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Pedro Sánchez ha encontrado otra liana. Lejos de amilanarse ante las críticas recibidas de otros dirigentes europeos por la crisis migratoria vivida en Ceuta, pasó ayer al contraataque con una misiva muy dura contra los países, como Italia o Finlandia, que pidieron la exclusión de España del espacio Schengen. Con el argumento de que “se ha restablecido plenamente el control de la frontera, se ha prestado una amplia asistencia humanitaria y se ha devuelto a prácticamente todos los migrantes que cruzaron”, calificó de “reacciones egoístas” las de los mandatarios que atacaron a España.
En una línea inusualmente dura para lo que es la diplomacia europea, Sánchez exigió ayer una reunión urgente de los ministros de Interior europeos para analizar el problema. El presidente español recordó en su carta que, según Frontex, España “tiene una de las fronteras exteriores menos permeables de la UE” y recordó que Ceuta no forma parte del espacio Schengen.

La salida contundente de Sánchez tiene su lógica ante el amplio eco internacional, en redes sociales y en los principales informativos de televisión, que han tenido las imágenes de los miles de marroquíes cruzando la frontera en Ceuta. Y ello se ha relacionado con el proceso de regularización de migrantes que ha puesto en marcha el Gobierno de España, y que ha molestado a algunos socios europeos. La noticia de que la gran mayoría de los jóvenes marroquíes ya han vuelto a su país ha quedado en un segundo plano. La contundente carta de Sánchez ha tratado de cortar en seco el malestar que se estaba empezando a gestar en las principales cancillerías europeas contra la política migratoria de España. Y para ello nada mejor que hacer un debate cara a cara entre los diversos socios.
El mandatario español vuelve a arriesgar con esta decisión, como en su día, fue el primero en criticar a Israel en sus acciones en Gaza o a Donald Trump por la operación en Venezuela. Lo que está claro es que en Bruselas comenzaba a crecer un ambiente hostil contra España. A nivel interno han fallado los mecanismos de inteligencia y aquí sí que el Gobierno español deberá hacer autocrítica. Pero el problema principal lo tiene hoy en el crédito exterior. Y Sánchez ha optado por un órdago en toda regla.

Director de La Vanguardia desde marzo de 2020. Ha trabajado como redactor en las secciones de Política, Sociedad y Ciudades de La Vanguardia, donde entró en 1992