Netanyahu rechaza el plan de Trump para Gaza aceptado por Hamas

calendar_today 09.08.2026 - person  - timer ~5 Minutos

El Gobierno de Israel ha rechazado el plan de quince puntos establecido por Donald Trump para Gaza que Hamas había aceptado y que implicaba el desarme de este grupo que gobierna la Franja desde 2006. Beniamin Netanyahu había manifestado en los últimos días su disconformidad con el plan. Ahora lo ha formalizado y pospone su materialización, y la retirada parcial del ejército israelí de una parte de la franja, al desarme completo de Hamas. En realidad,  Netanyahu no moverá ficha hasta que se hayan celebrado las elecciones en Israel, en octubre.

Después de tres años de imágenes de bombardeos masivos, víctimas rescatadas entre un mar de escombros y hambruna han diseñado la imagen que tiene el mundo de Gaza. Pero las redes sociales -principal rendija a través de la cual observar las calles de la franja, donde los reporteros internacionales no tienen libre acceso- enseñan una realidad un poco más amable. En un vídeo, dos voluntarias preparan dulces con chocolate para los niños; en otro, un equipo de futbol vuelve a entrenar entre el mar de ruinas. Un asomo de vida normal mientras las grandes potencias mundiales diseñan, desde fuera, un plan para el futuro del enclave.

El rechazo de Netanyahu al plan paraliza el engranaje político gazatí, que se había puesto en movimiento. Tanto el grupo islamista que gobierna el enclave desde 2006 como las facciones más radicales de la Yihad Islámica habían firmado su compromiso de desarmarse. “De momento la decisión sólo consta en papel, pero aún así representa el mayor avance en las negociaciones desde el alto el fuego del pasado octubre”, explica a La Vanguardia el director del área Israel-Palestina de Crisis Group, Max Rodenbeck.

El analista, en una entrevista realizada horas antes del rechazo público de Netanyahu, advertía que la entrega de las armas no es un asunto fácil. “El obstáculo más evidente es que Israel dé su consentimiento”. Y eso, indicaba, podría requerir más presión estadounidense e internacional sobre el país.

Una vez que Israel dé su visto bueno al plan, la mecánica real de la entrega de armas, según el plan de 15 puntos, será larga y compleja. Deberá establecerse un organismo internacional de verificación, y el CNAG (Comité Nacional para la Administración de Gaza), tendrá que desplegarse en Gaza y desarrollar el personal y los recursos necesarios para gestionar esa entrega, un proceso que “podría llevar meses”.

Hará falta además un lugar donde almacenar todas las armas y de forma segura, lo que implica desplegar una nueva fuerza policial palestina que todavía no existe, o bien lograr el consentimiento israelí para que la Autoridad Palestina aporte fuerzas de seguridad, “algo que será difícil”. “En definitiva, todo el proceso necesitará tiempo y mucha construcción de confianza”, concluye Rodenbeck, quien alerta de la posibilidad de que Israel se niegue a retirar sus tropas, reanude los ataques, o que alguna facción palestina intente boicotear el acuerdo.

Precisamente ese mismo comité tecnocrático que debería gestionar el desarme sigue gobernando Gaza a distancia, desde El Cairo. Para que pueda desplegarse realmente sobre el terreno, explica Rodenbeck, “hará falta, primero, el compromiso israelí de permitir la libre circulación de sus miembros dentro y fuera de Gaza”, además de crear una infraestructura básica -vivienda, comunicaciones-, garantizar la seguridad de su personal y disponer de financiación suficiente. Hamas, por su parte, “lleva meses asegurando que está dispuesto a entregar todas las herramientas de gobierno en cuanto el CNAG entre en Gaza”.

Mientras el desarme y el despliegue administrativo siguen siendo, de momento, papel mojado, la reconstrucción del enclave también se hace esperar. La Junta de Paz de Donald Trump, creada en enero para supervisar la reconstrucción de Gaza, acaba de emitir su primer contrato de obra en el territorio devastado: no un hospital, ni una vivienda, sino un rudimentario puesto militar destinado a alojar a un primer contingente de tropas marroquíes, según reveló The Guardian, citando una fuente conocedora del asunto. El contrato, todavía sin cerrar, ha sido adjudicado a Arkel International, una empresa estadounidense que ya había trabajado anteriormente en países como Irak.

Con este primer proyecto afloran las dudas sobre quién financiará la reconstrucción. “Todavía no está claro quién se ha comprometido a pagar qué”, dice Rodenbeck, aunque la expectativa general es que Israel no aportará nada, Estados Unidos pondrá sumas mínimas, y los países árabes y Europa asumirán la mayor parte. 

Dudas sobre la finaciación

“Israel no aportará nada, Estados Unidos pondrá sumas mínimas, y los países árabes y Europa asumirán la mayor parte”.

Pero “todos los financiadores se muestran cautelosos, y con razón”, advierte: la guerra con Irán ha dejado a los países del Golfo con menos liquidez, y muchos donantes tradicionales desconfían “porque han visto a Israel destruir repetidamente infraestructuras donadas -el hospital europeo, el hospital indonesio, la planta desalinizadora de la UE, la escuela estadounidense-”. A ello se suma que toda la capacidad de reconstruir depende de que Israel permita la entrada de materiales, “y hasta ahora apenas se ha permitido nada, salvo alimentos, medicinas y un mínimo de combustible”.

La Junta de Paz está presidida por el propio Trump y liderada por un equipo que incluye a su yerno, Jared Kushner, y a su amigo Steve Witkoff. “Lo fundamental que aporta Trump es capacidad de presión sobre Israel, algo que nadie más tiene”, declara Rodenbeck. Sin embargo Israel ha generado tantas crisis en la región que “incluso el gran Trump se ve obligado a elegir qué exigencias plantear y en qué momento”, matiza. 

“Parte de la tragedia de Gaza es que sus 2,1 millones de habitantes quedan una y otra vez relegados al final de la fila, por detrás de Irán, del Líbano o de Cisjordania”, lamenta el analista, para quien “este proceso solo se sostiene porque Trump está detrás de él”.

Helena Pelicano Gómez

Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo