Nueve días en vilo: qué dejó el caso Candela sobre cómo buscar a un desaparecido

calendar_today 22.08.2026 - person  - timer ~3 Minutos

Cuando Candela Sol Rodríguez desapareció, el 22 de agosto de 2011, en la localidad de Villa Tesei, partido de Hurlingham, se abrió una búsqueda que mantuvo en vilo al país durante nueve días. Su cara estuvo en todos los canales, en volantes pegados en comercios, colectivos y estaciones de tren, y su historia se volvió una de las que más conmovió a la sociedad argentina en las últimas décadas. El desenlace, con el hallazgo de su cuerpo el 31 de agosto, dejó al descubierto algo que excede su caso: lo mucho que puede definirse en las primeras horas de una desaparición.

Los especialistas coinciden en que ese tramo inicial es decisivo. La enorme mayoría de las personas que se pierden aparecen en cuestión de horas o días, sanas y salvas, pero existe un porcentaje que, si se dejan pasar esos primeros momentos, pasa a integrar la lista de los casos que no se resuelven. Por eso el tiempo que transcurre sin rastrillajes, la coordinación entre las fuerzas y el cuidado de cada dato pueden marcar la diferencia entre encontrar a alguien con vida o no.

En esos nueve días, la movilización fue enorme. La mamá de Candela, Carola Labrador, encabezó marchas para pedir por su aparición con vida, se ofreció una recompensa por datos sobre su paradero y hasta figuras públicas se sumaron a la difusión. Al mismo tiempo, la actuación en torno a la búsqueda y a la investigación quedó, con el correr de los años, bajo revisión en varios de sus tramos. Nada de eso devolvió a la niña, pero su historia instaló una discusión que la trasciende: la de cómo debe reaccionar el Estado cuando una familia denuncia que alguien no volvió.

Cómo se busca hoy a una persona desaparecida

La primera regla es la más importante y todavía hoy hay que repetirla: no hay que esperar 24 ni 48 horas para denunciar. Esa demora no está exigida por ninguna norma; es una mala práctica que se fue instalando con el tiempo. La denuncia puede hacerse de forma inmediata en una comisaría, una fiscalía o un juzgado, y las autoridades están obligadas a tomarla en el momento; puede presentarla cualquier persona, tenga o no parentesco con quien se busca. Si en una dependencia se niegan a recibirla, existe la línea gratuita 134 para dar aviso.

Desde ese punto se activa el trabajo del Sistema Federal de Búsqueda de Personas Desaparecidas y Extraviadas (SIFEBU), que depende del Ministerio de Seguridad de la Nación. Creado en sus inicios en 2011 y formalizado por el Decreto 1093/2016, el sistema coordina el intercambio de información entre fuerzas federales, policías provinciales, organismos judiciales y distintas bases de datos del Estado para agilizar las tareas de búsqueda. Además, sostiene un registro nacional de personas desaparecidas, capacita a policías y funcionarios judiciales, y elabora los protocolos de actuación. Para el caso puntual de chicos y chicas, existe el programa Alerta Sofía, que -bajo ciertos requisitos y con orden del fiscal- permite difundir de manera inmediata la imagen de un menor para acelerar su localización.

A 15 años, más allá del dolor que sigue abierto, la conmoción que generó el caso de Candela contribuyó a instalar en el debate público una idea que hoy repiten los organismos especializados: ante una desaparición, cada hora cuenta. Su historia quedó como una de las referencias inevitables a la hora de discutir por qué no se puede perder tiempo cuando una familia avisa que un hijo no llegó a destino.