Osama bin Laden, la forja de un yihadista

calendar_today 07.09.2026 - person  - timer ~8 Minutos

¿Qué llevó a Osama bin Laden a convertirse en el terrorista más peligroso del planeta? Parecía llamado a dirigir la empresa de construcción más importante de Arabia Saudí, pero acabó creando la primera gran red yihadista internacional. La historia de su ascenso como líder de Al Qaeda es un reflejo del auge del islamismo radical en las últimas décadas del siglo XX.

Bin Laden era el decimoséptimo hijo de un inmigrante yemení casi analfabeto, pero que supo abrirse camino. Aprovechando el boom inversor en Arabia Saudí por los ingresos petrolíferos, fundó una empresa de construcción que acabaría siendo el Saudi Binladin Group.

En un principio, Osama parecía que iba a seguir los pasos de su progenitor, ya que heredó la capacidad técnica para la construcción, en particular en la excavación de túneles. De la experiencia sacaría partido años después, cuando se encargó de construir bases de Al Qaeda en Afganistán, como reconoció el propio Bin Laden en una entrevista a un medio paquistaní en 1997.

También destacó desde muy joven por llevar una vida austera y por una fuerte devoción religiosa, ambos rasgos también heredados de su padre. Su profunda fe encontraría un terreno abonado en la Universidad de Yeda, donde ingresó en 1978 para estudiar Economía. Allí entró en contacto con compañeros y profesores cercanos a círculos islamistas, como los Hermanos Musulmanes.

Mohamed bin Laden, padre de Osama

Mohamed bin Laden, padre de OsamaDominio público

En aquel momento el mundo del radicalismo musulmán estaba en plena ebullición, como demostrarían tres eventos clave que tuvieron lugar en 1979. El primero fue la revolución islámica en Irán, todo un referente tanto para radicales chiíes como suníes.

El segundo episodio fue el asalto a la Gran Mezquita de La Meca por insurgentes islamistas ultraconservadores, que acusaban a la dinastía saudí de corrupción y de alejarse de los principios del islam. La crisis empujó a la monarquía a reforzar su alianza con el establishment wahabí oficial y a adoptar políticas religiosas más conservadoras para recuperar legitimidad.

Por último, en el tramo final del año se produjo la invasión soviética de Afganistán. La intervención del Ejército Rojo en Asia Central sería determinante para Bin Laden. En 1984, con 27 años, viajó a Peshawar. Esta ciudad paquistaní se había convertido en el punto de llegada de centenares de voluntarios árabes que querían luchar contra las fuerzas comunistas en el vecino Afganistán.

Pese a su creciente radicalismo, Bin Laden se mostró reacio a ir al frente en un primer momento. Aprovechó su experiencia laboral y organizó la construcción de búnkeres y otros refugios para los muyahidines (combatientes de la yihad, en este caso contra los soviéticos). También aportó su fortuna personal para financiar la llegada y el entrenamiento de los voluntarios musulmanes. Para estas labores, contó con ayuda directa de los servicios de inteligencia saudíes, interesados en difundir el radicalismo wahabista.

Soldados soviéticos se retiran de Afganistán en 1989

Soldados soviéticos se retiran de Afganistán en 1989AP

Llevó a cabo estas actividades bajo la tutela de Abdulá Azzam, un clérigo palestino cuyos escritos tendrían una gran influencia en yihadistas de todo el mundo. Espoleado por las enseñanzas de este mentor, Bin Laden quiso progresar en la jerarquía yihadista, pero para ello debía dejar la seguridad de la retaguardia y pasar a combatir contra los soviéticos en Afganistán.

Instaló su base –la bautizó como “la guarida del león”– en las montañas de Jaji, junto a la frontera paquistaní. Allí, Bin Laden y unos setenta combatientes árabes hicieron frente a un asalto de spetsnaz (fuerzas especiales) soviéticos en la primavera de 1987.

Los yihadistas pudieron rechazar al Ejército Rojo gracias a los hombres más experimentados, pero Bin Laden supo capitalizar su papel en la batalla. Tras resultar herido, se presentó como un héroe ante sus camaradas.

Hacia la yihad global

No fue casual que Bin Laden “vendiera” su rol en la batalla de Jaji. Había comprendido muy bien la importancia de la propaganda para ganar influencia. En particular, la de vender su imagen en vídeos, todo un precedente de las producciones audiovisuales que lo harían famoso como líder de Al Qaeda.

Muy pronto supo sacar partido a los detalles, como lucir su fusil AK-74 con un característico cargador rojo que le había arrebatado a un oficial ruso muerto en “la guarida del león”.

Imagen de la guarida de Bin Laden en Afganistán

Imagen de la guarida de Bin Laden en AfganistánPropias

Además, no se presentaba exclusivamente como un líder de la lucha contra los soviéticos. En su mente comenzó a madurar la idea de que la resistencia contra el Ejército Rojo solo era un paso más en la creación de una yihad global. Para llevarla a cabo, y pensando en acciones para después de la guerra, Bin Laden apostó por unir a los voluntarios árabes en grandes unidades. Hasta entonces combatían dispersos junto a los afganos, por lo que su papel quedaba muy diluido.

Bin Laden también comprendió que para aprovechar la experiencia de estos yihadistas era necesario contar con una organización fuerte con capacidad de actuación internacional.

Todo este pensamiento cristalizó el 11 de agosto de 1988 en una reunión entre Bin Laden y otros destacados yihadistas “internacionalistas”, como el egipcio Ayman al-Zawahiri. En este encuentro se decidió la creación de Al-Qaeda al-Askariya (“La base militar”).

Bin Laden y Ayman al Zahuahiri, durante una entrevista para un diario paquistaní en noviembre de 2001

Bin Laden y Ayman al Zahuahiri, durante una entrevista para un diario paquistaní en noviembre de 2001AFP

En 1991, la disolución de la Unión Soviética instaló una creencia en la incipiente Al Qaeda y sus líderes: la principal causa del derrumbe del gigante comunista había sido la derrota sufrida en Afganistán. Según Michael Scheuer, el analista de la CIA que dirigió la unidad de seguimiento de Bin Laden durante años, el saudí concluyó a principio de los noventa que cualquier gran potencia podría ser derrotada si quedaba empantanada en una larga guerra.

De todas formas, por entonces Al Qaeda aún no había establecido unos objetivos claros. EE. UU. no figuraba como su principal enemigo todavía. Por entonces, Bin Laden y los suyos parecían más interesados en ayudar a otros movimientos islamistas como los que combatían en Cachemira, Filipinas, Chechenia o Tayikistán.

Guerra contra EE. UU.

El giro hacia la enemistad contra EE. UU. llegó de manera paulatina. Cuando Sadam Husein invadió Kuwait, Bin Laden ofreció sus veteranos al rey Fahd para proteger Arabia Saudí. El monarca rechazó la propuesta y prefirió recurrir a las tropas estadounidenses y de otros países de la coalición que se formó contra Irak.

Bin Laden vio la llegada de estas tropas como una profanación de los lugares santos. Sus críticas a la monarquía saudí le valieron ser expulsado del país. Además, sus diferencias con varias facciones afganas también le obligaron a abandonar sus antiguas bases en el país centroasiático y buscó refugio en Sudán, donde la dictadura de Omar Bashir apoyaba a los movimientos islamistas.

Al Qaeda mantuvo un perfil bajo contra EE. UU. en la primera mitad de los noventa, Bin Laden aún no se sentía fuerte, se limitó a emitir comunicados y prefirió consolidar a su incipiente grupo.

Con todo, Washington comenzó a seguir sus movimientos, pese a no representar aún a su gran enemigo público. La presión estadounidense propició la expulsión de Al Qaeda de Sudán en 1996. El líder yihadista regresó a Afganistán, donde los talibanes se habían instalado en el poder. La afinidad ideológica facilitó la alianza entre los fundamentalistas.

Foto de archivo de 1998

Foto de archivo de 1998Mazhar Ali Khan / AP

El paso de las palabras a la acción a gran escala contra EE. UU. llegó el 7 de agosto de 1998, con los atentados simultáneos contra las embajadas estadounidenses en Nairobi (Kenia) y Dar es Salaam (Tanzania), que mataron a 224 personas.

Según Lawrence Wright, autor de La torre elevada: Al-Qaeda y los orígenes del 11-S, libro que le valió el premio Pulitzer en 2007, con estos ataques Bin Laden quería replicar la trampa en la que cayó el oso soviético: atrapar a EE. UU. en una guerra larga en Afganistán.

Pero la respuesta militar estadounidense fue muy limitada. Tras los ataques de 1998, bombardeó Afganistán sin causar daños importantes a Al Qaeda o a sus líderes. Para lograr su guerra en Asia Central, en 1999, Bin Laden ordenó preparar grandes atentados en suelo estadounidense. En una reunión en Kandahar, se decidió atacar objetivos simbólicos como la Casa Blanca, el Pentágono o el World Trade Center neoyorquino utilizando aviones secuestrados.

Esta estrategia fue madurando hasta cristalizar en los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Washington y Nueva York. Al final, Bin Laden obtuvo la respuesta deseada: EE. UU. desencadenó la invasión de Afganistán el 7 de octubre contra Al-Qaeda y sus aliados talibanes. El régimen islamista de Kabul cayó rápidamente, pero el conflicto derivó en una larga guerra de guerrillas.

Bin Laden escapó hacia Pakistán. Aunque sometido a una dura presión militar por EE. UU. y sus aliados, su grupo aún cometió grandes atentados, como los de Bali en 2002, Madrid en 2004 o Londres en 2005. Pero el líder yihadista pasó a ser una figura más simbólica que un jefe operativo. Ante el acoso militar y del espionaje occidental, se limitaba a emitir mensajes para alimentar la moral de sus seguidores.

Portadas de periódicos de todo el mundo dedicadas a la muerte de Osama bin Laden.

Portadas de periódicos de todo el mundo dedicadas a la muerte de Osama bin Laden.Otras Agencias

El 2 de mayo de 2011, casi diez años después del 11-S, Bin Laden fue localizado en Abbottabad (Pakistán) y abatido en una operación de los Navy Seals. Su muerte no supuso el fin de Al Qaeda, que aún está activa en lugares como el Sahel.

Un cuarto de siglo después de los atentados del 11-S puede existir cierta sensación de que la estrategia de Bin Laden expuesta por Lawrence Wright tuvo éxito. El terrorista saudí consiguió arrastrar a EE. UU. a una larga guerra en Afganistán y otra en Irak. No ha logrado un derrumbe como el soviético, pero la primacía internacional que disfrutó Washington en los noventa se ha desdibujado, y hoy en día potencias como China le disputan el liderazgo global.