No soy futbolera. De hecho el fútbol, ese deporte nacional que enciende estadios, me da bastante igual. Pero anoche vi la final del Mundial con mi familia y cuando España marcó el gol que le dio la victoria, grité como la que más, me levanté del sillón y salté mientras en la calle sonaban cláxones y se oían los gritos de la multitud que veía el partido en la plaza del Ayuntamiento de mi pueblo. El motivo es psicológico, y explica porqué la copa que la selección española se trajo a casa, se siente como una victoria para todos.
El psicólogo Dr. Samuel Fernández, explica que “parte de la autoestima y el autoconcepto del individuo deriva de la participación en determinados grupos” y anoche, todos pertenecíamos al mismo grupo, el que ganó el Mundial. Henri Tajfel y John Turner desarrollaron la Teoría de la Identidad Social que explica porqué pertenecer a un grupo es crucial para nosotros como individuos.
Su idea fundamental es que la pertenencia a ciertos grupos o categorías sociales influyen en nuestra identidad individual y que las personas nos categorizamos en grupos ("nosotros" vs "ellos"). Lo que hacemos es evaluar a nuestro grupo frente a otros (en este caso Argentina), buscando la distinción positiva para reforzar nuestra propia autoestima. Además, este estudio de neuroimagen mostró que, cuando nuestro equipo marca un gol se activan zonas del sistema de recompensa y áreas de identidad social, lo que respalda que el cerebro procesa la victoria del grupo como una recompensa personal.
Aunque Émile Durkheim, sociólogo y pedagogo francés, acuñó la “efervescencia colectiva” en su libro ‘Las formas elementales de la vida religiosa’, la psicología social la aplica a eventos masivos como una plaza abarrotada en la que miles de personas se emocionan con un partido. Este concepto funciona gracias a la sincronía. Cuando miles de personas cantan, saltan o gritan al mismo tiempo, se genera una sensación de disolución temporal del "yo" individual dentro de un "nosotros" mucho más grande. A nivel fisiológico, esa sincronía libera oxitocina y endorfinas, implicadas en el vínculo social y el placer compartido.
Hugo Sánchez Castillo, investigador de la Facultad de Psicología de la UNAM, señaló que el contagio emocional en multitudes como el Mundial es “un fenómeno colectivo permite que los aficionados se identifiquen profundamente con su equipo y actúen como parte de una misma entidad social”. Los espacios físicos compartidos, aumentan la intensidad de ese contagio, por eso las pantallas gigantes en la calle generan experiencias emocionales más intensas que la misma retransmisión vivida en el sofá de casa.
Nos pasó cuando Iniesta en el minuto 116 marcó el gol en la final del Mundial de Sudáfrica 2010. Seguro que recuerdas perfectamente dónde y con quién estabas en ese momento. Ganar un Mundial es un evento con un alto impacto general colectivo que genera "memoria flashbulb", recuerdos extremadamente vívidos y detallados que terminan formando parte de la memoria de todos. Es más, la Dra. Christine Ma-Kellams, psicóloga social y especialista en comportamiento, explicaba en Psychology Today que “décadas de experimentos han demostrado que la memoria colectiva es real y el evento deportivo internacional más visto organizado por la FIFA es un desencadenante común de la misma, junto con las guerras y los presidentes”.
Además, durante este momento de felicidad compartida se disuelven, de forma temporal, los conflictos cotidianos bajo una identidad compartida más amplia. Es un alivio psicológico real aunque muy corto según los estudios. Y todos entramos a formar parte de él porque nadie quiere perderse un momento histórico como este.
Quizá por todo esto volví a mi casa con una sonrisa en los labios y la sensación de que yo también habrá ganado este mundial aunque no tocara un balón y ni siquiera sea futbolera.
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Fotos | Gtres
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