28 de agosto 2026, 08:59hs

El control oftalmológico anual permite detectar la catarata antes de que afecte la vida diaria. Foto: Freepick
A Rubén nunca le habían molestado los faros de los autos que venían de frente. De un tiempo a esta parte, sin embargo, terminó evitando manejar de noche porque la luz lo encandila más de la cuenta, y hasta nota que los colores de siempre —el verde del semáforo, la remera de su nieto— se ven un poco más apagados, como vistos a través de un vidrio sucio. Nada tan grave como para sacar turno con el oftalmólogo, pensó. Al menos hasta ahora.
“Hay mucha gente que tiene miedo a la cirugía, miedo a operarse los ojos”, reconoce de entrada el oftalmólogo Guillermo Oteiza (M.N. 157.356), tercer vocal del Consejo Argentino de Oftalmología (CAO). Ese temor, señala, suele ser el principal motivo por el que la consulta se posterga más de la cuenta.

Manejar de noche puede volverse un problema cuando la vista empieza a fallar sin que nos demos cuenta. (Foto: Freepik)
Lo que hay detrás de esa clase de escenas es la catarata: la opacificación del cristalino, el lente natural y transparente que todos tenemos dentro del ojo y que con los años se va endureciendo. Según la Organización Mundial de la Salud, la afección golpea hoy a unos 94 millones de personas en el mundo y sigue siendo la principal causa de ceguera evitable del planeta. Y hay un dato que sorprende: prácticamente nadie se salva. Quien viva lo suficiente, va a desarrollarla en algún grado.
“La catarata tiene una evolución muy lenta en el tiempo, el paciente no se da cuenta que tiene cataratas o que está perdiendo la visión”, explica Oteiza. Por eso muchas veces el diagnóstico llega tarde: cuando ya empezó a complicar tareas simples como leer o cocinar.
Entre las señales que conviene no pasar por alto, el especialista enumera:
“Desde el Consejo Argentino de Oftalmología hacemos hincapié en que hay que controlarse los ojos todos los años”, agrega Oteiza, incluso cuando la vista “parece” andar bien.
El paradigma cambió bastante en los últimos años: antes se esperaba a que la catarata “madurara” para operar; hoy la tendencia es adelantarse, apenas empieza a molestar en el día a día. “Cuando extraemos el cristalino humano opaco necesitamos reemplazarlo con una lente artificial”, detalla el especialista. La técnica actual se hace con una incisión mínima —de apenas un par de milímetros— y el procedimiento completo insume entre 15 y 20 minutos.
No todos los lentes intraoculares son iguales:
“Por lo general, los pacientes pueden retomar sus actividades normales dentro de las 24 horas posteriores a la cirugía, y la visión suele ser nítida uno o dos días después de la operación”, cierra Oteiza.
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De fondo, persiste una desigualdad que la propia OMS remarca: solo una de cada dos personas que necesitan esta cirugía en el mundo consigue acceder a ella. Una cuenta que, más allá de la edad que tenga cada quien, tarde o temprano habrá que empezar a hacer.