
Cuando los españoles acuden a votar en unas elecciones generales tienen como propósito introducir una papeleta en un sobre y este, en una urna. Para que gane este y no el otro. A veces ya en el propio colegio, estos mismos españoles recuerdan que también se disputa el Senado, con otra papeleta y otro sobre, estos sepia, en otra urna. Pero le quitan hierro: es el Congreso el que elige -o destituye, mediante censura- al presidente del Gobierno y el que tiene la última palabra en el poder legislativo a lo largo de un mandato. Pero, entonces, ¿por qué izquierda y derecha están poniendo tanto interés en esta batalla?
PSOE y Frente Amplio han pactado un artefacto electoral que ha obligado a reaccionar a PP y Vox. Por primera vez, la izquierda concurrirá unida a la Cámara Alta -Senado de Progreso, se llama-, amenazando la mayoría absoluta de la derecha. Equipos de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal trabajan para sumar fuerzas y no hacerse competencia en las distintas circunscripciones, dispuestos a apuntalar el control en las Cortes. De modo que el 29 de noviembre no solo despunta por una probable participación histórica, también por elevar el Senado a un primer nivel de atención.
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La estrategia es una venda antes de la herida. Parte de que Pedro Sánchez, por confiado que esté en dar la vuelta a los sondeos, asume que el escenario más realista, incluso siendo primera fuerza -hablamos del Congreso-, es el de una derrota. El clavo ardiendo es el Senado, por sus posibilidades de contrapeso, pero si solo fuera este su valor, PP y Vox no acometerían una jugada de tal riesgo como fundirse en un proyecto. La respuesta está en que en un tiempo en el que los tribunales tienen tanto que ver en el devenir de los acontecimientos, esta institución tiene en sus manos el Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial.
La frase hecha sobre el Senado, lo que se aprende en los libros, es que es la cámara de representación territorial y de segunda lectura, pero incluso en los casos en los que impone un veto a una norma, manda el Congreso. No hay simetría. Sin embargo, hay un terreno en el que el Senado actúa con independencia total de su par, sin que pueda corregirle, y se trata de la elección de una parte de los integrantes de los principales órganos constitucionales del Estado. En particular, designa en solitario a cuatro de los doce magistrados del Constitucional, a diez de los veinte vocales del Consejo -que gobierna la carrera judicial y decide ascensos y nombramientos en tribunales superiores- y a seis de los doce consejeros del Tribunal de Cuentas. Además, participa junto al Congreso en el nombramiento del Defensor del Pueblo y en la renovación de parte del Consejo de Administración de RTVE.
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Resumido, quien controla la mayoría necesaria en el Senado decide, en la práctica, quién ocupa puestos de altísima incidencia en la vida pública durante mandatos que se extienden más allá de la legislatura que los originó. Esa mayoría necesaria, la que salva de tener que pactar con el bloque rival, es de tres quintos -hoy son 160 de los 266 escaños-, un umbral deliberadamente elevado pensado para obligar a los grandes partidos a consensuar nombramientos que debieran quedar al margen de la habitual contienda.
Existe un segundo nivel de poder, la mayoría absoluta -hoy en 134 escaños-, que no permite designar en solitario a esos órganos pero sí otorga ventajas tácticas, como aprobar vetos a las leyes del Gobierno de turno, aunque el Congreso pueda levantarlos después, o convocar comparecencias y comisiones de investigación con mayor margen de maniobra. En la legislatura que expira, el PP ha ostentado esa mayoría absoluta en solitario con 141 senadores, una cifra que sube a 147 si se suman los cinco de Vox y el de UPN, pero insuficiente -a 13- para la mayoría cualificada.
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Esa distancia entre lo que hoy tiene el bloque de derecha y lo que podría obtener con un mejor resultado es lo que ha llevado a la izquierda a una alianza inédita, y lo que explica el contraataque de Núñez Feijóo y Abascal, una apuesta también sin precedente. El futuro de España también se juega en la papeleta sepia, también se juega en el muy importante Senado.