Pedro Sánchez ante el espejo

calendar_today 02.08.2026 - person  - timer ~4 Minutos

El actual presidente del Gobierno de España se ve a sí mismo como un héroe y conquistador de derechos, mientras oculta una deficiente gestión y acusaciones de corrupción.

Pedro Sánchez ha cumplido ocho años en el Palacio de la Moncloa. Lo llamo Warren Sánchez, por el personaje de Les Luthiers, porque pretende tener todas las respuestas, y es, en realidad, un mentiroso que quiere ocultar una deficiente, cuando no delictuosa, y muy antiliberal gestión en el Gobierno y en el PSOE, que afecta a sus más importantes dirigentes, a un expresidente socialista como Rodríguez Zapatero, y hasta a miembros de su propia familia.

Pero Sánchez ve en el espejo al héroe, conquistador de derechos y defensor del pueblo ante la terrible derecha.

Veamos primero la economía. Es claro que la insistencia del Gobierno en que "mejora la vida de la gente" le es muy útil, para "desviar el foco de la opinión públicadel vía crucis judicial que afronta el PSOE".

Pero, independientemente de la corrupción, los datos económicos no avalan el triunfalismo. La subida nominal de las pensiones y el SMI son genuinas, pero lo son también el agravamiento del desequilibrio financiero de la Seguridad Social, los bajos salarios y el empobrecimiento por la mayor inflación que afecta a la cesta de la compra y en especial a la vivienda. La reducción del paro se disfraza con trucos "discontinuos". El mayor gasto público ha sido financiado con una subida de impuestos que ha castigado a la mayoría de la población, entre otras razones por la no deflactación de la tarifa del IRPF, y por una mayor deuda pública. La capacidad de crecimiento de nuestra economía continúa lastrada por una productividad languideciente, y las autoridades no han hecho nada para potenciarla.

El bienestar de los ciudadanos se ha visto recortado en diversos ámbitos relevantes. Es indudable que incendios, volcanes, nevadas o inundaciones no son responsabilidad de los políticos, pero la prevención, las obras públicas y el Plan Hidrológico sí. Como lo es la planificación energética y el mantenimiento de las infraestructuras, cuyas deficiencias llevaron al insólito apagón y a la tragedia de Adamuz, junto a un sorprendente tercermundismo que asoló la Alta Velocidad, otrora un orgullo nacional. La gestión de la pandemia fue de las peores del mundo desarrollado.

La propaganda oficial y oficiosa, cada vez más activa, se esfuerza tanto en subrayar méritos -véanse la proliferación de "ayudas", "escudos", etc.- como en alegar que el Gobierno "progresista" es siempre mejor que su alternativa, demonizada como extremista y peligrosa para los "derechos conquistados" gracias a la izquierda.

La estrategia tiene el problema de que la gente percibe cada vez más claramente que la generosidad del sanchismo es pagada por esa misma gente, y que la derecha en la práctica no es un monstruo recortador. De hecho, se parece a la izquierda en su intervencionismo, sumado a su timidez reformista.

A los irresponsables desequilibrios económicos que legará el sanchismo, seguramente la peor imagen que le devuelve el espejo es la de la corrupción, en un doble sentido. Por un lado, el enchufismo, el amiguismo y el robo de toda la vida, asociados siempre al poder, su dimensión y arbitrariedad. Y, por otro lado, una corrupción incluso más grave, que tiene que ver con el ejercicio de ese poder: manipulación, bulos, polarización, y bloqueo de toda alternancia.

Ante esas imágenes devastadoras, la reacción de Sánchez es típica: todo es una conspiración y él no tiene ninguna responsabilidad. Pero la tiene, como se ve en su empeño en conquistar y socavar las instituciones, erosionando la clave de la libertad del pueblo: los límites del poder. Una encuesta de Sigma Dos para El Mundo indicó que los votantes socialistas tendían a despreciar a la UCO, la Udef, la Fiscalía y la Audiencia Nacional. Roberto Benito, subdirector de ese periódico y jefe de Información, lo definió como "el punto óptimo de maduración de la traca final del sanchismo".