Trabajar menos horas para ser más productivos. Esta teoría fue aplicada con éxito por Henry Ford en 1926, cuando estableció la jornada laboral de cinco días (en vez de seis) y ocho horas diarias. Resultado: menos lesiones por movimientos repetitivos, menos rotación de los trabajadores y más productividad.
Un debate que lleva décadas encima de la mesa y que ahora está candente en España y en países tan rígidos con la cultural laboral como es Japón. De hecho Toyota ha hecho un cambio notable.
Según detallaba Autonews Europe en 2024, Toyota y su sindicato japonés iniciaron conversaciones para reducir la jornada laboral de sus trabajadores en medio de una revisión de las prácticas laborales en toda la empresa después de el que es el mayor fabricante de coches del mundo alcanzara niveles récord de ventas y producción en 2023.
El objetivo, según un portavoz de la firma nipona, era "desarrollar sistemas y mecanismos para mejorar el ambiente de trabajo, con el objetivo de crear un lugar de trabajo donde todos puedan sentir una sensación de crecimiento". Todo para que la marca se convierta de aquí a una década en una empresa de movilidad.
La teoría dejó de ser un experimento. Tras la prueba piloto lanzada por Toyota a mediados de 2024 para su personal de oficina e ingeniería, el sistema de tres días libres semanales terminó consolidándose, y no solo por una cuestión de bienestar laboral. La empresa se dio cuenta de que era una potente herramienta para retener talento.
La medida ejecutada permite concentrar las horas contractuales o acogerse a reducciones de jornada proporcionales, huyendo así de las jornadas ultra-intensivas y demasiado prolongadas y frenando la fuga de perfiles cualificados hacia tecnológicas extranjeras.
Pero hay un problema: El balance en 2026 confirma una brecha operativa insalvable: mientras el 80% del personal administrativo y de I+D se ha adaptado al nuevo modelo, la división de manufactura en las plantas de ensamblaje sigue ligada a los turnos tradicionales de cinco e incluso seis días para cumplir con los objetivos de producción global.
El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón utiliza ahora el caso de Toyota como referencia para empujar a otras grandes corporaciones niponas a adoptar jornadas compactas ante la falta de mano de obra joven.
Lo cierto es que Japón tiene una tasa de suicidios que está muy por encima de la media mundial, y una de las causas es el trabajo. Tanto es así que han acuñado su propio término: "karoshi" o muerte por exceso de trabajo. Es un fenómeno social desde finales de los 80, cuando empezaron a recopilarse estadísticas, y engloba suicidios pero también muerte por la sobrecarga de trabajo a nivel físico, y aquí los infartos juegan un papel determinante.
El "karoshi" no es exclusivo de Japón: ya está presente en todo el mundo y se alimenta de la idea de aparentar trabajar muchas horas delante del ordenador aunque estemos siendo improductivos. Lo que conocemos comúnmente como calentar la silla.
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