Poncio, ceviche de torrezno Michelin para Letizia en el barrio del Niño Jesús

calendar_today 16.07.2026 - person  - timer ~3 Minutos

Crónicas de Paganini

Siguiendo los pasos de Letizia y Felipe VI, acudimos a este local para probar el ceviche de torreznos con fiambre de manitas (de cerdo) que seguramente es ideal para cultivar brazacos regios

Poncio, ceviche de torrezno Michelin para Letizia en el barrio del Niño Jesús

Actualizado Viernes, 17 julio 2026 - 01:47

Nos citamos los gomosos para comer en Poncio, un restorancito con buenas críticas en la plaza del Niño Jesús, 3, del barrio homónimo, con mayúscula. Viví un tiempo por ahí, cuando solo había bares de siempre y vinagrerías. Es un lugar agradable que aún no ha perdido su personalidad. Como siempre que no me invitan, exigí aprovechar la salida y plasmarla en estas líneas. El motivo de la cita es revisar los últimos escritos de nuestros referentes y repasar el estado de la nación, mientras Tocqueville nos recuerda lo inutilillos y mindundis que somos los periodistas, aunque nos empeñemos en dar el pego.

También teníamos otro motivo para nuestro morbo. En julio del pasado año, Felipe y Letizia estuvieron cenando mano a mano en Poncio. Willy Moya, el simpático chef a cargo del restaurante, dijo que se puso tan nervioso ante la regia presencia que llamó a su mujer. Solo le dio un consejo: "Tú, dales de comer". Y eso hizo con nosotros. Bastante bien, además. Seguro que Poncio concita el interés de Arcadi. Todos queremos adivinar los motivos de la Reina para elegir un lugar.

Una vez, en algo del periódico, Letizia nos contó que le encantaba la casquería (como a Leonor y a Sofía, por cierto) y que en Zarzuela se hacía un gran cocido, por lo que enseguida nos quisimos hacer invitar. No nos cayó la breva.

Los gomosos hicimos cierto homenaje a la Reina. Pedimos las mollejas de ternera glaseadas con salsa de anguila (6 euros por barba); el ceviche de torrezno con fiambre de manitas y kiko, una finura de plato que seguro que aporta gran cantidad de colágeno a los admirables brazos de la soberana. Pese al enunciado un tanto bombástico, estaba bueno y ligero, y con el vino de Cádiz (Forlong Mon Amour, 35 euros) que pedimos, resultaba estupendo. Terminamos con unos raviolis de pato laqueado con salsa anisada, shitake y tartufata.

Como plato fuerte, y para no flaquear en nuestra devoción regia por la casquería, nos decidimos por una merluza a la romana para que nos preparáramos para la pastela de cochinillo.

De postre, y para que rematáramos el vino que nos quedaba a Tocqueville y a mí, Rosa quiso pedir unas natillas de crema de cacahuete, brownie y macarrón de cacao, una bomba calórica que afortunadamente omití en esta canícula.

Merecieron la pena los 60 euros por barba. Hay un menú desde 45 euros. No dejen de venir a que les den de comer.