Eduardo Peña Triviño: PISA y nuestra educación | Columnistas | Opinión

calendar_today 18.09.2026 - person  - timer ~3 Minutos

18 de septiembre, 2026 - 07h00

La prensa internacional ha publicado los resultados del estudio PISA sobre la calidad de la educación en el mundo, y en la mayoría se anota un descenso. Nosotros no somos la excepción.

Nuestros candidatos repiten, como un sonsonete, que van a mejorar la educación y la atención de la salud. Pero no cumplen su promesa cuando van al poder. Además, nunca dicen cómo hacerlo porque tal vez no lo saben.

Hay que empezar por la base: la escuela primaria y las materias que son los instrumentos de toda ciencia, el idioma y las matemáticas.

Los niños tienen que aprender a leer bien, a comprender y criticar lo que leen, ser creativos.

En mis lejanos años de profesor en la Universidad Católica pude comprobar que algunos alumnos no sabían leer. Tampoco escribir. En mis clases de Humanismo les pedía que leyeran textos de Rousseau, ante sus compañeros, en voz alta. Algunos no sabían el uso de las comas y los puntos, seguido y aparte.

¿Cómo entendían esos jóvenes lo que leían? Nos quejamos de que la gente lee poco. ¿Qué interés en los libros puede tener una persona si no tiene la capacidad para entenderlos?

Lo mismo ocurre con las matemáticas. En una sesión del Consejo Directivo de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de la Universidad Católica, un alumno preguntó qué era una regla de tres. Nos preguntamos cómo había llegado a la universidad esa persona que por lo menos era bachiller de la República.

Con estas vivencias, cuando el presidente Sixto Durán-Ballén me pidió que fuera ministro de Educación, Cultura y Deportes, acepté porque era una oportunidad de hacer una “reforma curricular” que insistiera, con más horas de clase y otros métodos, en la enseñanza de lo que llamamos módulo científico-instrumental: idioma, incluyendo el quichua, y las matemáticas. El otro módulo base era el ético-cívico, que puede ser motivo de otro escrito.

Las matemáticas no solo son números; también tienen una profunda raíz lógica. Nos permiten capacidad de abstracción. Las usamos toda la vida, porque sumamos, restamos, multiplicamos y dividimos, siempre. Además, nos permiten elaborar silogismos, aunque no nos demos cuenta.

Uno de los creadores de la filosofía moderna, Renato Descartes, también fue un gran matemático. Él inventó las ecuaciones de segundo grado y se valió de la duda como método para encontrar la verdad. Mis sentidos pueden engañarme, mi pensamiento puede errar, puedo cuestionar todo, pero de lo único que tengo certeza es de que estoy pensando. Pienso, luego existo.

El Gobierno de Sixto, con muy capaces ministros de Educación, mantuvo los principios de la reforma. Después, en el caos que siguió, no tuvo continuidad porque, entre otras razones, cada Gobierno, y a veces cada ministro, cambia lo anterior, por bueno que fuere, pues quiere dejar su impronta. A pesar de que a veces no es más que una leve huella en el polvo, que se lleva el viento del olvido. (O)