El informe del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) 2025 sobre el desempeño de los estudiantes de 15 años en lectura, matemática y ciencia es un balde de agua fría para el mundo entero. En 2022, cuando el puntaje en matemática de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) -un grupo de países de ingreso medio y alto- sufrió la caída más grande en su historia, muchos se lo atribuyeron a la pandemia y esperaban un efecto rebote. En 2025, es lectura la que bate su propio récord, acumulando una reducción de más de un año de aprendizaje desde 2018. Todas las materias desmejoraron desde el 2012.
Aún en este contexto desfavorable, el desempeño de la Argentina es muy bajo. Se posicionó en el puesto 62 en lectura, 71 en ciencia y 75 en matemática de 91 sistemas educativos participantes. En PISA, 20 puntos son equivalentes a alrededor de un año de aprendizaje. La brecha entre la Argentina y la OCDE es de 3.6 años de aprendizaje en lectura, 4.5 en ciencia y casi 5 en matemática. En Sudamérica, nuestro país pasó del principio al final de la fila: en el 2000, había obtenido el puntaje más alto en lectura; en 2025, se ubicó en los últimos tres lugares, superando solo a países de ingresos mucho más bajos. (En matemática y ciencia, pasó de ser tercero de cinco países a sexto entre ocho.) En lectura y matemática, la Argentina también pierde contra sí misma, desempeñándose 1.5 y 0.7 años de aprendizaje peor que en 2000 y 2006, sus puntos de partida en estas materias.
Las materias desmejoraron en períodos diferentes, pero todas lo hicieron desde la última edición de PISA: lectura tuvo su caída más pronunciada (2.2 años de aprendizaje) del 2000 al 2006, con un menor descenso (0.6 años) del 2022 al 2025; matemática del 2012 al 2018 (medio año) y del 2022 al 2025 (7 meses); y ciencia del 2022 al 2025 (0.7 años). En los últimos tres años, la caída del desempeño argentino fue similar a la de la OCDE -excepto en ciencia, donde cayó mucho más -y más pronunciada que la de nuestros pares sudamericanos y latinoamericanos, excepto en lectura, donde la desmejora fue similar.
Muchos jóvenes argentinos no alcanzan el nivel mínimo de desempeño en la prueba: 6 de cada 10 en lectura y ciencia y 8 de cada 10 en matemática; uno de cada dos no lo logra en ninguna materia. En lectura, este nivel requiere identificar la idea central de un texto, ubicar información explícita pero compleja y reflexionar sobre el propósito y la forma del mismo. En matemática, reconocer su aplicación a una situación de la vida real, extraer información de cuadros y gráficos, resolver problemas de ratios e interpretar resultados. En ciencia, proveer una explicación para un fenómeno familiar, evaluar una investigación simple, interpretar datos y distinguir una fuente confiable siguiendo criterios básicos. En lectura y matemática, estos porcentajes aumentaron desde sus puntos de partida.
Incluso este bajo desempeño es desigual. En ciencia -la materia focal de esta edición de PISA- el 10% de jóvenes argentinos con menor desempeño tienen puntajes por debajo de la media de Ruanda (el país con peor desempeño), mientras que el 10% con mayor desempeño tienen puntajes comparables a los de Finlandia, EE.UU. e Irlanda. La brecha entre estos dos grupos se aproxima a 11 años de aprendizaje. En matemática, es un poco menor (9.5 años) y en lectura mayor (12 años). Todas estas brechas se han reducido desde sus puntos de partida (2000 en lectura; 2006 en las otras dos materias), pero en parte porque los mejores estudiantes desmejoraron, especialmente en matemática.
Si en vez de eso comparamos al 25% de jóvenes argentinos con menor y mayor nivel socioeconómico, su brecha es comparable a la de los países latinoamericanos con menor y mayor puntaje. En ciencia, los más vulnerables se desempeñan al nivel de Guatemala o Paraguay, mientras que los más aventajados están por debajo del nivel de Chile y Uruguay. Esta brecha equivale a 4.1 años de aprendizaje.
Un balde de agua fría siempre es incómodo, pero puede ser útil si logramos recuperarnos del shock y poner nuestros sentidos en alerta. PISA ofrece un diagnóstico del aprendizaje, pero no puede decirnos a qué se debe. Para entender mejor las condiciones en las que aprenden nuestros estudiantes, será necesario ampliar nuestra mirada a las encuestas que se administran junto a las pruebas y a otros indicadores del sistema y diseñar y evaluar iniciativas enfocadas en mejorar el proceso de aprendizaje en el aula.
Profesor de la Universidad de Nueva York