El dueño de la vida y la muerte en el centro clandestino «La Escuelita» de Neuquén, Oscar Lorenzo Reinhold, falleció los primeros días de julio, a la edad de 91 años, en Buenos Aires. El militar fue jefe de la Brigada de Inteligencia en el Comando de la Sexta Brigada de Neuquén a partir de 1976 y con la reapertura de la causas penales tuvo 7 condenas, dos de ellas a perpetuidad.
Falleció el 7 de julio, a los 91 años, tenía rango de coronel y era mayor en 1976, cuando dirigía la brigada y en forma clandestina el centro clandestino en los fondos de Batallón, actualmente en Lanín y Chaco. Definía, junto con otros integrantes de la comunidad informativa y del denominado Estado Mayor en Neuquén, el destino de los cautivos y cautivas en éste y otros lugares de detención, según quedó demostrado desde el inicio de las causas por los crímenes cometidos durante la dictadura.
En 2008 tuvo su primera sentencia condenatoria, cuando la Justicia Federal definió su rol jerárquico en el armado del plan sistemático en la zona de Neuquén y Río Negro, conocida como subzona 52 en la distribución clandestina del sistema de represión en el país para la persecución política. Luego acumuló otras 6 condenas, una en la jurisdicción de Bahía Blanca.
Reinhold tuvo intervención, no sólo en la individualización de las víctimas (esto es, la fijación de blancos) sino también en la decisión y ejecución de su ilegal detención, del alojamiento en un centro clandestino de detención, del sometimiento a interrogatorios bajo torturas con la finalidad de obtener información, y su destino final»
De la sentencia Taffarell, séptimo tramo del juicio «Escuelita» o «Escuelita VII»
La justicia detalló su rol principal en los interrogatorios bajo tortura en la zona, también como coordinador del operativo de mayor envergadura en cuanto a detención masiva ilegal de perseguidos políticos desde el 12 al 15 de junio de 1976, que se denominó «Operativo Cutral Co» y que involucró no solo a estudiantes secundarios, operarios de YPF y militantes de izquierda en la comarca petrolera, sino también a las estudiantes y docentes universitarias y artistas secuestrados en Neuquén.
Nunca declaró en los juicios. Las dos condenas perpetuas, de las siete en su contra, fueron por el homicidio de las y los jóvenes de la zona que permanecen desaparecidos. También fue condenado por los delitos sexuales cometidos en la jurisdicción donde dirigió los operativos de secuestro.
El noveno juicio por delitos de lesa humanidad lo tenía como imputado, entre otros, de la desaparición y homicidio de Carlos Magariños, secuestrado en Cipolletti. Es uno de las cinco personas desaparecidas por las que se realizó este proceso, pero debido a su condición senil, Reinhold fue excluido de la acusación por este homicidio.
«Con Christian nos agarrábamos las manos para darnos fuerzas por debajo de la mesa para soportar la mirada de Oscar Reinhold cuando íbamos a preguntar por los desaparecidos«, describió la dirigente de la APDH, Noemí Labrune; cuando declaró sobre su mirada intimidante, fría, de ojos azules y duros por la que sus interlocutores se sentían aterrados.
Cuando nadie sabía dónde estaban los secuestrados por motivos políticos, recibió a algunos familiares de desaparecidas y desaparecidos que querían saber su destino con el arma sobre la mesa para marcar su mando. Hubo militantes que se presentaron ante él y fueron secuestrado desde el Comando y llevados desde allí a lugares de torturas.
Una de las frases con las que justificó el accionar represivo se la expresó a una joven que buscaba a su esposo, a quien el militar tildó de «irrecuperable», fue utilizada por el juez Orlando Coscia (TOF Neuquén) en la primera sentencia condenatoria cuando argumentó el tenor de las detenciones ilegales durante la dictadura en la región.
Estuvo detenido en penales desde que fue indagado en marzo de 2007 y luego en Buenos Aires hasta después del primer juicio (2008), aunque se le concedió la prisión domiciliaria y desde su casa en el barrio Belgrano, siguió los siguientes juzgamientos en su contra por sistema de videoconferencia. El fiscal Miguel Palazzani logró revocar el atenuante del 2×1 que le habían aplicado a su ejecución de condena en 2013, cuando la primera sentencia quedó firme. Al iniciar el noveno juicio «La Escueltia» en 2026, declarado fuera de proceso por senilidad, vivía en un geriátrico.