecuatoriana no debe ser simplista y solo invocar “subir el precio”, sino que debe impulsar a que se reconozca el costo real de una oferta sostenible, en plena concordancia con las normas de debida diligencia y responsabilidad compartida, que proclaman con tanto fervor los europeos. En el escenario bananero global se ha configurado con claridad una coincidencia que debería motivar al presidente de la República del

Ecuador, investido de la fortaleza y voluntad política de ser jefe de Estado del primer país exportador de banano del mundo, a convocar una mesa de discusión entre productores, exportadores, importadores y supermercados, para determinar qué precio debe regir para sostener la cadena bananera que garantice el sustento de millones de familias, proteja el empleo y asegure un manantial de divisas para las naciones productoras. (O)