
Acaba de terminar el Mundial, con un regusto colectivo que mezcla reconocimiento a la Selección y amargura por la final. Vuelve la realidad del día a día. Y uno de los focos se corre entonces a la política. Es llamativo, pero a pesar de que el Congreso inicia sus virtuales vacaciones de invierno, la atención del Gobierno se concentra allí: el oficialismo necesita cerrar negociaciones para avanzar con su temario, porque las demoras desdibujan la idea de “recuperar” manejo de la agenda. Juegan a la par las internas, que siguen activas y en algunos casos alimentan frustraciones en el terreno legislativo.
Las internas, por supuesto, están lejos de ser un reflejo exclusivo del oficialismo. Y para cierto alivio del Gobierno, el peronismo/K sigue encerrado en su propio círculo, con el bando de CFK y la estructura que armó Axel Kicillof embarrados en su batalla. Es una disputa kirchnerista, con eje en la provincia de Buenos Aires. El resto, el PJ más tradicional y no bonaerense, se mueve por ahora con lentitud, todavía sin resolver sus movimientos o alimentar alguna alternativa.
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De todos modos, la crisis de arrastre del peronismo no modifica sustancialmente el panorama legislativo. En el Congreso, los bloques a veces crujen y ya fueron anotando bajas de legisladores atados a jefes provinciales que negocian, cada uno por su cuenta, con el Ejecutivo. El problema, para el Gobierno, es la dispersión de interlocutores para cerrar trato y avanzar con sus principales proyectos, en especial la reforma electoral, considerada prioritaria para el plan reeleccionista.
El trabajo de Diego Santilli como principal o más visible operador no es sencillo por varias razones, dos de ellas destacadas. La primera se resume en las necesidades de las provincias, con problemas de fondos por los números de la recaudación nacional y, según el distrito, la caída de impuestos locales. El primer semestre resultó negativo en materia de coparticipación y es un cuadro que no modifican las proyecciones de mejora en julio, después de la fuerte caída de junio.
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El segundo tema es el impreciso panorama electoral. En esa línea, se anotan las conversaciones que, lo sabe el jefe de Gabinete y no ignora Karina Milei, cada vez más entreveran cuestiones electorales de cada provincia y plata. Desde las cercanías de la secretaria General dejan trascender que, en las elecciones de gobernador, LLA no jugaría en contra de los jefes provinciales que vayan cerrando trato con el Gobierno. Los recelos, de todos modos, subsisten. Y afectan al Congreso, incluso en el caso de los contactos con legisladores cercanos pero sin alineamiento con gobernadores.
Ese cuadro está a la vista en Diputados, donde se diluye más la capacidad de ordenar desde las provincias en función de los acuerdos con el Gobierno nacional. El tablero a cargo de Martín Menem es más complejo. Sin embargo, los avances contados no empujan la aprobación de proyectos en el Senado, que agrega el componente de las internas con Patricia Bullrich. Un cuadro que expone a la vez los límites de la intervención directa de Karina Milei, por la vía de algunos senadores que le responden directamente y gestiones de Eduardo “Lule” Menem.
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Precisamente, en la Cámara alta se amontonan iniciativas del Ejecutivo. Y dos -la reforma electoral y el recorte de subsidios al gas en zonas frías- integran el lote principal del oficialismo, junto a la segunda versión de la Inocencia Fiscal y la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. En rigor, esas dos últimas iniciativas están en proceso de elaboración. Existe la intención de apurar los textos -trascendió que primero sería el anuncio sobre el BCRA-, para mostrar iniciativa aunque el Congreso recién sería reactivado en agosto.
Por lo pronto, para la primera semana de agosto está anotada la sesión para tratar el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada, que acumula frustraciones de LLA y fue recortado y modificado varias veces. La última postergación, la semana pasada, potenció precisamente las internas del oficialismo y, a la vez, terminó de generar malestar con aliados frente a las idas y vueltas libertarias.
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Patricia Bullrich, que además viene de un fuerte cruce con Victoria Villarruel, fue apuntada desde las cercanías de Karina Milei que, como se sabe, viene operando sobre el bloque libertario y también con algunos aliados, empezando por el reducido bloque del PRO. En el caso específico del proyecto sobre propiedad privada, se anotaron una andanada de la vicepresidente y críticas al papel de Federico Sturzenegger desde las oficinas de la ex ministro. Este capítulo incluyó también alguna factura a la jefatura de Gabinete.
El oficialismo busca ahora reordenarse, al menos en cuanto a prioridades y división de tareas entre las Cámaras. La lista del Senado incluye, además de los proyectos referidos -en lugar destacado, el objetivo de terminar con las PASO-, iniciativas que ya cuentan con aprobación de Diputados, como la segunda entrega del RIGI y la ley Hojarasca. La Cámara baja tiene con menos carga, aunque se destaca un texto muy polémico como la regulación del lobby. Se supone que sumará temas de peso. Por supuesto, como corresponde, recibirá más adelante el Presupuesto 2027.
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Lo dicho: se irán sumando además el proyecto más expuesto por Javier Milei -la reforma sobre el Banco Central- y uno de los más reclamados por Economía, Inocencia Fiscal II. El Gobierno deberá ir resolviendo cómo negocia con los jefes provinciales, es decir, si uno a uno o por paquetes. Ese es un dato central. Hasta el momento, el tema no está saldado. Y volverá a ser elemento central cuando se vaya diluyendo el clima mundialista.
El Gobierno no pudo explotar el efecto del Mundial ni siquiera en el tramo de mayor atención colectiva, es decir, el que borró por unos días todo otro tema, entre el partido con Inglaterra y la final. Quedó impactado especialmente por el tema Malvinas. Y entre otras cosas, eso habría generado malestar Adrián Ravier, en su primer andar como vocero. Otro punto de atención para una interna siempre recargada.
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